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Fundamentar - Artículos https://fundamentar.com Sat, 04 Feb 2023 00:30:06 -0300 Joomla! - Open Source Content Management es-es Propuestas https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6751-propuestas https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6751-propuestas Propuestas

Te propongo simplemente que me quieras.
Yo no te propongo ni el sol ni las estrellas,
tampoco yo te ofrezco un castillo de ilusión.
Yo tengo para darte tan solo cosas buenas,
triviales y sencillas las cosas de este amor...
Sandro

Llegamos al último fin de semana de enero de 2023 luego de haber atravesado una semana donde en la Argentina se escucharon propuestas políticas de todo tipo. Una cumbre internacional y el inicio del juicio político a la Corte Suprema de Justicia de la Nación en la Cámara de Diputados, le dieron marco a afirmaciones verdaderamente disímiles: desde acuerdos continentales sustanciosos a bloqueos institucionales disfrazados de indignación republicana pasando por la inefable idea de proponer la detención de un dignatario extranjero en suelo argentino. Todo sazonado con la dosis justa de calor y, ahora, de humedad veraniega. Pasen y vean, mientras esperamos a los mosquitos que ya aparecerán.

El inicio de la semana tuvo a la Séptima Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en el centro de la escena nacional. No tanto por las múltiples miradas que se sintetizan en estos espacios y sobre las cuales este analista, respetuosamente, prefiere no abordar por falta de conocimiento de cierto juego de las relaciones internacionales, sino porque los encuentros de este tipo siempre permiten lecturas posibles para el espacio local. Si a eso le sumamos la patológica tendencia de la argentina mediática a revisar hechos, acciones y proyectos políticos externos con la lógica local, el combo resulta completo.

No deja de tener algo de razón el propio presidente uruguayo Luis Lacalle Pou cuando afirma que no debemos tener una visión hemipléjica de las relaciones internacionales. La frase fue celebrada en el ámbito interno por la derecha argentina que se rasga las vestiduras por la situación de los derechos humanos en algunos países de la región, pero celebraba la llegada de un Xi Jinping, líder del Partido Comunista, y a la sazón del Estado chino, para la cumbre del G20 en noviembre de 2018. Indignaciones a tiempo y a la carta.

La ausencia de Nicolás Maduro (y los motivos que adujo), fue celebrada como un triunfo político por buena parte del mundillo PRO que imagina un diciembre de 2023 al frente del Ejecutivo y con una actitud muy distinta frente al heredero de Hugo Chávez Frías.

Una reunión como la que se llevó adelante en Buenos Aires a comienzos de semana, siempre deja elementos para el análisis de la política local y mucho más si el país donde se desarrolla, se predispone al inicio (formal) de un proceso electoral de proporciones que podría traer la novedad de reducir el margen de incidencia política de no pocos dirigentes. En el 2023 en la Argentina, no sólo se juega quien gobernará los destinos de sus ciudadanos durante cuatro años sino, también, las condiciones de la sobrevida de varios protagonistas. Ex presidentes (y presidentas) incluidos.

Si Alberto Fernández sale fortalecido en el plano internacional luego de la reunión, no es un dato inocuo para la política local. Si la vicepresidenta se reúne en su despacho del Senado de la Nación con un par de dignatarios de la región, pero además Cristina Fernández de Kirchner y Luis Ignacio Lula Da Silva no se encuentran por “problemas de agenda” (retórica política llevada a su máxima expresión), también son datos que se traducen en el día a día de lo local. Es cierto que los extranjeros no votan pero la talla de un dirigente y la posibilidad de afianzar procesos políticos locales, también se cimentan con el roce internacional.

Entonaba Sandro, el de América, “yo no te propongo ni el sol ni las estrellas”, y algo de esa asepsia propositiva parece reinar en buena parte de la oposición argentina (supuestos progresistas incluidos), que en el contexto del juicio político a la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha decidido no habilitar el tratamiento de ningún proyecto de ley en la Cámara de Diputados.

El juego no deja de contar con cierta perversidad discursiva: mientras unos se quejan del no tratamiento de ciertas leyes, otros plantean la idea de que en Extraordinarias sólo se ofrece tratar leyes marginales.

La justificación al palo: en el medio hay 800.000 personas que en el país no pueden acceder a una jubilación y ocho universidades esperan para ser creadas. Se nota que algunos dirigentes y el electorado que representan no necesitan (supuestamente) de la presencia de un Estado que garantice algunos derechos.

En un punto, el juicio a la Corte por momentos bordea el bizarrismo. Opositores afirmando que el contenido de la demanda que se ha comenzado a sustanciar en el Congreso es “político”. Y sí Mabel, y sí Roberto, la constitución así parece haberlo entendido. Para demandas formales, están los tribunales que tan bien se representan en la vergüenza de buena parte de la Justicia Federal, aunque en muchas ocasiones, los jueces de Comodoro Py hayan inventado (e inventan), procedimientos procesales propios.

El juicio a la Corte servirá, más allá de los resultados, para mostrar ciertas formas de relacionamiento del poder, ese que no se vota pero que existe y es real. Causales para el juicio sobran y de hecho se han sustanciado en una veintena de intentos, con demanda incluida de la propia Coalición Cívica que sigue liderando la border Elisa Carrió, quien parece decidida a “llevarse puesto” a nuestro coterráneo Ricardo Lorenzetti.

El contexto propuesto por la oposición que integran Juntos por el Cambio y el Interbloque Federal supone la negación de la política. Como no están de acuerdo con el proceso, que en esta coyuntura lleva a una inexorable permanencia de los cuatro (amigos) del Liverpool, intentan obturar el mismo y de paso, cualquier tipo de discusión que se precie sobre otros temas. El riesgo es enorme: no sólo por lo que no se legisla sino por lo que puede quedar como antecedente de cara al futuro mediato. La defensa ya es claramente corporativa y no cabe agregar demasiado al respecto.

Pero también hubo tiempo para otras “novedades” políticas que, dicho honestamente, no tienen nada de nuevo (valga la contradicción) ya que las internas del gobierno no vinieron con las lluvias de la última semana. Cambiaron algunos métodos y no mucho más.

El supuesto enojo de Eduardo “Wado” de Pedro, ministro del Interior de la Nación, a partir de no haber sido invitado a una reunión sobre el tema Derechos Humanos en el contexto de la CELAC, dada su historia personal, se parece y mucho a un berrinche de estudiantina. Lo más gravoso del asunto es que lo hizo desde un off the record, recurso que el kirchnerismo supo detestar en su momento porque le parecía una forma perniciosa de la política argentina.

En aquellas circunstancias (oh década ganada, qué lejos has quedado), la distancia con los formadores de opinión, en muchas ocasiones devenidos en meros operadores, le permitía contar con dos factores determinantes: la iniciativa y la sorpresa política. Había en ello una virtud, ya que circunscribía lo decisional al ámbito pertinente y no al globo de ensayo que supone hacer correr ciertas versiones.

Si De Pedro lo hizo (nadie lo ha confirmado ni negado), si las intenciones referían a generar aún más ruido político interno o a la falta de experiencia cuando se juega en las grandes ligas de la política, es parte de un proceso donde el cristinismo celebra una encuesta publicada por el multimedios que antes era acusado de mentir (y miente), que afirma que la vicepresidenta es la dirigente con mayor intención de votos (17%), seguida por Javier Milei (15%). 

La encuesta, y los números, son engañosos. No hablamos de un partido del reiniciado fútbol argentino donde sólo valdría sacar más puntos que el adversario. Si la encuesta fuera cierta, lo que debe preocuparnos es la atomización que expone, antes que la definición sobre quién tiene un voto más o un voto menos. Con candidatos que no superen los 20 puntos, el escenario de ballotage es inexorable y la variopinta lista de candidatos amarillos más la del supuesto libertario Milei (perdón Kurt Wilckens), totalizan más del 50% de los votos. Celebrar ese primer lugar, se parece más al cuidado de la quintita propia antes que a la visión estratégica de lo que demanda la Argentina en pleno siglo XXI para ser un país más justo e igualitario.

En la previa de febrero, mes de retorno de la actividad judicial y del comienzo de la sustanciación del juicio a la Corte, en Argentina pudimos escuchar ideas que refieren a grandes propuestas a partir de la Asamblea de la CELAC y su contexto. La oposición argentina, a diferencia de Sandro, el de América, ni siquiera supo ofrecer algo que pueda seducir más allá del prejuicio y del preconcepto. Y buena parte del oficialismo sigue decidido a jugar al juego que parece que mejor juega y más le gusta: tirarse tiros en los pies. Seguramente habrá más novedades para este boletín.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sun, 29 Jan 2023 20:26:41 -0300
Antón Pirulero https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6750-anton-pirulero https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6750-anton-pirulero Antón Pirulero

Antón, Antón,
Antón Pirulero,
cada cual, cada cual
atiende su juego,
y el que no, y el que no,
una prenda tendrá.
(Anónimo)

Huelga decirlo, pero para quienes pasamos la barrera que suponen las cinco décadas de edad, fuimos criados con una serie de canciones infantiles que no se caracterizaban siempre por el sentido de lo colectivo o de lo diverso. Antón Pirulero (dejamos aquí un interesante post que viene a zanjar la cuestión de si es “Antón” o “Al Don”), siempre resultó una creación que hacía gala de un marcado individualismo ya que, si cada uno no atendía su juego, tendría una prenda.

Podría afirmarse que estas líneas pueden servir de excusa para evitar una necesaria sesión de psicoanálisis, pero lo real y concreto es que, cuando se observan algunos posicionamientos políticos del oficialismo nacional (y provincial), uno no puede dejar de observar cómo perseveran ciertas lógicas individuales antes que las del conjunto. Promediando enero, la ausencia de un liderazgo que aglutine resulta cada vez más evidente. Capítulo número mil de un proceso que transforma a la idea de la diversidad en un juego donde prevalecen las mezquindades de los distintos protagonistas. Pasen y vean. Están todos y todas invitadas.

Desde hace unas cuantas semanas Alberto Fernández aparece más activo en temas y regiones que había dejado de abordar en el pasado no tan lejano. Comenzó el año con el anuncio del inicio del proceso de juicio político a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, ha recorrido un par de provincias, y ha dado a conocer una serie de videos donde, a la vez que cuestiona la gestión macrista, realza lo hecho por su administración en este tiempo. Los últimos spots se parecen, y mucho, a los de un presidente/candidato: discute con cierto decir opositor, muestra un futuro cercano de esperanza y fogonea una autovalorización que el macrismo parece destinado a esmerilar.

La estrategia presidencial se ancla en una temporada turística récord, de argentinos que vacacionan en el país pero también de aquellos que se corren hasta Brasil; en una gestión económica conducida por Sergio Massa que evitó el abismo y pone cierta perspectiva en una baja real de la inflación; en una actividad industrial que en algunos sectores muestra los mejores números desde hace quince años; en un conjunto de obras estructurales que son vitales para el tiempo que viene y en un protagonismo regional que se complementa con el éxito lulista de octubre de 2022. Si toda esta hiperactividad obedece al deseo íntimo presidencial de ir por la reelección o de evitar el vacío de poder sintetizado en la historia de un pato rengo, es algo que sólo Alberto Fernández y el tiempo (fundamentalmente) podrán definir.

https://twitter.com/alferdez/status/1616534217072017428

Cristina Fernández de Kirchner por su parte, aparece cada vez más determinada a mostrar el comportamiento mafioso de buena parte de la justicia federal que anida en Comodoro Py y que, en esta semana, volvimos a tener un ejemplo de su eficaz accionar cuando el juez Sebastián Ramos decidió archivar (en menos de dos semanas) la causa contra el ministro de Seguridad y Justicia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Marcelo D’alessandro, por los audios que lo involucraban en una relación bochornosa con Silvio Robles, el jefe de asesores de Horacio Rosatti. La vicepresidenta sigue mostrándose muy lúcida para reflejar la red de complicidades que operan en ese antro llamado tribunales federales y el día viernes advirtió de que están llevando a la institucionalidad argentina a un callejón sin salida.

