Domingo, 05 Julio 2026 12:59

La casta como solución Destacado

Valora este artículo
(1 Voto)
Abrazo entre Milei, Santilli y Adorni Abrazo entre Milei, Santilli y Adorni

El Gobierno nacional cree haber encontrado la forma de sacarse de encima el lastre Adorni. Con nuevo vocero, nuevo jefe de gabinete y la interna en modo avión, intenta mostrar una vitalidad que estuvo ausente durante varios meses. Retomar la agenda legislativa, reactivar un relato afín en la prensa adicta e inventar una especie de nuevo pacto con los gobernadores en la jornada del próximo 9 de julio, fungen como variables que permitirían corregir el deterioro político en el que se encuentra inmerso. La paradoja deviene en que lo hace recurriendo a todo aquello que supo denostar. Si el concepto de casta fuese válido, el intento de encausamiento de la crisis viene de la mano de todo aquello que el panelista Javier Milei supo denunciar e insultar. Vueltas de la vida. 

La asunción de Diego Santilli dejó un par de fotos que merecen ser revisadas. La primera refiere al abrazo de oso con el que el presidente decidió darle la bienvenida al incorporar en el saludo al renunciante Manuel Adorni, en un formato de scrum de adolescentes secundarios. Flaco favor le hizo al flamante funcionario que, rápidamente, en entrevistas nocturnas tuvo que hacer una defensa del ex periodista.

La segunda foto, más institucional, refiere a la presencia de doce gobernadores que acompañaron la llegada del “Colo” al cargo ejecutivo más importante (por lo menos en lo formal), dando, otra vez, un voto de confianza a un gobierno que no siempre ha cumplido con los acuerdos construidos.

La presencia de algunos jefes comarcales que desde hace décadas tallan en el sistema político de sus provincias, alguno con causa judicial abierta, demuestra que a la hora de juntar masa crítica que le otorgue viabilidad al proyecto libertario, siempre resulta oportuno practicar ciertos olvidos.

Santilli, que de alguna manera emula la razón de ser bullrichista que anda por la vida saltando de partido en partido, aspira a convertirse en un nexo cercano con todos aquellos sectores con los que el oficialismo no suele tener diálogo. Con su candidatura a gobernador de la provincia de Buenos Aires como norte, se enfrenta al enorme desafío de ocupar una silla (ahora) caliente, pegado a la suerte de la gestión presidencial y con la ventaja del manejo discrecional de recursos, pero con el lastre de una sobre exposición que no siempre resulta beneficiosa a la hora de intentar ser elegido por el voto popular. 

No deja de resultar sintomático su recorrido político de los últimos meses, cuestión que solemos perder de vista al analizar al gobierno del eterno presente. Hasta hace poco menos de un año, Santilli padecía una especie de regla de tres inversa: cuanto más se intentaba acercar al oficialismo, menos era valorado. El acuerdo entre amarillos y violetas para la provincia de Buenos Aires lo ubicó en el segundo lugar de la lista de candidato a diputado, y un golpe de suerte para sus intereses (Espert y su cercanía con el ahora condenado Fred Machado) le permitieron encabezar una lista que devino triunfante en el último domingo de octubre.

El objetivo principal de corto plazo para su gestión es lograr la reforma del régimen electoral vigente. La aspiración de máxima deviene en la eliminación de las PASO o en su defecto una nueva suspensión repitiendo el escenario producido para las elecciones de 2025. Como zanahoria para gobernadores y legisladores aliados, aparece la posibilidad de que reaparezcan las colectoras, con la posibilidad concreta de que una fuerza política provincial que disputa cargos nacionales (diputados y senadores), tenga como candidato a presidente a un dirigente de otro espacio. En el oficialismo nacional imaginan un Javier Milei fortalecido para la campaña electoral de 2027, lo cual devendría en una especie de ayuda para la tracción de votos de los proyectos que esos gobernadores encaren. En los hechos, si tal reforma se consagrara, más allá de los triunfos y las derrotas, devendría en una especie de profundización de la atomización ya existente, ya que la referencia de representar fuerzas partidarias distintas en una misma boleta, haría que la práctica legislativa posterior no tenga una certeza previa, a partir de lo que se suponen son las pertenencias políticas.

