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Domingo, 10 Noviembre 2013 00:04

El Crecimiento Alemán Preocupa a Estados Unidos y al Resto de Europa

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El vigoroso crecimiento de Alemania, que se traduce en una cuenta corriente superavitaria similar a la de China, se transformó en un dolor de cabeza para sus socios europeos y, por primera vez, para la economía de Estados Unidos.

Esta semana, el Tesoro de Estados Unidos emitió una muy crítica declaración de la política económica de Berlín, al considerar que el superávit comercial y de la cuenta corriente golpea al resto de los miembros de la Eurozona y al conjunto de la economía mundial.

"Alemania ha mantenido un gran superávit de su cuenta corriente en medio de la crisis financiera de la zona euro", afirmó el Tesoro estadounidense, lo cual ha creado "un sesgo deflacionario" para la Eurozona, así como también para la economía mundial, una idea compartida por la cúpula del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Ayer se conocieron los datos de la balanza comercial germana correspondiente a septiembre, los que indicaron un incremento récord del superávit que creció en 20.400 millones de euros, por encima incluso del de agosto que fue de 13.300 millones.

La previsión del FMI es que el superávit de la balanza por cuenta corriente alcance este año la friolera de 215.000 millones de dólares, prácticamente similar a la de China, el actual motor del comercio internacional.

En medio del gran debate sobre qué deben hacer los gobiernos y el Banco Central Europeo (BCE) para sacar al Viejo Continente del marasmo recesivo y de altísimo desempleo en el que se halla desde hace cinco años, la privilegiada posición de Alemania preocupa seriamente y no por una mera cuestión de envidia.

A juicio de estadounidenses, de la mayoría de los gobiernos europeos, del propio Fondo Monetario Internacional y, de una manera menos estentórea, de China, la política económica alemana agrava la difícil situación de los países europeos en crisis y comienza a afectar también la posición exportadora de Washington.

Al concebir que la crisis de la deuda es el resultado del gasto público excesivo, una idea contestada en toda Europa, Alemania ha impuesto al resto de países la austeridad como solución, al tiempo que los invitan a seguir su política y expandir las exportaciones.

El poderío de la industria alemana, su altísima competividad y calidad, frena la recuperación de sus asociados de la Eurozona en condiciones de una demanda en declive en toda la región y de tasas de interés que tienden a la baja, como lo mostró la decisión adoptada el jueves por el BCE al reducir al 0,25%.

Comandada por la canciller Angela Merkel, la Comisión Europea (CE) con sede en Bruselas, ha obligado a los países endeudados de la región (Grecia, Portugal, Irlanda, España y, en menor medida, Italia) a desarrollar una brutal política de recortes fiscales que han deprimido el consumo, la demanda y sus economías en general.

Al concebir que la crisis de la deuda es el resultado del gasto público excesivo, una idea contestada en toda Europa, Alemania ha impuesto al resto de países la austeridad como solución, al tiempo que los invitan a seguir su política y expandir las exportaciones.

Sin embargo, la recuperación de la ventas al exterior y de una posición comercial favorable no le está sirviendo de nada a España para reactivarse, ya que al mismo tiempo el gobierno de Mariano Rajoy no cesa de incrementar los recortes aguijoneado por Berlín y Bruselas.

Con una Alemania implacable como potencia exportadora y absorbiendo sin freno las corrientes de capitales, la receta de austeridad y baja de salarios se transforma en una fuente de desempleo creciente e inmodificable para el resto de la Eurozona.

De allí, el peligro creciente señalado por los críticos, entre ellos el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, de que las tendencias deflacionistas pasen de ser sólo eso y se conviertan en una deflación en regla en toda Europa, lo que no podría dejar de afectar al resto del mundo a un plazo indeterminado.

Pero Merkel y sus ministros no quieren ni escuchar hablar de modificar sus políticas. Ocurre que la demanda y el consumo en Alemania no son boyantes, por lo que sus industriales tratan de captar en otros países las que no se generan en su propio país.

Lejos de abrir alguna ventana a negociar su política comercial, monetaria y financiera, Berlín respondió al Tesoro estadounidense que "contribuye significativamente al crecimiento global con sus exportaciones y con la importación de componentes para productos terminados".

La cerril oposición alemana a reconsiderar su ortodoxa política monetaria que frena al BCE a flexibilizar la emisión de moneda y la compra de los títulos públicos de los miembros de la Eurozona, por ejemplo, se agrava en el caso de la dureza fiscal que exige a sus socios en problemas.

Por esta vía, Alemania está empujando a la deflación y, en última instancia, a una inevitable ruptura de la moneda única, ya que las tensiones sociales que está generando la depresión de la economía en más de la mitad de Europa, concluirán generando tendencias centrífugas en el campo político.

Desde el punto de vista de la economía mundial, la política alemana apunta a provocar conflictos comerciales (y políticos) a gran escala, como lo advierte la poco común declaración del Tesoro estadounidense.

En la medida en que Alemania siga acumulando superávit y obligue a sus socios a achicar sus déficit a costa de depredar salarios e incrementar el desempleo a niveles extraordinarios, las exportaciones de EEUU o de China o del resto del mundo hacia el Viejo Continente se verán afectadas.

Así, este intento de descargar la crisis sobre sus vecinos-socios y de sus socios comerciales transatlánticos está llevando a Alemania (y a Europa) no sólo a conflictos socio-políticos internos sino también a un serio enfrentamiento con Washington y Pekín, así como con otros grandes exportadores emergentes. 

 

 

RELEVAMIENTO Y EDICIÓN: Rafael Pansa

FUENTE: Telam

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