Domingo, 10 Mayo 2026 11:37

Dejar de hablar de ... Destacado

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Un tornado, un tornado, un tornado.
Un tornado arrasó a mi ciudad y a mi jardín primitivo.
Un tornado arrasó a tu ciudad y a tu jardín primitivo.
Pero no, mejor no hablar de ciertas cosas,
no, no, no, mejor no hablar de ciertas cosas…

“Mejor no hablar de ciertas cosas”. Sumo

Es hora de que dejemos de hablar de …. No sólo porque ese parece ser su deseo, sino porque ya correspondería interpelarnos si más que plantear la idea de una crisis de gobierno, no comienzan a aparecer los primeros esbozos de una crisis de gobernabilidad. Los hechos superan la responsabilidad política de cierto funcionario sospechado de haberse enriquecido ilegalmente.

Es momento de dejar de hablar …. ya que no tiene demasiado sentido dedicarle tiempo de análisis, reflexión y disputa a un lumpen de la política que creyó en el ascenso social con plata ajena y que se desesperó por alcanzar la buena vida. Es necesario cambiar de pantalla, pero sin dejar de tener el monitor encendido porque, en todo, ese personaje es la expresión más acabada de un sistema de poder construido en los últimos tres años y que parece haber empezado a crujir de manera inequívoca.

El esquema se compone de un grupo de empresarios que celebraron (y celebran) la propuesta económica libertaria; de una parte de la representación política que resultó subyugada por la derrota del peronismo (nada nuevo bajo el sol) y por la crisis de algunas de sus ideas (vale mencionar que aquí no puede omitirse la pertenencia al grupo de algunos peronistas con nombres propios); de un grupo de medios que siempre resultan funcionales a la constante y seductora idea del hombre (o mujer) hecho a sí mismo y de buena parte de un Poder Judicial federal que ha quedado atravesado por un evidente internismo a partir de la llegada de Juan Bautista Mahiques al Ministerio de Justicia de la Nación.

La deriva es tal, que el decimosexto viaje de Javier Milei a los EE.UU. pasó muy lejos del radar de las noticias ya que, como cada excursión que realiza el presidente al exterior, el millaje recorrido parece servir más como un deseo mileista de convertirse en una especie de rockstar libertario internacional, antes que como un funcionario que busca fortalecer relaciones estratégicas que favorezcan el desarrollo argento.

La semana que se va tampoco nos privó de alguna polémica a la luz pública entre viejos conocidos. Domingo Cavallo la emprendió contra Luis Caputo, acusándolo de “trader que no tiene ninguna teoría, ya que enfoca para un lado, y si no sale, cambia y va por el otro”. Por su parte, el ministro no demoró la respuesta al afirmar que “por una situación mucho más sencilla terminó poniendo un corralito e imponiendo el impuesto al cheque”. Hubo una nueva respuesta del ex ministro que no viene demasiado al caso ya que lo que queremos señalar es que el desencuentro entre ambos conservadores refleja la profundización del aislamiento gubernamental. 

Pero queda algo por decir en favor del hombre de la Fundación Mediterránea. Su llegada al Ministerio de Economía, allá por febrero de 1991, y la puesta en marcha de la Convertibilidad, habilitó un tiempo donde ese drama llamado hiperinflación fue domesticado y la falsa sensación de estabilidad fue lo suficientemente duradera como para que su jefe político de entonces, cuatro años después, lograra la reelección con niveles récord de desocupación. Hoy, el libertarismo no tiene nada para mostrar, más que la motosierra sobre los más humildes e indefensos y la ecuación de un dólar barato y estable, sostenido con los artilugios propios de un especulador formado en las oficinas de Wall Street.

El bloque mediático que ha sido definitivamente funcional a la construcción de sentido libertaria pide a gritos salir de la encerrona actual y que se evidencia en la clara caída de la imagen presidencial, en la inacción gubernamental y en el crecimiento de la figura de Axel Kicillof que, sin adelantar su protagonismo, empieza a pararse como una especie de referencia de ciertos sectores. “Hagan algo, porque no queremos que por cuarta vez vuelva el kirchnerismo” grita destemplado el hijo de Mauro Viale y con ello parece representar también a buena parte del círculo rojo que no sabe muy bien qué hacer del todo con esta nueva decepción. Por lo pronto, y como afirmábamos la semana pasada en esta misma columna, filtran a comunicadores de toda laya que hay que buscar una opción racional para 2027.

