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Viernes, 28 Marzo 2014 17:10

IPCNu: la Ingeniería Detrás del Índice y los Intereses Detrás de los Cuestionamientos

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El ministro de Economía, Axel Kicillof, junto a la titular del INDEC, Ana María Edwin; y el director técnico de la entidad, Norberto Itzcovich. El ministro de Economía, Axel Kicillof, junto a la titular del INDEC, Ana María Edwin; y el director técnico de la entidad, Norberto Itzcovich.

El lanzamiento del nuevo Índice de Precios al Consumidor Nacional Urbano (IPCNu) ha sido uno de los principales sucesos de política económica del primer trimestre de 2014. Ha tenido una muy amplia aceptación por parte de economistas y dirigentes de todo el espectro ideológico. Sin embargo, no han faltado las opiniones, a mi criterio infundadas, que han intentado desacreditarlo cuestionando su rigurosidad y credibilidad y llegando a plantearlo como una injerencia del FMI en la política económica local. 

El IPCNu es un indicador que mide los cambios en el costo monetario de una canasta de bienes y servicios representativa del consumo de todos los aglomerados urbanos del país. No debe confundirse con un índice de costo de vida. Este último es un concepto teórico que mide los cambios en el gasto necesario para mantener un determinado nivel de bienestar. Esto supone que, ante cambios en los precios relativos, los individuos sustituyen las variedades más caras por otras más baratas. El índice de precios, en cambio, simplemente tiene en cuenta la canasta de bienes relevada empíricamente.

El IPCNu es representativo de todo el consumo urbano del país. Esto abarca a más del 90% de la población ya que se cubren los 146 principales aglomerados urbanos, logrando así un sustantivo avance respecto a todas las otras mediciones, que abarcaban una sola provincia o un solo aglomerado urbano

La metodología del índice es pública, rigurosa y superadora. La misma está detallada en un documento de 194 páginas, disponible en el sitio web del INDEC. Allí se puede apreciar la rigurosidad aplicada en las dos etapas clave de la construcción del índice, que son el cálculo de las ponderaciones de cada producto y la elección de la muestra de productos, y todas las aclaraciones hechas en cuanto a las limitaciones, supuestos y posibles desventajas de los métodos empleados. El resultado es un indicador que es superador de su antecesor (el IPC GBA) y de sus alternativas contemporáneas (mediciones provinciales y privadas) en 3 aspectos: cobertura geográfica, ponderaciones y muestreo. Mención aparte merece la comparación con el “Índice Congreso”, ya que aquí la superioridad del IPCNu no es atribuible tan sólo a alguno de esos 3 aspectos puntuales sino ya directamente a la integridad de la metodología: el “Índice Congreso” es un promedio simple de 5 mediciones privadas, lo cual no tiene ningún tipo de razonamiento estadístico detrás y lo convierte en un burdo indicador sin el más mínimo asidero.

El IPCNu es representativo de todo el consumo urbano del país. Esto abarca a más del 90% de la población ya que se cubren los 146 principales aglomerados urbanos, logrando así un sustantivo avance respecto a todas las otras mediciones, que abarcaban una sola provincia o un solo aglomerado urbano. La cobertura geográfica no es una cuestión menor, ya que los precios de dos productos pueden ser los mismos entre dos regiones pero sus ponderaciones en la canasta de consumo muy diferentes. Así, por ejemplo, alimentos y transporte representan el 27% y 23% del gasto de consumo en la Patagonia, respectivamente, mientras que para el NOA dichas cifras son 40% y 18%; si en enero de 2014 los aumentos de precios respectivos fueron de 3,3% y 5,4%, entonces el impacto inflacionario total fue significativamente mayor en la Patagonia que en el NOA, el impacto a nivel nacional dependerá a su vez del peso de cada región tenga en el consumo nacional.

Las ponderaciones se hacen en base a la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares 2012/2013. Este relevamiento abarca a 40.000 habitantes de todo el país y mide qué y cuanto consumen los argentinos, atendiendo las particularidades de cada región. Así, se elimina cualquier tipo de discrecionalidad en la determinación de los pesos de cada producto en la canasta ya que éstos son tomados de la observación empírica. Además, permite contar con información reciente sobre la composición de la canasta e incorporar al índice los diferentes pesos que tienen los bienes en cada región. Es justamente por estas ventajas que el IPEC (Santa Fe) cesó la elaboración de su índice de precios al consumidor: las canastas estaban muy desactualizadas y el nuevo IPCNu cubre ya las particularidades del consumo de la Región Pampeana.

La nueva gestión al frente del Ministerio de Economía avanza firmemente en la dirección de instalar valores de referencia más representativos, mientras algunos intentan poner palos en la rueda

Las mejoras en el muestreo son el resultado de la cooperación con los organismos internacionales, que por cierto se ha limitado exclusivamente a este aspecto. La principal colaboración del FMI consistió en la introducción de selección aleatoria entre las distintas marcas o formatos de cada bien que compone la canasta. De esta manera se evita que el índice sufra de sesgos por selección arbitraria de las variedades incluidas. Otra colaboración en este sentido provino de los manuales de la OIT, de donde se toma la técnica para asignar las probabilidades de muestro según población y número de viviendas.

A pesar de contar, entonces, con un índice cualitativamente mejor que el IPC GBA, aún persisten los intentos por sembrar dudas sobre su credibilidad. Estas acciones no tienen otro fin que buscar el fracaso de la política económica, ya que, sin ningún tipo de fundamentos, describir al IPCNu como “falto de credibilidad” y de “metodología desconocida” no puede tener otro fin que impedir que la medición oficial de inflación se instale como referencia para los agentes económicos al momento de fijar precios y negociar en las paritarias. De hecho, la descalificación del índice llega al absurdo de decir que “no se sabe qué negocios se están relevando”, siendo que se trata de una lista de 13.000 locales y 200.000 productos que de la que difícilmente pueda sacarse una conclusión y que además hay, de por medio, compromisos de confidencialidad de parte del INDEC en cuanto a la información individual.

En conclusión, la nueva gestión al frente del Ministerio de Economía avanza firmemente en la dirección de instalar valores de referencia más representativos, mientras algunos intentan poner palos en la rueda. El nuevo IPCNu cuenta con la rigurosidad metodológica necesaria para recuperar su rol como cifra de referencia en las negociaciones salariales y sectoriales, y buena parte del arco político y los economistas (Orlando Ferreres, Graciela Bevacqua, Aldo Ferrer, etc.) lo han respaldado. Sin embargo, nunca faltan quienes están directamente interesados en que la política económica fracase y con ese exclusivo fin intentan minar la credibilidad del índice sin ningún tipo de argumento técnico más que las deficiencias del IPC GBA que precedió al IPCNu.

 

(*) Master en economía de la Universidad de Ginebra - Investigador de la Fundación para la Integración Federal

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