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Fundamentar - Fundamentar - Artículos https://fundamentar.com Sat, 25 Jan 2020 11:19:12 -0300 Joomla! - Open Source Content Management es-es Primero lo Urgente. Luego lo importante https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6320-primero-lo-urgente-luego-lo-importante https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6320-primero-lo-urgente-luego-lo-importante Primero lo Urgente. Luego lo importante

Con la sanción de la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva, el gobierno encabezado por Alberto Fernández acaba de adjudicarse un importante triunfo político. No debería ser una novedad que una fuerza que alcanzó el 48% de los votos en la primera vuelta electoral, transforme en ley su primer proyecto. Lo que distingue al hecho es el tiempo político que vive la Argentina. Repasemos.

Lo primero que surge a la vista es que la administración Fernández queda condicionada por lo urgente. El drama social de millones de argentinos caídos en la pobreza, en especial las dos puntas de la pirámide, ancianos y niños; el nivel de endeudamiento alcanzado luego del despilfarro macrista que hace imposible el pago de las obligaciones contraídas por el Estado argentino; y la fenomenal crisis económica en el área de la producción, con el consiguiente aumento del desempleo y paralización de unidades fabriles enmarcada por una acuciante recesión; supone un escenario de enorme gravedad y riesgo para la paz social. Como ha sucedido en otras ocasiones de la todavía joven democracia argentina (llegada de Menem, Duhalde y Kirchner al poder) el flamante gobierno aplica convencido aquel viejo axioma: “primero lo urgente, luego lo importante”.   

En la interpretación gubernamental, la urgencia se ha hecho dueña y señora de la coyuntura. Así lo hacen saber desde el presidente, hasta el último funcionario nombrado, pasando por ministros, secretarios y legisladores. Pero hay un elemento distintivo: no hay una recurrencia discursiva permanente de la herencia recibida. Puede inferirse políticamente, que el flamante gobierno da por sentado lo que la mayoría de los argentinos padece de manera cotidiana, como para que se le hable de cuestiones sucesorias. Cuestiones de madurez política si se quiere. 

Pero las novedades no se agotan allí. A diferencia de aquellos otros procesos de crisis política, económica y social nombrados, el nuevo oficialismo no tiene las manos libres para actuar y corregir el rumbo. Enfrente cuenta con una minoría intensa que hace apenas dos meses alcanzó, con crisis incluida, el 40% de los votos, lo cual se tradujo en la consiguiente representación parlamentaria e institucional. El deterioro del radicalismo de los 90’, producto de su fracaso económico que derivó en la crisis hiperinflacionaria del 89’ y la consiguiente salida del poder, o la atomización político partidaria que recibió Néstor Kichner en 2003, en nada se parecen a este escenario argentino de 2019. Afortunadamente, el proceso electoral de este año actuó como dique de contención a un sinnúmero de demandas que, como hemos visto en países de la región, no siempre pueden ser procesadas e interpeladas por el sistema político. Aquello que David Easton nos enseñó a los estudiantes de ciencia política hace unas cuentas décadas, del sistema que recibe demandas y las devuelve en forma de respuesta política pareció venir de la mano de la esperanza que buena parte de los argentinos pusieron en los resultados que arrojaría el cuarto oscuro.

Pero no sólo el gobierno parece moverse entre la urgente y lo importante. El núcleo más granado de la oposición se orienta en esos pliegues. Con un Mauricio Macri alejado del escenario político, la urgencia de amarillos y radicales aliados, pasa por pasar rápido de pantalla como en aquellos viejos videojuegos de los 80’. La idea (y el deseo) pasa por convertirse rápidamente en una oposición sin culpas y sin responsabilidades por lo que sucedía hace apenas semanas. Los principales dirigentes se travisten en cuestión de horas. Como los niños que se tapan los ojos cuando algo los asusta, estos señores han elegido NO HABLAR de lo sucedido. La autocrítica exigida al kirchnerismo por los errores cometidos en el segundo mandato de Cristina Fernández, no parece aplicar en este caso. Nos cuentan un relato donde parecen haberse obviado los presos sin condena (lo que los convierte en presos políticos), el lawfare, la persecución a periodistas y empresarios mediáticos y el deterioro social que concluye en un crecimiento exponencial de la pobreza. 

Para estos sectores de la oposición, lo urgente es horadar, desgastar al flamante gobierno. Sin autocrítica honesta, sin revisión de acciones pasadas. Una prueba tuvimos las rosarinas y los rosarinos en el mediodía del viernes 27: la raquítica convocatoria de productores “autoconvocados” a la vera del Monumento Nacional a la Bandera, que ni siquiera logró el número suficiente de ciudadanos para cortar el tránsito, fue fogoneada irresponsablemente por el macrismo local. Las caras visibles del Pro rosarino inundaron redes y agendas de productores mediáticos a los fines de hablar del atropello contra “el campo” porque la administración central retrotrae los derechos de exportación a setiembre de 2018, luego de una fenomenal devaluación de más del 50%. ¿El resultado? Tractores expuestos a la vera del camino cual si fueran una concesionaria o una exposición rural en el corazón de Rosario. 

El ejemplo es claro y sirve como referencia. Los Fernández no tendrán luna de miel ni los famosos cien días de gracia que a los analistas nos gusta tener como insumo de nuestro trabajo. El impacto que produjo el resultado electoral de las PASO en voceros y operadores mediáticos que fueron cómplices y socios del desmadre macrista, inicialmente se tradujo en un intento de “acercamiento” a quien sería, inexorablemente, el futuro presidente. Se pareció mucho a una panquequeada (como diríamos en mi Tablada natal) virulenta. Rápidamente, debieron volver sobre sus pasos y de alguna manera las cosas han encontrado un eje “natural”. Sin venganza, pero sin olvido. 

¿Cómo resolver las tensiones del presente? Esa es una pregunta que requiere una respuesta lo suficientemente amplia que excede a un mero artículo de opinión y análisis como éste. Pero lo cierto es que la actitud explicativa hasta el cansancio de distintos funcionarios y del propio presidente en terrenos institucionales y mediáticos hostiles es una buena herramienta. Luego deberá venir la eficiencia en la gestión. Pero para eso habrá tiempo. ¿Habrá tiempo? 

(*) Analista político de Fundamentar

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Mon, 30 Dec 2019 09:23:14 -0300
El fin del neoliberalismo y el renacimiento de la historia https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6319-el-fin-del-neoliberalismo-y-el-renacimiento-de-la-historia https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6319-el-fin-del-neoliberalismo-y-el-renacimiento-de-la-historia El fin del neoliberalismo y el renacimiento de la historia

Al final de la Guerra Fría, el politólogo Francis Fukuyama escribió un famoso ensayo titulado “The End of History?” [¿El fin de la historia?], donde sostuvo que el derrumbe del comunismo eliminaría el último obstáculo que separaba al mundo de su destino de democracia liberal y economía de mercado. Muchos estuvieron de acuerdo.

Hoy, ante una retirada del orden mundial liberal basado en reglas, con autócratas y demagogos al mando de países que albergan mucho más de la mitad de la población mundial, la idea de Fukuyama parece anticuada e ingenua. Pero esa idea aportó sustento a la doctrina económica neoliberal que prevaleció los últimos cuarenta años.

Hoy la credibilidad de la fe neoliberal en la total desregulación de mercados como forma más segura de alcanzar la prosperidad compartida está en terapia intensiva, y por buenos motivos. La pérdida simultánea de confianza en el neoliberalismo y en la democracia no es coincidencia o mera correlación: el neoliberalismo lleva cuarenta años debilitando la democracia.

La forma de globalización prescrita por el neoliberalismo dejó a individuos y a sociedades enteras incapacitados de controlar una parte importante de su propio destino, como Dani Rodrik (de Harvard) explicó con mucha claridad, y como yo sostengo en mis libros recientes Globalization and Its Discontents Revisited y People, Power, and Profits. Los efectos de la liberalización de los mercados de capitales fueron particularmente odiosos: bastaba que el candidato con ventaja en una elección presidencial de un país emergente no fuera del agrado de Wall Street para que los bancos sacaran el dinero del país. Los votantes tenían entonces que elegir entre ceder a Wall Street o enfrentar una dura crisis financiera. Parecía que Wall Street tenía más poder político que la ciudadanía.

Incluso en los países ricos, se decía a los ciudadanos: “no es posible aplicar las políticas que ustedes quieren” (llámense protección social adecuada, salarios dignos, tributación progresiva o un sistema financiero bien regulado) “porque el país perderá competitividad, habrá destrucción de empleos y ustedes sufrirán”.

En todos los países (ricos o pobres) las élites prometieron que las políticas neoliberales llevarían a más crecimiento económico, y que los beneficios se derramarían de modo que todos, incluidos los más pobres, estarían mejor que antes. Pero hasta que eso sucediera, los trabajadores debían conformarse con salarios más bajos, y todos los ciudadanos tendrían que aceptar recortes en importantes programas estatales.

