Martes, 09 Agosto 2011 18:14

Rusia Frente al Dilema de un Irán Nuclear

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Rusia-Iran

El programa de desarrollo nuclear iraní representa un claro eje de tensión a nivel internacional que enfrenta a Estados Unidos- junto a Europa- contra el gobierno iraní. En este marco se destaca el papel de Rusia como actor central del conflicto, papel motivado tanto en consideraciones de estabilidad global como en claros intereses locales y regionales.

 

El programa de desarrollo nuclear iraní representa un claro eje de tensión a nivel internacional que enfrenta a Estados Unidos -junto a Europa- contra el gobierno iraní. En este marco se destaca el papel de Rusia como actor central del conflicto, papel motivado tanto en consideraciones de estabilidad global como en claros intereses locales y regionales.

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Rusia-IranMientras Occidente prefiere castigar y seguir dándole la espalda a Irán por llevar a cabo su programa nuclear, la Federación Rusa opta por defender y cooperar con Teherán en tal materia. La cuestión es que esta tendencia no es reciente. La reticencia rusa ante la aplicación de sanciones contra Irán por el enriquecimiento de uranio, propuestas principalmente por Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, no ha mutado.

Una muestra más reciente de esto transcurrió el pasado mes de junio cuando Rusia, junto con China, vetó la publicación del informe que afirma que Irán viola las sanciones impuestas por dicha organización. Por iniciativa de Estados Unidos, expertos independientes elaboraron dicho informe, el cual hace referencia al desarrollo de armamento nuclear y a la presunta venta de armas a Siria, entre otro tipo de acusaciones hacia Irán. Moscú rechaza la publicación del mismo argumentando que éste contiene información que no ha sido comprobada.

Frente a las acusaciones de Occidente, la República Islámica sostiene que el enriquecimiento de uranio que lleva a cabo en las plantas de Natanz y Qom es sólo con fines civiles, para satisfacer la demanda interna de energía. Irán fue sancionado por cuarta vez en junio de 2010, según la Resolución 1929 del Consejo de Seguridad, por no cumplir con la suspensión de las actividades vinculadas al enriquecimiento de dicho metal. Las últimas sanciones incluyeron un bloqueo a transacciones financieras, inspección de cargas sospechosas, y la prohibición de llevar a cabo cualquier actividad relacionada con misiles balísticos capaces de transportar armas nucleares, entre otras medidas.

Desde 2003 el Sexteto de mediadores (Rusia, EE.UU, China, Gran Bretaña, Francia y Alemania) y la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) han intentado negociar con Teherán y convencer al gobierno de que cese las obras de enriquecimiento de uranio, ya que dicha actividad amenaza el Régimen de No Proliferación Nuclear. Pese a este intento de diálogo, la OIEA aseguró que no tiene garantías de que el programa nuclear iraní sea con fines pacíficos, por lo que las presiones internacionales sobre el gobierno de Teherán siguen aumentando hasta hoy en día.

Las conversaciones entre Irán y el Sexteto se habían estancado en 2009 después de la tercera serie de sanciones impuesta a Teherán. Por esta razón, el hecho de que se retomara el diálogo en enero de 2011 en Estambul ha tenido el visto bueno de toda la comunidad internacional. A pesar del esfuerzo del presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, de demostrar que cumple con las reglas exigidas por la OIEA, no se llegó a un acuerdo común.

Buscando calmar las presiones internacionales, en el mes de junio de este año, Ahmadinejad prometió tomar medidas para incrementar la transparencia de su programa nuclear según lo establecido por la OIEA, a lo que el Ministro ruso de Relaciones Exteriores, Sergei Lavrov, resaltó como una reacción positiva. Rusia rescató que el diálogo con el Sexteto es un buen mecanismo con el cual Irán estaría dispuesto a cooperar. Además, reafirmó que está en contra de cualquier sanción unilateral impuesta a la República Islámica, como las que no dudó en aplicar la Alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Catherine Ashton. Sin embargo, la buena predisposición de Teherán a negociar en materia nuclear con el Sexteto se vio opacada por la insistencia de algunos países de este grupo para que Irán detenga el enriquecimiento de uranio.