La gran pregunta para este 2023 es si esa lógica política mueve el amperímetro electoral. Con una inflación del 95% para el año que pasó, con una expectativa (con todo el viento a favor) de bajar ese número al 60% para los próximos doce meses, queda la duda persistente si la sociedad en su conjunto pone en valor esa justa disputa que lleva adelante la dirigente peronista con más votos.

https://twitter.com/CFKArgentina/status/1616437324421668864

Sergio Massa por su parte tuvo una semana con matices. Al anuncio de la recompra de deuda por U$s1000 millones, medida que le permitió quitar presión a un dólar ilegal que había aumentado casi un 10% en muy pocos días, le siguió una sobreexposición de su figura que recibió el cuestionamiento del multimedios más poderoso de la Argentina. Algunas cosas no parecen casuales: desmontar una pequeña corrida cambiaria tiene sus costos, para Massa incluido.

La situación es clara: el gobierno articula poder como puede, con medidas de distinto tipo y, excepto honrosas excepciones, no aparece un conjunto de dirigentes que le ponga el cuerpo al asunto. Si al presidente se le pedía audacia para emprender disputas que de antemano se sabían perdidas (el juicio a la Corte es un claro ejemplo de ello), hoy, no aparecen muchas de esas voces bancando la parada. Si retoma una siempre necesaria y sana costumbre de recorrer el país, vale preguntarse cuántos son los dirigentes locales que están dispuestos a acompañarlo en la recorrida.

Para muestra basta un botón decía mi abuela, y en la semana que pasó los santafesinos tuvimos un buen ejemplo de lo dicho en el párrafo anterior. El gobierno nacional anunció una partida de $1300 millones para la provincia de Santa Fe para paliar los efectos de la sequía. Rápido de reflejos, el diputado Roberto Mirabella, hombre de estrechísima confianza del gobernador Omar Perotti y uno de los dirigentes que suenan como delfín del primer mandatario provincial para sucederlo en el cargo a partir de diciembre de este año, se ocupó vía Twitter de agradecer pero a la vez señaló una crítica por la ausencia de un plan integral. Uno lee el mensaje y no entiende bien si lo escribe un oficialista o un opositor.

https://twitter.com/mirabellarob/status/1616162172190474245

En ese ejemplo menor, insignificante si se quiere, radica parte de una pregunta que parece rondar en ciertos ámbitos que no son, precisamente, los que componen el famoso y nunca del todo identificado círculo rojo: ¿Quién defiende al gobierno?, y ampliando la perspectiva, ¿Quién defiende al peronismo en su conjunto?

Si, unos quinientos supuestos empresarios que dicen gustar del riesgo inversor capitalista, actúan en tándem con la Embajada de los EE.UU. y salen a cuestionar un pedido de juicio político contra la Corte Suprema de Justicia de la Nación, instancia jurídica consagrada en la mismísima Constitución Nacional, luego de que la propia oposición argentina haya presentado una veintena de juicios políticos al presidente de la Nación y nadie se ofendiera demasiado; y sólo se escuchan unas pocas voces que se paren frente al dislate de una embajada metiéndose en asuntos internos, cabe preguntarse el porqué de un silencio nacional y popular tan atronador.

El Frente de Todos surgió como producto de la urgencia que suponía sacarse de encima el lastre que representaba para el país la continuidad de un gobierno como el de Cambiemos en el período 2015 – 2019. La inteligencia de Cristina Fernández de Kirchner fue determinante y la idea de la “unidad en la diversidad” pareció sintetizar un espíritu de época que, con el surgimiento de los problemas más importantes de la gestión, no pareció prevalecer.

En el después no hubo una construcción que permitiera “pasar de pantalla”. ¿Falta de generosidad o de amplitud de los principales dirigentes? Esta podría ser una línea de abordaje para entender por qué hoy el Frente de Todos devino en la suma de “diversos con un sello común”, y no mucho más que eso.

La gran pregunta que subyace cuando se amplía la mirada es si este es un problema forjado en la propia génesis del Frente de Todos o es, en realidad, una característica sobresaliente del sistema político argentino en los años 20’ de este siglo XXI. Realmente resulta difícil de definir en este espacio, pero lo real y concreto es que nadie la tiene sencilla en este juego de distintos. Ni oficialistas, ni opositores. Estos últimos aparecen enfrascados en una virulencia interna que sólo es ralentizada cuando se trata de bloquear en forma sistemática al oficialismo, con crítica a la Asamblea de la CELAC incluida, ofreciendo el triste espectáculo político de pretender limitar la presencia en el país, de mandatarios que no son del gusto amarillo.

https://twitter.com/juntoscambioar/status/1612883168872304642

¿Las PASO podrían superar esta encerrona donde cada cual atiende su juego? Es una posibilidad. Lo planteamos hace tres meses atrás, cuando sosteníamos desde este grupo de trabajo que ese formato de internas creadas en la gestión kirchnerista había llegado para quedarse. Una de las virtudes de esa forma de ordenar la vida interna de los partidos es que, la disputa (y el consiguiente resultado) puede servir para fortalecer la vida de cada uno de ellos. Si bien esto no es un cálculo matemático de una exactitud definitiva, la alternativa de un proceso interno tal vez pueda reordenar y dar nueva significancia a algunos liderazgos.

Queda saber si el peronismo se decide por este método o si, por el contrario, prevalece la unidad de un nombre común. Cualquier método será posible, pero lo que queda cada vez más claro, para lo que el futuro depare, es que deberá reconsiderarse la idea conceptual del Antón Pirulero.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sun, 22 Jan 2023 11:13:22 -0300
Estado de sopor https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6745-estado-de-sopor https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6745-estado-de-sopor De la serie

"A veces estoy tan bien, a veces tan down.
Calambres en el alma,
Cada cual tiene un trip en el bocho,
difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo."
Promesas en el bidet - Charly García

La política argentina llega a la última quincena del año con un escenario de variadas indefiniciones que, ilusoria o inocentemente, algunos quieren adjudicar al mundial de fútbol de Qatar. En un país visceralmente futbolero, la performance de la Selección Argentina nos ha colocado en un lugar inusual para estos días del año. Ya se acerca nochebuena, ya se acerca navidad y nadie parece haber estado del todo preocupado por los encuentros ni por cómo estará el clima en los días festivos. Mucho menos por el devenir y los acontecimientos políticos que aparecen cada vez más en una lógica enmarañada que sólo interesa a unos pocos. Todo parece estar alcanzado por una especie de estado de sopor que, como define la Real Academia Española, se define como “el embotamiento de los sentidos y la torpeza de movimientos”. Para la primerísima de nuestras preocupaciones quedan pocas horas para las definiciones. Para las otras, bastante más. Si usted tiene ganas y tiempo, entre sufrimiento, cábalas y angustias varias, pase y vea.

El “renunciamiento” de Cristina Fernández de Kirchner activó varias respuestas esperables. La primera de ellas, tradicional en el manual de gestión de la política kirchnerista cuando se toma una decisión que altera el tablero, devino en el silencio vicepresidencial y, a la vez, activó algo que podía esperarse de antemano: la conformación de algunas mesas políticas que tienen como foco principal las elecciones de 2023. Picaron en punta un conjunto de gobernadores (para hacer honor a su exitosa carrera, el santafesino Omar Perotti no fue de la partida) y un grupo de sindicalistas que suelen mostrarse muy amigables con ciertos espacios de poder. El sentido del encuentro se sustenta en la necesidad de encontrar un candidato, si se puede propio, que les garantice una mayor visibilidad y algunas certezas de cara a lo que viene.

Fenómeno raro el de los gobernadores que mientras imaginan una candidatura nacional, apuestan por la eliminación de las PASO para elegir a dedo a sus “pollos” y por una separación de las elecciones nacionales de las provinciales a los fines de blindar sus territorios.

Fenómeno raro el de este conjunto de sindicalistas que, mientras varios de ellos resultaron decididamente complacientes con las intenciones macristas del período 2015 – 2019, hoy pugnan por una representación institucional en listas de legisladores, a la par que plantean la queja de no haberla logrado en las últimas elecciones, como sí le sucedió a quienes tributan en el kirchnerismo. La pregunta es simple: ¿por qué un líder (o lideresa) te regalaría la promesa de una representación de un espacio del que nunca te sentiste parte? La respuesta es más sencilla aún.

El Partido Justicialista se encuentra en estado de discusión. No de ebullición porque para eso se necesita de una militancia que, luego de la definición cristinista, está como en el tango “sin saber que trole hay que tomar para seguir”. Sin un candidato definido previamente, la semana registró dos hechos que reflejan esa falta de definiciones de las que hablábamos al comienzo: el acto presidencial por la celebración de los tres años de gobierno, lo cual no derivó precisamente en un extendido reconocimiento oficialista y la buena nueva del número inflacionario de noviembre que llegó al 4,9%.

https://twitter.com/INDECArgentina/status/1603465007026606096?cxt=HHwWoMC4mbW708AsAAAA

No deja de ser paradojal la situación ya que ese número mensual que en otros países representaría un problema, en la Argentina deja una mueca de cierta conformidad. Como siempre, cualquier hecho político, y la inflación lo es, debe ser analizada desde el contexto que la enmarca: coquetear sistemáticamente con un alza de precios que ronda entre el 6% y el 7%, no es una buena señal para nadie. Completa el cuadro el dato de una baja sustancial en el índice de alimentos, construido en base a mucha “perseverancia” sobre los formadores de precios.

Con ese dato alentador a cuestas, la oposición política y la corporación mediática (que son más o menos lo mismo) se encargaron a partir de mismísimo jueves de empezar a poner dudas sobre el método de medición, parangonándola, sin ningún tipo de denuncia de los trabajadores y académicos del Indec, con los tiempos de Guillermo Moreno. Si la baja persistiese (habrá que prestarle especial atención a diciembre que históricamente resulta un mes “caliente”) estos sectores podrían encontrarse ante un nuevo y doble problema: el cambio de ánimo social con una inflación que pueda mostrar una tendencia a la baja y la emergencia de Sergio Massa como un referente en donde buena parte del peronismo estaría dispuesto a pedirle (sino rogarle) por una candidatura presidencial. Qué hará el tigrense es una cosa que sólo él debe tener en claro. Si es que lo tiene.

Ese estado de sopor se completa con la situación de un congreso nacional paralizado en cuanto a la sanción de leyes. Lo excepcional del asunto es que ello no responde exclusivamente a lo que podríamos definir como las naturales diferencias que surgen en un esquema de poder tan marcadamente polarizado entre dos fuerzas antagónicas, y que, en algunas ocasiones concluiría con un escenario de empate permanente que articula un constante bloqueo del propio sistema político.

Como en algunas crisis de pareja, aquí las razones se sustentan en la presencia de un tercero (o tercera) en discordia: el Poder Judicial y la Corte Suprema de Justicia de la Nación que lo gobierna. La apelación sistemática a juzgados para dirimir cuestiones que le corresponden a la dimensión de la política, la recurrencia a tecnicismos que garanticen supuestos intereses generales, la aceptación gustosa de buena parte del sistema de justicia de auto habilitarse el rol de árbitro en pleitos que exceden al mundo del derecho y la promiscua relación construida entre una parte de la dirigencia política, jueces, fiscales, servicios de inteligencia y medios de comunicación, han derivado en un momento histórico donde la política le pide permiso a la justicia, permiso “para ser”. El estropicio generado en el Consejo de la Magistratura sobre el que esta semana tuvimos un nuevo capítulo, no ha hecho más que confirmar el deterioro comentado: ese propio organismo paralizado, siete universidades sin haber sido creadas, autoridades de la Cámara de Diputados sin nombramiento efectivo y la ley de humedales sin tratamiento efectivo, son consecuencia de ese desandar.