Las élites aseguraron que sus promesas se basaban en modelos económicos científicos y en la “investigación basada en la evidencia”. Pues bien, cuarenta años después, las cifras están a la vista: el crecimiento se desaceleró, y sus frutos fueron a parar en su gran mayoría a unos pocos en la cima de la pirámide. Con salarios estancados y bolsas en alza, los ingresos y la riqueza fluyeron hacia arriba, en vez de derramarse hacia abajo.

¿A quién se le ocurre que la contención salarial (para conseguir o mantener competitividad) y la reducción de programas públicos pueden contribuir a una mejora de los niveles de vida? Los ciudadanos sienten que se les vendió humo. Tienen derecho a sentirse estafados.

Estamos experimentando las consecuencias políticas de este enorme engaño: desconfianza en las élites, en la “ciencia” económica en la que se basó el neoliberalismo y en el sistema político corrompido por el dinero que hizo todo esto posible.

La realidad es que pese a su nombre, la era del neoliberalismo no tuvo nada de liberal. Impuso una ortodoxia intelectual con guardianes totalmente intolerantes del disenso. A los economistas de ideas heterodoxas se los trató como a herejes dignos de ser evitados o, en el mejor de los casos, relegados a unas pocas instituciones aisladas. El neoliberalismo se pareció muy poco a la “sociedad abierta” que defendió Karl Popper. Como recalcóGeorge Soros, Popper era consciente de que la sociedad es un sistema complejo y cambiante en el que cuanto más aprendemos, más influye nuestro conocimiento en la conducta del sistema.

La intolerancia alcanzó su máxima expresión en macroeconomía, donde los modelos predominantes descartaban toda posibilidad de una crisis como la que experimentamos en 2008. Cuando lo imposible sucedió, se lo trató como a un rayo en cielo despejado, un suceso totalmente improbable que ningún modelo podía haber previsto. Incluso hoy, los defensores de estas teorías se niegan a aceptar que su creencia en la autorregulación de los mercados y su desestimación de las externalidades cual inexistentes o insignificantes llevaron a la desregulación que fue un factor fundamental de la crisis. La teoría sobrevive, con intentos tolemaicos de adecuarla a los hechos, lo cual prueba cuán cierto es aquello de que cuando las malas ideas se arraigan, no mueren fácilmente.

Si no bastó la crisis financiera de 2008 para darnos cuenta de que la desregulación de los mercados no funciona, debería bastarnos la crisis climática: el neoliberalismo provocará literalmente el fin de la civilización. Pero también está claro que los demagogos que quieren que demos la espalda a la ciencia y a la tolerancia sólo empeorarán las cosas.

La única salida, el único modo de salvar el planeta y la civilización, es un renacimiento de la historia. Debemos revivir la Ilustración y volver a comprometernos con honrar sus valores de libertad, respeto al conocimiento y democracia.

FUENTE: Project Syndicate

(*) Joseph Stiglitz es Premio Nobel de Economía, Profesor en la Universidad de Columbia y Economista Jefe del Instituto Roosevelt.

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hola@fundamentar.com (Joseph E. Stiglitz (*)) Opinión Fri, 06 Dec 2019 13:14:43 -0300
El FMI debe tomar la idea de Libra https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6318-el-fmi-debe-tomar-la-idea-de-libra https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6318-el-fmi-debe-tomar-la-idea-de-libra El FMI debe tomar la idea de Libra

La Libra Association se está fracturando. Visa, Mastercard, PayPal, Stripe, eBay y Mercado Pago abandonaron la alianza corporativa liderada por Facebook que sostiene a Libra, la criptomoneda con respaldo de activos con la que se pretendió revolucionar el dinero internacional. Es probable que más corporaciones las imiten conforme aumenten sobre ellas las presiones de gobiernos preocupados y decididos a parar en seco a Libra.

Eso es bueno. Permitir a Facebook usar Libra para privatizar el sistema internacional de pagos hubiera sido un perjuicio para la humanidad. Pero las autoridades que ahora están poniendo freno a Libra deberían pensar en el futuro y hacer con ella algo innovador, útil y visionario: entregar Libra, o el concepto en que se basa, al Fondo Monetario Internacional, para que lo aplique a la reducción de los desequilibrios comerciales y financieros globales. De hecho, una criptomoneda a la manera de Libra puede ayudar al FMI a cumplir su propósito original.

Cuando el director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, anunció con bombos y platillos el lanzamiento de Libra, la idea pareció interesante e inocua. Cualquiera que tuviera un teléfono móvil podría comprar unidades de Libra con moneda local y métodos habituales como tarjetas de débito y banca electrónica. Luego esas unidades se podrían transferir a otros usuarios de Libra para comprar bienes y servicios o saldar deudas. Para garantizar la plena transparencia, todas las transacciones se basarían en tecnología blockchain. Pero en marcada diferencia con Bitcoin, las unidades de Libra estarían totalmente respaldadas por activos seguros.

Para vincular Libra a activos tangibles, la asociación que la respalda prometió usar sus ingresos, junto con el capital semilla contribuido por sus empresas integrantes (al menos 10 millones de dólares cada una), para comprar activos financieros de alta liquidez y calificación crediticia (por ejemplo bonos del Tesoro de los Estados Unidos). En vista de la preponderancia de Facebook, no era difícil imaginar que llegaría un momento en el que la mitad de la población adulta del planeta (representada por 2400 millones de usuarios activos de Facebook al mes) de pronto tendría una nueva moneda para hacer transacciones entre usuarios sin pasar por el resto del sistema financiero.

La reacción inicial negativa de las autoridades fue torpe. Al resaltar los posibles usos delictivos de Libra, sólo consiguieron confirmar la sospecha libertaria de que enfrentados a la amenaza de perder el control del dinero, reguladores, políticos y bancos centrales prefieren asfixiar cualquier innovación monetaria liberadora. Es una lástima, porque el principal instrumento facilitador de la actividad ilícita es el dinero en efectivo a la vieja usanza, y sobre todo, porque Libra plantearía una amenaza a la totalidad del sistema político‑económico incluso si nunca se la usara para financiar el terrorismo o la delincuencia.

Comencemos con los perjuicios de Libra para las personas. Hay que recordar el enorme esfuerzo invertido por la mayoría de los países en minimizar la volatilidad del poder adquisitivo de las monedas locales. Gracias a ese esfuerzo, hoy con cien euros o cien dólares se puede comprar más o menos lo mismo que el mes que viene. Pero de cien euros o cien dólares convertidos a Libra no puede decirse lo mismo.

En la medida en que Libra estaría respaldada por activos denominados en diversas monedas, el poder adquisitivo de una unidad de Libra en cualquier país fluctuaría mucho más que la moneda local. De hecho, Libra se parecería a la unidad interna de cuenta del FMI, llamada “derechos especiales de giro” (DEG), que refleja un promedio ponderado de las principales monedas del mundo.

Para ver lo que esto implica, piénsese que en 2015, el tipo de cambio entre el dólar y los DEG fluctuó hasta un 20%. Si en aquel momento un consumidor estadounidense hubiera convertido cien dólares a Libra, estaría sometido a la agonía de ver el poder adquisitivo local de las unidades subir y bajar como un yoyó. En cuanto a los habitantes de países en desarrollo, cuyas monedas son propensas a desvalorizarse, la facilidad para cambiar divisas provista por Libra aceleraría la depreciación, estimularía la inflación local y aumentaría la probabilidad y la intensidad de las fugas de capitales.

Desde la crisis financiera de 2008, las autoridades han luchado para manejar la inflación, el empleo y la inversión con instrumentos fiscales y monetarios que, antes de la crisis, parecían funcionar razonablemente bien. Libra disminuiría todavía más la capacidad de los estados para suavizar el ciclo económico. La eficacia de la política fiscal se vería afectada por la contracción de la base impositiva a la par del traslado de los pagos a un sistema global dentro de Facebook. Y el golpe para la política monetaria sería todavía mayor.

Para bien o mal, los bancos centrales manejan la cantidad y el flujo de dinero modificando las tenencias de activos financieros de los bancos privados. Cuando quieren estimular la actividad económica, les compran préstamos comerciales, hipotecas, depósitos y otros activos, con lo que los bancos tienen más efectivo para prestar. Y al revés cuando se trata de enfriar la economía. Pero cuanto más éxito tuviera Libra, más dinero transferiría la gente de sus cuentas bancarias a la billetera de Libra y menos capacidad tendrían los bancos centrales para estabilizar la economía. Es decir, la creciente fuga de fondos a Libra profundizaría la volatilidad y la gravedad de las crisis que afectan a personas y estados.

