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Fundamentar - Artículos https://fundamentar.com Wed, 28 Feb 2024 07:14:35 -0300 Joomla! - Open Source Content Management es-es Cambio y renovación https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6794-cambio-y-renovacion https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6794-cambio-y-renovacion Cambio y renovación

Cambia lo superficial,
cambia también lo profundo,
cambia el modo de pensar,
cambia todo en este mundo…

Julio Numhauser - “Todo Cambia”

“Renovación y Cambio” fue la díada radical, allá por finales de los 70’ y comienzos de los 80’, que le permitió al radicalismo en general y al alfonsinismo en particular, convertirse en una opción real de poder. Iba de suyo, que la conducción partidaria, llevada adelante por dirigentes de avanzada edad, definitivamente conservadores, portaban en sus alforjas décadas de historia política que les impedían reinterpretar ese nuevo tiempo. Raúl Alfonsín supo convertirse en el líder que, acompañado por una muy vigorosa fuerza juvenil denominada Franja Morada (entre otros), reinterpretaba ese tiempo político, renovando ideas para fomentar el cambio primero partidario y luego social.

El ejemplo radical -no ahondaremos ni por asomo en una clase de historia argentina reciente- sirve como referencia a cómo un espacio político se construye de un modo más o menos esquemático: un grupo de hombres y mujeres se nuclean en un agrupamiento, proponen ideas, convencen al gran electorado, triunfan y, en el mejor de los casos, logran imponer su plan de gobierno al conjunto. Los ganadores gobiernan y los perdedores, convertidos a partir de ese momento en opositores, suelen comenzar períodos de reconfiguración política. Pero no siempre es así y el procedimiento puede resultar inverso. Este 2023 electoral en la Argentina así parece demostrarlo. Repasemos.

Primero debe decirse algo obvio: las elecciones, en un tipo ideal, deben ser pensadas como un instrumento para el cambio: de las relaciones de poder, de lo que se active en la gestión y por consiguiente, de sus consecuencias.

Por otro lado querido lector, estimada lectora le propongo un ejercicio mental. En la víspera de lo que supone el balotaje presidencial del domingo 19 de noviembre, trate de anclarse en su memoria y recuerde las expectativas políticas con las que comenzábamos el año allá por febrero o marzo. Quiénes “pintaban” para candidatos, qué fuerzas políticas aparecían más consolidadas, qué dirigentes tendrían un peso significativo en el proceso electoral y cuáles aparecían como los ejes sobre los que se plantearía la discusión de fondo. Haga un breve repaso y no dejará de sorprenderse.

En el mientras tanto, revisemos de dónde venimos. Hasta hace unos pocos meses atrás, la centralidad política la ocupaban dos fuerzas: el ya extinto Frente de Todos, hoy Unión por la Patria y Juntos por el Cambio.

El oficialismo cargaba a cuestas con sus problemas de gestión, una economía condicionada por la inflación, una derrota electoral de medio término que había vigorizado a la oposición amarilla y un internismo acuciante que, por momentos, parecía mostrar que todo debía re discutirse. En ese devenir, el electoral 2023 comenzó con el definitivo y trascendente anuncio de Cristina Fernández de Kirchner, en diciembre del año anterior, de que no sería candidata para este turno electoral, aunque no tuviera condena firme en la causa Vialidad.

Superada la discusión por la eliminación o no de las PASO, al oficialismo le costó encontrar un candidato de consenso. Con el presidente y la vice fuera del juego, se construyó de manera muy firme la hipótesis de una interna que serviría para definir, por fin, el cúmulo de desavenencias que a veces por convicción y a veces por capricho, habían “limado” la relación interna al punto de poner en serio riesgo el concepto madre de “unidad en la diversidad”.

De alguna forma, las precandidaturas de Daniel Scioli y Eduardo “Wado” de Pedro, actuaron como fusibles de una unidad que terminó prevaleciendo a partir de la insistencia de parte del aparato institucional vinculado al peronismo y que se sintetizaba en un conjunto de gobernadores, sindicalistas cegetistas y el propio Frente Renovador. La designación de Sergio Massa y su consiguiente centralidad, terminó de configurar una novedad que resultaba impensada pocos meses antes.

Sergio Massa con estudiantes secundarios
Sergio Massa con estudiantes secundarios

Del otro lado, en Juntos por el Cambio, y como ya hemos comentado en distintas ocasiones, cometieron el error de intentar comerse el chancho antes de cazarlo. Envalentonados por el triunfo en las elecciones de medio término de 2021, supusieron (mal), que quien prevaleciera en la interna se convertiría en el próximo presidente de los argentinos.

La voracidad fue tal, que mostró a la luz pública una virulencia política que se llevó puesto a los sectores supuestamente moderados del espacio. Horacio Rodríguez Larreta construyó un monumental aparato de comunicación para mostrarlo presidenciable mientras que Patricia Bullrich, sin tantos recursos, se dedicó a poner el foco en un antiperonismo de manual que la terminó catapultando a un triunfo interno, también impensado en el verano 2022 / 2023.

Mauricio Macri por su parte, mientras intentaba mostrarse prescindente a la luz pública, actuaba en favor de su ex ministra de Seguridad como un reaseguro de una dirigente que sí le podría granjear altas dosis de lealtad. Y el radicalismo, que había amenazado con plantear la disputa interna para cargos presidenciales, abandonó la idea para conformarse con sendas pre candidaturas vicepresidenciales, que nada le aportaron y que, a la luz de los hechos (triunfo territoriales a lo largo y ancho del país), se convirtió en un error estratégico de proporciones.  

Pero la implosión cambiemista de las últimas semanas no puede ser explicada sólo por la derrota electoral de las generales y por los consiguientes movimientos unilaterales de Macri alcanzando un no tan insospechado acuerdo con Javier Milei. En la parafernalia de insultos, gritos, chicanas y operaciones cruzadas, sale a la luz una crisis que había quedado oculta luego de la desastrosa gestión macrista para el período 2015 – 2019 y que la pandemia del Covid, con su prédica de libertad de movimientos a cualquier costo, permitió guardar debajo de la alfombra. Las pruebas están a la mano. Sólo basta verlas.

Pero la gran novedad ha sido el tercero en discordia que nadie supo ver. La Libertad Avanza se convirtió en una sorpresa para el conjunto del sistema político al punto de convertir un modelo bicoalicional (FDT vs. JxC), en un escenario de tercios desconocido para la institucionalidad argentina del siglo XXI. Con muchísimo espacio televisivo a disposición, porque resultaba un personaje que medía, el éxito libertario supuso la necesidad de revisar los libros de la corrección y de la tradición política ya que se construyó sobre dos novedades irrefutables.

La primera es que el libertarismo, como exponente fiel de los aires que soplan también en buena parte del mundo desarrollado, trajo al insulto como un atributo desde donde se podía construir en términos políticos. Más allá de las reivindicaciones a la dictadura, de sus deseos de que todo explote, de dejar a la Argentina sin moneda, etc., el menosprecio por un conjunto de ciudadanos, a partir de sus límites físicos, de la edad o de la actividad laboral con la que se ganan el sustento, es lo que refleja más acabadamente a un conjunto de personas que aparecen “rotas” en ciertas composiciones sociales. No hay colectivo de ningún tipo que reivindique el modelo mileista, sólo personas individuales que, esencialmente, confunden la idea de libertad con que cada uno haga lo que le plazca.

Si Macri había accionado el corrimiento de cierto sentido común cuando afirmó, por ejemplo, sobre el curro de los derechos humanos, el economista supo ir más allá habilitando, directa o indirectamente, una acción política, visual o discursiva, donde la violencia aparece como un instrumento legitimado por cierto enojo social.

La segunda novedad es que ha alcanzado una evidente potencia electoral con un insignificante desarrollo territorial al que ahora le viene a prestar atención tarde y mal. Los 30 puntos de las PASO y de la general (aquí con 600.000 votos más), los alcanzó sin haber recorrido la totalidad de las provincias y sin contar, hasta el acuerdo con Macri, con un nivel de fiscalización importante más allá de los grandes centros urbanos.

El libertario es un producto mediático y de redes hecho y derecho, que supo seducir a ese malestar imperante en buena parte del electorado argentino y que, a fuerza de necesidad, debió reconfigurarse en su crítica al sistema y terminar avalando a buena parte de la supuesta casta que venía a destronar.

Pero en resumen y más allá del resultado que pueda suceder en el día de mañana (escribimos esto el sábado 18) el espacio político argentino ha quedado definitivamente reconfigurado de antemano sin que se necesite poner en práctica las medidas de uno u otro de los contendientes.

A diferencia de otros momentos, donde los cambios ocurren a partir de lo que dicen las urnas, la institucionalidad y la cotidianidad política ya no serán lo que eran. Este 2023 electoral trajo algunas consecuencias insospechadas hasta hace pocos meses atrás, las cuales han renovado (casi sin darnos cuenta), la centralidad de diversos actores políticos. Si bien, por ahora reina la incertidumbre, hay tres conclusiones que sí podemos animarnos a mostrar:

1.      El oficialismo hizo una campaña ejemplar, en extremo profesionalizada, con un candidato que quiso, pudo y supo ocupar la centralidad política, sin errores, que contó con el sano corrimiento de Alberto Fernández y de Cristina Fernández de Kirchner (que nadie piense que una militante 24x7x365 se dé por jubilada), con el apoyo de dirigentes de toda laya, con amplísimas expresiones de la sociedad civil (el espanto que provoca Milei es harto evidente) y con un protagonismo de la militancia orgánica y lo que ahora hemos conocido como “micromilitancia” que resulta digno de mención. No le queda claro a este analista si una derrota sería el paso previo para algún tipo de división a las que el peronismo ha sido afecto en determinados momentos de su historia.

2.      Juntos por el Cambio ha implotado. Muy dependiente del resultado electoral, el dúo Macri – Bullrich sabrá en pocas horas si le sigue un futuro de ostracismo político o una etapa donde terminen aportando a la estabilidad de un gobierno libertario que no cuenta, ni por asomo, con la estructura y el andamiaje necesario para conducir al Estado. El radicalismo, con el conjunto de gobernadores (10) que han prevalecido en las elecciones provinciales, también se preparara para un "restyling" que le otorgue otro protagonismo en el mediano plazo. Y los sectores del PRO derrotados en la interna, en su amplia mayoría, deberán recostarse sobre el conjunto de intendentes bonaerenses que han prevalecido y que deberán barajar y dar de nuevo.

3.      La Libertad Avanza resulta, de alguna manera, una verdadera incógnita para lo que viene, dado los problemas internos que ha enfrentado y a partir de los límites reales que supone no contar con un desarrollo territorial de fuste y por el tipo de acuerdo alcanzado con el macrismo, puesto todo en stand by hasta la noche en que se conozcan los resultados. Si insistimos con el ejercicio de mirar hacia enero o febrero de este año, el salto de LLA no podría dejarlos más que satisfechos, habiendo aumentado por diez la cantidad de diputados y pasando a contar con 7 senadores nacionales. Pero las formas del liderazgo mileista, su excepcional personalismo y cierto entorno circundante terminarán influenciando de manera definitiva para lo que viene. Ganando o perdiendo.

“Cambia, todo cambia” entonaba Mercedes Sosa y todos nos emocionábamos con la postal dolorosa del destierro al que obligó la dictadura a miles de compatriotas. Somos transformación permanente, aunque a veces no sepamos verlo. El sistema político ya cambió y a partir de la noche del domingo se renovará. Pero, como bien nos recordaba la querida tucumana, nuestro amor no cambia. Se mantiene más allá de los triunfos, las derrotas y las consiguientes estrategias políticas que imaginemos. Como siempre, NUNCA MAS (violencia, dolor y muerte).

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sun, 19 Nov 2023 07:51:48 -0300
Preparados, listos... https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6792-preparados-listos https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6792-preparados-listos Preparados, listos...

Una campaña extenuante. Un proceso electoral que no sólo refiere a la lógica nacional sino que incluye a cada una de las veinticuatro provincias que integran el país. Resultados sorprendentes, confirmaciones de todo tipo, la jubilación institucional para unos cuantos y una innegable certeza: más allá del ganador, a partir de la noche del domingo 19 de noviembre el escenario político se reconfigurará y cambiará para siempre. Pero en el mientras tanto van pasando cosas. Bienvenidos y bienvenidas: recorrido por la penúltima de semana de campaña donde los aprontes están a la vista y la bandera a cuadros se visualiza cada vez más nítida.

