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Domingo, 22 Febrero 2026 13:31

La política therian Destacado

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Y, en esta danza, soy rey sin corona,
y en esta danza que no tiene fin,
yo voy saltando sin par,
voy a quedar,
voy a quedar como Alí…

“Como Alí” - Los Piojos

Ni el concepto ni el fenómeno son nuevos. Surgidos allá por los 90’, de la mano de lo que era la novedad que representaba internet, el asunto “therian” cobró nuevos bríos en este 2026 que recién arranca de la mano de redes como Tik Tok o Instagram y refiere a jóvenes (en su mayoría adolescentes) que se sienten identificados con las personalidades de distintos animales. 

Más allá de cada caso, la psicología parece coincidir que, mientras no se produzcan determinadas afecciones sobre el individuo que la practica, todo se circunscribe a una especie de definición de la propia identidad. La referencia, que inicialmente puede parecer descabellada, viene a cuento a partir de cierto accionar político de lo que, en la previa, suponíamos, resultaban sectores opositores al libertarismo conducido por Javier Milei. El número con que el oficialismo logró la aprobación en general de la reforma laboral (135 a 115) y que contó con la inestimable ayuda de dirigentes que reportan en el peronismo, además de las justas acusaciones de traición, trae consigo la problemática sobre la identidad política.

Lo expresado en el párrafo anterior no refiere exclusivamente al peronismo, sino que también podríamos incluir al radicalismo (crisis más antigua aún) y al socialismo local que terminó embretado en un acuerdo con radicales y amarillos del PRO. Los tres conforman cierta forma de representación que se mueve en el centro del espectro político, circunstancia que no estaría atravesando la derecha fascista libertaria ni la izquierda que, pese a su insignificancia electoral e institucional, parecen consolidadas en términos ideológicos. 

Hecha la primera aclaración sobre la crisis identitaria de los espacios de centro, vale intentar una segunda que excluye de la circunstancia a misioneros, salteños y cordobeses. Marcamos esto porque apareció una tendencia a afirmar que con los votos de estos “peronistas” (más los de Catamarca y Tucumán), la reforma en Diputados no salía. 

Nada más alejado de la realidad: el cordobesismo del tándem Llaryora – Schiaretti, la “concordia” de Carlos Rovira y la renovación de Gustavo Sáenz, hace rato que se han despegado de todo aquello que pueda expresar el Partido Justicialista. Por representación de su electorado, por la conformación de un proyecto hegemónico que impone gobernadores pero que reconoce la jefatura en otro lado o viejas diferencias que llevaron a unos y otros a transitar por caminos separados, los tres proyectos políticos comentados demostraron su autonomía en el apoyo a la Ley Bases que supo imponer el libertarismo allá por mediados de 2024. 

El caso más flagrante, al cual la acusación de traición (término denso si los hay en la fraseología y práctica política peruca) refiere a los casos de los gobernadores y diputados catamarqueños y tucumanos que, habiendo hecho campaña en las últimas elecciones contra el modelo libertario, terminaron votando por una reforma que pega directamente en la línea de flotación del ideario y de la estructura normativa construida por el peronismo. 

Más allá de la fortaleza expresada en sendos bloques de Fuerza Patria en el Congreso de la Nación, la “fuga” de estos legisladores para terminar siendo funcionales a los intereses violetas parece explicarse desde tres aspectos que pueden tener distinta relevancia, según lo que se considere central en la construcción de un proyecto político.

  • Falta de liderazgo. El peronismo enfrenta una crisis de ausencia a partir del deterioro de la figura política que representa Cristina Fernández de Kirchner. Como diría el señor al que le diagnosticaron un ACV ficticio en la semana que se va, “lo viejo no muere y lo nuevo no termina de nacer”. Vale aclarar que la circunstancia no es nueva en el movimiento creado por Juan Perón ya que ante cada derrota electoral que lo ha alejado del manejo de los ejecutivos, siempre convive al borde de la atomización política.

