Martes, 19 Marzo 2019 16:39

Sacrificios

Escrito por Miguel Gómez (*)
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El ajedrez, como juego esencialmente estratégico, puede servirnos de ejemplo para entender cómo se sacrifican piezas menores en defensa de la reina. La política no es una excepción y Cambiemos parece haber empezado a utilizar el recurso de manera inexorable.

Nos cuenta Raúl Pérez Ponce en el portal Otras Políticas: “Lo que pasa es que, ocultos para un novicio, en el ajedrez hay otros factores que son tan importantes o más que el valor de una pieza; los tiempos, la posición general en el tablero y el orden en que se producen las capturas pueden ser tanto o más importantes que el valor de las piezas en sí, y a veces hay que hacer sacrificios, no siempre de peones, para conseguir una ventaja estratégica que te pueda llevar a la victoria”. El comentario viene al dedillo para ilustrar lo que parece ser la estrategia electoral nacional, ya no de la alianza Cambiemos, pero sí del PRO de cara a este 2019. Repasemos.

Una de las discusiones que ha ocupado mucha centralidad política y mediática desde finales del año pasado ha sido la definición de las fechas de los comicios bonaerenses y que tienen como principal protagonista a la gobernadora María Eugenia Vidal. En el seno de la fuerza amarilla la discusión estuvo centrada en la posibilidad / necesidad de despegar las elecciones provinciales de las nacionales, potestad con la que cuentan unos cuantos gobernadores del país y del que Buenos Aires no resulta la excepción. Al calor de la baja de la imagen del presidente – candidato, desde las huestes de la primera magistratura bonaerense se especuló seriamente en qué fecha convocar a las elecciones por dos factores básicos. El primero, que la votación en el mismo día de los comicios nacionales, podría arrastrar para abajo los números de Vidal a la hora de ser reelecta. El segundo, que esa misma caída de la imagen presidencial podría ser un factor determinante para lanzar a la ex vice jefa de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a la candidatura de la primera magistratura. Estas dudas generaron mucha preocupación al seno de la alianza gobernante pero, finalmente, el agua no llegó al río, y el esquema fue definido en favor de los intereses de la tríada Macri – Peña – Durán Barba. Primera conclusión de cara a lo que viene: una mayor caída de la imagen presidencial acrecentará el riesgo de triunfo de Vidal en Buenos Aires ó, como piensan los sectores optimistas del PRO, el efecto inverso (la imagen de Vidal apuntalando a Macri) sería un reaseguro para la re elección del ex (?) hombre de negocios.

El segundo momento para destacar son las pasadas elecciones en la provincia de Neuquén. Primer test electoral del año, con el trasfondo del desarrollo de Vaca Muerta detrás, durante algunas horas la provincia patagónica ocupó el centro de la escena política y mediática nacional. En las semanas previas, según hacían saber encuestadores de toda laya, el resultado aparecía como incierto, ya que los sondeos mostraban comicios hipotéticamente parejos. Cambios de último momento en el humor social, voto vergonzante o la aparición en escena de un hipotético voto útil, lo cierto es que las encuestas previas no mostraban el amplio triunfo que finalmente terminó obteniendo el Movimiento Popular Neuquino en la reelección de su actual gobernador Omar Gutiérrez. En los días previos, dirigentes de Cambiemos del ámbito local, a sabiendas de una supuesta paridad, convocaron a ese “voto útil” con el fin de evitar la “vuelta del populismo”. La confirmación de los resultados finales en la noche del domingo, dejaron ver el estado de ánimo del oficialismo nacional. Su candidato había salido tercero, lejos, a más de 20 puntos del ganador, pero el sentimiento que los inquilinos de la Casa Rosada dejaron trasuntar a través de medios afines fue de “alivio”. Dicen, los que dicen que saben, que la relación entre el actual gobernador neuquino (a la sazón triunfador de los comicios) y Mauricio Macri ha sido muy buena desde diciembre de 2015. Según esas mismas voces, no habría razones para cambiar lo que funciona más o menos bien. Poco ha trascendido la opinión del derrotado Horacio “Pechi” Quiroga al respecto.

Y hay un tercer momento. La interna de Cambiemos en la provincia de Córdoba. En un escándalo pocas veces visto (ya que recordemos que el día lunes 11 la Justicia Electoral cordobesa debía decidir si se realizaban las internas en la provincia el domingo 17), ni Marcos Peña ni Mauricio Macri pudieron poner en caja un acuerdo al interior del espacio que tiene como principales referentes a un conjunto de dirigentes radicales de peso y raigambre en la política mediterránea. El laudo porteño terminó fallando por uno de los sectores, el que tiene como cara visible a Mario Negri, partiendo en dos a la alianza que fue tan determinante en el triunfo del presidente en el balotaje de 2015. No habrá proceso interno, pero el sector de Ramón Mestre, con una interesante base territorial de su lado, se presentará en la elección general y terminará sellando de todas formas la suerte de los viejos radicales que ansían por volver al poder cordobés desde hace varios lustros. Juan Schiaretti se frota las manos dado que el escenario se le presenta muy favorable a sus intereses y un nuevo mandato aparece a la vuelta de la esquina; cuestión que tampoco parece inquietar demasiado a Macri dado que el cordobés resulta un viejo amigo que ha sido empleado de Socma y además, ha tenido un excelente diálogo político con todo el arco amarillo. Es más, si uno afina la mirada, cuesta encontrar matices que diferencien de manera nítida ambos proyectos.

En resumen, si miramos con detenimiento cada uno de los tres procesos comentados, que resultan los movimientos políticos electorales más importantes de lo que va del 2019, notaremos que no existe ninguna novedad en el relacionamiento político entre los movimientos nacionales de Cambiemos y las distintas coyunturas provinciales ya que, desde 2015, chequera en mano, Mauricio Macri y su troupe resultaron muy hábiles en la utilización de una serie de recursos institucionales y de los “otros” que le aseguren la gobernabilidad. En este primer trimestre del año todo parece confirmarse: el oficialismo, como el ajedrez, entrega peones y otras piezas en pos de quedarse finalmente con la reina, obligando al sacrificio de los propios y suponiendo, tal vez de manera demasiado optimista, que la polarización de 2015 se repita y, nuevamente, la moneda caiga de su lado. Si no fuera así, y la derrota presidencial resultase inexorable, poco quedará de un armado nacional de Cambiemos. Pero eso, a nadie parece importarle.

 

(*) Analista político de Fundamentar.com 

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