Serko
Serko

La política argentina no se detuvo ni entró en ese estado de sopor por culpa del mundial, sino porque ha terminado siendo víctima de su propio devenir. A la hora de la verdad, y de acuerdo a los resultados, buena parte del quehacer opositor no se define en la sede la Unión Cívica Radical, del PRO, del municipio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ni en la de la Fundación FIFA con sede itinerante en Qatar, sino en el cuarto piso de la calle Talcahuano 550, hábitat natural de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, mismo organismo que, de yapa, esta semana tomó la decisión de no revisar uno de los casos sobre los que Milagro Sala ha recibido condena, y por lo tanto, la misma ha quedado firme. De paso, con esa decisión agregó un nuevo foco de conflicto interno en el Frente de Todos, ya que algunas voces han comenzado a pedirle al presidente de la Nación por un indulto al que Alberto Fernández ha rechazado históricamente.

El mundial y el año comienzan a despedirse. Vivimos las últimas horas y días de cada uno de ellos. Pero, mientras en el primero las definiciones son inexorables, este 2022 le hereda a su sucedáneo un cúmulo de situaciones no resueltas que, seguramente, marcarán la cotidianidad de los próximos 365 días. Carlos Alberto García Moreno canta que cada uno tiene un trip en el bocho y que así es muy difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo. Nada muy distinto a cierta dirigencia política. Salud Selección Argentina, y que en su juego y resultado, encontremos una verdadera alegría que, a la vez que colectiva, sea definitiva.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sat, 17 Dec 2022 16:28:55 -0300
La política sitiada https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6741-la-politica-sitiada https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6741-la-politica-sitiada Asedio de Antioquia

Entre los vaivenes de las internas de los dos frentes políticos más importantes que existen a nivel nacional, lo cual se proyecta y afecta a múltiples ámbitos institucionales; las estrategias gubernamentales que tratan de poner dique a una inflación que no baja del 6% mensual y las novedades judiciales sobre el intento de magnicidio a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, donde una serie de decisiones parecen entorpecer cualquier atisbo que permita echar luz sobre los aportantes económicos y, tal vez, sobre los vínculos con cierta dirigencia política; en la semana se agregó el dato de una nueva acordada de la Corte de Suprema de Justicia de la Nación que falló en contra de una decisión política tomada por el Senado confundiendo, otra vez, gordura con hinchazón, al meterse en un terreno que no le es propio y que activa, por enésima vez, un conflicto de poderes sobre el cual vale la pena poner cierta perspectiva analítica. Sean todos bienvenidos y bienvenidas.

La Corte, en un escrito dispuesto por tres de sus cuatro integrantes, al fallar a favor de la demanda planteada por el senador Luis Juez, vuelve a meterse en arenas movedizas que no hacen más que aportar a su ya evidente desprestigio.

Brevemente recordemos el caso: en el mes de mayo, mientras se discutía la conformación del Consejo de la Magistratura, el oficialismo del Senado apostó por su división. El hecho sirvió para lograr la segunda minoría y de esa manera obtener un representante más en ese cuerpo colegiado. La estrategia que podrá discutirse de acuerdo al gusto de cada uno, pero que resulta definitivamente legítima en términos políticos, no era del todo nueva ya que, en pleno gobierno macrista, el legislador Pablo Tonelli, con la misma estrategia, resultó beneficiado con la partición del bloque de Juntos por el Cambio.

En su momento Luis Juez recurrió a distintas instancias judiciales que le negaron razón ya que, de acuerdo a lo interpretado por la primera y segunda instancia, la forma de elección de los consejeros que representaban al cuerpo legislativo, era exclusiva responsabilidad de éste último. La Corte viene a cuestionar esos fundamentos. Pero al hacerlo, como diría mi abuela, se mete, otra vez, en camisa de once varas, ya que para justificar los tres votos supremos recurre a una serie de artilugios que refieren más a una racionalidad que resulta propia del mundo del derecho, antes que de la dinámica política: impone fechas limitantes, plazos y acciones que deberían haberse cumplido y que refieren más a la formalidad de ciertos contratos antes que al libre juego de las mayorías y minorías.

Los cortesanos se meten, otra vez, en un terreno pantanoso donde toman decisiones que los exceden (ya lo habían hecho cuando repusieron una ley que había sido derogada legítimamente por el Congreso Nacional hacía 15 años) para el que, además, no están preparados y de yapa, crean un nuevo conflicto entre poderes que a nadie conviene, ya que al supuesto beneficiado, el cargo por el que realizó este malgasto de recursos judiciales, se le vence en escasos diez días. Más allá de su ambición desmedida de poder, con esta decisión, el trío Rossatti – Rosenkrantz – Maqueda agregan un nuevo capítulo al viejo fenómeno de dejar a la política sitiada por otros poderes fácticos y no fácticos en plena vigencia democrática.

El principal antecedente remonta a la década de los 90’, donde el dominio de la dimensión económica se extendía al conjunto de las relaciones sociales. El anclaje argumentativo en la Argentina, más allá de la oleada internacional, se fundaba en la crisis que impuso la primera hiperinflación de finales del gobierno de Raúl Alfonsín y en la segunda que atravesó los inicios del gobierno de Carlos Menem.

El mercado se hizo rey, nada podía discutirse por fuera de los límites que éste imponía, a riesgo de perder ciertos “beneficios” y, de alguna manera y por decisión propia, la política, se corrió del centro de la escena.

No hablamos de que no hubo discusión ni mucho menos, ya que la Argentina, por lo menos en lo formal, siguió resultando una sociedad democrática. Nos referimos a que el período se llenó de protagonistas que reivindicaban, justamente, la autolimitación de la actividad política frente a lo que resultaba inexorable y sagrado: la verdad que (supuestamente) imponen los números.

Con el fracaso del Consenso de Washington, la emergencia regional de renovadas ideas de las que Argentina no estuvo exenta y que el kirchnerismo interpretó como nadie, la política se animó a ir más allá de ciertos límites, estableciendo nuevos contratos sociales con comunidades que habían visto peligrar la paz social. En ese derrotero, las “nuevas izquierdas” supieron mejorar la calidad de vida de las grandes mayorías a la vez que ganarse enemigos que, con el paso del tiempo, supieron desarrollar presencia en cada uno de los sistemas partidarios nacionales. Si para la primera década del siglo parecía imposible la re emergencia de ciertas ideas de derecha, la segunda ya confirmó algunos éxitos que se proyectan al presente.

Ese resurgir que hoy intenta convencernos sobre las ventajas de un individualismo extremo, camuflado de un falso emprendedurismo que nos permitiría construir una sociedad más justa, se montó sobre la recurrencia permanente a la judicialización de la política, donde las minorías que no toleraban los nuevos derechos que se iban consagrando en la vida social, interpelaban al Poder Judicial como reaseguro de que nada cambiara. En el caso argentino, desde lo más chico (Futbol para Todos, por ejemplo) a lo más grande (Ley de Servicios Audiovisuales, Ley de Matrimonio Igualitario, Ley de Educación Sexual Integral y más acá en el tiempo Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo), todo quedó sujeto a decisiones judiciales.

La voluntad de las mayorías, esas que se lograban con consenso, discusiones y el reflejo de múltiples matices que muestran las sociedades de nuestro tiempo, quedaban (y quedan) supeditada a la decisión de un señor o señora a los que nadie había (y ha) votado y que, además, insisto con la idea, están formados y formateados para entender de ciertos tecnicismos que supone un entramado legal pero muy poco para comprender la lógica de ciertas disputas. La política tiene una esencia autónoma, la cual permite ir por utopías con estrategias que el derecho no comprende ya que la razón de ser de éste, con la recurrencia a plazos y leyes escritas, termina resultando un acto limitante y, si se quiere, conservador.

La interpretación que imponen los cortesanos está plagada de argumentos desde la formalidad del derecho, las cuales son cuestionadas en este caso por el Frente de Todos pero que impone un doble riesgo. El primero, y que refiere al mediano plazo, se relaciona con que nada indica que el acuerdo tácito de hoy entre la oposición amarilla y los supremos, sea eterno. Por lo tanto, con condiciones cambiantes, algo que está en el ADN de la política, lo que hoy puede ser a favor, mañana puede ser en contra. El segundo, imaginado en el largo plazo, supone que la jurisprudencia que se está construyendo, podrá determinar en el futuro riesgos mayores. El hecho bochornoso que supone que el presidente de la Corte haya notificado al presidente del Consejo de la Magistratura (a la sazón la misma persona) de cesar en el cargo a un consejero para nombrar a otro, puede resultar un juego de niños comparado con los riesgos que supone para un sistema democrático, las veleidades de un funcionario que se pretende erigir como referencia insoslayable del constitucionalismo argentino.

Si por un momento, sólo un momento al decir de Vicentico, pudiéramos imaginar la solución a esta encerrona institucional la misma radicaría en dos lugares en los cuales la política, en el sentido más puro del término, sería protagonista.

La primera de ellas, impone la necesidad de remoción de esta Corte. Sobran los motivos para el juicio político de cada uno de sus integrantes pero, y esto cabe reconocerse, los “números” no están, ni lo estarán en el futuro inmediato.

La segunda, supone la posibilidad de construir nuevos acuerdos políticos que limite la recurrencia permanente a la judicialización de la política. En este caso, lo que no prevalece es un espíritu que imponga ciertas autolimitaciones. Con una derecha desbocada, que mira para otro lado en la investigación por un intento de magnicidio que roza a algunos de sus referentes, parece una ilusión de principiantes pretender acuerdos que requerirían de una madurez que no abunda.

Por este tiempo, el pesimismo manda. Otra vez, han encorsetado a la política. La intentan reducir a cierto institucionalismo formal y limitante disfrazado de un republicanismo de dudoso valor de Justicia. Ese que supone el sentido de vivir en comunidad.   

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sat, 12 Nov 2022 11:11:20 -0300
PASO, gracias. https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6734-paso-gracias https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6734-paso-gracias PASO, gracias.

Borja, como te ahogues te mato.
Termínate primero el melón,
y luego las tres horas de la digestión.
Hay que ver qué mal rato,
pero el niño no me quiere comer.
Borja, corazón,
te lo he dicho cienes y cienes de veces,
dobla esa toalla
¡Qué hartura de playa!

“Como te digo una Co te digo la O”
Joaquín Sabina

El título elegido para el artículo prefiere jugar con cierta ambivalencia. En nuestro diálogo cotidiano que sirve para agradecer por un convite a la vez que se lo desecha, o en la reivindicación de una forma de ordenar a un sistema político que (casi) naturalmente tiende a la atomización. En el epígrafe, convive la representación de muchos protagonistas de la política nacional y local, que acomodan discursos y acciones de acuerdo a las conveniencias del momento. El problema es que el terreno en disputa refiere a una forma de elegir a los candidatos del electorado argentino. Nada más, nada menos.

Más allá de cierta artificialidad en la discusión (cuestión que abordaremos líneas más abajo), vale decir que las elecciones PASO (no olvidar, Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) nacieron del laboratorio electoral santafesino que en la últimas tres décadas supo destacarse con la búsqueda de opciones que, supuestamente, sirvan para mejorar la representación.

Primero fue la Ley de Lemas, instaurada allá por el año 1991, en pleno despegue menemista, el cual se pensó como un sistema que evitaría las oscuras elecciones de las internas partidarias, que se reducían a una definición que se apalancaba en beneficio de aquellos que contaran con más “aparato”: recursos económicos, espacios institucionales de participación y militancia. Se trataba así de salir de un sistema donde el clientelismo político se proyectaba en su máxima expresión. Quienes no se cuecen en el primer hervor, analista incluido, recordarán los escándalos y denuncias que rodeaban a cada elección interna de cada partido político.

No debemos pecar de inocentes ni de moralistas impostados: todo sistema electoral vigente en cualquier sociedad democrática, es la síntesis más acabada de un momento y de una coyuntura específica del juego de las mayorías y minorías parlamentarias que definen cómo, cuándo y para qué votar. No creada en la Argentina, la Ley de Lemas santafesina (o Ley de doble voto simultáneo) fue pensada en un contexto que servía a los intereses del peronismo gobernante de aquel entonces, que luego de ocho años de gestión se encontraba desgastado de cara a la sociedad y que halló en un outsider como Carlos Reutemann la fortaleza política suficiente como para imponerse y gobernar la provincia durante cuatro períodos más.