En esta etapa de la previa del balotaje, la segunda semana de noviembre vino a repetir las intenciones de campaña de cada uno de los candidatos: mientras Sergio Massa recorre aquellos territorios que considera vitales para achicar o agrandar las diferencias según sea el caso (Córdoba, Santa Fe, Misiones), Javier Milei ha elegido no salir mucho más lejos de los límites que impone la General Paz: sets de televisión amigos, pocas repreguntas y definiciones que, cuidado y todo, no dejan de generar ciertos cuestionamientos. Repasemos.

El tigrense, plenamente consciente de que la suma de los votos del 22 de octubre de La Libertad Avanza y Juntos por el Cambio (53%) lo aleja del triunfo, en la semana que pasó recorrió las provincias de Córdoba y Santa Fe, las cuales se reparten entre ambas, algo así como el 15% del electorado nacional.

Ambas provincias podrán ser similares (en cantidad de electores, tamaño, producto bruto) y complementarias (en actividad productiva), pero enfrentan una realidad política absolutamente distinta.

En Córdoba Massa salió cuarto con el 13% de los votos, detrás de Milei, Juan Schiaretti y Patricia Bullrich. Aspira a crecer hasta un 30% como forma de mejorar su performance electoral, apalancado en una importante diferencia que pueda obtener en la provincia de Buenos Aires. El escenario cordobés no está clarificado ni mucho menos: mientras el actual gobernador declara de manera cada vez más seguida en contra de Massa, acusándolo de kirchnerista (mochila muy pesada en la tierra del fernet), y algunos adelantan en forma de primicia algún tipo de acuerdo con el libertario; del gobernador electo Martín Llaryora, poco se sabe a la hora de las declaraciones.

En el mientras tanto el proceso de convivencia no es sencillo, ya que las segundas líneas, de origen históricamente peronista y con el que Massa construyó lazos a partir del ya extinto Alternativa Federal, se han empezado a mostrar a favor del actual ministro de Economía. Con el “Gringo” ya de salida de la centralidad política cordobesa y con un gobernador por asumir que sabe de los límites que podría enfrentar con un triunfo mileista (eliminación de la coparticipación federal, complicaciones en la comercialización de bienes con destino a Brasil y China), pero con el paralelo que supone una sociedad decidida a votar masivamente al libertario, no resulta extraño el silencio de radio de estos días. ¿Habrá posicionamiento en las horas que vienen? Quien lo sabe. Tal vez el pretendido independentismo cordobés siga haciendo de las suyas.

En Santa Fe la situación es otra. Massa salió segundo en el total provincial pero primero en la ciudad de Rosario y en el departamento homónimo. Con el antecedente de la campaña provincial donde Maximiliano Pullaro adelantó que en un hipotético debate, él elegiría a Milei, por ahora el espacio panradical ha evitado pronunciamiento alguno ya que conviven al interior de Unión para Cambiar Santa Fe, radicales, socialistas y amarillos, quienes han tenido las tres actitudes que se imponen en el período: neutralidad, apoyo a Massa y militancia por el libertario, respectivamente. Por su parte, el silencio del intendente Pablo Javkin y su ladera, la presidenta del Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck por ahora, aturde.

En el peronismo la cosa parece estar más clara. La presencia del candidato encolumnó detrás de sí al conjunto del espacio como tal vez no se había visto, ni siquiera, en la campaña para gobernador. Un dato que no dejó de llamar la atención: Omar Perotti acompañó a Massa en toda su excursión santafesina recibiéndolo en Sunchales, haciéndole de chofer hasta Rafaela y acompañándolo en el acto de Sauce Viejo. Parece que al rafaelino no le había salido ningún viaje de último momento.

Respecto de los números de la general, Massa obtuvo 29,6%, Milei 32,4%, Bullrich 26,9% y Schiaretti, que fue militado por el socialismo santafesino, 9%. Bien vale preguntarse qué sucederá con los 200.000 votos del cordobés y de la izquierda, más alguna fuga de Juntos por el Cambio que no acepta de ninguna manera al libertario y que no representa, en sí mismo, un voto decididamente anti peronista. Cuidado con poner el eje exclusivamente en la “sorpresa” cordobesa.

El hecho político más importante de la semana se centró en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en los estudios del canal de cable de TN, donde los candidatos a vicepresidente Agustín Rossi y Victoria Villarruel llevaron adelante un nuevo debate, que de alguna manera sirvió como prolegómeno del que se desarrollará el día domingo en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires entre Massa y Milei.

Si las propuestas políticas de ambos espacios son diametralmente opuestas, la presentación en el debate no le fue en zaga. Los estilos fueron antagónicos. Villarruel abusó de un tono elevado, no exento de unas cuantas chicanas, sin ninguna propuesta concreta (ventajas de ser opositor en un encuentro de a dos), recurrió a la lectura (enumeró una serie de supuestos hechos de corrupción que en nada alcanzan a Massa) y al uso del celular en una muestra más que la habilidad oratoria no es característica de la fórmula presidencial libertaria.

Como contraparte, Rossi apareció medido. A riesgo de quedar opacado por cierta vocinglería de su adversaria, supo realizar dos preguntas que tuvieron un evidente impacto en los días subsiguientes: interpeló a la actual diputada sobre con qué dólares se llevaría adelante la dolarización y, si en caso de ser gobierno, liberarían a los genocidas de la dictadura que han sido juzgados en juicios que han resultado ejemplares para la Argentina y el mundo.

Del primero dijo que generarían la confianza suficiente para que los argentinos, siendo el tercer país en el mundo con dólares ahorrados, lo vuelquen al sistema económico. No deja de ser llamativo, a la vez que coincidente, este argumento con lo que expresaba Mauricio Macri, allá por el 2015, cuando afirmaba que el problema de la inflación se resolvería muy rápidamente ya que la confianza que la gestión de su gobierno daría al conjunto de los argentinos y a todo el concierto internacional, facilitaría quebrar ese viejo problema endémico. La derecha argentina siempre se ha caracterizado por no tener que tratar con sus analistas una autoestima baja.

Del segundo, respondió con tal nivel de vaguedad que no tuvo mejor torpeza que invocar a Juan Amelong, torturador que asoló la región de Rosario, quien tiene cinco condenas firmes por delitos de lesa humanidad, y que, como todos estos estropicios humanos, jamás se arrepintieron de los crímenes cometidos.

A partir de esas respuestas en el debate, ambos temas tomaron tal visibilidad, que en notas periodísticas del día siguiente, la actual diputada debió efectuar algunas declaraciones respecto del sentido de sus dichos. Cada quien podrá interpretar quien ganó o quien perdió ese debate, pero es evidente que si uno de los protagonistas necesita una segunda parte para dar explicaciones, en un canal amigo, con un comunicador (ponele) que emula a la mejor versión de Guillermo Barros Schelotto cuando le tiraba centros goleadores a Martín Palermo en el Boca de Carlos Bianchi, es que la ecuación no resultó del todo beneficiosa en su favor.

Una vez más, el debate dejó en claro que es un instrumento de construcción política previo al mismo, pero también en lo posterior. Debe pensarse como un elemento más de una campaña y no como esa forma que permite decidir en un sentido o en otro, una vez que las cámaras de televisión se apagan.

El encuentro de este domingo 12 aparece como excepcional por múltiples razones: las discusiones previas por su formato, el nivel de audiencia y la expectativa de lo que pueda suceder con las intervenciones de los protagonistas marcan su carácter distintivo. En ese contexto los candidatos eligieron mostrarse de distinta manera.

A lo ya comentado para Massa, Milei ha tenido una menor visibilidad, pero no por ello perdió presencia en el Ágora mediático. Tuvo una alegoría de muy mal gusto cuando comparó al matrimonio igualitario con la relación sexual con un elefante y al igual que en el período post PASO y en la tarde del domingo de las generales (cuestión que rápidamente desactivó la Justicia electoral) denunció fraude sin pruebas de ningún tipo. De esta forma dejó asentado que no está dispuesto a aceptar una derrota que lo prive de acceder al sillón de Rivadavia. Cuesta conseguir un parecido tan cercano al de Donald Trump y Jair Bolsonaro. Pero aquí hay una diferencia de grado: la sociedad argentina no se parece en nada a la norteamericana o a la brasileña en cuanto a su persistente dinamismo y movilización política. Cuidado allí.

Y para el cierre de semana no tuvo mejor idea que reivindicar a las Sociedad Anónimas Deportivas, lo que le ha valido el cuestionamiento de los clubes más ignotos hasta lo más importantes del fútbol argentino. Milei y sus asociados (apliquemos la lógica del mercado para definirlos) no entienden casi nada de cierta idiosincrasia argenta: educación pública, salud pública, la pasión futbolera y ahora, lo que supone una asociación sin fines de lucro que vulgarmente llamamos clubes y que tienen el sentido más cercano a la idea de vida comunitaria. Como construcción de la identidad y como sentido de pertenencia.

En nuestra niñez, el “preparados, listos, ya” era el preanuncio de una carrera o de algún juego que extremaba nuestra atención. Surgía una adrenalina única que era una especie de anticipo de aquello que seguramente disfrutaríamos de manera definitiva, más allá de los resultados. Por estos días, el sistema político comienza a prepararse y enlistarse para, tal vez, la elección presidencial más importante desde 1989 hasta acá. El “ya” está a un abrir y cerrar de ojos. La tensión aumenta. Las definiciones esperan… 

  (*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sun, 12 Nov 2023 10:57:07 -0300
Eclécticos, inexpertos, descolocados https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6790-eclecticos-inexpertos-descolocados https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6790-eclecticos-inexpertos-descolocados Eclécticos, inexpertos, descolocados

Si arrastré por este mundo,
la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.
Bajo el ala del sombrero, cuántas veces embozada,
una lágrima asomada yo no pude contener

Carlos Gardel - “Cuesta abajo”

La fecha ya pasó. El hecho político que todo el país esperaba sucedió. La elección del 22 de octubre comienza a quedar en el espejo retrovisor y las reinterpretaciones fluyen. Desde los protagonistas que jugaron el juego, desde los que tienen una chance más y desde el conjunto del sistema que asume que nada está definido por sí mismo, no son pocos los sorprendidos, pero las 48 horas posteriores al resultado del último domingo dejan tres conclusiones básicas: el perfil ecléctico del electorado argentino; la inexperiencia libertaria que paga un alto costo por haber intentado barrer con todo el espectro de una sola vez y para siempre; y la descolocación de no pocos voceros que no terminan de decodificar los casi 37 puntos del vencedor.

Si uno mira el proceso electoral de este 2023 como un todo, entenderá la complejidad que acarrea su decodificación. No sólo porque además de la nacional han existido otras 24 jurisdicciones provinciales con sus propias complejidades, sino porque, si uno mira cómo había quedado dispuesto el mapa electoral argentino a partir del 13 de agosto y lo revisa ahora, no podrá dejar de sorprenderse por el cambio cromático.

El abordaje interpretativo debe ser quirúrgico y alejado de toda idea pre conceptual. Lo primero que debe decirse es que entre PASO y generales se produjo un aumento de la asistencia electoral del 8%, lo que representa algo así como 3.080.000 más de votantes. Cuatro de las cinco fuerzas obtuvieron más votos: Unión por la Patria 3.165.000, La Libertad Avanza 767.000, Hacemos por nuestro país 876.000 y el Frente de Izquierda y de Trabajadores 80.000. Fue Juntos por el Cambio la única fórmula que perdió votos respecto del 13 de agosto, algo así como 431.000. Evidentemente, Patricia Bullrich no pudo fidelizar al electorado de Horacio Rodríguez Larreta.

https://twitter.com/SergioMassa/status/1716304241331978431

En términos porcentuales sobresalen Sergio Massa y Juan Schiaretti ya que mientras el primero creció 15% a partir de los números de su interna, el cordobés casi duplicó su base electoral. Ahora bien, vale preguntarse el porqué de ese aumento tan exponencial de ambos.