La única beneficiada sería la Libra Association, que obtendría enormes ingresos por los intereses de los activos internacionales que acumularía con la enorme cuota del ahorro mundial absorbida por su plataforma de pago. Y pronto caería en la tentación de extender crédito a personas y corporaciones, con lo que el sistema de pagos subiría un nivel y se convertiría en un monstruoso banco mundial que ningún gobierno podría jamás rescatar, regular o liquidar.

Por eso es bueno que Libra se esté viniendo abajo, junto con el sueño de Zuckerberg de tener un monopolio privado de los pagos mundiales. Pero no hay que arrojar al bebé (la tecnología) con el agua sucia (el monopolio). La solución está en hacer que el FMI implemente la idea en nombre de sus estados miembros, para reinventar el sistema monetario internacional a tono con la propuesta que hizo John Maynard Keynes en la Conferencia de Bretton Woods (1944) para la creación de una “cámara compensadora internacional”, que fue rechazada.

Para crear este nuevo Bretton Woods, el FMI emitiría una unidad basada en blockchain similar a Libra (llamémosla “kosmos”) cuyo tipo de cambio respecto de las monedas locales flotaría libremente. La gente seguirá usando las monedas locales, pero todas las transacciones comerciales y financieras transfronterizas se denominarán en kosmos y pasarán por la cuenta del banco central de cada país en el FMI. Se gravarán el déficit y el superávit comercial, y en caso de aumento súbito de la salida de capitales desde cualquier país, las instituciones financieras privadas deberán pagar un arancel proporcional. Estas multas se acumularán en una cuenta del FMI denominada en kosmos que operará a la manera de un fondo de inversión soberano mundial. De pronto, todas las transacciones internacionales se volverán plenamente transparentes y libres de fricciones, mientras que las multas, pequeñas pero significativas, pondrán coto a los desequilibrios comerciales y financieros y servirán para financiar inversiones ecológicas y una redistribución correctiva de la riqueza entre el Norte y el Sur.

Ideas brillantes que serían catastróficas en manos de aventureros privatistas deben ponerse al servicio del interés público. De ese modo, podemos aprovecharnos de su ingenio sin caer presa de sus designios.

FUENTE: Project Syndicate

(*) Ex ministro de finanzas de Grecia; líder del partido MeRA25 y profesor de economía en la Universidad de Atenas

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hola@fundamentar.com (Yanis Varoufakis (*)) Opinión Fri, 06 Dec 2019 13:52:50 -0300
Entre despedidas y bochornos https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6317-entre-despedidas-y-bochornos https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6317-entre-despedidas-y-bochornos Entre despedidas y bochornos

A poco menos de tres semanas de dejar el poder en la Argentina, el macrismo volvió a protagonizar un hecho que, más allá de lo bochornosa de la situación, refleja muchas más cosas que la simple renuncia de un ex ministro de Salud, devenido en secretario a la luz del supuesto “achique” presupuestario encarado por el oficialismo. La crisis acaecida hacia su interior, con los dimes y diretes del Protocolo de la Interrupción Legal del Embarazo –ILE- refleja el desmanejo típico de muchas administraciones que se “están yendo” pero también, algunas desavenencias profundas que merecen ser señaladas.

La primera de ellas refleja a simple vista las diferencias, no menores, con buena parte del radicalismo. Adolfo Rubinstein, que más allá del repentino enamoramiento que generó en algunos sectores “progres” por imponer en la legislación algo que ya había confirmado la Corte Suprema de Justicia de la Nación, no es más que un funcionario que ha aceptado sin vacilar la reducción de un ministerio al rango de secretaría y que muestra como balance de su gestión, un marcado deterioro en casi todos los índices de salud pública en el país. Es un ex funcionario hecho y derecho de cierta lógica radical. Por ello, no ha sido casual su defensa de parte de los popes más importantes del centenario partido. Allí aparece una primera señal: el radicalismo está más que dispuesto a dar la batalla por la reformulación de la alianza primero y, después, por ser cabeza de la oposición en la Argentina. Tienen frente a sí, a un dirigente como Mauricio Macri, que obtuvo la friolera de más de 10.000.000 de votos en la última elección, pero bueno es recordar que una cosa es la foto de un domingo electoral y otra muy distinta la construcción política cotidiana. El ejemplo de Daniel Scioli de 2015 no es menor.

La segunda cuestión, y tal vez más importante, marca algo que siempre estuvo a la vista pero que muchos, por interés o por ceguera analítica, no quisieron ver: a Cambiemos, como proyecto político, jamás le preocupó la discusión por la legalización/despenalización del aborto que tanto reivindicó a partir de su convocatoria al debate en la Asamblea Legislativa donde Mauricio Macri hizo el anuncio. No estaba en su plataforma electoral de 2015, como así tampoco en su construcción discursiva de una fuerza que había nacido un par de lustros atrás. En aquella coyuntura política (hace apenas 18 meses), las voces amarillas, sean mediáticas o dirigenciales, afirmaban que era digno de mención que se había propiciado tal debate. En ese aspecto era “toda ganancia para la república”. El argumento iba en línea directa con la idea que se había tratado de mostrar, (incluso desde analistas de supuesta centro-izquierda), que el Pro venía a representar a una fuerza de centro derecha, democrática, liberal y progresista. Supuestamente, su gestión en C.A.B.A., ciudad cosmopolita si las hay, y su capacidad para construir una alianza a lo largo y ancho del país con un partido como el radicalismo, con una sustentable base territorial, así lo demostraban.

El modelo económico impuesto, la mirada sobre la historia del país reivindicando personajes nefastos de otros tiempos, la concepción de la educación pública como un lugar donde se cae y, cómo no, el uso de lo público como un espacio de disfrute para el negocio de unos pocos, reflejaron que en Macri pesaba más el espíritu materno de los Blanco Villegas (alcurnia, tradición y poder) antes que el de la lógica paterna que representaba al inmigrante europeo, aventurero, arriesgado y dispuesto a todo con tal de ganar dinero y, cómo no (otra vez), poder. Por ello, no sorprendió que el presidente, y más allá de las necesidades electorales, en plena campaña se definiera como “celeste”. Su buen diálogo con sectores religiosos, fundamentalmente evangélicos, reflejan parte de ello. ¿Es Macri un hombre de fe? Decididamente no. ¿Está mal que así sea? Tampoco. Lo que sí resulta decididamente cuestionable es haber habilitado una discusión, en un tema tan sensible, que sirviera como distracción de otros problemas también acuciantes en la Argentina. Pero hay algo que es peor por estos días: se evitó la aplicación de un protocolo que está consagrado por todo el andamiaje legal argentino.

En resumen. En una semana bochornosa, donde un funcionario fue desmentido en el mismísimo Boletín Oficial y que, al calor de su renuncia, deja al Poder Ejecutivo en una posición de virtual acefalía en el área de salud, el macrismo no sólo se ha jugado una vez más el prestigio de su principal figura, sino que deja a los argentinos sin una herramienta básica en materia de ILE. Como afirmaría un amigo en una charla reciente: aplica la teoría del pato rengo, donde a partir de la llegada del 10 de diciembre el poder macrista comienza a desgajarse. Podría ser. Pero antes habría que recordar que nada ocurre por casualidad, y en esta historia, la última semana es un broche de oropel para una fuerza política que siempre miró a lo público como un coto de caza de voraces empresarios y comerciantes. Es hora de dar vuelta la página.

(*)Analista político de Fundamentar

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Mon, 25 Nov 2019 15:33:34 -0300
Sobre dioses y golpes https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6311-sobre-dioses-y-golpes https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6311-sobre-dioses-y-golpes La autoproclamada presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez, junto a Luis Fernando Camacho y los Santos Evangelios

El golpe de Estado en Bolivia ya es una realidad y el 12 de noviembre el movimiento golpista dio un paso más, con la autoproclamación de la senadora opositora Jeanine Áñez como presidenta interina.

Es importante hacer un recorrido por todos los pasos que han llevado al estado de cosas actual, donde las Fuerzas Armadas y la Policía están en las calles sosteniendo el golpe y la autoproclamación de Áñez mediante la represión, mientras las organizaciones indígenas, campesinas y de trabajadores se encuentran en estado de movilización permanente.

Pero también es crucial comprender que el golpe de Estado en Bolivia implica reflexionar y tomar nota sobre dos cuestiones que, a priori, parecían pertenecientes a tiempos pasados. La primera es la centralidad, el protagonismo y la capacidad de arbitraje que tienen las Fuerzas Armadas en la política latinoamericana. La segunda es sobre el discurso de fundamentalismo religioso que tienen las principales figuras del movimiento golpista.

Tanto la cuestión militar como la supuesta contradicción religiosa que subyace en la lucha por el poder político representan ejes que no estamos acostumbrados a ponderar en los análisis de las tensiones políticas.