  • Fenómeno de poder. Los Jalil y Jaldo de la vida, pretenden contar con una sobrevida política a los fines de la gestión del día a día. Cómo gobierno y con qué recursos cuento parecen ser las preocupaciones justificadoras de personajes que, hasta hace semanas nomás, prometían cortarle la melena al león. Aquí parecería aparecer el eterno problema de estructurar campañas electorales en un sentido y gestión en otro. O, para decirlo en términos de cierta politología, la tensión entre el ser y el parecer.

  • Identidad difusa. La circunstancia no es nueva y ya dio cuenta de ello también la ciencia política al conceptualizar el surgimiento de los partidos “atrapa todo” (catch all), donde los viejos partidos de masa, a partir de ciertos cambios sociales, perdían intensidad ideológica a los fines de lograr mayores niveles de representación electoral. Pero una cosa es cambiar ciertas estrategias o adaptarse a nuevas coyunturas y otra muy distinta romper con las promesas efectuadas escasos cuatro meses atrás.

Pero si hablamos de identidades, un detalle como al pasar: en la provincia de Santa Fe, el colectivo docente parece haberse decidido a poner la discusión paritaria en otro lugar. La semana anterior, en esta misma página sosteníamos que “las bases de docentes, de los estatales de la administración central y de las empresas públicas no están con el mejor humor: ¿Hay margen para un conflicto de proporciones? Habrá que esperar.” 

Esperamos y la respuesta llegó en la tarde del día viernes con la decisión de Amsafe, de acuerdo a la asamblea provincial realizada en Santa Fe, de rechazar la propuesta gubernamental, situación que no pudo evitar la afirmación de semanas atrás del gobernador Maximiliano Pullaro, donde planteaba que las clases comenzarían invariablemente el 2 de marzo, ni la andanada de trolls que el día viernes inundaron redes con la supuesta oferta. Con lo que sería otro humor social como base, la estrategia sindicalista parece haber cambiado y la espera ahora deberá circunscribirse a si la andanada político comunicacional oficialista que aparecerá en los días venideros, hará mella sobre las actitudes de docentes con bolsillos cada vez más flacos.

La reforma laboral aprobada con cambios en la madrugada del viernes en la Cámara de Diputados, que en el caso santafesino contó con el voto a favor de libertarios, con el voto en contra de peronistas y con el voto partido de Unidos ya que Gisela Scaglia y Pablo Farías se repartieron en un sentido y en otro; queda cada vez más claro que actuará como un instrumento para la coyuntura (chiquita) de estos días, antes que como un marco legal que solucione, por ejemplo, la cuestión de la no registración laboral. 

La novedad llega en un contexto de una crisis económica cada vez más acuciante, que en un juego a triple banda, permitirá abaratar despidos (existe toda una discusión entre especialistas si las futuras indemnizaciones deben ser liquidadas con el futuro régimen o con el que rige hasta ahora), actuar como una instancia de disciplinador social (ayyyyy, cuan vigente sigue estando el concepto marxista de ejército industrial de reserva) a la  vez que propicia la timba fiscal vía FAL (Fondo de Asistencia Laboral) ya que las indemnizaciones al ir a un fondo específico que se retiene de los aportes, quedarán también a la libre disponibilidad del ministerio de Economía de turno, a la sazón un tal Luis Caputo por los días que corren. Total tranquilidad.

El problema de la identidad política que alcanza al peronismo, no se resuelve sólo con la estrategia de cómo enfrentar este tiempo político: ¿esperar que la crisis escale, situación que irremediablemente ocurrirá tal como lo demuestran los casos de Fate o de Granja Tres Arroyos o intentar construir algo nuevo? ¿Poner a las bondades de la década ganada en arcón de los recuerdos ya que ese país no existe y activar las discusiones que no se quisieron (o no se supieron) dar en la previa de llegada de Alberto Fernández al poder o comenzar a escribir “nuevas canciones”? La certeza es que el desafío supone ambas acciones, aunque a veces cueste identificar con quien. Lo bueno, es que cuando haya que marchar para la casita donde surgió la independencia o para el territorio de los Seis Miles, ya sabremos con quién no habrá que interactuar. Algo es algo.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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