Del primero puede decirse que se combinaron cuatro factores: la influencia del miedo a todo aquello que proponía Javier Milei en una veta destructiva, el rechazo a la figura de la presidenta del PRO, un peronismo que, esta vez, sí se movilizó en su conjunto incluyendo a gobernadores, sindicatos y una militancia que no se circunscribió sólo a la calle sino que supo plantear algunas discusiones en el terreno de lo virtual, ese que parecía territorio exclusivo de los libertarios. Por último, la centralidad de Massa y, según descubren muchos ahora (con el diario del lunes todos somos técnicos) una muy profesional campaña que no dejó detalle librado al azar.

Del segundo, y pese a lo que muchos afirmaron sobre la rigidez y la consecuente inutilidad de los debates, éstos le dieron una visibilidad que hasta ese entonces el gobernador cordobés no tenía. La utilización de un discurso federal y su visualización como un hombre de gestión, le permitieron crecer a costa del mismísimo Juntos por el Cambio que, si desde 2015 para aquí, la provincia mediterránea había sido un bastión amarillo inexpugnable en las elecciones nacionales, en esta oportunidad quedó tercero.

Pero si el tigrense y el cordobés sobresalieron por su expertise, el mundo libertario quedó preso de su primera vez. La voracidad electoral, pero fundamentalmente su inexperiencia política llevó a Milei a adelantar un escenario que nunca había construido: tres puntos de diferencia no convierten a nadie per se en ganador en una primera vuelta, y mucho menos en un país como la Argentina donde existen tradiciones políticas como las del radicalismo y el justicialismo muy enraizadas.

https://twitter.com/JSchiaretti/status/1716267061154820283

En ese contexto y sin una estructura partidaria propia que solidificara la sorpresa de setenta días atrás, el recurso de ir por todo, de no dejar resquicio alguno para un dialogo posterior porque el resto del espectro político representaba a la casta que había que barrer, puede parecerse mucho al fenómeno de una indigestión cuando uno come mucho y rápido. Esa estrategia sólo puede servir si se sale ganancioso, dado que el paso siguiente será la imposición de condiciones. Pero en la derrota, la taba se da vuelta.

Esa inexperiencia, que en los dos días siguientes se han parecido mucho a la desesperación, llevó a Milei a dar un discurso en la noche del domingo que muy lejos estuvo de brillar por su originalidad. Inteligentemente, trató de seducir al electorado cambiemista, pero lo hizo de la peor manera en un doble sentido: mientras por un lado anunció  hacer “tabula rasa” con lo recorrido hasta allí para lograr un acuerdo con la dirigencia amarilla, por otro eligió al kirchnerismo como el enemigo a desterrar de la faz de la tierra, error que también cometió la propia Bullrich durante toda la campaña, al tensionar con un actor político que no resulta inexistente pero que no tiene la centralidad de antaño. Milei salió segundo y compró la retórica del tercero. Alguien lo engañó.

Lo que subyace allí es una visión equivocada e inexperta (otra vez) de la política, donde se cree que uno más uno es siempre dos y que, en este caso, si se compra la línea discursiva de Bullrich, por añadidura, los casi 30 puntos libertarios más los 23 de Juntos por el Cambio le garantizarían ganar en el balotaje.

https://twitter.com/JMilei/status/1717213624337379680

Parece desconocer Milei que esos números de Juntos por el Cambio no pertenecen de manera exclusiva al PRO, sino que también lo integran un conjunto de hombres y mujeres radicales que no están del todo dispuestos ni dispuestas a aceptar sin más, las dosis de violencia a las que fueron sometidos hasta hace horas. Algo parecido le pasará con la izquierda argentina a la que, según declaraciones del día lunes, le ofrecería el ministerio de Capital Humano porque en definitiva “ellos son los que saben de esas cosas”. Si la novedad libertaria venía a romper con el sistema de la casta y de la prevalencia de zurdos y socialistas (que eran excremento humano), cuesta entender cómo le explicaría a su base de sustentación, sin riesgo de perder parte de la misma, el cambio de grieta en poco menos de 20 horas.

Pero el éxito peronista no sólo dejó descolocado al mundo libertario. No fueron pocos los comunicadores, analistas y dirigentes vinculados a Juntos por el Cambio que reconocen no entender qué pasó teniendo en cuenta la alta inflación existente y los casos de corrupción que pocos días antes de las elecciones salieron a la luz, con muchísima profusión de la corporación mediática. La afirmación, entre despectiva e incrédula, supone que el electorado argentino ya se ha alejado de cualquier tipo de ponderación moral de lo público y que por eso vota cualquier cosa mientras el plan “platita” funcione.

Aquí también hay una desvalorización de lo que se desconoce. Las elecciones no marcan la evolución positiva o negativa del electorado de acuerdo a que se vote según nuestros valores. La idea de lo legal como un fenómeno de construcción política, tiene severos límites a la hora de poder satisfacer determinadas necesidades ya que, según las circunstancias, puede hacer influir en una elección pero el fenómeno no siempre habilita los resultados deseados. Si el conurbano bonaerense premió con su voto mayoritario a Axel Kicillof, y esto se escribe a la distancia, es porque probablemente la gestión sea ponderada por los bonaerenses y porque tal vez y sólo tal vez, los candidatos a los que el gobernador actual dobló en números, nunca hayan dado la talla de mostrarse como mejores cuadros políticos.

Pero esa no es la única razón por la que hay que relativizar a lo legal como forma de construcción política y a los consecuentes resultados electorales. Decimos esto porque si ese eje debiera estar siempre presente, no se entiende del todo cómo Mauricio Macri ha podido ser ponderado, en determinada etapa, por amplios sectores del electorado y de la prensa bien pensante de la Argentina. Preguntas como al pasar: ¿no había desvelos morales ante un hombre que siempre ha usado al Estado para sus negocios e intereses personales?, ¿La medición de eticidad y moralidad, siempre deben operar en un solo sentido? Dudas para que cada uno las conteste como le plazca.

Subyace tal vez, otro problema en las sorpresas libertarias y de algunas figuras mediáticas. El dolor de ya no ser. Para los primeros porque acaban de recibir una lección en clave electoral que tal vez no puedan resolver del todo en los próximos 25 días que se avecinan y en los segundos, porque parece que algunas operaciones y centralidades ya no alcanzan para cierto desbalanceo político. Un poco de cordura y humildad, tal vez sean claves para el tiempo que viene. La mayoría del electorado ya se los hizo saber…

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Wed, 25 Oct 2023 19:18:39 -0300
Riesgos de cuarentones https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6789-riesgos-de-cuarentones https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6789-riesgos-de-cuarentones Riesgos de cuarentones

No me convence ningún tipo de política
ni el demócrata, ni el fascista
porque me tocó ser así
ni siquiera anarquista.

Yo veo todo al revés, no veo como usted
yo no veo justicia, sólo miseria y hambre
o será que soy yo que llevo la contra
como estandarte.

La Renga - El Revelde

Dicen los médicos, o por lo menos así se lo explicaron varios de ellos a este analista, que los mayores riesgos en nuestra salud coronaria, comienzan a los 40 años. Nos sentimos jóvenes, nuestro organismo no sabe hasta ese momento de grandes cambios y por ello hacemos, de alguna manera, lo mismo de siempre: trabajamos a destajo, solemos relacionarnos con la bebida y la comida como si el mundo fuera a terminar mañana y muchas veces, peleamos por cosas que no tienen demasiado sentido de una forma, si se quiere, excesiva. En resumen, abusamos de nuestro organismo en nombre de no se sabe muy bien qué ni para qué.

Casi en las vísperas de las cuatro décadas ininterrumpidas de la democracia argentina, el riesgo coronario para su sobrevida es grande: como con nuestro cuerpo, tal vez hayamos hecho abuso de ello, y hoy nos encontramos con un escenario que hasta hace no mucho, nos resultaba inimaginable. Violencia discursiva (por ahora), amenazas de hacer explotar todo (porque si me va mal a mí también te tiene que ir mal a vos), revisión antojadiza del pasado reciente y no tan reciente, manipulación arbitraria de los datos de la realidad, propuestas delirantes y violatorias del más elemental derecho constitucional argentino e internacional, son parte de un combo que apareció en escena en este electoral 2023.

El candidato se animó a una falacia más y afirmó que estas elecciones son las más importantes de los últimos cien años. Posicionado sobre un ego envidiable, olvidó lo que representó la irrupción del peronismo (muy a su pesar aún vigente) como fenómeno político y social allá por mitad del siglo XX; o las elecciones del 73’ con la vuelta del líder proscripto por 18 años; o las de 1983 que, afortunadamente, vinieron a terminar con la peor de las pesadillas políticas que este, nuestro país, haya podido imaginar y padecer en algún momento.

La afirmación anterior terminó actuando como disparador para una pregunta que el cronista en una radio rosarina supo plantear correctamente: “¿Tuvo la presente democracia argentina, en su historia cuarentona, una elección presidencial donde se discutiera de manera tan marcada el modelo de sociedad a transformar?”. El analista quedó pensando, dudó unos segundos y trató de dar una respuesta lo más específica posible para los tiempos radiales. Su respuesta, ahora ampliada, termina siendo parte del fundamento de estas líneas. Con los límites que supone una cada vez más injustificada veda, repasemos cada proceso electoral (presidencial) atravesado.

La de 1983 fue, tal vez, la más simbólica de cada una de estas elecciones. Se intentaba salir de un proceso profundamente doloroso, y reaparecía en escena el clásico bipartidismo argentino. El peronismo se mostraba con una dirigencia de experiencia que al poco tiempo había quedado vetusta frente al “Somos la vida, somos la paz” que proponía el radicalismo que conducía Raúl Alfonsín. Parábolas de la historia, el ataúd que prendió fuego Herminio Iglesias en un Obelisco colmado con un millón de asistentes en la noche del 28 de octubre, terminó actuando como el instrumento de su sepultura política. La contraposición era clara, y al peronismo le llevó nada más y nada menos que cuatro años para recuperarse con una renovación que traía consigo los nombres, por ejemplo, de Antonio Cafiero y Carlos Menem, entre otros.

Posteriormente, los alzamientos e insurrecciones militares que se desarrollaron en los 80’, actuaron como una reivindicación de un modelo de vida social antes que como una defensa del gobierno radical. Es, tal vez, el primer triunfo de la institucionalidad argentina de este período.

En 1989, la discusión de fondo era otra. Refería a una economía devastada, con un proceso hiperinflacionario a cuestas y donde los contrincantes más importantes imaginaban dos modelos claramente diferenciados: mientras Eduardo Angeloz, haciendo de candidato oficialista, jugaba con la idea de un lápiz rojo que sirviera para ordenar la economía, el gobernador riojano llegaba a las grandes ligas con la promesa de la revolución productiva y el salariazo, todo ello bien sazonado por una impronta caudillezca que rememoraba las disputas entre federales y unitarios de mediados del siglo XIX.

La transformación de Menem, su innegable sagacidad política y el éxito económico que inicialmente le garantizara la Convertibilidad para reducir dramáticamente la inflación, convirtieron a la elección de 1995 en un simple trámite que había sido habilitado por el famoso Pacto de Olivos (segundo resultado a favor de la institucionalidad) y donde no se le prestó demasiada atención a la corrupción imperante ni a las consecuencias negativas del uno a uno.

Luego de diez años de menemato, 1999 presentó una doble oportunidad para cambiar la coyuntura de ese momento. Mientras que por un lado apareció la novedad de una estructura coalisional que se presentaba a elecciones luego de un sano proceso interno, en paralelo, el candidato oficialista sí planteaba la necesidad de discutir el modelo económico imperante. Fernando De la Rúa y sus socios políticos supieron leer el hartazgo de un electorado que ya no toleraba lo que había aceptado cuatro años antes. Entre la discusión por una sociedad con otros valores éticos y la necesidad de revisar el modelo de acumulación prevaleció el primero, inaugurando un tiempo donde un tercer partido político servía para romper (a esta altura podríamos decir que definitivamente) con el bipartidismo de esos últimos 50 años.

El 2003 trae la novedad de una elección con sistema de neolemas, producto de una atomización del sistema de partidos, la cual venía de la mano, qué duda podría cabernos a este tiempo, de una sociedad que trataba de emparcharse a sí misma como podía. Emergente de la semana de los cinco presidentes (tercer triunfo de la institucionalidad argentina), el gobierno provisorio que se imaginaba definitivo para los tiempos siguientes, debió habilitar un proceso electoral de manera apurada, producto de la crisis derivada de los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán y sin candidato propio.