Su diseño, su implementación y su escasísimo apego a cierta cultura nacional que dice que el que más votos obtiene, gana una elección, transformaron a un sistema que ha tenido versiones exitosas en otras partes del mundo, en una experiencia nefasta. La Ley de Lemas santafesina estaba pensada para la trampa. Así lo entendió el electorado y de allí la paradoja de que fuera precisamente un gobernador de signo peronista el que prometiera (y cumpliera) su eliminación.

Poco más de quince años después de la sanción de la Ley de Lemas, Jorge Obeid y su ministro de Gobierno Roberto Rosúa idearon el sistema de las PASO, el cual toma alguna referencia del sistema electoral estadounidense pero que se refuerza con ideas propias: se vota de manera coincidente en un mismo día para las internas de todos los partidos, de forma abierta participando todos los ciudadanos, lo cual debe cumplirse obligatoriamente siguiendo los principios generales de la Constitución Nacional.

Respecto de lo que venía sucediendo en el escenario santafesino, el salto de calidad fue notable, cuestión que nunca fue justamente reconocida al duo Obeid – Rosua. Se terminaron las denuncias de “truchadas” como las de candidatos ignotos que se potenciaban porque tenían apellidos iguales a dirigentes reconocidos, las candidaturas de personajes políticos que iban en varias listas de manera simultánea y el malestar y la bronca que se generaba cuando en la elección triunfaba quien había sacado menos votos que el candidato mejor posicionado.

La experiencia fue tan ponderada que el propio gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, allá por 2009, en plena vigencia política del Grupo A, supo ingeniárselas para reformar el sistema electoral argentino y que la flamante experiencia santafesina se aplicar a nivel nacional en 2011.

Con el paso del tiempo, y para las elecciones provinciales, Santa Fe volvió a ser noticia por la implementación de la Boleta Única, descripción que dejaremos de lado, puesto que en este mismo portal hemos analizado el tema en reiteradas ocasiones y que no interesa demasiado a los fines del presente artículo.

De alguna manera, la discusión planteada a la luz pública con la hipótesis (y sólo eso) de la eliminación de las PASO para las elecciones de 2023, supone cierta artificialidad, algo así como una discusión que, por lo menos por ahora, roza cierta abstracción. Recordemos que en el sistema jurídico argentino, cualquier reforma electoral debe ser impuesta por el Congreso de la Nación. Para ello, inicialmente, se necesita de un proyecto de ley que, más allá de los amagues del diputado rionegrino Luis Di Giácomo, aún no se ha presentado.

En el sentido más político del asunto debe decirse que en una de las cámaras, la de Diputados, no  se cuenta con la mayoría suficiente para derogarla. El oficialismo no tiene una postura coincidente, en Juntos por el Cambio se necesita a las PASO para una sobrevida política ordenada y la veintena de diputados restantes, se dividen en partes más o menos semejantes entre quienes quieren eliminarlas o mantenerlas.

No deja de darse una situación paradojal: aquellos opositores que en 2021 militaban su derogación, hoy vociferan a los cuatro vientos que si no se mantienen, la república estaría en riesgo. Este tema, y la permanente y sobreabundante descalificación a todo lo que tenga ver con el kirchnerismo, parecen ser los únicos elementos que marcan cierta coincidencia en los cambiemistas.

Desde una parte del peronismo, que se condensa en gobernadores y referentes de La Cámpora han comenzado a exponer taxativamente su eliminación. Los primeros, por los costos de las mismas en un contexto económico que no es el mejor y los segundos porque, según los dichos de uno de sus principales figuras (Andrés Larroque), el sistema no se usa para lo que inicialmente habría sido pensado.

En una interpretación más fina debe decirse que es otra la razón que esconde el intento de eliminación de parte del oficialismo: la feroz interna de Juntos por el Cambio. Sin una elección que defina ganadores y perdedores cambiemistas, esa coalición corre riesgo real de una atomización definitiva. El radicalismo comienza a tensionarse entre Gerardo Morales y Facundo Manes, el Pro parece mostrar la prevalencia de tres precandidatos de la talla de Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich y la Coalición Cívica, por su parte, mira el convite desde lejos.

Pero la realidad es más esquiva que una simple resta de espacios políticos que estarían alejándose de toda idea de unidad. Ampliamos el concepto en formato de pregunta: en el actual contexto de la política argentina, con minorías tan intensas, las cuales se estructuran en dos grandes bloques, ¿alguien puede suponer certeramente que, de manera automática, el debilitamiento de un espacio producirá el fortalecimiento del otro?

Para decirlo con nombres propios con una nueva pregunta, en un escenario favorable al oficialismo y en formato de ejemplo: ¿alguien puede estar seguro, en octubre de 2022, que si la entente de Juntos quedara diseminada en tres candidaturas, esto potenciaría a un peronismo que por momentos parece re comenzar con un proceso de desgaste interno con pases de factura que refiere en mucho a cuestiones que poco tienen que ver con la gestión efectiva?

Es de dudosa certeza, que en la polarización actual, sumada a los problemas de gestión gubernamental, el peronismo pueda proyectarse al 40% de los votos que saque una diferencia de más de 10% al segundo y eso redunde en un triunfo en primera vuelta. Una cosa son los acuerdos o desacuerdos de cierta dirigencia y otra muy distinta lo que suelen decir los ciudadanos cuando se expresan de manera masiva en el día de la elección.

Las razones que han sabido expresar quienes desean la derogación son esencialmente dos: que resultan costosas para este momento de la vida económica del país y, como señalamos más arriba, que no se utilizan de la manera para las que habían sido pensadas.

De lo primero debe decirse que es un concepto que no debe dejar de preocuparnos por un doble aspecto: que la expresión popular que supone el voto, no deba realizarse porque resulte muy onerosa y que esa afirmación la sostenga un (o unos cuantos) dirigente del peronismo que ha sido a lo largo de la historia, sin lugar a dudas, la fuerza política que más ha sufrido las persecuciones, proscripciones y hasta desapariciones, no resiste la menor ponderación.

De lo segundo, si las PASO no han sido utilizadas como corresponde es porque muchos dirigentes, incluso aquellos que votaron ese marco legal en 2009, siempre apuestan por la imposición de candidaturas que se sostienen con el dedo del líder iluminado de turno. En ese sentido, no es casual que sean precisamente los gobernadores, quienes luego de la figura presidencial, son los referentes políticos que más resortes institucionales manejan, quienes advoquen por la eliminación de las internas. Siempre resulta más fácil negociar desde una mesa de café, que con el resultado definido por millones de electores.

En su devenir de los últimos trece años, las primarias han redundado en varias virtudes y en alguna dificultad no menor para dirigentes, candidatos, jefes de campaña y analistas en general.

Del lado de las primeras digamos que ordenan el espacio político: cada quien sabe que depende de lo que diga la sociedad en su conjunto, en un momento establecido de antemano; reduce los acuerdos de cúpula que imponen candidaturas definidas entre cuatro paredes; obliga a “hablarle” al conjunto de la ciudadanía y no a la minoría intensa de cada partido que en muchas ocasiones ni siquiera cuentan con padrones filiatorios actualizados, y, en las listas de candidaturas plurinominales (diputados y concejales), al quedar conformadas de acuerdo a la proporción de los votos obtenidos, obliga al diálogo y a cierta mesura política interna.

Del lado de las segundas, las PASO suponen una etapa de un proceso electoral que debe ser mirado como un conjunto, donde las estrategias comunicacionales, de campaña y de gestión deben ser revisadas entre la interna y la general. Todo esto agrega una complejidad extra a un sistema político que, desde hace décadas, no se caracteriza por su sencillez. De allí que algunos también se tienten con su eliminación.

Así las cosas, y más allá de dirigentes que, como en la canción del andaluz Sabina, un día dicen una cosa y mañana pueden decir la otra; las PASO han quedado atravesadas por una lógica política que desdeña lo estructural que supone un sistema electoral. Si el articulista tuviera que hacer una apuesta, se jugaría un pleno (no mucho más que un café) porque este sistema se mantendrá en el tiempo. O, por lo menos, no serán eliminadas para las elecciones de 2023. Pero hay una cosa que nunca debe olvidarse: el realismo mágico que supone “Cien años de soledad” del genial Gabriel García Márquez, no casualmente tuvo su éxito editorial inicial en la Argentina de finales de los 60’. Algunas costumbres son incombustibles al paso del tiempo.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sat, 15 Oct 2022 17:37:10 -0300
Inestable https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6733-inestable https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6733-inestable

Hoy un juramento,
mañana una traición,
amores de estudiantes,
flores de un día son…
Amores de Estudiantes

(Carlos Gardel)

Inestable con pronóstico reservado. Así podría definirse el estado de las cosas en la política argentina de comienzos de octubre de 2022. A poco menos de un año de una elección presidencial que podría traer como novedad secundaria, la jubilación de varios dirigentes, la semana que acaba de concluir fue pródiga en reflejar los límites con los que conviven los dos frentes políticos más importantes de la Argentina. Nada parece ser seguro. Y nada indica que la tranquilidad del momento no se convierta en un tembladeral a las pocas horas. Flores de un día nos entonaría ese mito llamado Carlos Gardel. Repasemos.

La semana en Juntos por el Cambio comenzó con la posibilidad concreta de encontrar un enemigo interno sobre el que hacer recaer variados cuestionamientos. Por distintas razones, las declaraciones del diputado Facundo Manes, ante la requisitoria del empresario y operador periodístico Luis Majul, al afirmar que el PRO practicaba el populismo institucional, desató una ola de cuestionamientos que parecieron desproporcionados.

Y lo calificamos de esa manera porque, si hace unas pocas semanas atrás reinó el silencio de radio cuando la ex diputada Elisa Carrió calificó al diputado Cristian Ritondo de narcotraficante, no se entiende del todo porqué una descripción política dicha como al pasar, que no mereció siquiera la repregunta del entrevistador, haya desatado la hilada de calificaciones que recayó sobre el neurocirujano, quien quedó expuesto en una soledad inicial que sólo se apaciguó con un comunicado de la UCR de la provincia de Buenos Aires, espacio donde Manes funge de jefe político.

Las razones de las diatribas son múltiples. Para la conducción del partido a nivel nacional, que lleva adelante el carcelero de Milagro Sala, Gerardo Morales, hombre con inocultables manejos plenipotenciarios de su provincia; la crítica al médico devenido en dirigente obedece a la necesidad de “limar” a un posible adversario en la interna radical para presidente. Dicen los que dicen que saben, que Manes quiere ir por el premio mayor y no por el consuelo que representaría la gobernación de Buenos Aires.

https://twitter.com/PatoBullrich/status/1577119281673740290

Para el PRO, la seguidilla declarativa de sus principales dirigentes radica en un doble motivo. El primero, puede definirse como coincidente con el de Morales. El segundo, trata de dar una señal al propio radicalismo respecto de quien ocupa el centro de la escena en la coalición opositora. Con todo, debe señalarse (otra vez) que Mauricio Macri sigue ejerciendo la jefatura de las fuerzas amarillas. Más allá de que en la semana se produjo algún atisbo larretiano de que está dispuesto a ir en la interna contra el mismísimo ex presidente, lo cierto es que la defensa (exagerada) de sus copartidarios define quién es la figura que sobresale del resto.

Todo ello no impide que el hijo de Franco no siga mostrando su verdadera personalidad. En España, en un encuentro de la Fundación Internacional para la Libertad, (hermana mayor de nuestra conocida Fundación Libertad), y flanqueado por el inefable Mario Vargas Llosa y el rosarino Gerardo Bongiovani, no tuvo ningún prurito de calificar a la sociedad argentina como fracasada. Habló de setenta años de esa condición y uno no termina de discernir del todo cómo analiza al gobierno que supo conducir, presentando el récord regional de ser el primer presidente que estando a cargo del gobierno, pierde la elección en primera vuelta. Cosa de los egos.