La idea es clara. Bajo la argumentación de los costos que devienen de la realización de las elecciones PASO, se esconde el objetivo de complicar a la oposición peronista en su derrotero interno. Con las idas y venidas de lo que en el peronismo se debería hacer en esta etapa histórica respecto de la situación político judicial de Cristina Fernández de Kirchner, en el oficialismo bien imaginan que, teniendo un candidato propio definitivamente instalado, la eliminación de las internas abiertas que funcionan como ordenadoras del sistema, podrían al PJ en una severa crisis. Razón no le falta al análisis.

La estrategia de sumar a una especie de todo terreno como Santilli, ofreciendo el calorcito de una hipotética comunidad política, donde el oficialismo nacional podría no presentar candidatos propios, modificando el régimen electoral de acuerdo a la conveniencia de una coyuntura particular y el dato conocido el día viernes de que el juez Marcelo Martínez De Giorgi quien entiende en la causa $Libra, decidió rechazar a las querellas denunciantes, a pedido de Mauricio Novelli, porque “aún cuando determinados inversores pudieran haber experimentado pérdidas económicas por la compra de $Libra, ello no permite concluir, por sí solo, que ellas constituyan el perjuicio directo exigido por la ley”, mientras su esposa Ana María Juan está a la espera de la designación presidencial como nueva jueza federal, da por confirmado que las diatribas contra la casta han quedado resguardadas para una mejor ocasión.

Complementa lo anterior la presencia de trece ex funcionarios PRO en primeras y segundas líneas ministeriales, más la conducción de Patricia Bullrich como jefa del bloque libertario en el Senado. La idea de “Juntos por el cargo” como una especie de deslegitimación de todo aquello que sabía expresar el partido fundado por Mauricio Macri, parece haber quedado en el pasado. 

Los nombres propios de cada uno de esos funcionarios, su historia política y la relevancia en el ecosistema del poder actual, ha hecho confundir a varios de que el presente es una especie de gobierno de coalición. Más allá de las dificultades que aparecerían para el PRO en un hipotético fracaso oficialista, la llegada al cargo de cada uno de ellos, no se produce como parte de un acuerdo general sino como voluntades individuales que vienen en busca de una especie de revancha por la experiencia del período 2015 – 2019. El sistema político argento resulta lo suficientemente atomizado como para que nadie necesite de la (¿ex?) jefatura de Macri para acceder o no a un espacio de poder. 

De la épica disruptiva mileista ya no queda nada. Para cuidar los negocios propios y para mantenerse en el poder, en el lapso de tres años, el relato libertario que se presentaba como novedad de todo aquello que justa o injustamente denunciaba, se ha ido vaciando de contenido. Sólo quedan los rotos (y rotas) que ganan visibilidad a partir de sus delirios de ocasión y el conchabo de unos cuantos que, si revisaran sus propuestas de 2023, deberían sentirse más fracasados que el gran Marcelo Bielsa: no hubo dolarización, no hubo cierre del Banco Central y la motosierra se la aplicaron a los que menos tienen.

La reivindicación patética de haber hecho cosas que ni los militares pudieron, la “modernidad” que supone modificar la ley de tierras para poner a disposición de los extranjeros todo el suelo argentino, la novedad de los altos índices de morosidad que surgen en el sistema financiero, sea vía bancos o prestamistas digitales, el argumento del cambio de las formas de consumo para justificar una economía que se cae a pedazos de acuerdo a lo que indican los niveles de recaudación y la falta de gas para las industrias en el contexto de una disponibilidad inédita del recurso gracias a Vaca Muerta; cada vez y en mayor medida se sostiene por aquellos sectores que se denunciaban.

La violencia discursiva, la discriminación y la misoginia como recurso político ya dejaron de ser novedad hace rato. En las elecciones de 2027, a la hora de la votación, pesará de manera determinante la situación de la economía de cada uno de nosotros, situación que, a estas alturas se presenta como un déficit del proyecto libertario. Pero en el mientras tanto, la cercanía con la casta, esa de la que Milei ahora pasó a ser integrante, aparece como una solución.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

Más en esta categoría: « El ejemplo
Inicia sesión para enviar comentarios