Esa elección marca el comienzo del ocaso político de Menem y el surgimiento del kirchnerismo que, vueltas de la vida política argentina, planteaba como slogan fuerza de campaña, la idea de un país normal, lo mismo que hoy, 20 años después, propone Juan Schiaretti.

La agudeza política de Néstor Kirchner, su capacidad para detectar las nuevas demandas de ese tiempo, la evidente recuperación económica que inicialmente era chicaneada como viento de cola y la sensación de frescura política para los tiempos que corrían, al punto de entender que no tenía demasiado sentido insistir con su propia elección, jugaron decididamente a favor de la nominación de Cristina Fernández de Kirchner, quien supo continuar y profundizar un ciclo virtuoso de tal magnitud, que si uno se toma el trabajo de sumar como parte del mismo espectro ideológico a quien saliera segundo en 2011(más allá de los matices y con las salvedades del caso sobre lo que representaba la figura de Hermes Binner), la centro izquierda argentina trepó a más del 70% de los votos. La discusión de ese proceso electoral pasaba por imaginar nuevas soluciones (por izquierda), para corregir lo que la virtuosidad de la década ganada no había podido resolver.

Cuatro años después el modelo encontró su límite. Por primera vez en la historia, la derecha argentina pudo llegar al poder legitimada por el voto popular. La saturación de ciertas formas y la inteligencia comunicacional y política del incipiente espacio supieron seducir a la mayoría de los argentinos para “cambiar”. Pero la fortaleza de lo conseguido estaba tan enraizada, que el candidato Mauricio Macri necesitó aclarar en plena campaña, que ningún derecho que se hubiera conseguido sería quitado. Más allá de lo que luego sucedió realmente en la gestión, la elección de 2015 se construyó sobre la idea de bajar la intensidad que traía consigo el kirchnerismo.

Además, con la anuencia de la corporación mediática, durante varios años se construyó un falso relato que terminaba en una síntesis que suponía que ser kirchnerista era lo mismo que ser un delincuente y para ello se articulaba vía lawfare con la pata judicial. La república sería “salvada” por sus instituciones, sin importar que sus métodos se parecieran a los de una banda de vulgares mafiosos.  

Pero en una sociedad tan dinámica como la argentina, no siempre alcanza con el relato, si no se es realmente eficaz a la hora de la gestión de la cosa pública. El deterioro de todos los indicadores macroeconómicos y la actitud rayana con la ilegalidad, al haber instrumentado un esquema de poder donde el Estado se ponía al servicio de los negocios privados, sirvieron de base para una derrota electoral que se sustanció en la mañana en que Cristina Fernández de Kirchner, con una lucidez única, decidió bajarse de una fórmula sin bajarse del todo. En 2019 la promesa electoral se apalancó en volver, ni más ni menos, que a la realidad de 2015, tratando de recuperar todo aquello que se había perdido.

Sobre finales de 2023 la realidad es diametralmente diferente. Covid, derrota electoral de medio término, modelo coalicional en crisis a partir de un excesivo internismo, sequía y una alta inflación fueron parte de la realidad con la que convivió el ya extinto Frente de Todos. La emergencia del libertarismo como espacio triunfador de las PASO redundó en un golpe al mentón de todo el sistema político.

Si Cambiemos había sabido encauzar el deterioro K con parte de las clases medias, ya está bastante establecido que los votos libertarios vienen a representar a un heterogéneo espacio social, donde no son lo mismo el segmento de jóvenes de hasta 30 años, que aquellos trabajadores de mayor edad que gozan de muy pocos beneficios sociales o, incluso, gente que está “rota” de ciertos lazos sociales.

Pero la novedad de este tiempo es que el flamante espacio no cuida ninguna de las formas más elementales que hasta aquí hemos conocido (en la Argentina) de cierto relacionamiento político. Si el macrismo se preservaba públicamente, era porque sabía que en algún punto del recorrido podría pagar un costo político.

El libertarismo viene a romper con ese tipo de sentido común construido. Es más, llega para legitimar una violencia que le es innata porque, según ellos, les asiste la razón y tienen ese derecho. No resulta casual que Javier Milei en su discurso de cierre de campaña, jamás invocó la palabra democracia. Como tampoco lo es que en la previa, sobre las pantallas del Movistar Arena aparecieran imágenes de explosiones, ni que en plena campaña el candidato haya reconocido en un reportaje que es deseable que todo estalle porque si estoy mal yo, tendrías que estar mal vos también.

Esas son las novedades de esta campaña 2023. Si releemos el recorrido de las diez elecciones comentadas (y más allá de lo que luego efectivamente sucedía en la gestión), la propuesta básica refería a incluir a todos, más allá de las estrategias mentirosas o ineficaces. Los consensos mínimos residían en no promocionar la eliminación del otro.

Ese proceso, que se empezó a hacer visible durante la administración cambiemista a los fines de no perder las elecciones de 2019, se profundizó en un proceso electoral donde buena parte de la sociedad asume impávida que ya no sólo el problema podría ser el kirchnerismo sino el feminismo, los putos, los viejos meados, el periodismo que repregunta, la jefatura de la iglesia Católica, los empleados estatales y, obviamente, la supuesta casta política.

Hace 25 años, Chizzo Nápoli y sus muchachos, le dieron forma artística a una realidad que era agobiante para muchos de sus jóvenes seguidores. Hoy, sus letras y ese grito profundo parecen revitalizarse en ciudadanos y ciudadanas que creen haber encontrado en el mundo libertario una forma de representación. Desde el enojo (a veces con razón y a veces sin ella), con buenas dosis de un individualismo determinante, y con la violencia como amenaza concreta, se predisponen a vivir un tiempo especial. Que para ellos no sea celebratorio, a los casi cuarenta años de esta democracia que supimos conseguir, depende del resto del electorado que parece, y por ahora solo parece, expresar otra cosa.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sun, 22 Oct 2023 08:44:50 -0300
Desunidos por el cambio https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6785-desunidos-por-el-cambio https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6785-desunidos-por-el-cambio Desunidos por el cambio

"Yo no le canto a la luna,
porque alumbra y nada más.
Le canto porque ella sabe,
de mi largo caminar…"

Atahualpa Yupanqui

En otro contexto, el triunfo electoral que obtuvo Juntos por el Cambio en las elecciones chaqueñas del domingo 17 de setiembre, de cara al 22 de octubre, debía servir como una especie de apuntalamiento de la candidatura nacional de Patricia Bullrich, lo cual podía sumarse a lo acontecido en Santa Fe hace apenas dos semanas atrás y a lo que seguramente sucederá el día 24 en la provincia de Mendoza, donde se da por favorito a Alfredo Cornejo para ser el nuevo gobernador. Pero no todo es tan lineal en la política y mucho menos en un país como la Argentina, sintetizado en este 2023 tan particular. Suelen pasar cosas: los éxitos no son necesariamente trasladables a terceros y ciertos principios de unidad parecen resquebrajarse con el devenir de los días. Esta incipiente primavera ya dio algunas señales en ese sentido. Pasen y vean. Son todos y todas bienvenidos.

Juntos por el Cambio alcanzó un triunfo resonante en la provincia de Chaco: ganó en primera vuelta alcanzando el 46% de los votos y destronó del poder al peronismo luego de 16 años de gestión de éste último, donde el actor principalísimo fue el derrotado Jorge Capitanich. El ganador, Leandro Zdero, resulta un radical de pura cepa que viene a completar una seguidilla de victorias que no eran tan seguras allá por el mes de marzo, cuando comenzaron las distintas elecciones provinciales.

Rápidamente viajó Bullrich para formar parte de las celebraciones. Insistió con la eliminación del kirchnerismo, lo cual, como en cada una de las ocasiones anteriores, fue celebrado por los asistentes al comando de campaña, pero, debe decirse, hay algo que subyace en la relación con su electorado, que no le permite a la ex ministra de Seguridad, apropiarse de esos climas electorales de las provincias. Al respecto podemos imaginar varias hipótesis. Repasemos.

https://twitter.com/LeandroZdero/status/1703609882413301937

La primera refiere a la emergencia de Javier Milei a nivel nacional. Si, como el común de los analistas y dirigentes parecen sentenciar, el libertario es el emergente de cierto hartazgo social, debe insistirse con que esa situación se circunscribe al plano nacional y no a las provincias, donde los partidos políticos tradicionales que han actuado en el rol de opositores, han sabido seducir a un electorado que los ha reposicionado en el manejo de la gestión en no pocos estados sub nacionales, y donde prevalecen dirigentes de origen y prosapia radical.

A partir de esto, y sin traslación de votos, más allá de las estrategias comunicacionales en cada domingo victorioso, la segunda hipótesis plantea que asistimos, cuanto menos y en el mejor de los casos, a un proceso de inicio de una transición que trastocará la centralidad política de Juntos por el Cambio. Y lo planteamos en esos términos porque, suponiendo que Jorge Macri prevaleciera en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (los partidos nunca se ganan antes de jugarlos), al PRO, en un escenario de derrota nacional y con un Mauricio Macri profundamente desgastado, no le quedará ninguna referencia institucional de peso reconocido para la discusión del poder interno, más allá de la importancia que termine teniendo en el plano legislativo.

También aquí las diferencias comienzan a ser más evidentes y un buen ejemplo de ello lo tuvimos en la última semana con el tratamiento legislativo que propone la eliminación de ganancias para los trabajadores. Si bien Juntos por el Cambio votó como un solo bloque (103 votos negativos), los distintos criterios quedaron a la vista con la aceptación a dar quorum de parte de un grupo de diputados radicales que se referencian políticamente con Martín Lousteau y que en la Cámara Baja conduce Emiliano Yacobitti.

El éxito político para el oficialismo operó en un triple sentido: ganó centralidad política (se discutió de lo que el peronismo quiso en el marco de la campaña), el proyecto alcanzó una mayoría de 135 votos en el recinto y, partido en sus opiniones, el bloque amarillo debió explicar, porqué negaba una baja de impuesto que hasta hace días reivindicaba y que era una vieja promesa de campaña a un sector que es la base de su electorado.

https://twitter.com/gerpmartinez/status/1704309454009725005

La gran pregunta/apuesta para el tiempo que viene, es qué pasaría con la fuerza cambiemista si se produjera una derrota que ubique a Bullrich en el tercer lugar, alejándola del ballotage de noviembre. ¿Prevalecerá la idea de unidad con una reestructuración de las conducciones (por ahora ninguno de los triunfadores radicales de las provincias, tiene proyección nacional) o asistiremos a la desaparición de Juntos por el Cambio como lo conocemos hoy, empoderándose un radicalismo que ha sabido guarecerse en la territorialidad?

La tercera hipótesis refiere a si la estrategia de campaña de Juntos por el cambio es la correcta. A Bullrich le ha costado encontrar un eje sobre el que referenciarse. Penduló de manera harto evidente con la idea del kirchnerismo como razón de todos los males, readecuó su línea discursiva hablando de un desarrollo humano que ayude a sacar a los argentinos de la angustia, y volvió a encaminar su prédica sobre los conceptos iniciales. En el medio tuvo que soportar el coqueteo político de Macri con Milei y habilitar el protagonismo de Carlos Melconian para que la socorra en la explicación de la economía.

Por momentos, al insistir con la grieta K/anti K, se parece a esos perros que de madrugada nos despiertan ladrándole a la luna. El kirchnerismo no está muerto ni mucho menos, pero no es el protagonista principal en esta elección: Sergio Massa no pertenece al espacio, Cristina Fernández de Kirchner no se ha hecho visible (excepto en éste sábado) y la conformación de las listas de diputados en cada provincia, más allá del supuesto protagonismo de Máximo Kirchner en Buenos Aires, representa la heterogeneidad que hoy domina al peronismo.

Existe, evidentemente, un núcleo duro de votantes a los cuales esa grieta parece aún interpelar, pero por momentos, además de minoritaria, parece desactualizada, por no decir vetusta. Asistimos, sea quien sea elegido (o elegida) a un cambio de época. Los resultados del 22 de octubre hablarán por sí solos, pero todo parece indicar que el libertarismo tendrá un crecimiento exponencial en el plano legislativo y que, el peronismo, si resulta triunfador, tendrá en Massa a un presidente que ocupe todo el espacio político y, si resultase derrotado, comenzará un tiempo de una profunda discusión interna. Si abusamos de una imaginación profusa, y para ser consecuentes con nuestra teoría que nadie está derrotado hasta que los escrutinios así lo determinan, si prevaleciera Bullrich tendrá en su radar para sumarlo, la trascendencia de un espacio legislativo libertario que hoy, resulta muy poco significativo.