A pesar de que América Latina tiene una larga y triste historia de golpes de Estado, es necesario tener en cuenta que las Fuerzas Armadas tienen, en la mayoría de los países de nuestro continente, un prestigio y una cuota de poder que no tienen aquí en la Argentina, debido a la brutalidad de la última dictadura y los procesos posteriores de Memoria, Verdad y Justicia en el período democrático.

https://www.youtube.com/watch?v=3POyhLPXs9s

A partir de este diagnóstico, uno podía suponer que las gravísimas interrupciones al orden constitucional en este Siglo XXI estarían más ligadas a golpes “blandos” o “parlamentarios”, como los que sufrieron Fernando Lugo en 2012 en Paraguay o Dilma Rousseff en 2016 en Brasil.

Pero en las últimas semanas, las FF.AA. han recobrado un preocupante protagonismo en la política de nuestros países: en Perú, el presidente Martín Vizcarra pudo mantenerse en cargo gracias al apoyo de las FF.AA.; en Chile, el gobierno de Sebastián Piñera no dudó en sacar al Ejército a la calle y otorgarle la tarea de reprimir las masivas manifestaciones que se suceden en contra del modelo económico chileno; en Ecuador, también fueron parte de la represión de las manifestaciones contra el gobierno de Lenín Moreno, que se pudo mantener en el cargo gracias al apoyo castrense. Además, en Venezuela y en Brasil las FF.AA. son parte integrante de los respectivos gabinetes de Nicolás Maduro y de Jair Bolsonaro, aunque con sus diferencias ideológicas, claro está.

El golpe en Bolivia adquirió una naturaleza distinta a las últimas interrupciones del orden democrático. El presidente Evo Morales denunció un golpe cívico – político – policial debido a que la oposición política en ese país desconoció los resultados de las elecciones y luego se negó a entablar un diálogo con el gobierno. Además, grupos paramilitares perseguían a funcionarios, militantes y familiares de personas ligadas al oficialismo, al tiempo que la policía se amotinaba en varias de las ciudades más importantes de Bolivia.

El golpe de gracia al gobierno de Evo lo dieron las Fuerzas Armadas, cuando mediante una declaración de su Comandante en Jefe, “sugirieron” la renuncia del presidente para “pacificar el país”. Claro está que cuando la Policía no responde al gobierno y las FF.AA. recomiendan que el Jefe de Estado renuncie, ya no hay nadie que garantice ni el cumplimiento de las directivas del Ejecutivo ni la seguridad del binomio presidencial, como finalmente ocurrió.

https://www.youtube.com/watch?v=5zU4AvM_aeU

Quizás podría haber sido diferente la historia si las Fuerzas Armadas de Bolivia respetaban la Constitución del Estado Plurinacional y abogaban por mantener la institucionalidad política y el resguardo de la integridad física del presidente y sus colaboradores más cercanos.

Por otro lado –y esto es aún más difícil de comprender- está el renovado discurso del fundamentalismo religioso que vociferan los golpistas. Hay muchos ejemplos de esto. El dirigente cívico de Potosí, Marco Pumari, dijo que “Camacho le hizo leer la Biblia a los herejes”; el propio Camacho aseguró haber llevado a Dios a la Casa de Gobierno, al tiempo que irrumpió en el Palacio Quemado con la Biblia en la mano y, poniéndola sobre la bandera boliviana, se puso a rezar luego de la renuncia forzada de Evo; se vieron imágenes de banderas wiphala quemadas, en un claro gesto de agresividad contra los pueblos indígenas de Bolivia. Incluso la presidenta autoproclamada blandió la Biblia asegurando que Cristo volvió al Palacio de Gobierno. La misma persona había acusado a los indígenas de ser satánicos, en numerosas oportunidades.

¿Qué significa toda esta parafernalia religiosa? A nuestro entender, no es un discurso que busque la construcción de una base moral para imprimirle a ciertos proyectos políticos un carácter mesiánico, como lo hizo el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, cuyo lema preferido es “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”.

En Bolivia, uno supone que es parte de una estrategia de cohesión cultural del bloque anti Evo, siendo el presidente derrocado un fiel representante de la mayoría indígena del país, históricamente subalterna. La disputa en términos religiosos es un pretexto para darle una legitimidad moral y un sentido de misión al movimiento golpista, cuando en realidad lo que está verdaderamente en juego es el futuro de Bolivia en términos económicos y geopolíticos.

https://www.youtube.com/watch?v=mx4xpkgh02A

El conflicto cristiano – indígena, que data de hace más de 500 años, es parte de la batalla cultural que dio Evo Morales en sus 13 años de gobierno como forma de empoderar a la gran mayoría indígena que vive en Bolivia. También es una trinchera de la derecha y los poderes concentrados, fundamentalmente porque la batalla cultural es la que debe ganarse previamente para inclinar la cancha en la disputa fundamental, que es la económica y la geopolítica.

No obstante, no hay que confundir una trinchera de la batalla cultural con la verdadera contradicción que subyace entre los golpistas y el proyecto político encabezado por Evo Morales. La principal contradicción radica en que el gobierno de Evo llevó a cabo una verdadera refundación del Estado boliviano, empoderando a la mayoría indígena y poniendo a Bolivia en un umbral de dignidad impensado hace 20 años. La enorme reducción de la pobreza extrema, la amplitud de derechos adquiridos, y la búsqueda de igualdad y justicia social al interior del país es lo que envalentona a la derecha desde hace 13 años para correr a Evo de la presidencia.

El pecado de Evo no es atentar contra la moral cristiana, o ser un hereje, como plantean los delirantes que asaltaron el Estado boliviano. El pecado de Evo es haber llevado a cabo un proceso revolucionario y democrático de redistribución de la riqueza a favor de las grandes mayorías, históricamente vulneradas y pisoteadas por los sectores de la burguesía nacional, fieles representantes de las corporaciones y los intereses foráneos. Porque no hay que olvidar, que Luis Fernando Camacho, además de ser fanático de Cristo y perteneciente a la logia cruceña Caballeros del Oriente, es fanático del billete verde con la cara de Benjamin Franklin. Camacho es empresario del sector de los hidrocarburos, aquel que fue nacionalizado por Evo Morales para emprender el proceso de desarrollo encabezado por el Estado, y que cuadruplicó la economía boliviana en 13 años, bajó el desempleo, la pobreza extrema, y posibilitó que Bolivia crezca en medio de una coyuntura recesiva que azota a la mayoría de los países sudamericanos. Y todo eso, acompañado por un proceso de recomposición salarial que implicó que el salario promedio de Bolivia supere los de la mayoría de nuestros países, incluida la Argentina de Macri.

Habrá que tomar nota del componente religioso, que creíamos anacrónico en la lucha por el poder político. De ninguna manera esto busca ser un análisis anti clerical, o que insinúe la necesidad de erradicar a la religión de las sociedades latinoamericanas. Sino que hay que pensar por qué el fundamentalismo cristiano, ya sea que se presente en su faceta evangélica o en su faceta católica, les sirve como aglutinador moral a los representantes de los poderes concentrados, a los que atentan contra los derechos de las mayorías y a los enemigos de los pueblos de América.

Y habrá que plantear cómo lograr que la moral religiosa y los proyectos populares puedan ser amalgamados para que el pueblo no sea víctima del engaño brutal al que está siendo sometido por una elite que se presenta como emisaria del poder divino en la tierra pero que en la realidad son misioneros de los sectores de poder financieros y económicos que buscan lo que han buscado a lo largo de la historia: el sometimiento de los pueblos para el reaseguro de sus privilegios.

(*) Investigador del Centro de Estudios Políticos e Internacionales (CEPI)

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hola@fundamentar.com (Santiago Toffoli (*)) Opinión Wed, 20 Nov 2019 14:20:26 -0300
Sin disimulo, el Comando Sur dirige la ofensiva de EE UU sobre la región https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6305-sin-disimulo-el-comando-sur-dirige-la-ofensiva-de-ee-uu-sobre-la-region https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6305-sin-disimulo-el-comando-sur-dirige-la-ofensiva-de-ee-uu-sobre-la-region Sin disimulo, el Comando Sur dirige la ofensiva de EE UU sobre la región

Donald Trump y el Pentágono aceleran el modelo injerencista contra los gobiernos reacios a alinearse a los intereses estadounidenses. La diferencia con otros momentos de la ríspida historia con la región es que lo hace sin el mínimo cuidado por las formas de la diplomacia.

Es así que la red Twitter del Comando Sur de EE UU publicó, en castellano, una “sugerencia” para que los militares venezolanos “respeten el derecho a protestar pacíficamente” este fin de semana. Esta advertencia se suma a la declaración oficial de Donald Trump desde la Casa Blanca del lunes en la que aplaudió “al ejército boliviano” por el golpe contra Evo Morales. El mensaje iba acompañado por (textual) “una fuerte señal a los regímenes ilegítimos en Venezuela y Nicaragua”.

