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Domingo, 01 Febrero 2026 11:23

¿Agenda de verano? Destacado

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¿Agenda de verano? Grok

No, no me saquen de aquí, por favor,
estoy demasiado tranquilo.
No quiero enterarme de nada hoy,
así es el calor…

“Así es el calor”. Los Abuelos de la Nada

Desde hace un buen tiempo, enero ya no es la que era. Quienes no nos cocemos en el primer hervor, recordamos con un dejo de añoranza aquellas épocas donde el primer mes del año transcurría en el modo de una calma chicha norteña, donde el objetivo principal radicaba en disfrutar o padecer el verano, de acuerdo a los gustos y realidad de cada uno. Las vorágines políticas dejaron de tener en cuenta a los calendarios (aquí y en el mundo) y como un reflejo de los tiempos que corren, en un abrume constante de “novedades”, las noticias se suceden sistemáticamente una y otra vez, aunque muchas de ellas no tienen la sustancia que nos pretenden contar.  

Rápidamente, como para demostrar que las celebraciones y deseos de un mejor año sólo se sintetizan en un cúmulo de buenas intenciones, Donald Trump decidió sorprender al mundo con el secuestro de Nicolás Maduro en su propio territorio, trasladarlo cual prisionero de guerra a los Estados Unidos y a partir de allí abrir una serie de movimientos políticos que mucho recuerdan a lo que sucedía hace noventa años atrás en una convulsionada Europa.

Enero ya se fue y dejó como saldo la imagen de un presidente de los Estados Unidos que no se sabe muy bien si juega al emperador del mundo o resume la decadencia de un imperio que ya no es lo que era. Con todo, y como un buen psicópata que se precie, la capacidad de daño la mantiene de manera intacta.

En ese contexto, con las renovadas bravatas trumpianas hacia Groenlandia, Canadá, buena parte de Europa, Irán, México y en las últimas horas Cuba, desde Balcarce 50 mostraron un alineamiento tan definitivo con el hombre sospechado de pedofilia, que nos podrían hacer (mal) suponer que las relaciones carnales de Guido Di Tella en los noventa, reflejaban una especie de dignidad intrínseca.

Los últimos treinta días dejan una especie de novedades que, hasta hace poco tiempo, podían resultar impensadas. Al caso le viene bien aquel relato físico que afirma que, si sometemos a una rana al hervor de una olla, el batracio saldrá eyectado de la misma de manera inmediata. Pero, si lo colocamos con el agua fría y a partir de allí le agregamos calor, el pequeño vertebrado se irá acostumbrando al calor que terminará con su vida.

Como la rana, el sistema político en general y nosotros en particular, nos vamos acostumbrando a un deterioro tal, que nos resulta creíble que un diario estadounidense de enorme prestigio publique la buena nueva de un hipotético acuerdo entre los gobiernos argentino y norteamericano, y donde nuestro país se compromete a recibir a los extranjeros deportados por los Estados Unidos a partir de su política migratoria. Más allá de la desmentida oficial de las últimas horas, el sólo hecho de que un editor se anime a publicar el dato y de que nosotros lo pensemos posible, nos refleja el tiempo social que estamos transcurriendo.

Enero ya es historia y en el plano de la política local deja el saldo de tres temas de la agenda impuesta por el Gobierno:

La reforma laboral

El libertarismo convive con los mismos problemas de diciembre. La coyuntura política argentina mudó la discusión parlamentaria a las sedes de gobierno de las distintas provincias, ya que así de lineales son ciertas jefaturas. Un detalle como al pasar: no se dialoga con todos los gobernadores, sino con aquellos que tienen algo para aportar en el recinto.

En la cuestión antojadiza de modificar el impuesto a las ganancias que tributan las personas jurídicas y que afecta a las arcas provinciales dado que resulta un impuesto coparticipable, el libertarismo hace más o menos lo mismo de siempre: tensa la cuerda como una muestra de fortaleza política que no siempre tiene. El ministro del Interior Diego Santilli sigue trajinando despachos gubernamentales y la jefa del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich, parece anclada a mitad de camino entre los deseos del Ejecutivo y las demandas de sus pares que entienden que el apoyo a la reforma es todo pérdida para ellos. Algunas semanas atrás afirmábamos que el oficialismo no llegaba a tratar el tema antes de fin de año, cuestión que corrió para el día 11 de febrero. También pusimos en duda que alcance a imponerlo en las extraordinarias. La apuesta sigue vigente: ciertos apuros violetas no alcanzan a todos al mismo tiempo.

La reforma penal

El oficialismo cumple con la máxima de cualquier gobierno de derecha que se precie: tratar de imponer la baja de imputabilidad en adolescentes. Acompañada por sectores sociales que ven en ello sino una solución definitiva, por lo menos la posibilidad del castigo ejemplificador del encierro, sin importar en qué condiciones, cierta dirigencia política, social y empresarial parece dispuesta a dejar de lado las estadísticas que reflejan la escasa incidencia del protagonismo de menores en delitos, a los fines de imponer políticas de Estado que tienen mucho de excluyentes antes que de inclusivas.