Milei supo renovar el relato de la grieta. Desde lo discursivo contrapone la idea de casta y no casta como el principal problema de la política. En los hechos, ese sector no sólo referiría a los políticos que habrían sido, según su concepción, a los únicos a los cuales le habría ido verdaderamente bien en la Argentina, sino que también se extiende a todo aquello que tenga tufillo a lo estatal: empleados públicos, empresas y organismos descentralizados quedan expuestos a la definición de la pertenencia originaria a una organización criminal. Por eso debe extirparse.

El fracaso estrepitoso de sus ideas ya quedó consagrado en la práctica política que supieron llevar adelante sus primos hermanos ideológicos de la región y que, más temprano que tarde fueron rechazados por el voto de las mayorías populares, no privándose como vimos en los ejemplos de Brasil y Estados Unidos la intentona de violar la legitimidad popular.

Pero esa grieta aún le funciona en un electorado que, en su enojo, no parece prestar atención a las consecuencias de las propuestas del libertarismo del siglo XXI. Y no hablamos de comprender las consecuencias devastadoras de una dolarización o de la eliminación, en el tiempo, del Banco Central, ni siquiera de la reivindicación de cierta violencia dictatorial que, para algunos, es historia. Hablamos de un desinterés marcado por todo aquello que respete cierto orden elemental de nuestra vida cotidiana: venta de órganos, desprecio por el medio ambiente y de la violencia inmanente de un candidato que no parece tolerar la más mínima repregunta en el contexto de una sociedad dinámica y cambiante.

En el medio, y como quien no quiere la cosa, en la semana que pasó, Luis Barrionuevo le armó un acto a Milei con un conjunto de sindicalistas. Escaso de presencia con dirigentes de peso y de público en general, los asistentes no se privaron de entonar que “la casta tiene miedo”. Nadie sabe del todo qué habrá dicho el consejero que, allá por los 90’, le pedía a la dirigencia, incluyéndose, que dejara robar y que, vaya coincidencias de la vida, desde hace varias décadas gobierna con mano de hierro el sindicato de gastronómicos.

La grieta que se anticipa es aquella que define si queremos más o menos democracia. Sea con el perfil que muestra Bullrich, siempre provocadora y coqueteando con la violencia (el lunes pos triunfo electoral en Chaco, no se privó de visitar el barrio de Emerenciano Sena, uno de los detenidos por el crimen de Cecilia Stryzowski, gritando a viva voz que llegaba para “denunciar la existencia de un Estado paralelo”); o el de Milei, que tiene como idea fuerza de campaña una motosierra, asistimos a una degradación que nos exige revisar lo construido o no en los últimos cuarenta años de democracia.

El epígrafe de hoy nada tiene que ver con el contenido del texto. El día jueves falleció Mario Wainfeld. En su despedida, quienes asistieron al último saludo, entonaron “Luna tucumana”, una que sabemos todos. Este analista se reconoce deudor de su estilo y de su forma de ver la política. No nos avergüenza afirmarlo. Su lucidez sirvió como referencia en tiempos de angustia pero también en aquellos de los vientos a favor. Y su calidez era un bálsamo para los oyentes de sus programas de radio. Chapeau querido Mario y gracias por habernos ayudado a pensar.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sun, 24 Sep 2023 11:28:12 -0300
Decisiones https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6782-decisiones https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6782-decisiones Decisiones

"Decisiones (¡Ave María!)
Cada día (sí, señor)
Alguien pierde, alguien gana, Ave María
(Oye, "Caco")
Decisiones, todo cuesta.
Salgan y hagan sus apuestas, ciudadanía."

Rubén Blades

A poco menos de cuarenta y cinco días de las elecciones generales, los tres espacios políticos que compiten por el premio mayor de la presidencia, enfrentan situaciones disímiles, nada novedosas y que, en definitiva, no reflejan la paridad que supone el escenario de tercios que mostró el conteo de votos del 13 de agosto. De cara a recuperar terreno, dos de ellos tomaron una serie de decisiones que no dejaron de llamar la atención en el contexto de la campaña electoral. Un poco por necesidad y otro poco por la elemental dinámica de los tiempos que corren, nadie desea perder ningún resquicio de centralidad política. Semana de decisiones que no pasaron desapercibidas para la matrix de la política. Pasen y vean. Están todos y todas invitados.

En La Libertad Avanza algún tipo de certidumbre parece consolidada. El espacio convive con una serie de tensiones (por lo menos dos) que ya son por demás de ostensibles, pero que nadie sabe a ciencia cierta si afectan la performance electoral de Javier Milei. La más evidente de ellas refiere a las diferencias suscitadas en el seno de los equipos cercanos al líder, respecto de cómo encarar la prometida dolarización. Existen, por lo menos, dos opciones: los que sostienen que es inviable en el corto plazo del 10 de diciembre ya que no están los dólares y por lo tanto, como primer paso debería estabilizarse la economía. Y por otro lado, el propio candidato afirma, sin dar demasiados detalles, que  la misma se impondría de manera inmediata con el dólar a precio de mercado, esto es $730. Las dudas pueden ser menores para el gran electorado, pero habla per se de una discusión que no está saldada en el seno libertario y que, va de suyo, se resolvería a partir de la llegada al poder y con una toma de decisión que no sería inocua.

Milei oscila entre el intento (y esfuerzo personal) de mostrarse moderado para incrementar su base de sustentación, y la necesidad de no perder cierta originalidad que le permitió cautivar a distintos sectores del electorado. La pregunta por estas horas deviene en descubrir si resulta un liberal desbocado o un neo fascista en ciernes.

Si tenemos en cuenta que el surgimiento del fascismo poco tenga que ver con la irrupción del libertarismo argentino, sí debe señalarse que la descalificación sistemática y violenta sobre aquellos que no tienen la misma cosmovisión mundana (me refiero a algo mucho más profundo que la utilización del concepto de casta), y teniendo el ejemplo de definición de excremento humano a los socialistas, o de “mogólico” al economista Roberto Cachanovsky, requiere de una revisión profunda y actualizada de ciertas categorías analíticas.

El liberalismo no está exento de una alta dosis de humanismo que tenga empatía con el “diferente”. Radica en Milei una violencia innata, la cual se entiende al revisar la historia familiar a partir de sus propias declaraciones y que lejos está de reivindicar el concepto de la “igualdad de oportunidades” que supieran legarnos intelectuales de la talla de John Rawls.

https://twitter.com/VickyVillarruel/status/1698853197517824413

La semana que pasó mostró, en parte, algunas diferencias. Su compañera de fórmula Victoria Villarruel participó, por enésima vez, de un acto que se realiza anualmente, donde se le rinde homenaje a las víctimas de los actos terroristas de la década del 70’. El acto, con la gravosa novedad de desarrollarse en la legislatura porteña, y como se suponía de antemano, terminó derivando en una reivindicación de la dictadura genocida y en un negacionismo flagrante.

Un liberal convencido, jamás habría tolerado la ponderación del Estado absoluto que proponían Jorge Videla y sus secuaces. Milei adolece de una crítica al respecto. No habla de la Justicia como institución, de su importancia para la realización de la vida del ser humano. Todo se circunscribe al desarrollo del Dios mercado, su imposición a cualquier precio, y quedando expuesto a la lógica de que todo es pasible de monetización. Deja ese flanco libre y desdibujado para que lo termine ocupando una negacionista que sí tiene en claro ciertos actos y sus consecuencias.

Pero si hablamos de roles desdibujados, allí está el caso de Patricia Bullrich decidiendo el cambio de formato de campaña en el transcurso del año electoral. La ex ministra de Seguridad sigue pagando un alto costo a su decisión primaria de haber elegido un perfil de “dura” para diferenciarse en la interna partidaria y de cara a la sociedad. La irrupción de Milei la sigue condicionando en su posicionamiento post PASO y ya no son pocas las voces de encuestadores que no resultan necesariamente opositoras a su figura, que señalan que no logra retener la totalidad del voto larretista.

Lo anterior se debe a una gran carencia y, articulado con esto último, un gran contrapeso. Para la primera digamos que Bullrich no ha logrado convertirse hasta ahora en una lideresa, como así tampoco en una dirigente con vuelo propio. Algo de esto ha tratado de comenzar a revertir con una serie de declaraciones que empiezan a dejar de lado al propio Mauricio Macri que es, en definitiva, el condicionante para cierto desarrollo político.

https://twitter.com/PatoBullrich/status/1700188417819029655

Lo del hijo de Franco no es una novedad en sí misma. Ha prevalecido en la centralidad del espacio que supo construir a base del desgaste de aquellas figuras que podían eclipsarlo: le sucedió a María Eugenia Vidal durante su gobernación en la provincia de Buenos Aires, a Horacio Rodríguez Larreta en el desarrollo de la interna y le pasa ahora a Bullrich al observar cierto coqueteo político entre el ex presidente y el ganador de las PASO.

El silencio de las últimas semanas del ex presidente y su ausencia a partir de sus viajes al exterior producto de su rol en la Fundación FIFA, han alimentado una serie de suspicacias que se intentan desactivar con el anuncio de que a partir de la semana próxima, una vez en la Argentina, Macri tendrá un rol mucho más activo en la reivindicación de su ex funcionaria. Ver para creer.

En ese devenir, la candidata no se priva de cometer algunos errores que parecieran mostrarla en un estado de desesperación recurrente. En esos términos fueron entendidas sus declaraciones en la provincia de Córdoba donde pidió por el renunciamiento de Juan Schiaretti a la candidatura presidencial. Ni lerdo ni perezoso, el actual gobernador, quien no le perdona a Bullrich su bloqueo al ingreso a Juntos por el Cambio salió a afirmar que esas ideas “son disparates antidemocráticos”.

En el mientras tanto, la ex ministra de Trabajo de Fernando De la Rúa, se prepara para recibir la hipotética buena noticia de un triunfo electoral en Santa Fe de parte de Maximiliano Pullaro, que le permitiría ganar en la centralidad de los diarios del lunes y en los portales de noticias. Cuando uno está en el medio del naufragio, cualquier tabla de donde asirse, viene bien. No me pida más querido lector, estimada lectora: esto se escribe en la tarde del sábado y estamos en veda.

En el oficialismo, portador del tercer tercio de los votos, también aparecieron una serie de decisiones. En lo que ya es una característica definitiva del candidato del espacio, cada vez cuenta con una mayor centralidad política a partir de su doble rol de funcionario y candidato.

En el primero de ellos, con una corrida cambiaria frenada, con el dólar en retroceso y con la señal inequívoca de que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional sirvió para lo imaginado inicialmente, Sergio Massa anunció la presentación de un proyecto que eliminaría el impuesto a las ganancias a trabajadores. La medida, no favorece a las grandes mayorías pero se fundamenta en una problemática a la cual siempre le prestó atención el tigrense y que sirve como una señal de lo que podría venir en su gestión. Como al pasar, también anunció la eliminación de una serie de impuestos para las PYMES que tomen nuevos trabajadores por los próximos dos años.

https://twitter.com/SergioMassa/status/1700604990744621544

Para los días que vienen tiene el lastre de lo que será el número de inflación del mes de agosto y que, nadie parece afirmar lo contrario (incluido el propio ministro), vendrá de la mano de dos dígitos, el mayor número en los últimos veinticinco años. Que Massa hoy sea competitivo se debe a su innegable laboriosidad, su agudeza política y al tren fantasma contra los cuales compite.

En este último sentido, la campaña oficialista, en esta etapa, parece estar empeñada en explicar la impracticabilidad de las propuestas libertarias antes que en el ataque a la figura de Javier Milei, tratando de ganar protagonismo en temas como el impuesto a las ganancias y en la propuesta en materia educativa que se dará a conocer el día lunes.

A todo ello se suma el relanzamiento de la campaña en la provincia de Tucumán con la presencia del conjunto de gobernadores y dirigentes. En las reuniones del viernes, el mensaje fue claro: “militen ya que vienen por sus provincias”. A buen entendedor, pocas palabras. Algo de esto habíamos esbozado en la columna anterior cuando planteábamos cierta falta de visibilidad de no pocos protagonistas que habían “exigido” su candidatura.