El Comando Sur es una de las diez unidades militares con que EE.UU. vigila el planeta. Cubre a las tres Américas y el Caribe, un área de casi 25 millones de kilómetros cuadrados conocida como el “patrio trasero”. Técnicamente, para el Departamento de Estado –por eso así la define el comunicado Trump- es el Hemisferio Sur.

La amenaza del jefe del Comando Sur, el almirante Craig Faller, aparece en una entrevista para el canal de internet venezolano VPItv en el que habla sobre la situación en el país sudamericano sin ningún prurito. El tuit de ese órgano militar también postea el discurso del autodesignado presidente de Venezuela, Juan Guaidó, frente a una multitud en Caracas. El diputado opositor celebró el golpe en Bolivia y pidió permanecer en las calles hasta la caída de Nicolás Maduro. 

"Calle sin retorno significa que tenemos una agenda de conflicto permanente, que tendremos calle sostenida. Aquí la lucha es hasta que cese la usurpación, hasta lograr elecciones libres", repitió Guaidó en video que también dirigió a los militares.

El Jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el almirante Craig Faller, reunido con el ministro de defensa argentino Oscar Aguad - Junio 2019
El Jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el almirante Craig Faller, reunido con el ministro de defensa argentino Oscar Aguad - Junio 2019

La ofensiva estadounidense sobre la región no es un invento de Trump. Bajo el gobierno de George W. Bush la Casa Blanca reactivó la Cuarta Flota naval. Había sido creada en 1943 para combatir contra a la armada nazi en aguas del Atlántico.

“En reposo” desde 1950, en abril de 2008 el almirante Gary Roughead anunció su retorno ante las “nuevas amenazas” para la seguridad de EE UU. Los gobiernos de Cristina Fernández y Lula da Silva, preguntaron a Washington los pormenores de las operaciones que harían sobre un espacio marítimo internacional pero que afectaba a la soberanía de todos los países.

La sospecha era que los portaviones apuntaban al gobierno de Hugo Chávez, que había vencido a un golpe en 2002. Luego, en 2005, los países latinoamericanos le habían dicho No al Alca, el acuerdo de libre comercio con EE UU y Canadá.

La reactivación de la Cuarta Flota tenía olor a petróleo, pero más bien al brasileño. Petrobras había anunciado el descubrimiento de un yacimiento de al menos 176 mil millones de barriles de petróleo, lo que convertía a Brasil, hasta ese momento neto importador, en una potencia energética de primer orden.

Lo que vino después es conocido: el golpe iniciado en Honduras 2009, ya con Barack Obama en el gobierno, prosiguió en 2012 en Paraguay contra Fernando Lugo y en 2016 contra Dilma Rousseff. La presidenta brasileña, primero como Ministra de Minas y Energía y posteriormente jefa de Gabinete, había impulsado la investigación de Petrobras que culminó con el descubrimiento de esa gema en el océano, bajo 2000 metros de sal.

El Jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el almirante Craig Faller, durante su visita a Brasil - febrero 2019
El Jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el almirante Craig Faller, durante su visita a Brasil - febrero 2019

En 2013 el exagente de la NSA Edward Snowden reveló que Rousseff había sido un objetivo de las agencias de vigilancia global estadounidenses, al igual que Petrobras. Casi en simultáneo, el entonces secretario de Estado, John Kerry, explicó su política regional ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara baja. “América Latina es nuestro patio trasero (…) tenemos que acercarnos de manera vigorosa”, dijo el canciller, reviviendo la doctrina de James Monroe de 1823.

Donald Trump tiene una política que muchos consideran sinuosa en Medio Oriente, donde alterna golpes de efecto militar con retiro escalonado de tropas, ante el estancamiento de las guerras en Irak, Afganistán y Siria.

El presidente está al borde de un impeachment. Enfrentado con “el estado profundo”, para analistas como el francés Thierry Meyssan y el italiano Manlio Dinucci, su pelea contra la burocracia estatal se relaciona con su oposición a la doctrina Rumsfeld-Cebrowski. Se trata de la llamada “estrategia del caos dirigido” que consiste en la destrucción del estado en los países no alineados con el poder hegemónico para que las multinacionales expriman sus recursos naturales sin impedimentos.

Es la línea seguida por Bush hijo en Irak y Afganistán y por Obama en Libia y Siria. Es la que el Pentágono y el Departamento de Estado siguen para la región latinoamericana, donde EEUU se repliega ante ese costoso desgaste en el resto del mundo que Trump busca limitar.

La Bolivia de estos días es una avanzada en esa línea, con Caracas y Managua en la mira, según adelantó Trump. Sin descuidar a La Habana y, de paso, como para que Buenos Aires tome en cuenta cómo se mueven sus fichas en Washington.

 

FUENTE: Tiempo Argentino

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hola@fundamentar.com (Alberto López Girondo) Opinión Mon, 18 Nov 2019 17:40:49 -0300
La Soledad https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6303-la-soledad https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6303-la-soledad La Soledad

Comenzábamos el fin de semana anterior esperanzados. La salida de Luis Inácio “Lula” Da Silva alentaba sentimientos que durante varios años habían quedado adormecidos al calor del retorno del neoliberalismo en la región. Pero en la era de la modernidad líquida nada es para siempre y mucho menos en el realismo mágico en el que se ha convertido la política latinoamericana.

Los hechos acaecidos en Bolivia, con la renuncia a la presidencia de Evo Morales y su posterior salida del país, marcan una situación de excepcionalidad por un doble aspecto: mientras que por un lado podemos afirmar que pocas veces un hecho regional tiene tanto impacto en la política local, por el otro, cuesta encontrar registro histórico de momentos donde la realidad boliviana haya tenido tanto abordaje en nuestra cotidianeidad.

Inicialmente, el sistema político pareció responder en un mismo sentido. De manera rápida pudo conocerse la opinión de propios y extraños que llamaron a las cosas por su nombre: lo que sucedía en Bolivia era un golpe de Estado. Sin medias tintas, sin ambages. Desde lo más granado del Frente de Todos y del radicalismo, desde redes sociales y desde declaraciones mediáticas, la denuncia pareció unívoca, demostrando que, de alguna manera, los casi 36 años ininterrumpidos de vida democrática del país, habían marcado el camino. Pero hubo dos excepciones. Una, la de la izquierda troskista que, desde un espacio absolutamente marginal, puso en la misma vereda a Morales y sus verdugos políticos. Ninguna novedad, por cierto, la escasa inteligencia de cierta izquierda en la Argentina. La otra, y esto sí es grave, fueron los devaneos iniciales que mostró el Poder Ejecutivo en la figura del canciller Jorge Faurie. Las primeras entrevistas -y como no podía ser de otra manera- fueron brindadas a medios “amigos” y pese a los esfuerzos de los operadores periodísticos, el ministro jamás se salió del libreto, relativizando lo que sucedía en el país hermano.

Y lo que eran sospechas fueron certezas con el correr de los acontecimientos de Bolivia y con la inacción del gobierno que conduce Mauricio Macri que, al salir a dar respuestas sobre el asunto, confirmó lo que todos suponíamos: para su administración no es un golpe de Estado a diferencia de lo que sí representa para el conjunto del sistema político argentino. Y aparecieron los primeros eufemismos oficialistas que hablaban de resolver el conflicto político por vías institucionales sin dejar de perder de vista que el primer responsable era Morales por haber intentado su reelección, forzando la interpretación de la Constitución Nacional. Un "restyling" de la teoría de los dos demonios. Algo así como si la violencia de la dictadura de los setenta en la Argentina fuera explicada (y justificada) desde la extrema debilidad política del gobierno de María Estela Martínez de Perón. Hay algo que debería ser determinante: ante ciertos hechos de la vida política de un país, no caben las medias tintas de la misma manera que no existen los medio embarazos. Lo sucedido en Bolivia fue un golpe de Estado, que reversiona formas que creíamos olvidadas, y lo sucedido en días posteriores transforma a ese gobierno auto proclamado en una dictadura.

Y ante esto, también aparece una preocupación doble. La primera es el rol del radicalismo. Esa postura inicial que se representaba en la figura, por ejemplo, de Mario Negri, mutó a mitad de semana, a partir del pedido de la declaración de parte de ambas cámaras legislativas, que a propuesta del Frente de Todos, denunció claramente la existencia de un golpe. Cual acróbata de circo, algunos dirigentes radicales trataron de volver sobre sus pasos con el fin de tener una postura común con el Poder Ejecutivo y plantearon la idea de debilidad institucional. El resultado es claro, aunque del ridículo no se vuelve: en la alianza Cambiemos prevaleció, como a lo largo de estos últimos cuatro años, la mirada de Pro, arrastrando, una vez más al centenario partido fundado por Alem, al rol de mero partenaire. Pregunta para el mediano plazo abriendo paréntesis en el presente análisis: ¿podrá la estructura dirigente del radicalismo replantear los términos de la relación de la alianza? Tal vez más temprano que tarde lo sepamos.