Si en el oficialismo alguien supuso que resultaría una semana propicia para usufructuar políticamente las comidillas opositoras, rápidamente la realidad le devolvió un espejo donde mirarse. Más allá del buen recorrido que lleva el tratamiento del presupuesto en la Cámara de Diputados y de los indicadores que señalan un nuevo crecimiento de la economía para el mes de agosto; dos hechos pusieron límite a cierta perspectiva positiva. Ambos, condicionados por la violencia.

El primero, por lo sucedido en el sur, en Villa Mascardi, cerca de San Carlos de Bariloche, más precisamente con la represión cometida contra la comunidad Mapuche. Y el segundo, más cercano, con los hechos de La Plata, donde la represión policial desatada durante un partido de fútbol derivó en el fallecimiento de un hincha, hecho que tuvo inmediato rebote en el sistema político argentino.

Para el caso Mapuche cualquier análisis que pueda realizarse a la distancia presenta una triple dificultad en el abordaje: por la distancia física de los hechos, lo cual redunda en unos pocos medios que suelen dar cobertura (sesgada) a lo que allí acontece; por el condicionamiento ideológico de muchos protagonistas y por la existencia de distintos grupos territoriales que durante su gestión el macrismo se encargó de estigmatizar a los fines de justificar la represión que terminó en dos lamentables muertes: Santiago Maldonado y Rafael Nahuel.

Para complejizar el cuadro, se cuenta con una gobernación (la de Río Negro) que recurrentemente aboga por la ayuda del Estado nacional, que no se destaca por propiciar un diálogo sostenido con la comunidad y con una Justicia Federal que termina dictando medidas que violan los principios más elementales de los derechos y la empatía humana. Trasladar a un pequeño grupo de mujeres detenidas (4), a una cárcel federal en la provincia de Buenos Aires, sin más argumentación que la protección de su vida, se parece antes que nada a una provocación de quien más poder tiene, antes que a una decisión humanitaria. La decisión sabatina de parte de la misma jueza Silvina Domínguez de ordenar un nuevo traslado a Bariloche, luego de los distintos reclamos nacionales e internacionales, en nada modifica la violación original sobre los derechos de las detenidas.

La forma en que se llevaron adelante los operativos y la decisión del gobierno nacional de aceptar ciertas órdenes judiciales sin más recaudo que la no utilización de balas, generaron un evidente malestar político al interior del Frente de Todos. La más importante derivó en la renuncia de la ministra de las Mujeres, Género y Diversidad de la Nación Elizabeth Gómez Alcorta, quien cuestionó en su carta de renuncia las acciones emprendidas desde la gestión de Aníbal Fernández. Si la ahora ex ministra, que encabezaba una gestión seriamente cuestionada por algunos espacios del feminismo, desgastada, aprovechó la oportunidad que le presentaban los hechos sureños para presentar la renuncia, es algo que sólo su conciencia lo sabe. Lo real y concreto es que terminó derivando en un nuevo problema político para el presidente Alberto Fernández.

Para el peronismo los problemas no terminaron allí. Los hechos acontecidos en la zona del estadio de Gimnasia y Esgrima de la Plata, con la represión policial y el posterior fallecimiento de un hincha producto de un paro cardíaco, dolorosamente, no representa ninguna novedad para quienes transitan las canchas del fútbol argentino.

El hecho, que no es muy distinto de lo que, históricamente, por ejemplo, ha realizado la policía santafesina, sobresale por múltiples factores: demuestra por enésima ocasión la nula capacidad operativa de algunas fuerzas de seguridad para resolver ciertos conflictos, afecta a la gestión de Axel Kicillof, quien está posicionado para intentar ser reelegido en 2023 y pone en cuestionamiento la figura de su ministro de Seguridad, el médico Sergio Berni, quien se ha caracterizado por bravuconadas y shows mediáticos que lo muestran como la peor de la representación que puede mostrar para sí el Frente de Todos, allí en la provincia más grande de la Argentina.

Que Berni haya llegado a esta altura de la gestión frentetodista, pareciéndose más a un provocador serial de sus propios (¿ex?) compañeros, antes que a un funcionario abnegado y comprometido con un trabajo de conjunto, sólo podía explicarse desde cierta eficacia a la hora de la conducción policial. Algunos, más audaces, insistían con la teoría que ese discurso y accionar que bordeaba un machirulismo congénito, era aceptado hasta ahora por su conducción política porque, supuestamente, interpelaba por derecha a cierto sector social que gusta de las bravuconadas del ex militar.

Pero cuando se debe responder por un muerto en un hecho deportivo, por el ataque a balazos a camarógrafos, por haber sostenido una represión con gases lacrimógenos durante 45 minutos que derivaron en la utilización de no menos de 400 cartuchos, o por tener que agradecer a la divina providencia que permitió que el estadio “tripero” no se haya convertido en un nuevo caso que emulara la Puerta 12 en pleno siglo XXI; sólo debería quedar la salida para el funcionario de turno. Si el gobernador/candidato lo sostiene, sólo pagará un innecesario mayor costo político.

Ninguna de las dos coaliciones logra consolidarse con cierta calma de cara a un 2023 que configurará un nuevo mapa político en la Argentina. Por momentos, ciertas disputas parecen reivindicar la idea del todos contra todos, sin importar los límites, los condicionantes y las posibilidades reales de gestión y de construcción política, según sea el caso. Nada parece firme y definitivo. Inestable. Como toda buena primavera que se precie.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sun, 09 Oct 2022 11:44:00 -0300
Rápidos y furiosos (o no tanto) https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6732-rapidos-y-furiosos-o-no-tanto https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6732-rapidos-y-furiosos-o-no-tanto Rápidos y furiosos (o no tanto)

No sé lo que quiero, pero lo quiero ya.
Si yo fuera tu esclavo te pediría más.
No sé lo que quiero, pero lo quiero ya,
Si yo fuera tu esclavo te pediría más.

Luca Prodan

La política nacional de la última semana del siempre esperado septiembre, pareció moverse dentro del trayecto que une al Congreso de la Nación y al Ministerio de Trabajo. La presencia del ministro Sergio Massa para explicar los alcances del presupuesto 2023, el fallido dictamen del plenario de comisiones que trata el proyecto de ley de los humedales y el conflicto en el sector de neumáticos, con su inocultable proyección al conjunto del sector automotriz; ocuparon el centro del escenario político y mediático de los últimos siete días. Más allá de los enojos honestos y de sobreactuaciones, más allá de la necesidad de solucionar ciertos problemas aquí y ahora, hay un recorrido por contar y algunos supuestos por desmitificar. Pasen y vean.

Finalmente Sergio Massa volvió al Congreso Nacional, más precisamente a la Cámara de Diputados que supo conducir hasta hace escasos dos meses. Rodeado de la presidenta Cecilia Moreau, mujer que tributa en el mismo espacio político y de Carlos Heller, el ministro de Economía pareció moverse a sus anchas con números y proyecciones para el 2023. Respondió preguntas de sus ex colegas que fungen de jefes de bloque y no dejó de tener un cruce “picante” con los diputados de izquierda que le reprocharon sus declaraciones, su forma de entender el conflicto suscitado en el sector de los neumáticos y la promesa de solución para la cadena automotriz.

Independientemente de lo que esté escrito en el papel, a la distancia que suponen los 300 kilómetros que separan Rosario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, puede suponerse que el presupuesto obtendrá el visto bueno de la Cámara de Diputados ya que, en términos políticos, a nadie conviene el rechazo del instrumento presentado para el ejercicio 2023.

La matrix de la economía, conformada por asociaciones empresariales, organismos de crédito internacional y el conjunto de la administración pública en sus tres niveles (nación, provincias y municipios) necesita de la referencia que supone un presupuesto aprobado para un año electoral. 

https://twitter.com/Economia_Ar/status/1575168639950389252

Al oficialismo le conviene por razones obvias. Y la oposición, por su parte, también tiene sus limitantes: en 2023 no resultaría nada sencillo explicarle a la ciudadanía las razones de una decisión basada en una irracionalidad que sume un nuevo y gravoso antecedente y que, además, le habilitaría al gobierno un argumento político de peso. Junto con ello, aumentaría la discrecionalidad del manejo de los fondos ya que, por cuestiones legales, se debería cumplir con los gastos que estipulan el presupuesto 2021 y el resto se define al saber y entender de lo que disponga el funcionario de turno.

A esto se debe sumar el interés de gobernadores, intendentes y legisladores (oficialistas y opositores), que cuentan en la realización de obras estructurales (y de las otras), la razón de ser de cada una de las campañas electorales. No deja de ser un problema para diputados y senadores volver al terruño, salir a pedir el voto y en el camino tener que explicar que, aquella obra estructural que llegaba a un barrio o un pueblo con fondos nacionales, no podrá realizarse porque el número de inflación o de crecimiento del PBI proyectados, no eran certeros.

A todo ello se suma el clima político al interior de la Cámara baja. El 2022 se parece poco al año anterior ya que no queda atravesado por el contexto electoral, pero además, el estilo político de la actual jefatura de bloque ha sabido diferenciarse de lo que proponía Máximo Kirchner, quien el año anterior terminó rompiendo cualquier idea de acuerdo cuando con su discurso de cierre, dio un argumento de supuesta ofensa a los opositores para el acompañamiento del proyecto. 

Pero no todo fue presupuesto en la Cámara de Diputados. El anunciado tratamiento del proyecto de ley de los humedales, el cual se había transformado en uno sólo luego de consensuar las variadas propuestas existentes, quedó suspendido mediante un comunicado conjunto de los distintos jefes de bloque, a partir de no contar con el número suficiente en el plenario de comisiones que le permitiera alcanzar un consenso importante, lo cual pone en el tapete una cuestión básica de la política: ¿hasta dónde se avanza en el tratamiento de un proyecto que llega disminuido políticamente al recinto? Ampliando la perspectiva, ¿cuánto de conveniente resulta aprobar este tipo de leyes estructurales con números tan ajustados?

Para tratar de aproximar una respuesta desde nuestra pequeña verdad relativa, tal vez debamos tener en cuenta dos ejes centrales que se plantean en el proyecto, tanto por lo que dice como por lo que no y un dato de rigor.

1)      Refiere a la necesidad de definir conceptualmente qué es un humedal y qué puede hacerse productivamente en ellos. La legislación no está referida exclusivamente al caso de las islas del Delta sino que interpela también al conjunto del país afectando a distintas provincias con geografías disímiles: su tratamiento afecta desde la humedad que supone la Cuenca del Plata, hasta la aridez de Jujuy que apuesta por el desarrollo de la producción del litio.

2)      Otra discusión no menor refiere al rol de las provincias y si la instancia de control, revisión y diseño de los organismos de aplicación a crearse dependen de cada una de ellas o del Estado nacional. Para contextualizar no debe olvidarse que la reforma de la Constitución de 1994 definió que el dominio originario de los recursos naturales corresponde a las provincias, por lo tanto, cualquier función que se le asigne al Estado nacional, de acuerdo a cómo se instrumente, podría entrar en contradicción con la propia Carta Magna. Teléfono para los amigos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

3)      La ley no resolverá per se el problema de las quemas que sufrimos santafesinos y bonaerenses. En primera instancia porque ningún marco legal por sí mismo corrige ciertas conductas sociales. El conjunto de empresarios responsables del ecocidio litoraleño ya cuentan con un marco legal que sanciona las prácticas aberrantes que llevan adelante. Que el Estado, en sus múltiples versiones, no pueda, no sepa o no quiera resolver el problema, es parte de la debilidad estructural que presentan los países en este rincón del planeta.

A partir de allí los enojos, las sobreactuaciones, las acusaciones del peso del lobby de empresas mineras y gobernadores. En algunos casos con furia sobre la figura de legisladores y en otros con el ejemplo del tero que pone los huevos en un lado y grita en otro. Tal es el caso del intendente rosarino que intenta encabezar una demanda medioambiental pero en el devenir pide excepciones para la construcción de torres céntricas y costeras junto con la posibilidad de afectar un parque para la construcción de una hamburguesería por un irrisorio canon. Cosas de la política berreta.