“Decisiones, alguien pierde, alguien gana” cantaba hace unas cuantas décadas atrás Blades y el estribillo cobra una enorme vigencia para una elección que, más allá de ciertos desánimos, parece ir levantando vuelo. Damas y caballeros, hagan sus apuestas (Y decidan)…

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sun, 10 Sep 2023 08:05:41 -0300
Largo plazo https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6780-largo-plazo https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6780-largo-plazo Largo plazo

Dicen, los que dicen que saben, que alguna vez John Maynard Keynes, ese gran teórico británico de la economía, afirmó que en “el largo plazo estaremos todos muertos”. La frase, de la cual se están cumpliendo unos cien años en este 2023, actuaba como una respuesta a cierto pensamiento establecido en la época que hacía un uso y abuso de ciertas fundamentaciones que no daban respuesta a la pobreza estructural que derivó en la gran crisis de finales de los años 20’. Pero, también podría aplicarse para la pregunta sobre qué se cuestiona, interpela y decide en el marco de una campaña electoral de un país caracterizado por un hiperpresidencialismo que ya representa una marca en el orillo. En la semana que pasó, aparecieron algunos temas que refieren, indudablemente, a cuestiones que no se agotarán con los resultados que se conozcan en las noches del 22 de octubre o del 19 de noviembre, hechos que, van más allá de amoríos circunstanciales. Como siempre, pasen y vean, sean todos y todas bienvenidos.

La semana se había iniciado con la expectativa del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional a partir del anuncio realizado días atrás. Sergio Massa viajó a Estados Unidos para suscribirlo y a partir de ello, Argentina recibió unos 7500 millones de dólares que le dan aire para enfrentar los últimos meses del año (corridas cambiarias incluidas) y que nos anuncia que en 2024 será necesario sentarse a renegociar, teniendo enfrente a un acreedor que insiste con las recetas de siempre.

Por esta última razón es que tomó mayor significación de la que por sí ya tiene, el éxito de la diplomacia local que logró, con la inestimable ayuda de Luis Ignacio “Lula” Da Silva, el ya antiguo deseo argentino de ingresar al grupo BRICS que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Sin entrar en detalles que corresponden a los internacionalistas, puede decirse que la relación del país con el grupo tiene algunos elementos de tipo estructural que se han venido desarrollando en los últimos años. En la semana se hizo conocido un video que recuerda un discurso de Cristina Fernández de Kirchner, pidiéndole al actual presidente de Brasil que ayudara al país al ingreso al grupo, y aparecieron imágenes de Mauricio Macri asistiendo, en su carácter de presidente, como invitado a uno de las cumbres.

https://twitter.com/CasaRosada/status/1694667314900213801

La incorporación argentina a partir de enero de 2024, cumple con una vieja caracterización del peronismo en materia diplomática, la cual ancla en la famosa teoría de la Tercera Posición en un mundo que estaba partido en dos (y que la sabiduría popular supo interpretar con el ya famoso slogan “ni yanquis ni marxistas, peronistas”) y con su histórico apoyo a la integración del grupo de los No alineados, hechos que en sí mismos, representaban una blasfemia para la intelligentzia de aquel entonces.

En los hechos, la incorporación al grupo se sale de la centralidad que supone el eje occidental diseñado por el norte desarrollado, el cual integran los Estados Unidos y Europa. Como al pasar, y ya no sin causalidad, Massa se tomó el trabajo de cuestionar el acuerdo Mercosur – Unión Europea que en su momento el macrismo celebró emocionado, por considerar que con este tipo de políticas Europa exporta sus problemas a la periferia. 

Además, y como un detalle no menor, la pertenencia al BRICS, permitiría la ampliación de mercados para la exportación de todos aquellos productos que Argentina tiene para ofrecerle al mundo: hablamos de la potencialidad que supone el 40% de la población mundial, del 25% del Producto Bruto del planeta y, de acuerdo a información brindada por la Organización Mundial del Comercio, sus cinco países integrantes participaron en el 16,1% de las exportaciones totales de bienes y servicios y en el 14,9% de las importaciones.

El hecho tuvo un inocultable efecto sobre el sistema político argentino, ya que obligó a los posicionamientos de rigor a dirigentes (candidatos incluidos) y empresarios de importancia. La noticia, que es buena en sí misma, le dio aire al gobierno: pudo instalar el tema en la matrix, ganó agenda, lo mostró con un punto a favor en temas estructurales, obligó a sus adversarios a dar una opinión y, hete aquí, demostró la pobreza conceptual que alcanza tanto a Javier Milei como a Patricia Bullrich en materia de relaciones internacionales. Tanto el reclamo de que el gobierno no debería haber alcanzado este acuerdo porque no tendría la legitimidad política suficiente (Bullrich), como la queja por la participación de países comunistas (Milei), desconoce la historia del accionar argentino en foros como los del G20, donde, de manera ampliada, también participan estos mismos países.

https://twitter.com/PatoBullrich/status/1694832042389672356

La primera gran pregunta de hoy es, en qué medida éste tipo de temas, mueve el amperímetro en el electorado, a poco menos de dos meses de las elecciones. Podrá imaginarse que poco, ya que no veremos a ningún ciudadano ni ciudadana, celebrando públicamente (ni probablemente cambiando su voto), por las novedades estructurales de las relaciones internacionales, pero sí puede decirse que al oficialismo le sirvió desde el punto de vista ya comentado de imponer agenda y de mostrarse cohesionado. No es poco para un espacio donde unos cuantos de sus integrantes, han hecho del internismo una práctica cotidiana.

Pero si hablamos del largo plazo que sí tal vez puede referenciar el común de la ciudadanía, no puede negarse el protagonismo semanal que tuvo la Cámara de Diputados de la Nación, al haberle dado media sanción, a través del voto opositor, a la reforma a la ley de alquileres. Los cambios suponen una vuelta atrás con los contratos de tres años a dos, actualizaciones cuatrimestrales del monto y con índices de actualización de “mutuo acuerdo” entre las partes.

De alguna forma, el caso sirve para ejemplificar lo que viene. En términos político – institucionales y en los de la vida cotidiana de cada uno de nosotros. Para la primera cuestión no dejó de llamar la atención lo realizado por el tándem La Libertad Avanza - Juntos por el Cambio: mientras el primero dio quorum para el tratamiento de la reforma, una vez alcanzado el mismo y habiendo expresado su rechazo a la ley en su totalidad, ya que atenta contra la libertad, se retiró del recinto y, finalmente, los segundos alcanzaron los 125 votos. Un párrafo aparte merecen los diputados santafesinos socialistas que, siendo fundamentales para lograr el número de 129 que habilitó la discusión, se abstuvieron de votar en un sentido o en otro.

Si a algo se le ha prestado atención desde el análisis político en este año (de repetirse los resultados electorales del 13 de agosto), ha sido a la hipotética debilidad legislativa con la que asumiría Milei si fuera presidente. Contaría con algo menos de cuarenta diputados y ocho senadores propios. Una verdadera minoría, la cual cambiaría sustancialmente si lograra un acuerdo con Juntos por el Cambio que tendría más de cien. Si ponemos en la balanza, más allá de las declaraciones de ocasión, que Macri mira con mucho entusiasmo el recorrido del libertario, nadie podría estar del todo seguro que la virulencia que se evidencia hoy entre Milei y Bullrich, en el contexto de una campaña electoral, no se modifique en el escenario de la gestión. El flamante novio de la imitadora Fátima Flores, expresa el deseo antiguo de buena parte de las elites argentinas que nunca superaron el trauma de la emergencia del peronismo como hecho social.

https://twitter.com/JMilei/status/1695201380854624289

El escenario bien lo sintetizó Hernán Lombardi, ex funcionario de Fernando de la Rúa y perseguidor serial de periodistas en la gestión de Macri, quien no tuvo empacho en afirmar que no había que “temerle a la libertad”. Que el hombre sea dueño, entre otras cosas, del edificio Torres de Manantiales en la bellísima Mar del Plata, es sólo un detalle que algún mal pensado podría afirmar que existen diputados legislando para sí mismos. Algo así como el ejemplo de un viejo senador santafesino que militaba la eliminación de las retenciones siendo productor agropecuario. “Nada pasa por casualidad…” diría un director técnico de fútbol que se dedica a realizar algunos milagros, acompañado de un messías, en tierras estadounidenses.

El ejemplo es obvio. Para el presente y para el futuro. Se explica que la ley tiene severos problemas en su implementación actual, se invoca la libertad y quienes terminan perjudicados son los más débiles. ¿O a alguien se le puede ocurrir que en un acuerdo entre partes, con la falta de oferta de viviendas existente, los más favorecidos serán los que menos tienen? La derecha argentina sigue aplicando la marca que trae en su ADN: si algo no funciona bien, aplican ideas liberales, y funcionará peor para las mayorías.

También el largo plazo se visualiza en el deseo oficialista de imponer condiciones de futuro a, por ejemplo, la privatización de Aerolíneas Argentinas, ya que el proyecto presentado en los últimos días, de aprobarse, exigiría de una mayoría especial (66% de los legisladores) para que la empresa deje de pertenecer al Estado.

Alquileres, con la consiguiente preocupación para quienes no han alcanzado el sueño de la vivienda propia y la supuesta privatización de una empresa estatal para que quede alcanzada por la lógica de mercado, también tuvieron una centralidad en el marco de una campaña electoral donde el oficialismo no aparece coordinado en la totalidad de los temas (lo relacionado con los supuestos saqueos es una buena referencia), a Bullrich se la nota cada vez más contradictoria y confusa (revisar su propuesta para las retenciones agropecuarias) y Milei parece intuir que cualquier irracionalidad que afirme será bienvenida y no tendrá reproches (no tiene desperdicio su ejemplo de la emisión de billetes ante los empresarios en el Council of the Américas).

En un país como la Argentina, el largo plazo parece una eternidad. Pero cada vez nos brinda ejemplos más claros y contundentes de lo que podría venir.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sun, 27 Aug 2023 12:19:58 -0300
Barajar y dar de nuevo https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6779-barajar-y-dar-de-nuevo https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6779-barajar-y-dar-de-nuevo Barajar y dar de nuevo

No me siento bien (no, no, no me siento bien).
Hoy perdí la fe,
la suerte juega con cartas sin marcar,
no se puede cambiar…

Andrés Calamaro

La mano viene cambiada. El triunfo electoral de La Libertad Avanza del último domingo, a lo largo y ancho del país, tuvo un enorme impacto en el sistema político argentino. Si bien ganar por un estrecho margen de tres puntos entre el primero y el tercero, no es lo mismo que “arrasar” (como se apuraron a titular no pocos medios), la novedad de ver a Javier Milei en el primer lugar de la grilla, incluso en provincias muy distantes de la centralidad porteña y conurbana, los cuales se imaginaban como los territorios de mayor fortaleza libertaria; representa una novedad con evidentes consecuencias para el corto (y por lo menos), mediano plazo. Pasen y vean. Recorrido por una semana donde los principales protagonistas de octubre, comenzaron a mostrar algunas cartas. Sean todos y todas bienvenidos.

Como es de rigor, cada uno de los espacios políticos que se han repartido la centralidad del escenario de tercios, tuvo distintas reacciones en la noche del domingo electoral. A la supuesta idea de unidad que se intentó mostrar en Juntos por el Cambio en el comando de campaña montado en Parque Norte, le correspondió un cierre discursivo de Mauricio Macri que, por esa cosa de los espacios reducidos, terminó tapando la presencia física del derrotado Horacio Rodríguez Larreta, situación que comunicadores y analistas no dejaron pasar como un simple detalle simbólico para ese espacio.

Milei no tuvo la caballerosidad de esperar que el ex presidente terminara de hablar y rompiendo cierta norma no escrita que da por hecho que el triunfador aparece en escena en último lugar, se largó con un discurso leído que, al igual que lo realizado por Axel Kicillof en el comando de Unión por la Patria, dice más sobre la necesidad de ser prudentes en un proceso electoral que no tiene un solo capítulo.

Finalmente, en el reducto oficialista, se hizo hincapié en el hecho de que Sergio Massa era el segundo candidato más votado (se esperaba el primero) y se instó a redoblar esfuerzo de cara a lo que viene. En el escenario no estuvieron presentes ni Alberto Fernández (lo cual era algo esperable) ni Cristina Fernández de Kirchner, quien no era candidata y jamás ha sido propensa a exponerse en escenarios donde no es protagonista.