La pregunta que queda flotando en el aire refiere a si en la esfera pública los representantes de nuestra noble burguesía decidirán tirarse sobre la granada o, como ha ocurrido sistemáticamente a lo largo de la historia, virarán en busca de un nuevo nombre propio que pueda generar otras expectativas.

Por las dudas, Patricia Bullrich se anota en la lista, y en la semana pareció dar una señal en ese sentido al pedir que el protagonista de las desventuras libertarias de los dos últimos meses, cumpla con la presentación adelantada de una declaración jurada que se hace en un rato y que demora en ver la luz.

El cuestionamiento público habría despertado el enojo de Karina Milei, pero no dejó de llamar la atención que, más allá de lo anunciado por el presidente, algunos protagonistas no terminan de alinearse, relativizando el peso de la palabra presidencial, para lo cual habrá que atender, como señalamos líneas más arriba, si no estamos ante los primeros esbozos de una crisis de gobernabilidad donde cada uno juega el juego que cree que más le conviene. Estamos en el umbral de un internismo que ya no se distingue entre la hermanísima y el pretendido estratega Santiago Caputo, sino que podría reconfigurar el día a día de la realidad libertaria.

Con todo, en el oficialismo siguen activando estrategias que intentan demostrar musculatura política. A alguien se le ocurrió que una nueva conferencia de prensa a cargo del hombre que no quiere que lo nombren sería una buena estrategia para salir del atolladero. En pleno vuelo de regreso Milei anunció un super RIGI para nuevas inversiones y para ello, post reunión del gabinete se convocó al ministro Caputo y a la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva quien debía dar detalles de un operativo contra el narcotráfico aquí en Santa Fe.

Pero no hay caso, los hombres de prensa fueron un poco más allá en la búsqueda de algunas explicaciones causales ante ciertos logros materiales y plantearon la duda de si los funcionarios cobran sobresueldos de fondos reservados. El enojo de los protagonistas derivó en un reto a los curiosos y donde sólo se podía preguntar en función de aquello para lo que se los había convocado. Un sinsentido más. 

Por las dudas, los aliados políticos del mileismo eligen un silencio entre cómplice y protector. Legisladores y gobernadores cercanos fingen demencia y, mientras le niegan al oficialismo la posibilidad de eliminar las PASO o darle vitalidad política a la agenda parlamentaria violeta, se desentienden de lo que anda sucediendo en Balcarce 50. A ese grupo también lo alcanzan las indefiniciones del momento y elige bajar la exposición ante un escenario de debilidad que nadie imaginaba para este mes de mayo de 2026.

Un dato como al pasar. Si bien la pérdida de potencia oficialista resulta harto evidente, no debe dejar de llamarnos la atención que, de acuerdo a lo que muestran las últimas encuestas, la ponderación del modelo económico ronda entre el 30% y 35% de los encuestados. Ese es el anclaje sobre el que prefieren apoyarse los voceros y referentes del famoso círculo rojo para imaginar que no todo está perdido.

El derrape libertario parece apurar preguntas que, en todo caso, deberían ser planteadas en 2027. Algo de ello sobresale de un peronismo que, habiendo sido un claro opositor en estos veintinueve meses de gestión, comienza a abroquelarse en torno de mostrar otra opción de poder. El afán por la definición de ciertos nombres propios puede reflejarse en el apuro de algunos, pero tal vez y sólo tal vez, las preguntas a formularse deberían ir en otro sentido.

En un contexto de tanta destrucción, con incumplimientos de todo tipo, con un superávit fiscal sostenido a base de negar derechos esenciales a los sectores más desposeídos de la sociedad, con un deterioro evidente en los niveles de empleo, vale empezar a preguntarse, ¿a quiénes imaginamos que un gobierno nacional y popular debería reconocer inicialmente para intentar el remoto sueño de la justicia social?; ¿Cómo congeniar las miserias presentes con la idea de construir una esperanza? Tal vez, a contramano de lo que nos propone el relato oficialista, resultaría determinante comenzar a hablar de ciertas cosas.

 (*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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