Y en ese devenir de un humor social de broncas varias, el conflicto en el sector de los neumáticos tuvo su clímax luego de más de cinco meses de negociación salarial, al punto de intervenir el ministro de Trabajo Claudio Moroni en persona, a partir de una directa orden del presidente Alberto Fernández. Con el condimento de unas declaraciones poco felices de Sergio Massa, la presión ejercida no fue menor, tanto de parte del Estado como de aquellas empresas de la cadena automotriz qué rápidamente tomaron la decisión de parar la producción por falta de cubiertas. Dicho como al pasar, no deja ser llamativa cómo algunas unidades productivas que se desarrollan con estándares de nivel internacional, en poco menos de tres o cuatro días se quedan sin insumos para llevar adelante su tarea. ¿Casualidades o causalidades de la vida? Defínalo usted querido lector, apreciada lectora.

El agua no llegó al río y en la madrugada del viernes se alcanzó un acuerdo que, a todas luces, parece satisfactorio para los trabajadores. Quedará pendiente por resolver también, el porqué del aumento de estos meses en las cubiertas que les ha dejado una rentabilidad extraordinaria a las empresas del sector y que ha generado toda una instancia de mini turismo para argentinos que deciden ir a comprar sus cubiertas a las zonas limítrofes de Brasil y Paraguay.

Pero no quedó sólo allí la actividad en el ministerio que conduce Moroni ya que en el devenir de la semana supimos de dos acuerdos paritarios que llamaron la atención del conjunto de los argentinos: el de Seguros (109%) y el de Bancarios (94%). A partir de allí, aparecieron una serie de comentarios que ponderaban la organicidad y la lucha sindical como referencia insoslayable para el logro de muy buenos salarios para los trabajadores. Y si bien esto es irreductiblemente cierto y necesario, tal vez no sea suficiente.

No es casual que los mejores salarios se pagan en los sectores más dinámicos de la economía: sea en sectores de la industria que están ligados al sector externo (petroleros, metalmecánicos o informática) o en el área de servicios que son estratégicos en un país como la Argentina (transporte, bancarios, seguros). Más allá de genuflexiones y traiciones de distinto tipo y color, vale preguntarse si tiene la misma fortaleza política el dirigente sindical de un sector que no marca agenda ni el dinamismo de la economía de un país, que aquel que sabe y entiende perfectamente que una medida de fuerza pone en cuestionamiento la cotidianidad de cada ciudadano.

Vaya como ejemplo una segunda pregunta de rigor y al calor de los acontecimientos de los últimos tiempos ¿son los docentes santafesinos menos organizados y están menos predispuestos a la lucha que bancarios y petroleros? No. Ni por asomo. Pero sus “patronales” se conforman y estructuran de distinta manera, en un contexto histórico que, desde la dictadura para acá, ha devenido en un mercado de trabajo definitivamente heterogéneo que muchas veces bordea la atomización. La existencia de varias centrales de trabajadores así lo confirma.

Los tiempos que vivimos, estos de virtualidad y de inmediatez electrónica no son indiferentes para la política. Muchos creen que en las redes está la verdad y la esencia definitiva e irremediable de las cosas. Junto con ello, la velocidad con la que accedemos a múltiples bienes y servicios, desde pagar un impuesto, revisar estudios médicos o comprar un vehículo cero kilómetro a distancia, nos hace pensar que (casi) todo puede conseguirse aquí y ahora.

Pero la política, que como actividad humana supone la existencia del otro, escuchando también sus verdades relativas, demanda otro tiempo real que termina colisionando con ciertas urgencias. Esto no supone esquivar las responsabilidades de un proyecto de ley que ha perdido estado parlamentario en no pocas ocasiones, ni legitimar la dilación empresarial o gubernamental que estira una discusión paritaria por varios meses. Sirve para entender, por ejemplo, que la demanda social que permitió reinstalar un debate en el Congreso, no puede justificar su apuro por las demoras anteriores. Y sobre todo si sobre ese marco legal futuro, existen expectativas que no se darán de manera determinante en la realidad. Para el ecocidio queda cumplir con las leyes actuales, complementar con lo nuevo, y por nuestra parte, seguir atentos a un problema que, lamentablemente, llegó para quedarse. Es hora de aceptarlo.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sun, 02 Oct 2022 11:16:57 -0300
Dudas asertivas https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6730-dudas-asertivas https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6730-dudas-asertivas Dudas asertivas

Hermana duda,
pasarán los años,
cambiarán las modas,
vendrán otras guerras,
perderán los mismos.

Y ojalá que tú,
sigas teniéndome a tiro,
pero esta noche,
hermana duda,
dame una tregua

Jorge Drexler

La semana que culmina dejó en el tintero un par de contradicciones que refieren, indudablemente, al tiempo político y social que vivimos. En la Argentina, mientras el oficialismo convoca a un diálogo sobre el que la oposición cambiemista ha insistido hasta el hartazgo y ahora, elegantemente rechaza; en “las Europas”, más concretamente en el corazón del imperio británico, su comunidad (racionalista si las hay) se conmueve por la pérdida de una figura que representa una ficción, pero que sintetiza, vaya sino, un sentimiento de unidad indudable. Desde nuestro presidencialismo constitutivo, una monarquía podrá parecernos un anacronismo irreductible, pero más allá de los cuentos de hadas y del provocativo glamour de las realezas, las muestras de congoja expresadas en suelo inglés y en buena parte del mundo, suponen que ciertas colectividades siguen siendo “deseadas”. Algo de esto último parece resultar cuestionado, o por lo menos, digno de ser revisado por este rincón del mundo. Pasen y vean.

En el artículo del fin de semana anterior nos referíamos a que, a partir del atentado contra Cristina Fernández de Kirchner, el país se enfrentaba a una encrucijada. La tercera desde el retorno democrático de 1983. De manera muy naif, imaginábamos el proceso como esos caminos ruteros que, cuando finaliza la calzada por la que circulamos, nos obligan a girar hacia la izquierda o hacia la derecha (el articulista no puede dejar de pensar en la famosa Ruta del Desierto de La Pampa que una vez concluida, yendo en sentido este – oeste, nos obliga a girar hacia Mendoza o hacia la puerta de entrada de la Patagonia. Sigamos con el análisis político que para las vacaciones de verano todavía falta…).

Suponíamos que, más temprano que tarde, aparecerían algunos lineamientos, muy embrionarios si se quiere, de nuevas formas de relacionamiento político. Como suele sucedernos en no pocas ocasiones, la prevalencia de ciertas miserias ha demostrado nuestro error, ya que, con distintos artilugios, excusas y argumentos, la convocatoria al diálogo político ha sido relativizada por el espacio encarnado en Juntos por el Cambio.

A poco más de una semana de los hechos ocurridos en el barrio porteño de Recoleta, comienza a confirmarse que el atacante de Cristina Fernández de Kirchner no actuó solo ni mucho menos, sino que existió cierta logística e inteligencia puesta al servicio del atentado. Hasta ahora todo pareciera indicar que el grupo que lo acompañó resulta una síntesis de advenedizos inexpertos constituidos por un espíritu de odio y con algunos vasos comunicantes con sectores marginales de la vida política del país. Como diría el relator futbolero que desea gritar goles, “solamente por ahora”.

Si hace siete días atrás desechábamos el ejercicio contra fáctico de pensar qué podría haber sucedido en el país si la bala salía de la pistola Bersa que mal accionó Fernando Sabag Montiel, nada impide que ejercitemos nuestra imaginación planteando, por lo menos, tres hipotéticos escenarios futuros que depararía la realidad política argentina de este tiempo.

Al escenario imaginado número uno lo definiremos como “Modelo Europeo” y resulta, a fuerza de ser sinceros, el más deseado. Se sintetizaría en una mesa de diálogo de la que participarían todas las fuerzas políticas, los referentes más importantes de los movimientos sociales, de las autoridades religiosas sin distinción de credo, y la dirigencia sindical y empresarial en su conjunto. Se establecerían límites muy concretos a cierta violencia discursiva y de la otra, apostando a un proceso electoral en 2023 armónico, como una aspiración, si se quiere, chiquita. En términos de resultados, quien caiga derrotado tal vez termine como una fuerza atomizada, pero la existencia de cierta concordancia mínima no resultaría un dato menor.

Al escenario dos, lo definiremos como “Setentista”. Lo suponemos como poco probable, y en este caso el sistema político estallaría por los aires. Se iniciaría un proceso de recrudecida violencia entre bandos, donde la única opción legítima es la eliminación del otro. Si prestamos atención a ciertos discursos de los últimos tiempos, planteados por personajes si se quiere menores, que fungen de outsiders, y que refieren a cárcel o balas para quienes reivindicamos ciertas ideas e historia política, no podemos cuanto menos que estar preocupados. Aquí, no sólo los discursos se radicalizan sino que la acción deja de ser política en términos de reconocimiento del otro como sujeto de derechos y buena parte de la sociedad no participa de la disputa.

Al tercer escenario lo llamaremos “Vamos viendo”. Es el más actual y tal vez sea el más realista de todos y en él, si se quiere, nada es definitivo, ya que el juego está totalmente abierto. Existen dos grandes bloques de poder, uno que cuenta a su favor con las corporaciones mediáticas, un sector del Poder Judicial que ha formado parte del Lawfare, grupos políticos que, hacia afuera, intentan diferenciarse entre halcones y palomas (sin éxito) y una minoría intensa que se imagina en un escalón moral superior desde su forma de vida. El otro bloque cuenta con el manejo del Estado a nivel nacional, una lideresa que comienza a aglutinar detrás de sí al conjunto de manera cada vez más determinante, una serie de referencias institucionales no menores (gobernadores, sindicatos y legisladores) y, a otra minoría intensa muy predispuesta a entender la práctica política en las calles.

En este escenario se llega al proceso electoral como se pueda y su resultado, como señalamos línea más arriba, deriva en la atomización de la fuerza política que cae derrotada.

Si es el peronismo, los gobernadores tratarían de aceitar relaciones con el poder central para no perder fortaleza política, buena parte de la dirigencia sindical profundizaría su sempiterna disposición a cortarse sola y el conjunto de la militancia política que le da vida quedaría desprotegida y sin una referencia del todo clara. Esto no sería una novedad en sí misma ya que ocurrió de manera evidente en el período 2016 / 2018, pero el riesgo radica en una derecha envalentonada que ya no se conforme con despedir periodistas o perseguir judicialmente (y con prácticas de espías) solamente a algunos dirigentes opositores.

Si el derrotado es Juntos por el Cambio, el estado de las cosas haría que cada una de las tres fuerzas que la componen se focalice en la acción de gobierno de aquellos espacios que lograran mantener. Sería el probable inicio del trámite jubilatorio de Mauricio Macri y no pocos dirigentes opositores quedarían confinados al rol de comentaristas de la realidad desde las corporaciones mediáticas que, a no dudarlo, seguirán estando “vivitas y coleando”.

En esta coyuntura, tal vez y sólo tal vez, el peronismo construiría tal masa crítica que podría permitirle sentar ciertas bases de desarrollo político que por falta de consistencia institucional  (por ejemplo la minoría en la Cámara de Diputados) y política (las diferencias internas entre setiembre de 2021 y agosto de 2022) han sido bloqueantes para el gobierno de Alberto Fernández.

Al igual que en el escenario dos, el resto de la sociedad estaría (y está) en otra cosa, donde no le presta atención a una pelea que no le interesa y que se expresa en el extremo de que buena parte de ese sector (habrá que esperar las primeras encuestas) da por sentado que el atentado contra la vicepresidenta es algo armado. Desde ciertos análisis esto aparece como una virtud en sí misma y es “la política” la responsable de no dar cuenta del asunto. Y acá nos paramos con la referencia de este hilo de twits planteados por Daniel Feierstein y del que sugerimos leer atentamente.   

https://twitter.com/DanielFeiers/status/1568054370285010944

En el “Vamos viendo”, la dirigencia en su conjunto no puede articular ningún acuerdo definitivo, lo cual se refuerza en ese mirar para otro lado de un sector no precisamente minoritario de la sociedad que dice no entender la política porque en definitiva, “son todos iguales”.