Pero las primeras señales más importantes comenzaron a surgir con el desarrollo de la semana. Como es lógico, los ganadores no tardaron en aparecer en la centralidad de la política argentina. Surgieron definiciones varias que apuran tensiones hipotéticas de futuro. Milei se animó a plantear el cierre del Conicet, un verdadero sinsentido que no permite establecer si habla desde su ignorancia (comparó al instituto argentino con la NASA) o desde la mala fe; demostró que aún no tiene en claro en qué tiempos, ni los modos, ni el modelo de dolarización que implementaría; se enojó con periodistas que tuvieron la osadía de repreguntarle y cometió el sincericidio e infantilismo político de afirmar que rompería relaciones con el Mercosur y con China. Con los primeros por ser parte de una unión aduanera de mala calidad y con los segundos por comunistas. Repasemos cada una de estas circunstancias.

El Conicet es un verdadero ejemplo de producción científica de calidad, con un vasto reconocimiento internacional y con el que no cuentan el común de los países. El proceso para su selección e ingreso se basa definitivamente en el mérito y, vale reconocerlo, sus investigadores, en términos internacionales, no cuentan con los mejores niveles de ingreso.

https://twitter.com/FilmusDaniel/status/1693273787259576484

La dolarización está en veremos en cuanto a sus formas, y resultó incisivo Massa cuando, en la continuidad del programa “A dos voces”, le recordó que esa compleja explicación que brindó respecto de dónde saldrían los fondos para sostenerla, redundaban en un nuevo plan BONEX (aquí un recordatorio) y que, además, le faltaba imputar los 45.000 millones de dólares de deuda con el Fondo Monetario Internacional que Macri nos legó. Detalles.

Los que parecen espantarse ahora son los representantes periodísticos de los comunicadores de la corporación mediática que habrían descubierto (ahora sí) el perfil violento del candidato libertario. Es una verdadera lástima que no se lo hayan hecho notar en su momento a sus productores, quienes invitaban a Milei a cuanto programa en horario central hubiera como un personaje “simpático”, que tenía cosas para decir desde ciertos extremos. Como diría mi abuela, “tarde piaste”.

Respecto de las relaciones con China y Mercosur estamos en presencia de una verdadera novedad de prejuicio ideológico, al que no se atrevió ni la propia dictadura argentina de los 70’, quien dejaba los pruritos del lado y no tenía ningún inconveniente en venderles granos a los “bolcheviques” soviéticos.

En todos estos casos, aplica la incómoda pregunta sobre a quién (o a quienes) le importa esta serie de desvaríos libertarios: el Conicet es una institución reconocida pero que en su funcionamiento, desconocen muchos argentinos; la dolarización actúa en cierto imaginario colectivo sobre la base de una estabilidad monetaria que Argentina adolece desde hace tiempo, y respecto de los comunicadores, basta ver las respuestas en redes al comunicado publicado por la Academia Nacional de Periodismo, para entender que a los profesionales de los medios, también le ha alcanzado cierto desprestigio.

Respecto de China y Mercosur algunas explicaciones sobre las consecuencias de las decisiones libertarias, deberían ser más sencillas. Por ejemplo, tal vez los trabajadores de los frigoríficos beneficiados con la exportación de carnes, o aquellos que, se desempeñan en el rubro automotriz, el cual exporta pick ups al Brasil, a partir de acuerdos de cupo ya históricos, entiendan lo riesgoso de ciertas decisiones.

Por su parte, Juntos por el Cambio, y tal como se dieron los resultados (que nadie previó en el orden final), quedó expuesto a una situación de clara debilidad política. Rápidamente, en la noche del mismo domingo, tanto Bullrich como Macri, se encargaron de enviar señales de reconocimiento al libertario, el cual, inteligentemente, corrió el cuerpo.

https://twitter.com/VickyVillarruel/status/1693027290962153630

Rápidamente se puso en marcha un operativo para seducir a Juan Schiaretti a los fines de que baje su candidatura para fortalecer a la ex ministra de Seguridad, pero el cordobés, viejo zorro en estos asuntos, de manera no menos veloz confirmó que está dispuesto a vender mucho más caro ese 4% de votos obtenidos. Octubre lo puede dejar mejor posicionado de cara a una hipotética negociación para el balotaje. La duda es con quién deberá negociar ante el riesgo de una fuerza amarilla que ocupe el tercer lugar.

Para profundizar la idea de unidad que pretendió construirse desde la noche del mismísimo 13 de agosto, el día martes hubo una reunión entre las dos fórmulas que compitieron en la interna. Más allá de la foto de rigor, de acuerdo a lo no dicho y a los rumores que, en mucho se parecen a operaciones de prensa, nada ha quedado del todo explicitado en cuanto al rol que podría (o debería) jugar el jefe de gobierno porteño, sobre todo en un contexto tan confuso, donde el líder del espacio construye un feedback con la estrella de las PASO que, de alguna manera, termina torpedeando a Juntos por el Cambio.

A esta altura del fin de semana y mientras escribimos esta columna en una tarde de sábado, vale preguntarse en qué medida la disputa Bullrich – Milei con lo semejante de sus ideas, pero fundamentalmente con el arropaje de Macri, no terminan siendo parte de una misma cosa. Es tal la desorientación en las huestes del PRO, que a partir de las declaraciones de los libertarios, la candidata, ahora sí, aparece como moderada. La segunda gran pregunta aquí deviene en conformar si eso era lo que esperaban sus votantes.

Más allá de los discursos de la noche del domingo, en el oficialismo los resultados generaron un evidente impacto. De los dirigentes nacionales, con la sola excepción de Agustín Rossi, quien en la mañana del lunes salió a cuestionar lo que supone la propuesta libertaria, el conjunto del peronismo pareció tomarse un tiempo para procesar el trago amargo.

Durante esa jornada se conoció la devaluación del 22% dispuesta por el gobierno y no fueron pocos los que recordaron el lunes post PASO de 2019 cuando el país también sufrió una devaluación. Pero aquí hubo una diferencia de grado: mientras hace cuatro años, la irresponsabilidad de Macri dejó correr libremente la cotización del dólar, responsabilizando a los argentinos por el voto hacia el dúo Fernández – Fernández, en esta oportunidad, el Banco Central conducido por Miguel Pesce impuso un número (dólar a $350) como forma de reducción de daños y a los fines de tener algo de margen de maniobra en una economía claramente debilitada. Lo contra fáctico no existe, pero las señales que vinieron luego, esas que refieren a nuevos acuerdos que limitan aumentos van en ese sentido. La tercera gran pregunta es en qué medida la corrida se frenó y cuál será el tenor de las acciones que eviten un deterioro de las condiciones de vida del conjunto de los argentinos. La última semana de agosto probablemente traiga novedades al respecto.

https://twitter.com/FlaviaRoyon/status/1692321185587958026

El día miércoles fue el elegido por Massa para hacer su primera aparición pública, en el programa ya comentado, aclarando que no presentaba la renuncia, que la semana venidera viaja a Washington para suscribir el acuerdo con el FMI, que representará un ingreso de 8.000 millones de dólares y que ello servirá para intervenir en el mercado de divisas. En la misma entrevista jugó un doble rol: al comienzo fue el funcionario que debe responder por la gestión de su área y sobre una segunda parte no se privó de cuestionar a sus dos adversarios más importantes.

Para Unión por la Patria, si es que quiere llegar a la segunda vuelta, la campaña exigirá mucho de creatividad pero también de compromiso de un conjunto de gobernadores e intendentes que, habiendo obtenido buenos resultados en las elecciones locales, sufrieron derrotas muy severas en sus territorios en la elección nacional. Nadie puede negar el carácter distintivo entre una elección y otra, como así tampoco, que algunos no estuvieron tan firmemente convencidos del proceso. Vale recordar que Sergio Massa es el candidato por el que presionaron gobernadores y dirigentes sindicales de la CGT. Tal vez sea hora de demostrar de manera mucho más firme ese apoyo.

En el sentido de la creatividad, vale preguntarse por una estrategia que corra del centro de la escena a Javier Milei, esto es, construir una línea discursiva que deje de poner en primer lugar el hecho de responder a los delirios del libertario. Horizonte de futuro que le dicen, aunque la suerte parezca echada, y el pesimismo de esta semana que pasó, parezca confirmar nuestros peores temores. “No nos sentimos bien”, y tal vez, a diferencia de Calamaro, no debamos perder la fe. Más allá de nuestra inteligencia, “optimismo de la voluntad”, decía un tal Antonio, que se apellidaba Gramsci.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sun, 20 Aug 2023 09:56:25 -0300
Escuchar, Entender, Fundamentar https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6778-escuchar-entender-fundamentar https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6778-escuchar-entender-fundamentar Escuchar, Entender, Fundamentar

El eclipse no fue parcial,
y cegó nuestras miradas.
Te vi que llorabas, te vi que llorabas,
por él.
Té para tres…

Gustavo Ceratti

Los resultados electorales nunca pueden ser analizados ni comprendidos desde el enojo. Mucho menos cuando no nos favorecen. En ese sentido aplica aquella vieja máxima de la calle que dice que “el que se enoja, pierde”. El triunfo de Javier Milei en las PASO del último domingo, produjo un verdadero cimbronazo en el conjunto del sistema político argentino. Más allá de los estilos, de las promesas de campaña y de la preocupación por el corto y el mediano plazo, el electorado se expresó y por lo tanto, ello debe ser revisado de cara a lo que viene. Sobre todo si se quieren dar vuelta los números finales.

La verdadera sorpresa radicó en el triunfo del libertario, no tanto en la paridad que suponen tres puntos en un escenario de tercios. En esta misma columna en algún momento abordamos la existencia de un “té para tres” que hasta la propia Cristina Fernández de Kirchner luego explicitó a partir de una serie de estudios de opinión que, efectivamente, reflejaban ese escenario. (Vale la mención para el grupo Zubán Córdoba y Asociados que insistió hasta días antes con la referencia de los tercios).

¿Qué pasó?, preguntará algún desprevenido. El error en el que cayó este articulista refiere a haberse apegado a cierta lógica tradicional del análisis político que establece que a lo largo de la historia, ningún candidato presidencial había podido prevalecer sin una estructura de apoyo territorial. Todos hemos visto cómo las pocas candidaturas que Milei decidió apoyar, tenían poco volumen electoral en cada una de las provincias. Ni hablar de aquellas donde luego de algunos acuerdos iniciales decidió quitarles el apoyo.

Una de las grandes preguntas de cara a lo sucedido redunda en “descular” si debemos quemar los libros que explican las condiciones básicas para una candidatura nacional, dado que estaríamos en presencia de un tiempo social que no exige de la utilización de ciertas estructuras y formatos tradicionales o si, en realidad, nos enfrentamos a una causalidad efímera.

En este último aspecto vale resaltar cómo llega el principal protagonista del último domingo al proceso electoral. Milei había alcanzado un modesto resultado en 2021, lo cual lo había convertido en diputado nacional alcanzando cuatro escaños para la Cámara Baja. Es un hombre conocido en los medios, fundamentalmente en aquellos que pertenecen a la corporación mediática con incidencia nacional, los cuales trajina, al menos, desde hace cinco años. No importa el carácter insólito de muchas de sus propuestas, lo cual las transforman en impracticables, ya su mayor activo radica en que habla claro y sencillo en un contexto de insatisfacción social evidente. Visibilidad no le faltaba, por lo tanto no tuvo que gastar ni tiempo ni dinero en hacer conocida su figura.

Daniel Paz
Daniel Paz

Una segunda gran pregunta refiere a descubrir quién lo votó. No pueden pedirse estudios demasiados profundos a 72hs de las elecciones, pero la sensación reinante impone que su base de sustentación radicó en los jóvenes sub 25, en los trabajadores precarizados y en quienes desde hace no poco tiempo están enojados con “la política”. La apelación al discurso anti casta, a la que Milei ha pertenecido en algún momento hasta hace algunos años atrás, al haber sido asesor del diputado Ricardo Bussi en la Cámara de Diputados, su estilo disruptivo, la ropa que viste y hasta su declamada forma de vida, lo muestran como un supuesto anti sistema que, en línea con lo que sucede en no pocas partes del mundo, siempre seduce y atrae.