Rusia: Uno de los Pocos Amigos

Como se dijo antes, a la hora de castigar a Teherán por su Programa Nuclear, la actitud de la Federación Rusa ha sido pendular. Durante la votación de las sanciones en 2010, Rusia se pronunció afirmativamente al respecto. Esto no es tanto una sorpresa, sino más bien una tendencia que ha marcado la política exterior del Kremlin en los últimos años. Y es que vetar una medida que tiene como fin perjudicar a un “enemigo” de Occidente no sería bien visto por éste. Así pues, se establece un doble juego: por un lado, Rusia se cuida tanto de tensar las relaciones con Washington como con Bruselas. Este último punto es crucial, ya que cualquier tensión entre Moscú y la Unión Europea complicaría el siempre tenso vínculo con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Por el otro, la resolución de 2010 sancionando a Irán no impide que Rusia siga cooperando militar y técnicamente con este país.

Pero ¿cuál es el reclamo de Rusia que acompaña este rechazo a más sanciones? Desde Moscú varios funcionarios, uno de ellos proveniente del mismo Lavrov, afirman que tanto Rusia como la OIEA no disponen de ninguna prueba que demuestre que Irán está desarrollando armamento nuclear. Esto explica que la acusación de Estados Unidos y otros países occidentales tenga un trasfondo político. En este sentido, las presiones de Naciones Unidas como de la OIEA son percibidas como instrumentos de la política exterior de Washington. Es por eso que Irán reclama que las negociaciones se basen en los principios de respeto mutuo e igualdad.

Rusia, junto con Brasil, Turquía y China son conscientes de las consecuencias que pueden derivar del propósito de aislar y perjudicar la economía de la República Islámica sancionándola una vez más. En palabras de Sergei Lavrov: “La resolución contra Irán aprobada en junio del año pasado abarca todos los ámbitos que puedan tener alguna relación con su programa. Por eso nuevas sanciones no tendrían nada que ver con el objetivo inicial (impedir que Irán desarrolle la bomba atómica), sino que en realidad afectarían negativamente la economía iraní”. Esta preocupación por el devenir de la República Islámica también está vinculada con la posibilidad estipulada en la resolución de 2010 de aplicar sanciones a quienes estarían implicados indirectamente en el Programa iraní. Uno de ellos es Rusia.

Parecería que a Irán le quedan pocos amigos ya que EE.UU y Occidente se encargaron de tildarlo como “ese país que nos pone en peligro a todos”. El Kremlin es uno de los aliados de Teherán y su cooperación militar, técnica y económica nunca ha cesado, sino que se fortalece.

Precedente de esta relación estrecha se refleja en un acuerdo intergubernamental ruso-iraní firmado en 1992 para la cooperación en el sector de energía nuclear sumado a un contrato en 1995 para concluir la construcción del primer reactor nuclear de la central iraní de Bushehr. Por motivos varios, el lanzamiento de la central se postergó. Pero finalmente, Moscú indicó que la misma estará en funcionamiento en el mes de agosto de este año. La puesta en marcha de la central de Bushehr es una demostración de esta cooperación, ya que fue financiada por una empresa rusa y ha sido sometida a los controles de la OIEA, pero esto no hizo otra cosa más que seguir encrespando a EE.UU. y a sus aliados.

Otro de los ejemplos significativos de esta cooperación ha sido el ensayo conjunto de misiles entre Rusia e Irán en el pasado mes de junio. La Guardia Revolucionaria Iraní declaró tras estos ensayos que los misiles lanzados fueron maniobras defensivas contra los objetivos de Estados Unidos e Israel en la zona.

Moscú prefiere las vías de cooperación antes que la confrontación. Busca que Teherán no quede marginado en materia nuclear, lo cual sería aún más amenazante. La alternativa institucional suena prometedora, como el hecho de que Irán sea miembro de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), de la que son parte Rusia, China y países de Asia Central. Si bien dentro de los objetivos principales se encuentran la cooperación económica, energética o cultural, la colaboración en materia de seguridad es la columna vertebral de la mayor organización euroasiática. Sin embargo, las sanciones impuestas por la ONU no permiten que el país ingrese como miembro pleno a la OCS.

En general, los Estados miembros tienen confianza en el programa iraní e integrarse permanentemente a esta organización quizás sea una herramienta para que Occidente deje de acusar sin pruebas a Irán y se logre concluir con las negociaciones nucleares exitosamente.

 

(*) Analista Internacional de la Fundación para la Integración Federal

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