En este último sentido, los dirigentes de Juntos por el Cambio no las tienen todas consigo. Durante muchísimo tiempo avivaron una disputa política que creó un ida y vuelta con sus partidarios donde sólo queda ir, como en una recta de circuito automovilístico, cada más a fondo. Una muestra la tuvimos en los casos de aquellos dirigentes que se salieron de cierto molde y expresaron alguna forma de solidaridad con la vicepresidenta a partir del ataque sufrido. Sólo basta ver las interacciones (violentas) en redes para entender los estrechos límites en los que se mueve cierta dirigencia que cree, que “el cliente siempre tiene la razón”.

Para pensar junto a la almohada: si, como señala Feierstein, el mundo que conocimos se desvanece entre nuestros dedos, vale preguntarse: ¿si no es a través de la política, cómo se pueden construir los sueños colectivos? Tal vez, desde ciertas corrientes ideológicas nos expliquen que esas aspiraciones ya no tienen demasiado fundamento, ya que sólo vale el hombre en un sentido individual del término y no junto a su entorno.

El clima de época, con la dosis justa de cinismo, descreimiento y supra valorización de lo individual, justifica el horror de que el asesinato que no fue, pueda haber sido ficcionado. Nuestra sobre información, nuestra virtualidad imaginada en el “1984” de George Orwell, nuestra insatisfacción permanente, anclada en el consumismo de que todo debe ser conseguido aquí y ahora, resulta el sustento de ciertos enojos sociales. El “pienso, luego existo” de Descartes, se transformó en pleno siglo XXI en la idea de una duda justificadora, paradójicamente, asertiva si se quiere, de que nuestros peores miedos, fantasmas y suposiciones pueden ser reales. Sólo queda encontrar quien lo explicite en redes y en el boca a boca de cierta ignorancia. La duda, en definitiva, no sirve como elemento de desarrollo personal, sino en el oxímoron que permite confirmar nuestras creencias, sin importar el nivel de fundamento.

Ante esto último la política como práctica humana se enfrenta a un doble (y enorme) desafío: brindar certezas y reversionar un “yo” comunitario. Aquí y en el primer mundo. Más allá de los apoyos en las calles a quien ha sufrido el peor atentado en democracia. Más allá de las muestras de dolor por la desaparición física de una reina imperial.

 (*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sun, 11 Sep 2022 08:54:25 -0300
En partido https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6728-en-partido https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6728-en-partido En partido

Hay que salir a pelear,
hay que salir a luchar.
Hay que volver a encontrar,
todas las cosas divinas,
defender el lugar.

Fito Paez

En la lógica de los deportes, sobre todo en esos que nos gustan a los argentinos, en muchas ocasiones, en algún momento del desarrollo del juego se presentan situaciones en donde el que parece encaminarse a una segura y a veces dolorosa derrota, por determinadas circunstancias entiende que apareció una oportunidad de empardar las cosas y de que no todo está perdido. Va de suyo la importancia de la cuestión psicológica en los deportes de elite y también en la práctica amateur, pero un gol casual en un 2 a 0, un par de triples seguidos en un caliente partido de básquet o la posibilidad de quebrar el saque en el tenis, supone un aliciente que pone “en partido” a los vapuleados. Tal vez de esa manera pueda sintetizarse la semana política que acaba de concluir en el país, donde un alegato judicial que parecía estar construido para un fiscal que podía (y debía) florearse, terminó siendo un instrumento de una construcción política que hasta hace unos pocos días (tal vez horas), parecía improbable. De eso se trata nuestra última columna de agosto. Repasemos.

La semana comenzó con la expectativa de qué tipo de pena solicitarían los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola en la llamada causa “Vialidad” a Cristina Fernández de Kirchner y al resto de los implicados en la misma. Luego de nueve días continuados de un alegato que, a diferencia de lo que pasó con toda la sustanciación del juicio, contó con una cobertura permanente de la cadena nacional de medios hegemónicos de la Argentina, el dato de doce años de prisión y la inhabilitación perpetua para el ejercicio de cargos públicos para la actual vicepresidenta, sirvió como argumento de celebración para buena parte del llamado círculo rojo macrista, sus voceros comunicacionales y sus funcionales dirigentes partidarios.

La voracidad procesal quedó demostrada en la decisión del Tribunal en cuestión, quien le denegó la posibilidad de la ampliación de la declaración indagatoria que pidió la principal acusada para el día martes, a partir de una serie de argumentaciones efectuadas por el dúo Luciani – Mola.

https://www.youtube.com/watch?v=aNtbi1tSiWo

A partir de ello, Cristina Fernández de Kirchner se ocupó de dar a conocer aquello que no se le permitió en sede judicial. Vía redes, y durante no menos de 90 minutos, por enésima vez ocupó el centro de la escena política del país. El argumento opositor de que su alocución no fue jurídica sino política, además de parecerse a un pretexto adolescente, esconde el hecho de que buena parte del proceso resulta del segundo tipo antes que del primero.

El alegato fiscal tiene dos consecuencias: una referida a lo estrictamente judicial y la otra de raíz política. En la primera de ellas, y de acuerdo a lo expresado por Luciani, la presidenta de entonces no podía desconocer lo que sucedía en la obra pública de Santa Cruz, ya que la supuesta relación corrupta entre funcionarios y empresarios estaba fundada en un tipo de asociación ilícita de la que Fernández habría sido la jefa.

Esto depara varios análisis conexos. El primero es que el cúmulo de supuestas obras no realizadas y de atraso o sobreprecios en las que sí se realizaron (base del argumento judicial) fueron desmentidas por los propios testigos que aportó la fiscalía.

El segundo es que una organización estatal que ponga en funcionamiento cualquier tipo de obra pública, si uno de los funcionarios desarrolla un hecho de corrupción, resulta sospechosa de estar conformada en un modo de asociación ilícita. En ese sentido, la respuesta de un tal Miguel Angel Pichetto, ex candidato a vicepresidente de Mauricio Macri, afirmando que un gobierno democrático, con todos los organismos de control funcionando, nunca puede ser acusado de esa figura legal; habla por sí solo del desvarío del fiscal futbolista.

El tercero es que no aparece en las supuestas tres toneladas de prueba (Luciani afirmando que los expedientes fueron efectivamente pesados se parece más a un bufón de la corte antes que a un digno funcionario judicial), ninguna vinculación entre Lázaro Báez y Fernández de Kirchner. Ni carta, ni mensajes de texto, ni mails, ni depósito en dinero en cuentas nacionales o del exterior, cruzadas o propias. Nada. Rara asociación ilícita formada sin el ejercicio de ningún tipo de vínculos.

https://twitter.com/CFKArgentina/status/1562394416752517120

El cuarto, y como broche final, lo cierra el hecho de que en el alegato se aportaron elementos de otras causas que nada tenían que ver con este juicio y que, además, habían sido desechadas por otras instancias judiciales. No son pocos los que afirman sobre la prohibición de este procedimiento en un alegato final, que, según los expertos, debe presentarse como una especie de síntesis de las pruebas demostradas en el juicio.

Ese cúmulo de elementos le dio carnadura a la respuesta política que se consolidó en los días venideros. Más allá de los intereses judiciales de la propia acusada, no fueron pocos los dirigentes que entendieron que la jurisprudencia que dejarían asentada los argumentos de Luciani ponen en riesgo cualquier decisión de derecho administrativo que se tome desde todo tipo de organización estatal.

Desde hace tiempo, la consigna “si la tocan a Cristina, qué kilombo se va a armar”, funcionaba como una definición política de sus partidarios. Del otro lado de la grieta, en muchas ocasiones, se ponía la mirada en un tono burlón, lo cual se parecía a una provocación sin sentido. La respuesta inicial se conoció en la noche del martes: primero como reacción a esa decena de “vecinos” de Recoleta donde tiene su departamento porteño la vicepresidenta, que se movilizaron cacerola en mano para celebrar el pedido de condena de Luciani y el segundo como muestra de apoyo que se extendió al conjunto de las provincias argentinas.

Ciudadanos y ciudadanas, integrantes de múltiples organizaciones sociales y políticas de todo tipo o sin pertenencia a ningún espacio, supieron movilizarse de cara a defender a una dirigente que sigue siendo una referencia insoslayable. Ese fenómeno que empezó a consumarse, se vinculó al conjunto de todo la dirigencia oficialista (y en algunos opositores) que en algunos casos por convicción y en otro por la fuerza irremediable de los hechos, se sumó a la ola de apoyos.

La respuesta política e institucional del peronismo deviene en un reordenamiento impuesto por su propio ADN: desde su nacimiento en aquel mítico 17 de Octubre de 1945 que perseguía la liberación de su líder, pero además por comprensión ideológica histórico – conceptual que da por hecho que el conflicto es inherente a cierta cotidianidad. En esta coyuntura puntual, Lawfare mediante, el oficialismo movió sus fichas: no sólo por lo que pudo reflejarse en redes sino, y esto es fundamental, por lo que pudo verse en las calles.

https://twitter.com/p_justicialista/status/1562822350508158976

En el Frente de Todos nadie pareció resultar indiferente. Al apoyo de los 500 intendentes de días pasados, se sumaron dirigentes de distinto peso en el respaldo a Cristina Fernández pero también, de alguna manera, como autodefensa de cara al futuro.

Incluso Omar Perotti, descontador de sueldos de docentes, estatales y trabajadores de la salud, algo impropio y vergonzante para un dirigente político que se autodefine como peronista; y más allá de su militancia equilibrista inconmovible, se vio obligado a brindar un apoyo a través del comunicado emitido por el Partido Justicialista. Con la tibieza de siempre, pero, debe reconocerse, mal no le ha ido hasta ahora con sus modos. Huelga decirlo.

El propio presidente de la Nación se hizo visible en el tema. Fustigó  los postulados que suponen los fiscales. Visitó algún medio de “la corpo” y dio nota a algún medio amigo. Es cierto que una frase que no cae bien terminó siendo el argumento de aquellos que en la previa, (desde el propio oficialismo) se quejaban de esa visita, y que, de alguna manera, pareció darles la razón. Pero eso es sólo lo que subyace en la superficie.

Si hay algo que el resultado de 2015 dejó asentado, que unos cuantos parecieron reconocer entonces y no pocos parecieron olvidar por estos días, es que no alcanza con hablarle a los propios. La disputa política o la batalla cultural (conceptualícelo como usted quiera estimado/a lector/a) se dan en todos los frentes. Y esto no resulta así porque los más elementales manuales de comunicación política lo digan o porque seamos inocentes pensando de que, en tiempos de grietas viscerales, podrá convencerse de algo distinto a quien está del otro lado de la pantalla o del receptor. Esto es así porque a la burla, la falta de respeto y la mala información se le responde de frente y poniendo en valor todo aquello que se construye políticamente. Si somos mejores, también debemos demostrarlo jugando de visitantes. Bien por el dirigente que se anima a ir a TN pese a todo. Mal por quedar embarullado en una declaración que sirvió para sacarla de contexto.

https://twitter.com/alferdezprensa/status/1562817617756299264

Del otro lado, en Juntos por el Cambio, la reacción inicial al alegato de Luciani pareció de festejo en nombre de la república, las instituciones y “coso”. Se pareció (y lo es) a una defensa corporativa que, a partir de las declaraciones presidenciales, derivó en un nuevo pedido de juicio político que intentó mostrar una unidad que hace rato no existe.

El comentario de Elisa Carrió afirmando que fue espiada por la Policía Federal que conducía Patricia Bullrich, la negativa de Facundo Manes a firmar el pedido de juicio político a Fernández, el silencio inicial y las respuestas oscilantes de Mauricio Macri respecto de la promiscua relación entre José López, su “hermano de la vida” Nicolás Caputo y su compañero de la otrora comisión directiva de Boca Juniors Jorge Sánchez Córdova, a la sazón director del Banco Finansur, entidad de donde salió parte del dinero de los bolsos del ex funcionario y que Cristina Fernández denunciara con inestimable agudeza; demuestra, una vez más, que más allá de cierta protección mediática; en la oposición amarilla las cosas no están ordenadas ni mucho menos.