Basta poner atención, de manera honesta y tratando de evitar los prejuicios, en aquellos testimonios de algunos votantes para entender las razones de su irrupción. De alguna forma, supo representar a buena parte de los desencantados por el fracaso del gobierno de las dos últimas coaliciones. Nada es casual, y si miramos con detenimiento comparativo los números de las PASO 2019 con las del 2023, notaremos que mientras el peronismo perdió el 21 por ciento de los votos, Juntos por el Cambio dejó en el camino 13 puntos. Realice la suma estimado lector, querida lectora y verá que el número está por encima (pero no muy lejos) de lo obtenido por el libertario.

Pero más allá de lo evidente, de cara a octubre, el escenario está abierto. Tres puntos de diferencia entre el primero y el tercero no representan nada definitivo y cada uno de los principales protagonistas enfrenta sus propios límites de cara a lo que viene.

Patricia Bullrich porque no tiene mucho para crecer: no son pocos los que dudan de que pueda retener los 11 puntos de Horacio Rodríguez Larreta ya que si extrema su discurso, muchos migrarían a la versión original que representa el líder de La Libertad Avanza y si lo modera, otros irían hacia la opción de Sergio Massa.

El tigrense, por su parte, se enfrenta a la doble problemática de ser candidato siendo ministro de Economía, en el contexto de un peronismo que no se ha mostrado como esa máquina electoral dispuesta a imponer un resultado electoral que lo favorezca.

Y finalmente, Milei se encuentra frente al dilema de tener que explicitar con más detalle su propuesta política, la cual adolece de coherencia y que, de aplicarlas, supone la emergencia de un escenario social que agrave las dificultades de lo existente.

Una pregunta final y una hipótesis de trabajo para ciudadanos y ciudadanas que nos resistimos a la idea de poner en riesgo lo poco o mucho que cada uno pueda haber logrado. De cara a lo que viene, ¿podemos imaginar un candidato que se “bagliniza” (el teorema de Baglini dice que “A menor posibilidad de ser gobierno, más liviandad en las propuestas”) o insistirá en la idea de romper todo aquello que el liberalismo extremo ensalza?

Ante esto, la repregunta con argumentos al candidato, pero fundamentalmente a sus votantes, aparece como un activo para debilitar políticamente la propuesta libertaria. Es falso que en muchos de sus votantes el Estado ha sido un lastre o no ha llegado con cierta presencia. Es cuestión de cada uno saber detectar cómo, cotidianamente, prevalece en nuestras vidas: con los subsidios en tarifas y servicios, con la existencia de la educación pública en los tres niveles, con la atención de las redes de salud, vía hospitales públicos y obras sociales, etc. Todo ello para nosotros y los demás. Con el fin de evitar nuevas pesadillas, tal vez la clave resida en el fundamento que cada uno de nosotros podamos aportar desde el boca a boca. Así de simple. Así de complejo.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Thu, 17 Aug 2023 06:26:13 -0300
El laboratorio y las expectativas https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6772-el-laboratorio-y-las-expectativas https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6772-el-laboratorio-y-las-expectativas El laboratorio y las expectativas

El calendario nacional y la voluntad política del gobernador Omar Perotti determinaron que desde este próximo domingo, los santafesinos debamos asistir una vez por mes a las urnas cuanto menos, hasta el mes de octubre. Con la secuencia de poco más de tres o cuatro semanas, realizaremos el sano ejercicio de la elección de los candidatos primero, y de las autoridades que nos gobernarán desde el 10 de diciembre, después. Si Julio trae memes a raudales, este electoral 2023 no podría estar ajeno y en Santa Fe aportará resultados que, a medida que pasan los días y las horas, muestran a la provincia como un laboratorio y como un ejemplo de aquello que, tal vez, pueda suceder a nivel nacional en algunas pocas semanas más. Mientras ello transcurre, las expectativas oficialistas parecen haber encontrado un cauce impensado hasta hace muy poco tiempo atrás. Recorrido por la previa de la primer posta electoral. Entre urnas y boletas únicas, pasen y vean. Sean todos y todas bienvenidos.

La semana política había comenzado en Salliqueló, provincia de Buenos Aires, el domingo 9 de Julio, con la inauguración del gasoducto Néstor Kirchner. Para el peronismo en su conjunto, el acto forma parte de su ADN en la manera de entender el sentido del quehacer político: su construcción se desarrolló en tiempo récord con mano de obra argentina (empresas incluidas); en un escenario tan complejo para las cuentas públicas permitirá ahorrar varios miles de millones de dólares al año (todo depende de la variación del precio internacional del gas licuado); se transforma en un eslabón más que apunta a la soberanía energética y permite contrastar, de manera insoslayable, la gestión actual con lo sucedido en el período 2015 – 2019. No es poco.

Para oficialistas y opositores, buena parte de las expectativas estaban centradas en el reencuentro público, luego de cuatro meses, de las tres patas que han compuesto la conducción del ya extinto Frente de Todos. Como en esas reuniones familiares de fin de año, donde algunos parientes no se quieren del todo, pero que hay que asistir porque puede ser el último de una abuela ya entrada en décadas y problemas de salud, el dueto Fernández – Fernández decidió dejar de lado las rencillas de siempre, y trató de poner en valor aquella vieja máxima justicialista que impone que primero va la Patria, luego el movimiento y finalmente, los hombres. Aunque para ser correcto políticamente con los tiempos que corren, deberíamos decir “seres humanos”.

https://twitter.com/unionxlapatria/status/1678118823629651968

Al oficialismo “no le sobra nada” y ya habrá tiempo del pase de factura correspondiente en una hipotética derrota electoral, o de la vuelta de página si el 10 de diciembre Alberto Fernández le coloca la banda presidencial a un compañero. Cada uno de los tres protagonistas fue fiel a su estilo: Sergio Massa articulando un discurso de síntesis con la perspectiva de un candidato, Cristina Fernández de Kirchner yendo y viniendo con los recursos discursivos temporales, a la vez que obviaba a su compañero del binomio presidencial y Alberto Fernández poniendo bajo perspectiva todo lo realizado, con referencia al general Juan Domingo Perón incluida.

El acto tuvo la suficiente potencia como para que algunos partidarios del romanticismo político se quejaran de que el oficialismo había perdido una oportunidad para saltear la grieta, emular cierta racionalidad al modo uruguayo y convocar al conjunto de la oposición cambiemista. La respuesta no demoró en llegar al recordar que ninguna de las razones estructurales que posibilitaron la llegada del gas desde Vaca Muerta contaron con el apoyo opositor: ni la recuperación de YPF, ni con la gestión de lo realizado en los cuatro años de gestión macrista, ni con el apoyo al financiamiento vía impuesto a las grandes fortunas, ni con la aprobación de los presupuestos respectivos para su realización. Para Juntos por el Cambio el desarrollo energético argentino (y su potencial soberanía) no es más que una forma de tantas otras que permiten vincular negocios con el sector privado. La campaña electoral en ciernes, con sus propuestas siempre envueltas en un vistoso packaging, así permitirá demostrarlo.

Pero no conforme con esos cuestionamientos, vía redes y algunos inefables comunicadores, se intentó poner dudas sobre la calidad de la obra a partir de la velocidad temporal con que fue ejecutada. Dicen que del “ridículo no se vuelve”, y en esa permanencia circular que se termina haciendo constante, no son pocos los que una y otra vez apelan a acciones que confirman la vieja máxima.

El segundo hecho que refiere a las expectativas oficialistas de este tiempo, referenció en el pendiente y discutido acuerdo con el Fondo Monetario Internacional de cara al segundo semestre del año. Con el devenir de las semanas, el ministro de Economía ha comenzado a hacer público las instancias que no permiten llegar al acuerdo. Dejando traslucir que una de las razones se fundamentan en el tipo de devaluación que debería producirse a gusto de los prestamistas, Massa profundiza semana a semana, un discurso nestorista donde la expectativa final reside en la posibilidad de sacarse de encima al FMI, con el pago de saldos exportables para ganar independencia económica en el mediano plazo y, en ese sentido, los juegos de posicionamiento político abundarán en los días venideros.

https://www.youtube.com/watch?v=46vE8MepreU&ab_channel=T%C3%A9lam

En ese derrotero, donde un acuerdo será mostrado por el oficialismo como un triunfo político, economistas de la oposición fueron acusados de obstruirlo y no faltaron quienes pisaron el palito de la picardía massista y salieron a decir sin decir, que prefieren un escenario de inestabilidad tal que permita imponer las recetas de económicas de siempre: un ajuste potente es el sueño húmedo de todo neoliberal que se precie. No importa si en el medio se atraviesa un año electoral.

Y finalmente, el tercer dato económico que transitó la semana refirió al número de la inflación de junio que se conoció en la tarde del jueves. Emulando a un informe médico sobre la presión arterial, podríamos sintetizar el título con la “baja de la alta”. Seis puntos de inflación mensual no es un número que dé para muchos festejos, pero si política y economía son primos hermanos en esto de la construcción de expectativas, en un contexto donde la inflación no bajará a niveles óptimos de la noche a la mañana, no puede dejar de señalarse que la reducción del 8,4% de abril a este 6% de junio, supone un saldo a favor en el horizonte oficialista.

Simultaneamente, como síntoma y como expectativa, otra vez la oposición pretendió agitar viejos fantasmas que refieren a los retoques de los índices que informa el INDEC. La acción no parece muy novedosa y omite dos hechos irreprochables: que cuando el número daba con una tendencia hacia arriba el mismo no era denunciado y que todas las consultoras privadas, esas donde tanto gustan referenciar no pocos actores de la vida política, económica y empresarial del país, daban con una tendencia a la baja.

https://twitter.com/INDECArgentina/status/1679566414418526209

En todo este entramado, donde algunos hechos de la economía y cierta coordinación en la acción política muestran a un oficialismo cada vez más competitivo, aparece el domingo electoral santafesino, el cual podrá ser señalado como laboratorio y como ejemplo por tres razones evidentes.

Necesidad opositora. Con el antecedente cordobés de una derrota opositora que pocos meses atrás era impensada, Santa Fe aparece con la posibilidad real de que un triunfo pueda proyectarse a nivel nacional. La continuidad en el tiempo de sucesivas elecciones provinciales, donde en la mayoría de los casos han prevalecido los oficialismos, impone la necesidad de un “batacazo” que alimente algunas esperanzas.

Acuerdo con fórceps. La unidad de la oposición santafesina que encarna el “frente de frentes”, se transformó en el rejunte de un entramado que podrá ser nominado de cualquier manera pero sobre el que nadie podrá negar su flagrante antiperonismo. El acuerdo supuso tirar por la borda muchos años de gestión y de un tipo de discurso para buena parte de un socialismo en general y de un tal Pablo Javkin en particular, que en las grandes luminarias de la Reina del Plata, se trata de vender como parte de una progresía que ya murió. En un hipotético triunfo, el mensaje del domingo a la noche al conjunto nacional, será que todos deben unirse si quieren derrotar al peronismo.

Campaña virulenta. Más allá de los nombres propios de cada región, tanto a nivel provincial como nacional (no dejar afuera del análisis lo que sucede en CABA), la fuerza amarilla ha sabido construir una campaña que ha ganado en visibilidad pero al costo de una disputa de tal magnitud, que hace imposible imaginar cierto diálogo armónico para el corto, el mediano y el largo plazo entre los dirigentes que participan de la compulsa. Las acusaciones cruzadas por tener vinculaciones con el narcotráfico, por desconocer la provincia, por la presencia de candidatos discriminadores y su consiguiente renuncia a la lista de diputados y la falta de actitud para hacer lo que hay que hacer para “tener todo”, implica una distancia que pone serias dudas a que los números electorales que cada espacio alcance, puedan mantenerse en las generales de dos meses después.

Por todo lo expuesto, Santa Fe aparece como un laboratorio que también despierta no pocas expectativas en aquellos que dicen desear un cambio. Los puntos en común no son pocos. Y mientras el oficialismo nacional, paso a paso, comienza a encontrar un rumbo electoral que se sustancia en la cotidianeidad de la gestión y en los errores no forzados del otro lado, éste domingo 16, nuestra provincia ocupará el centro de la atención de la Argentina toda. Como muestra de ensayo y por lo que pueda venir. 

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Sat, 15 Jul 2023 17:08:43 -0300