“Delito de adulto, castigo de adulto” redunda en un latiguillo que posiciona al Estado frente a la actitud de desentenderse de todo lo que le sucede a un menor cuando llega al extremo del delito, sea en condiciones personales excepcionales o sea vinculado al mundo del narcotráfico.

Sumados al debate nacional, no dejan de resultar sintomáticas las posturas de algunos protagonistas. En la semana que se va, Pablo Javkin y Maximiliano Pullaro no le esquivaron al bulto y fueron por más. 

Uno los escucha y se pregunta en qué momento dejaron de lado el progresismo morado, cuándo dejó de emocionarlos la figura de Raúl Alfonsín, en qué circunstancia histórica aquellos jóvenes cuestionadores del régimen menemista, que omitieron dar una respuesta cívica por los muertos de 2001 y que pusieron (y ponen) tanto énfasis en denostar al kirchnerismo, dejaron de creer en aquello por lo que decían luchar. ¿En qué momento empezó a “garpar” la reivindicación de que a una cárcel financiada en su construcción desde el Estado se la nomine “El Infierno”? La respuesta subyace en todo aquello que se resume en el clima de época.

Segundo detalle como al pasar. Acostúmbrese estimado lector, querida lectora a que el caso de la ampliación del penal que se construye en Piñero emule la logística comunicacional del Aeropuerto de Rosario, donde cada quince días los rosarinos y vecinos de la región éramos anoticiados de los avances de la obra. Un adelanto ya tuvimos algunos días atrás con la visita de medios afines, la presencia del gobernador y la consiguiente propalación mediática celebratoria.

Por el intento de construcción de sentido, ambos casos no dejan de resultar sintomáticos: en uno con la realización de una obra que, siendo en parte continuadora de la gestión anterior, sólo utilizan una pequeña porción de los rosarinos que pueden viajar a los fines (fundamentalmente) turísticos y la otra que refiere a la idea de seguridad anclada en el fenómeno del encierro y no mucho más que eso. ¿Si hubiera reforma penal para los menores que delinquen, irían a parar a la nueva cárcel? Sólo imaginar la respuesta produce escozor.

La agenda presidencial de enero

Mientras crece el rumor de que se disfrazaría de granadero para la evocación de la batalla de San Lorenzo, Javier Milei no se privó de protagonizar nuevos papelones, internacionales y locales. 

En Davos se ocupó de mal interpretar el ideario maquiavélico. Si uno analiza el juego político que realiza su socio mayor Trump (por no decir su jefe político), quedan claras dos circunstancias: que ni el presidente ni sus escribas han leido al florentino y que el pensamiento del autor de “Los discursos de Tito Livio”, lejos de haber muerto está cada vez más vigente, por lo menos en la necesidad de su revisión. Tarea para el hogar: pensar en la figura del presidente de los Estados Unidos y leer el capítulo 17 de El Príncipe, donde nuestro poco ponderado Nicolo se pregunta si el gobernante debe ser amado o temido.

Por estos arrabales del mundo, el presidente se dio el enorme gusto de cantar con el Chaqueño Palavecino en Jesús María, donde fue bien recibido pese a algunos insultos que siempre están. Algo parecido sucedió en Mar del Plata en su visita al teatro, en una perfomance que tiene como protagonista a su ex novia, la imitadora Fátima Florez y donde entonó el Rock del gato.

La imagen no pudo resultar más contrapuesta: un presidente auto celebrándose de un lado y la coyuntura de una Patagonia que se incendia durante semanas sin que el Estado nacional arrime ningún tipo de ayuda. Entre la queja tibia de los gobernadores que comandan las provincias afectadas (algunos hablan de la friolera de 250.000 hectáreas afectadas por el fuego) y el anuncio que, paradojalmente tiene mucho de humo discursivo, donde se destinarían algo así como 100.000 millones de pesos en ayuda (parece que no es excepcional sino que está contemplado en el presupuesto), los lugareños y quienes nos decimos amantes de la región convivimos con la doble impotencia de los designios de naturaleza (ponele) y la inacción gubernamental del más grandote.

Enero de 2026 ya es historia y con él se va una agenda política construida en buena medida por la potencia gubernamental y la ayuda inestimable de los mass media y de las redes afines. Pero también pasan cosas. La Patagonia así lo demuestra y de a poco, muy de a poco, comienzan a verse los límites que el modelo libertario empieza a imponer en no pocos sectores productivos. Pero para buena parte de la sociedad, vale lo entonado hace más de cuatro décadas atrás por un joven Andrés Calamaro, ya que no quiere enterarse de nada hoy, porque así es el calor. La pregunta final es qué pasará en otoño. Pero para eso ya habrá tiempo, piensa el analista. Mientras se prepara un tereré…

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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