Y todo volvió a cambiar en la mañana del sábado cuando la calle donde se domicilia Cristina Fernández apareció vallada por la policía de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, impidiendo que los partidarios de la vicepresidenta se movilizaran hasta la puerta de su casa. La brutalidad política de Horacio Rodríguez Larreta, se entronca de manera directa con la ignorancia de clase que porta el fiscal en cuestión.

¿Acaso imaginaban que a un movimiento político que ha sufrido fusilamientos, proscripciones, destierros, desapariciones y derrotas políticas fenomenales pero que siempre se ha sabido reconstruir, lo iban a sojuzgar un juicio amañado y unas vallas de hierro defendidas por un centenar de policías? ¿Acaso suponían que a la lideresa más importante desde la muerte del General Juan Domingo Perón hasta nuestros días, podrían condicionarla con elementos tan básicos?

https://twitter.com/horaciorlarreta/status/1563693248027283462

La presentación sin preguntas del Jefe de Gobierno porteño en la noche del sábado, el parcial acompañamiento de dirigentes de su propio espacio, y si se quiere, la expresión corporal de algunos de ellos demostraron más temprano que tarde, que las consecuencias de algunas provocaciones no son gratis para sus ideólogos. ¿Fin del sueño presidencialista para el funcionario de PAMI en tiempos de la Alianza? Pregunta para la almohada.

En “Salir al sol” la canción del epígrafe que supo componer Fito Páez, en algún párrafo pide “conéctense de una vez y van a ver que es posible”. Algo de eso subyace en la respuesta que el peronismo pergeñó en las calles y que va más allá de cierta institucionalidad. Si en algún momento de la semana se pensó en una gran convocatoria que sintetice el apoyo a Cristina Fernández con cientos de miles de ciudadanas y ciudadanos en el epicentro que supone la Plaza de Mayo, por ejemplo en un 17 de octubre, en las últimas horas prevaleció la idea de una movilización permanente. Como una forma de reencuentro interno, como una muestra al conjunto de la sociedad y como una respuesta inequívoca a cierta derecha que en su delirio conceptual, supone que una victoria en 2023 le daría un cheque en blanco para cualquier forma de desordenamiento de nuestras vidas. Sin haberlo construido tan claramente en la previa, el oficialismo está en partido. Y vaya sino. El condimento político y épico ya lo tiene. Sólo debe corregir un par de variables macroeconómicas. No es poco precisamente. Tampoco es imposible.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sun, 28 Aug 2022 11:05:08 -0300
Provocaciones https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6726-provocaciones https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6726-provocaciones Provocaciones

Provócame, a mí, acércate,
provócame, aquí, de piel a piel,
¿Qué misterioso asunto ocultarás?
¿Por qué secretamente vienes y vas?
No dejas huellas, pero sé que estás…

Chayanne

La Real Academia Española le otorga varias acepciones a la definición de provocar. De todas ellas, elegimos dos: “1) incitar, inducir a alguien a que ejecute algo y 2) irritar o estimular a alguien con palabras u obras para que se enoje”. Si miramos con detenimiento el devenir semanal de parte de la política argentina, notaremos que las provocaciones ocuparon el centro de la escena. Como respuesta a hechos más trascendentes, como intento de reacciones que induzcan al error político al adversario o como forma de posicionamiento ante cierto público. En Juntos por el Cambio se llevaron los grandes títulos de las marquesinas, aunque algunos actores de reparto parecen haber actuado en el mismo sentido. Crónica de una interna develada en toda su crudeza. Repasemos.  

La semana comenzó temprano en materia de novedades políticas. El día domingo el diario Página 12 publicó un par de fotos que daban cuenta de la cercana relación (¿de amistad?) que profesan el hasta entonces Presidente del Tribunal Oral Federal 2, Rodrigo Gímenez Uriburu que lleva adelante el juicio contra Cristina Fernández de Kirchner por la causa Vialidad y el fiscal del mismo, Diego Luciani. Las imágenes en cuestión los muestra abrazados, integrando un equipo de fútbol (Liverpool) y, miren lo que son las casualidades y causalidades de esta vida, el torneo se disputa en la quinta Los Abrojos, propiedad de un tal Mauricio Macri que, a la sazón, resulta el organizador del torneo.

A partir de allí el consecuente pedido de recusación presentado por el abogado defensor de la vice presidenta (luego siguieron como efecto dominó los letrados de los otros acusados). Gímenez Uriburu, por cuestiones de un mínimo decoro, fue corrido de la presidencia del tribunal (en el mediodía sabatino que se conoció el rechazo de la recusación). El día lunes, en la primera provocación de la semana, el juez implicado no tuvo mejor idea que aparecer en la imagen del juicio (se lleva adelante de forma virtual), con un mate que representa al equipo de fútbol que participa del torneo macrista.

https://twitter.com/CFKArgentina/status/1556433729354170368

El detalle parece menor, insignificante frente a otras provocaciones que conocimos en la semana, pero sirve para poner en perspectiva la impunidad e inmunidad que parece gozar ese reservorio de mugre judicial ubicado en Comodoro Py y marca, paralelamente, una resiliencia notable de aquellos dirigentes, periodistas u operadores de medios que niegan la existencia del Lawfare. Lo divertido del asunto, que en realidad resulta trágico, es que, en caso de que los denunciados no acepten la recusación, la apelación del pleito será resuelta por la Cámara de Casación de la Sala IV, que comparte Gustavo Hornos y Mariano Borinsky, habitués de la Casa Rosada y de la Quinta presidencial de Olivos en el período 2015 – 2019. El segundo, habitual jugador de tenis y paddle de residencias oficiales. Como se verá, algunos creen firmemente en el viejo refrán de que el deporte es salud.

Pero si hablamos de provocaciones, quien se llevó todas las miradas fue la reaparecida y jubilada Elisa Carrió. Convengamos que el paso a retiro le ha cabido de su función legislativa, pero no de su natural vocación por destruir todo aquello que se construya sin que ella sea una principal protagonista, declamando una eticidad que sólo cabe en su febril imaginación y en el silencio cómplice de muchos de sus circunstanciales interlocutores.

Juntos por el Cambio vive un momento muy particular, donde la convivencia interna parece condicionada por un proceso político donde aún no se aprecia si se convive con la vuelta al primer plano de los “antiguos” líderes o si se atraviesa una transición que derivará en la candidatura de nuevos protagonistas que conducirían al espacio en el tiempo que viene.

La interna amarilla, donde también debe ser incluido el radicalismo, se parece (y mucho) a una olla a presión, donde cualquier modificación que aumente la dosis de calor, por más mínima que resulte, deviene en un serie de pases cruzados donde no se sabe quién es quién. Muchas de las diferencias han sido ocultadas desde 2019 hasta aquí. Por la sobreprotección de los medios dominantes; por la pandemia que le dio la oportunidad de hablar de “libertad, salud y economía”, pero no así de las consecuencias de su desastrosa gestión; por el resultado electoral de 2021 y por el sistemático desgaste político que ha sufrido el oficialismo del Frente de Todos, desde septiembre en adelante.

https://www.youtube.com/watch?time_continue=1555&v=JcZOgyTFBbw&feature=emb_logo 

En ese contexto hay que entender las declaraciones de Carrió que, en un raid de 48 horas de recorrido por medios amigos, se cargó al conjunto del espacio que intenta proyectarse para el año que viene. En ese devenir accionó en tres sentidos: preservó a Macri, se auto referenció como una de las líderes de Cambiemos ya que habría sido una de sus creadoras junto al ex presidente y puso en el centro de la escena a la figura de Sergio Massa, hombre que ha sido avalado por todo el oficialismo para su llegada al ministerio de Economía y quien habría tenido fuerte relaciones con varios de los “acusados”.

Habló de un contrato de decencia en Juntos por el Cambio y nadie esbozó carcajada alguna. Por nombrar los casos más emblemáticos, ni el nombramiento en comisión de jueces de la Corte, ni la causa de Correos, ni el caso de aportantes truchos de Vidal, ni la de las escuchas a familiares al submarino ARA San Juan, ni la de Parques Eólicos, ni los Panamá Papers parecen haber existido en la preocupación de la ex legisladora chaqueña.

Las respuestas a la provocación que suponen esas declaraciones llegaron a raudales. Más allá de los detalles de quien dijo qué cosa, tal vez la mayor lucidez la puso el vicepresidente del Pro, el santafesino Federico Angelini, quien recordó que este tipo de actitudes de Carrió, suelen ser recurrentes en el medio de los procesos internos donde se empiezan a discutir cuestiones de poder real de cara al armado de listas en las distintas elecciones.

En el medio de semejante tembladeral, el ex presidente Macri se pegó una vueltita por Rosario para asistir a una actividad en la Fundación Libertad, donde siempre juega de local y al congreso de la siempre complaciente Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (AAPRESID). Vino acompañado de un tal Martín Palermo que no se sabe muy bien si pretenderá seguir su carrera como director técnico o si se proyecta para una etapa dirigencial en un club como Boca Juniors ya que el año que viene, allí también habrá elecciones.

Quien se llevó las palmas fue uno de los sponsors del mencionado congreso, ya que uno de los souvenirs entregados refería a una reposera de color rojo para los asistentes. Casualidad, detalle de ocasión o crítica con estilo, lo cierto es que el hecho, si se quiere simpático, no dejó de llamar la atención.  

Mauricio Macri sigue dando que hablar desde su intento de un “Segundo tiempo”. Su inexistente capacidad de autocrítica, su predicción de que los argentinos debemos guardar las energías para construir, ya que el año que viene tendremos una agenda de trabajo muy cargada y su predicción de que Juntos por el Cambio volverá a ser gobierno en 2023, también deberían sonarnos como provocaciones en sí mismas.

Aquí también los ejes de inmunidad e impunidad atraviesan cierto presente político. En un país, el nuestro, donde nunca nadie se transforma definitivamente en un muerto político, la falta de talla de sus adversarios internos y debilidad en que ha caído el oficialismo, puede hacer creer a algunos que el ex Jefe de Gobierno porteño tenga algo importante para decir y, fundamentalmente, para prometer.

La pregunta con la consiguiente tarea para el hogar en este fin de semana largo, queridos lectores, estimadas lectoras, refiere a si es posible pensar al hijo de Franco con una hipotética pre candidatura a presidente o si, con un techo muy bajo o para decirlo más claramente, con una imagen negativa muy por encima de la positiva; se lo debería ubicar como una figura que intente encarnar un liderazgo que a la vez que lo sostiene, también limite a un hipotético presidente amarillo o rojiblanco.

En ese sentido, la moneda aún está en el aire. Todo lo que pueda mostrar el oficialismo como mejora (o no) de la gestión será determinante para la definición de ciertas candidaturas. Si este analista debiera dar una muestra más de su ludopatía crónica y tuviera que apostar aunque más no fuera un simple café, lo haría por la opción b, donde Macri, a partir del tipo de liderazgo que encarna y del profundo rechazo que provoca su figura, contaría con una buena dosis de incidencia sobre la gestión de otra presidencia. Uno supone que el escenario de su candidatura solo sería factible a partir de un deterioro social y económico definitivo del país, lo que le daría una enorme legitimidad para hacer lo mismo que en los cuatro años que gobernó, pero más rápido, como ya nos avisó. Pero siempre hay margen para la mala lectura política y este articulista, como corresponde, no está exceptuado de esa máxima.

Las provocaciones semanales suponen, como afirma el cantante portorriqueño del epígrafe, qué misteriosos asuntos se ocultan y por qué, secretamente, algunos vienen y van. Si, meses atrás, Cristina Fernández de Kirchner parecía temeraria al decir que su sentencia estaba escrita, el recorrido de esta semana que pasó, pareció darle algunos atisbos de razón. Eso es cada vez menos secreto. A diferencia de ciertas declaraciones y reapariciones de protagonistas que creíamos en el retiro, y que “volvieron” para reclamar su cuota de poder. Aunque algunas actitudes de fondo puedan resultarnos inconfesables.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*) ) Opinión Sat, 13 Aug 2022 23:47:08 -0300