La segunda preocupación es lo que queda para el futuro mediato de una fuerza hoy oficialista que en cuestión de semanas será oposición y que más allá de la consigna tuitera del #YaSeVan, queda la sensación amarga de que ese espacio político que llegó al poder prometiendo más republicanismo liberal y occidental, se retira de la conducción de la administración mirando para otro lado en materia de denuncia de violaciones de acuerdos democráticos y de derechos humanos. Podríamos afirmar -y esto no es un supuesto- que, a partir del 10 de diciembre, en la Argentina existirá una primera minoría opositora, que no ve con malos ojos el fascismo de Jair Bolsonaro, ni la aplicación del "lawfare" (ha sido un sólido impulsor del mismo) y que no denuncia la reaparición en escena de fuerzas militares que imponen condiciones a gobiernos legítimamente electos.

Así las cosas, transcurre noviembre con el dato de que el gobierno de Mauricio Macri ha decidido transitar sus últimas semanas en soledad política, reafirmándose sobre un esquema ya básico de colocar al radicalismo en un segundo plano, sin prestar demasiada atención (de cara a la sociedad) a hechos graves que suceden aquí a la vuelta y hablándole sólo a los propios en encuentros “espontáneos” como los del próximo 7 de diciembre. Como si el 27 de octubre no hubiere existido. Como si de la experiencia no debieran sacarse conclusiones y como si nada importara de aquellos valores que dicen defender.

(*) Analista político de Fundamentar

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez (*)) Opinión Mon, 18 Nov 2019 20:08:29 -0300
Esperanza https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6302-esperanza https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6302-esperanza Esperanza

Acaba de salir Lula de la cárcel y mientras camina los primeros pasos me pregunto si tendremos espacio para la esperanza.

Sabrán perdonar mis docentes que intentaron formarme en el arte del análisis político, entre revisiones de estructuras y super estructuras, entre sistemas y dimensiones, entre contratos, hegemonías y significantes vacíos. ¿Será momento para que en los arrabales del capitalismo tardío abracemos la esperanza? Sabrán perdonar los lectores, acostumbrados al dato duro y al intento de análisis sistémico si hoy nos preguntamos por la esperanza.

Y no resulta un permiso casual ni inocente. Se trata de poder preguntarnos por las causas verdaderas de la alegría, de la empatía. Sabemos con estricta certeza, no somos tontos, de las enormes dificultades que nos esperan, pero también sabemos de dónde venimos. Sabemos del lafware, de que no es un fenómeno de un día ni dos. De que la mentira y la manipulación fueron parte central de este tiempo. De que el odio y el menosprecio se hicieron bandera. Si algo caracterizó a esta época fue la capacidad de la derecha de correr el “eje” del sentido común. Es como si ese odio acumulado les hubiera habilitado para que hoy, con total impunidad, escuchemos barbaridades discursivas que, en otro tiempo, momento y coyuntura, habrían ruborizado a propios y extraños. Existía un consenso de que algunas cosas no podían decirse por respeto o incluso, si se quiere, por el temor al qué dirán. Segunda pregunta al aire. ¿O acaso no nos hubiera resultado impensado en otras campañas electorales, que un candidato a vicepresidente dijera (y justificara) que era necesario quemar villas? 

Sabemos y somos plenamente conscientes, que la mentira se hizo dueña del discurso político mediático. Que ya no importó si nos mentían en la cara ante lo evidente y lo inexorable. ¿O qué representa sino afirmar, alegre y despreocupado, que en el país del desempleo duplicado se habían creado un millón de nuevos puestos de trabajo? Sabemos, y no nos comemos la curva, que resulta falso de falsedad absoluta que, como afirma un importante funcionario formado en una familia rica, el país esté listo y preparado para crecer, cuando se avecina un 2020 con una caída del PBI del 1,7%.

Sabemos, y no nos dejamos engañar, que la pléyade de empresarios que ayer aplaudían el ajuste, la eliminación de derechos de trabajadores y la meritocracia, hoy hace cola para pedir un Estado activo que, por ejemplo, aporte en la construcción de 40.000 viviendas o que baje tasas para poder producir. En pocos lugares del mundo como en la Argentina, los dueños del capital que produce, gusta de pegarse tiros en el pie. En largo plazo (y no tanto) terminan ganando menos y desvalorizando los activos de sus empresas, y luego salen corriendo a los brazos de modelos económicos que hasta no mucho consideraban anti naturales.

Sabemos, y cómo no, que las justificaciones académicas y hasta políticas de las limitaciones de hoy (cepo mediante) son las atrocidades del peronismo que dejaban en estado shock y horrorizados a los gurúes de la economía (chantas con trajes finos y no tan finos) en el pasado reciente. Personajes que podrían escribir, sin dudarlo, el horóscopo de cualquier pasquín que se precie y que nunca aciertan ninguno de sus pronósticos: cuando gobierna la heterodoxia, yerran sistemáticamente en las crisis que llegarán. Cuando gobiernan ellos y sus amigos yerran también, pero en la bonanza que nunca se hace masiva.

Sabemos, y tal vez pocas cosas sean tan ciertas, de la genuflexión de unos cuantos que se decían propios y para evitar algún carpetazo o por míseras treinta monedas de plata, traicionaron aquello que decían defender y hoy vuelven buscando el calorcito que da el sol del poder. Que de alguna manera para estos tristes personajes es lo mismo ser derecho que traidor como dice el genial Discepolín y la construcción que intentan cada día reverbera en el olvido, en el perdón y en las urgencias de muchos.  

Todo eso lo sabemos. Hemos convivido con ello en los últimos años, no sólo en los últimos cuatro. El proceso es más largo y no refiere exclusivamente a la Argentina. Pero deseo que me regalen la esperanza. Dejen que crea en esos millares de pibes que en la noche del 27 de octubre festejaban en el Monumento a la Bandera en Rosario; en que si pudimos estar de pie en este tiempo, sin doblegarnos y sin quebrarnos, tal vez encontremos algunas soluciones que reclama la hora. Abandonen cualquier intento de vernos decaídos por aquel hermano que no la pasa bien y que, seguramente, en el corto plazo poco podamos hacer por él. No esperen que olvidemos y que transemos aquellos valores que nos sostuvieron hasta hoy.

Allí está Lula, injustamente detenido y vilipendiado. Allí está un hombre que emociona, que nunca se entregó, aunque estuviera encerrado entre cuatro paredes. El personaje político que en cada entrevista que brindaba, contagiaba a sus interlocutores y a sus oyentes. Quiero que me dejen esa esperanza, la de sobreponernos a todo y a todos. La de intentar ser felices, en una comunidad organizada y con los otros, no sólo y encerrado en la comodidad de un buen pasar.

Quiero que me dejen la esperanza. El análisis, hoy te lo debo.

(*) Analista político de Fundamentar

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hola@fundamentar.com (Miguel Gómez(*)) Opinión Sat, 09 Nov 2019 09:34:47 -0300
La sombra del TIAR se posa sobre Venezuela https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6300-la-sombra-del-tiar-se-posa-sobre-venezuela https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6300-la-sombra-del-tiar-se-posa-sobre-venezuela La Asamblea Nacional de Venezuela presidida por Juan Guaidó vota el retorno del país al TIAR.

La iniciativa para la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) constituye un eslabón más en la cadena de hechos para desalojar a Nicolás Maduro del poder en la República Bolivariana de Venezuela. Pero además, es un instrumento de una naturaleza distinta a los que ya han sido puestos en juego, visto y considerando que por ahora, ninguna de las acciones realizadas logró su cometido de derrocar al chavismo.

El presidente de la AN, Juan Guaidó / GETTY

Cambio de táctica, misma estrategia

La oposición venezolana y varios países de la región han decidido que la única solución para la crisis en Venezuela es la destitución de Nicolás Maduro de la presidencia del país caribeño, y en pos de ello, desde hace más de 2 años, han desplegado un complejo y heterogéneo conjunto de iniciativas: la creación del Grupo de Lima; el no reconocimiento al proceso electoral venezolano en 2018, así como a la posterior asunción de Maduro a un nuevo mandato; el juramento de Juan Guaidó como presidente encargado; el reconocimiento de varios países de la región a Guaidó como autoridad máxima del país; el intento de ingreso de ayuda humanitaria, con concierto musical incluido; la instigación a sectores de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a realizar un levantamiento contra el gobierno chavista; la liberación del opositor Leopoldo López; la amenaza de intervención de los Estados Unidos; la mediación de Noruega en el diálogo entre el Gobierno y la oposición; y las sanciones económicas direccionadas tanto hacia los activos de Venezuela en el exterior como a personas físicas ligadas al gabinete de Maduro, entre otras.

A esta larga lista, hay que agregarle una última medida: el intento de aplicar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA), contra la República Bolivariana de Venezuela.

Ante el fracaso que cada uno de los hechos mencionados en la lista anterior supuso para lograr el objetivo final, que es lograr un cambio de gobierno en Venezuela, la activación del TIAR supone un paso más, que materializa la necesidad de otorgarle a esta estrategia un marco jurídico e institucional, además de poner sobre la mesa una serie de posibles medidas y extenderlas a terceros Estados que no son parte del continente americano.

Tratamiento de la reactivacion del TIAR en OEA / Twitter @Almagro_OEA2015

¿’Letra muerta’ o instrumento válido?

El TIAR es un pacto de defensa mutua interamericana firmado en el año 1947 y pensado por los Estados Unidos de América, en su rol de potencia hemisférica, como un instrumento de seguridad para el escenario bipolar que caracterizó la segunda posguerra.

En su artículo 3°, el TIAR afirma que “en caso de un ataque armado por cualquier Estado contra un Estado americano será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos, y en consecuencia, cada una de las Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque en ejercicio del derecho inmanente de la legitima defensa (…)”.

Se comprende que, ante la coyuntura geopolítica reinante en esos años, un esquema de seguridad semejante fue ungido para institucionalizar la defensa del continente frente a posibles ofensivas militares provenientes de países extra hemisféricos.

No obstante, muchos de los detractores de este Tratado han señalado que constituye ‘letra muerta’, fundamentalmente en América Latina. Ejemplo de esto es que su aplicación brilló por su ausencia en la caso de la Guerra de Malvinas, donde una potencia extra hemisférica protagonizó una conflagración bélica con la república Argentina.

De todas maneras, el TIAR ha sido invocado una veintena de veces, siendo la última en el año 2001, luego del atentado en Nueva York, el 11 de septiembre. Sin embargo, en la mayoría de estas ocasiones, y a razón de conflictos en América Central, los mecanismos que resolvieron estas crisis respondieron mayormente a esquemas ad hoc, como el Grupo Contadora, y no a las medidas contempladas en el TIAR.

Desde su firma en la década del 40 hasta nuestros días, varios países de los 24 originales que suscribieron el TIAR lo han abandonado: México, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Cuba y Venezuela. Pero desde la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente encargado y su posterior reconocimiento por parte de la Secretaría General de la OEA, el presidente de la Asamblea Nacional tramitó la reincorporación de Venezuela al TIAR, y ha pedido su activación contra su propio país.

Para esto, los cancilleres que votaron a favor de iniciar la activación del TIAR contra Venezuela se apoyaron en el artículo 6°, que no define con precisión qué constituye una amenaza a la paz y seguridad regionales. Solamente establece que el Órgano de Consulta debe reunirse inmediatamente si la soberanía de un Estado americano se pone en riesgo por tres supuestos: una agresión, un conflicto intracontinental o extracontinental, o cualquier situación o hecho que pueda poner en peligro la paz de América. Este último supuesto es el que resulta problemático al ofrecer una interpretación muy amplia y ambigua de lo que podría constituir un peligro a la paz.

Los Estados que pidieron la invocación del Tratado, y más concretamente Colombia, argumentaron que Maduro apoya a los grupos considerados “narcoterroristas” como el Ejército de Liberación Nacional o las FARC. A raíz de esto, Venezuela pondría en peligro la paz de América y por consiguiente, el Tratado podría ser aplicado por lo expuesto en el artículo 6°.

Por todas estas cuestiones, 12 países, incluido el representante de Guaidó en el TIAR, votaron a favor de la convocatoria al Órgano de Consulta, que evaluará las medidas a tomar, y que están especificadas en el artículo 8°. Estas medidas van desde la ruptura de relaciones diplomáticas hasta el uso de la fuerza militar.

Paraguas jurídico y advertencia a terceros

La convocatoria al Órgano de Consulta, que el 23 de septiembre resolvió empezar a estudiar las posibles aplicaciones del TIAR, constituye un marco jurídico para lograr la intervención, ya sea económica, política o militar, en Venezuela. Y esto supone una cuestión inédita en el tratamiento de la crisis, ya que las iniciativas mencionadas en el primer apartado que no concluyeron en el derrocamiento de Maduro carecían de un esquema institucional en el cual ampararse, sino que se sustentaron en tácticas ad hoc sin obligaciones para los países que participaron en ellas.

Por otro lado, y ante las acusaciones de los Estados Unidos a Rusia y a China de sostener al gobierno chavista, el TIAR también supone un instrumento a través del cual los Estados americanos pueden actuar en conjunto en el caso que una potencia extranjera intervenga en las cuestiones regionales. Si bien esto parece improbable, ya que las acciones rusa y china han sido fluctuantes y no han ido más allá de apoyo logístico o comercio armamentístico, es un factor a tener en cuenta dada la importancia geopolítica que tiene Venezuela y la interdependencia que caracteriza las relaciones entre las potencias mundiales.

Maduro tomando de posesión en enero del 2019 / REUTERS

Conclusiones

La iniciativa para activar el TIAR puede suponer otra medida insuficiente para la oposición venezolana y sus aliados en su objetivo de forzar la salida de Nicolás Maduro de la presidencia de Venezuela, o bien puede significar un paso más hacia una posible ofensiva militar.
Resulta preocupante esto último, ya que el sistema interamericano tiene herramientas que contemplan la solución pacifica de las controversias y que no han sido tenidas en cuenta, como el Pacto de Bogotá, que también nació a la luz de la OEA en la misma década del 40. También es necesario recalcar que la crisis humanitaria o las acusaciones de violaciones de los derechos humanos en Venezuela, no constituyen motivos para la instrumentación de un esquema de seguridad colectiva, como lo es el TIAR. De hecho, a lo largo del siglo XX hubo interrupciones al orden democrático, derrocamientos de gobiernos constitucionales, violaciones de derechos humanos y genocidios, y en ninguno de estos casos se contempló la posibilidad de activar el TIAR.

Incluso si las acusaciones del presidente Duque fueran ciertas, y Venezuela estuviese apoyando a los grupos insurrectos en Colombia, la aplicación del TIAR supondría desconocer los instrumentos para resolver pacíficamente las controversias entre dos o más Estados del continente.

Ya sea para contemplar una posible ofensiva militar o para sumar un elemento de tensión con potencias extra hemisféricas, la activación del TIAR es algo preocupante y no parece ser el procedimiento idóneo para resolver la crisis política, económica, social y humanitaria que vive actualmente la República Bolivariana de Venezuela. Sencillamente porque, en la historia de América Latina, este instrumento de seguridad no fue parte de ninguna solución viable y duradera.

(*) Santiago Toffoli es integrante del Centro de Estudios Políticos Internacionales (CEPI)

FUENTE: Síntesis Mundial

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hola@fundamentar.com (Santiago Toffoli (*)) Opinión Tue, 05 Nov 2019 15:37:15 -0300
¿Hacia dónde va Ecuador? https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6299-hacia-donde-va-ecuador https://fundamentar.com/articulos/opinion/item/6299-hacia-donde-va-ecuador La ciudad de Quito estuvo varios días militarizada, luego de la implementación del estado de excepción.

Durante poco más de una semana, el presidente de Ecuador se asomó al abismo. Mientras Fondo Monetario Internacional felicitaba al gobierno del país sudamericano por las medidas adoptadas, la furia se desencadenaba en las calles.

El movimiento indígena se activó y movilizó, exigiendo el cese de los acuerdos con el FMI y la reversión del paquete de medidas económicas tomadas por el gobierno de Lenin Moreno, quien finalmente parece haber retomado el control tras llegar a un acuerdo político con los representantes de la CONAIE y derogar el Decreto 883. Sin embargo el estado de movilización continúa. 

 

Antecedentes 

Cuando Alianza País se impuso en las elecciones presidenciales de 2017, la noticia fue recibida con entusiasmo. A contraluz de la tendencia que se expandía por toda América Latina, Ecuador había sabido discernir lo que estaba en juego y optó por la continuidad del proyecto de Alianza País. De esta manera Ecuador quedaba en manos de Lenin Moreno y Jorge Glas, como garantes de las políticas sociales y económicas aliancistas, frente a una oposición, que como emisarios del cambio proponían una vuelta a las mismas políticas económicos-sociales que generaron la crisis del ’99.

El entretelón de la puja de intereses que se desencadenó apenas asumió el gobierno la dupla vencedora, es ahora harina de otro costal, pero los cambios fueron radicales y se desencadenaron con una velocidad inusitada. En su discurso de asunción, Moreno prometió profundizar la lucha por erradicar la pobreza del país, pero achacó a los diez años de corresimo, de los que él mismo fue partícipe y protagonista, la responsabilidad por la polarización, corrupción y los “desajustes económicos”.

Con el paso de los meses la presidencia de Lenín Moreno fue imponiendo su propio rumbo al gobierno, alejándose de la impronta heredada del ex presidente Rafael Correa, y se acerca cada vez más a la oposición. Persecución judicial, ajuste y alineamiento con la derecha en la Asamblea Nacional dominaron el plano interno, mientras que a nivel internacional Ecuador retiró el asilo político a Julián Assange, autorizó a EEUU para realizar controles aeromarítimos en  las Islas Galápagos a Estados Unidos, se sumó al Grupo Lima, y decidió salir de UNASUR, con cierre de sede incluida.

En resumen, la ruptura de los lazos con el correísmo, Moreno abandonó el programa por el cual fue votado, para llevar adelante un gobierno de ajuste, en alianza con los bancos nacionales, los medios de comunicación y la derecha tradicional, quienes garantizaron durante estos años la gobernabilidad en la Asamblea Nacional.

¿Qué está pasando?

Con el avance de la gestión, el gobierno ha ido erosionando sus bases de apoyo y en los últimos días solo ha podido mantener la autoridad por medio de la fuerza, garantizada por el combo clásico: intervención de las fuerzas armadas y el apoyo de los grupos empresariales. Estos últimos, quienes impulsaron las medidas económicas, y avalaron el cambio de sede de Quito a Guayaquil, centro financiero y donde se localizan los principales grupos económicos del Ecuador. Esto, con el apoyo y participación de ciertos sectores de la sociedad que considera que el correísmo se encuentra detrás del “caos en las calles”.

Desde que asumió el gobierno puso en práctica el clásico paquete de reformas económicas destinadas a equilibrar el déficit fiscal y reducir el gasto público. Medidas que resultaron “insuficientes”, debiendo acudir a las puertas del FMI. 

En el marco de su programa de reducción del gasto acordado con el Fondo Monetario Internacional, el organismo autorizó un acuerdo por más de 4.200 millones de dólares. Según las condiciones del acuerdo de financiación Ecuador debía introducir reformas a la legislación para que el Fondo continúe desembolsando sus próximos tramos de préstamos a bajo interés. Moreno dijo que el objetivo de las medidas es liberar recursos para apoyar a los empresarios, sobre todo a las pequeñas y medianas firmas.

Como contraparte, y apenas horas después de anunciar que en el país analizaba retirarse de la OPEP, se oficializó la publicación del Decreto 883, mediante el cual el gobierno comunicó las siguientes reformas: un aporte especial de las empresas con ingresos de más de 10 millones de dólares al año; un ajuste en el sector público con una baja salarial de hasta un 20% en contratos temporales; una reducción de vacaciones a la mitad, además, de un aporte con un día de salario al mes para los trabajadores públicos; y finalmente el fin de los subsidios a los combustibles, un subsidio que se había mantenido por cuatro décadas. Como consecuencia, el galón de gasolina extra, pasó de 1.85 dólares a 2.30 dólares; y el galón de diésel, utilizado por maquinaria y transporte pesado, paso de 1.08 dólares a 2.27 dólares, una aumento de más del 120% en las estaciones de servicio.

Las reformas económicas fueron promovidas por el FMI / AFP

La quita de subsidios al combustible encendió la mecha que desencadenó las mayores protestas de los últimos años en el país. Sin embargo, a esta se suman otras iniciativas inquietantes como la reforma laboral que de a poco avanza en la Asamblea Nacional, cuya propuesta más controversial es la reducción de 15 días de vacaciones a los empleados de empresas públicas, que según el titular de Finanzas, Richard Martínez, “no tiene un efecto fiscal, (pero) sí de productividad porque los ecuatorianos van a tener más acceso a los servicios públicos”. Además, precisó que la reforma incluye la reducción del salario máximo en contratos ocasionales, de nombramiento o provisionales en el sector público. 

Por su parte, el ministro de Trabajo, Andrés Madero, resaltó que la reforma laboral busca fomentar el emprendimiento, la simplificación en la contratación, en paralelo a la generación de empleo, “para dar respuesta al subempleo”. La propuesta incluirá “modalidades contractuales acordes a lo que vive el mundo”, nuevos permisos de paternidad, facilidades para adquirir herramientas tecnológicas, optimización de recursos o movilidad.

A esta altura, podríamos estar hablando de cualquier país sudamericano de los últimos años, el recetario de medidas de los últimos años se aplica al pie de la letra.

Caos en las calles

La reacción popular sobrepasó cualquier previsión. En un primer momento el sindicato de transportistas, con algunos dirigentes vinculados con el correísmo, estuvieron a la cabeza de la protesta social, pero luego de un ataque mediático, este foco perdió intensidad y acabó por desintegrarse. . 

El sector indígena, que mantuvo pésimas relaciones con el gobierno de Rafael Correa, pasó entonces a liderar las calles, con apoyo de otros movimientos sociales ligados a diferentes sectores de izquierda rodearon la ciudad capital, obligando al gobierno a trasladar la sede administrativa a Guayaquil. Las grandes manifestaciones no solo llegaron a Quito, sino que se instalaron también en otras ciudades, incluso se tomaron gobernaciones.

El Movimiento Indígena, después de ser acusados por la gestión de actuar bajo el financiamiento y las órdenes de Rafael Correa, la CONAIE se desligó del ex presidente con un duro mensaje. Criticó al correismo acusándolo de oportunista, y le recordó, entre otras cosas haber criminalizado y perseguido a los miembros de su organización durante su mandato. 

De esta forma, no solo alejó de Revolución Ciudadana, cuya participación en las manifestaciones es una realidad, pero no llegó a constituirse como un actor determinante, sino que le permitió posicionar a su movimiento en el centro de la escena y como único interlocutor ante Lenin Moreno. 

La respuesta a las protestas por parte del gobierno fue la declaración del estado de excepción en el país, bajo la cual se ha ejercido una brutal represión y se cometieron graves violaciones a los derechos humanos. Las imágenes que circulan por los diferentes medios y redes sociales, en un contexto de total silencio por parte de los medios locales, hablan por sí solas.

Los indígenas lideraron las protestas en Ecuador / AFP

Negociación 

La agudización de la crisis hizo que el presidente dejará de lado las teorías conspirativas para enfocarse en la construcción de un puente de diálogo con los indígenas que, que permitió la derogación del Decreto 883.

El sujeto político que puso el cuerpo a la resistencia de la medida, sin lugar a dudas, fue el Movimiento Indígena expresado principalmente en la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE). Sin embargo, en su afán de marcar distancia y evitar que Rafael Correa pueda capitalizar políticamente el escenario post crisis parece estar avalando un doble juego por parte del gobierno, manteniéndose indiferente ante hechos de preocupantes de persecución.

La CONAIE, agrupada en el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik, siempre tuvo diferencias con el espacio de Correa, pero siempre fue posible dirimir parte de esas diferencias en las urnas, lo que permite a la organización indígena contar con cinco asambleístas, cuatro Prefectos y 20 alcaldes. 

Lenín Moreno y la mesa de diálogo / AFP

La importancia y el rol del movimiento indígena en las diferentes resistencias populares y en el sistema político ecuatoriano es innegable, y Lenin Moreno es consciente de que sin acuerdo con los indígenas no es posible pacificar el país, pero el otro, dio vía libre a la persecución contra los principales dirigentes del espacio de Revolución Ciudadana. 

El Canciller Ricardo Patiño y los asambleístas Gabriela Rivadeneira, Luis Fernando Molina, Soledad Buendía y Carlos Viteri ya solicitaron asilo al gobierno de México, la ex-alcaldesa Alexandra Arce y la Prefecta de Pichincha Paola Pabón se encuentran detenidas y el ex asambleísta, Virgilio Hernández, con orden detención. Muchos de ellos pertenecen al grupo de presidenciables, ante la imposibilidad de Rafael Correa de presentarse a un futuro mandato, producto de la reforma constitucional de febrero de 2018. 

Lenin Moreno no llegó a presidente con una plataforma neoliberal, todo lo contrario, pero no dudo en dar la espalda a su electorado desde el primer momento. Con la derogación del decreto, Lenín logró descomprimir el caos reinante en las calles, pero el estado de movilización permanece latente, como muestra quizás, de un fin de un ciclo.

(*) Paula Martín es integrante del Centro de Estudios Políticos Internacionales (CEPI)

FUENTE: Síntesis Mundial

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hola@fundamentar.com (Paula Martín (*)) Opinión Tue, 05 Nov 2019 15:19:30 -0300