Imprimir esta página
Domingo, 09 Agosto 2026 11:36

Efecto boomerang Destacado

Valora este artículo
(3 votos)
Efecto boomerang Grok

El libertarismo ha quedado golpeado. Resulta una especie de aventura analítica parangonar su derrota del día jueves con la reforma jubilatoria sancionada durante el macrismo, la cual se estructuró como una especie de comienzo del fin del sueño cambiemista. Tampoco podemos afirmar si, a partir de ahora, el deterioro oficialista se irá profundizando de manera irrefrenable de cara al 2027 electoral. Pero sí podemos reconocer que en la arena de la política, esa que excede a cierto institucionalismo, perdió habiendo ganado y que los límites que encontró tuvieron su razón allende el palacio.

El proyecto de “Ley de Inviolabilidad de la propiedad privada” llegó desguazado al recinto. Si bien debe reconocerse que muchas veces los oficialismos diseñan intentos normativos que van por las ideas de máxima para luego negociar con opositores y aliados en el trabajo de comisiones, reversionar en dieciséis ocasiones la misma herramienta jurídica no tiene nada que ver con la idea de tener una estrategia controlada.

La deriva oficialista fue tal, que el sistema político supo reconocer el nuevo esperpento con el cambio de nombre por el de Ley de Tierras, obviando que eso sólo componía un capítulo de las reformas a imponer.

En el Ágora no resultó visible quién defendía el proyecto ni por qué. Con la sola excepción de Patricia Bullrich (las razones devienen en obvias al resultar la jefa del bloque oficialista en el senado), no hubo nombre propio del tribalismo violeta que explicara por qué resultaba trascendente dejar a disposición de cualquier persona, humana o jurídica, la totalidad del territorio nacional ni por qué debía eliminarse la restricción de desarrollar emprendimientos en tierras que han sido arrasadas por el fuego por un lapso de tres décadas.

A vista de lo ocurrido en los últimos tres años, cuando el libertarismo hizo irrupción en la vida política argentina, existe la certeza de que no tienen “con qué” para sostener tales reformas: ni cuadros políticos, ni relato coordinado parecen ser parte del menú que otorgue alguna forma de respuesta. Juegan al primero yo y después a también yo, con el poder que otorga la chequera, sin calle ni territorio y sin entender que en política existen otras dimensiones que pueden condicionar.

La argentina es una sociedad naturalmente atenta. Puede dejar pasar y dejar hacer en determinados momentos históricos, pero a fuerza de un deterioro evidente en su calidad de vida y con un gobierno que prefiere imaginar que muchos de esos problemas no son de su responsabilidad, levanta la guardia. Les sucede a todos los gobiernos y si bien es cierto que la izquierda y las distintas vertientes del movimiento nacional y popular suelen tener mucha gimnasia de calle, también la derecha argenta se ha acostumbrado a disputar el espacio público cuando así lo cree necesario. Como una especie de gen constitutivo, el derecho a la protesta se ejerce acabadamente.

Pero la novedad del último tiempo es que, en la Argentina, el libertarismo también está perdiendo la batalla en el terreno digital: en el mundo de las redes el proyecto de ley recibe más críticas que apoyos; una actriz e influencer logra nueve millones de reproducciones a partir de un posteo irónico que predica la defensa del territorio; se suman al convite músicos y deportistas con millones de seguidores que no suelen tener posicionamientos políticos y la frutilla del postre la aportan encuestas que señalan que el de los jóvenes resulta el sector donde más ha crecido el descontento hacia el Gobierno. 

En ese contexto, el oficialismo realiza ofertas de todo tipo a aliados para sancionar la ley, pero encuentra verdaderos límites porque a partir de movilizaciones chiquitas, esas que alguno podría calificar como insignificantes, en la Argentina profunda ciudadanos y ciudadanas empiezan a interpelar a sus representantes sobre qué harán al respecto. Guste o no, los senadores y senadoras deben volver a sus provincias (con la honrosa excepción de la santafesina Carolina Losada que reside en Nordelta, en la provincia de Buenos Aires) y a nadie le gusta encontrar carteles callejeros en su contra, soportar la requisitoria mediática en pagos donde los casos como el de Joe Lewis son parte de una misma matriz que se replica sin cesar o tener que explicar por qué se vota en contra de la Ley de Manejo del Fuego en regiones donde los incendios han afectado la vida material y la salud de sus comprovincianos.

Meses atrás, al calor del descubrimiento de las veleidades de nuevo rico de Manuel Adorni, el Gobierno creyó ver en el horizonte del mundial una especie de aliado que le serviría para enjugar la ropa sucia en casa. El ex jefe de gabinete presentó su renuncia el día 27 de junio, a horas de que la selección argentina enfrentara a Jordania por la tercera fecha de grupos. El detalle del día elegido remite, si tomamos aquellas viejas declaraciones de Milei justificando los aumentos de servicios y tarifas en el verano de 2024 porque “la gente estaba en otra, de vacaciones”, a una forma de entender a la sociedad que se gobierna: el embrujo de la pelota rodando haría el resto. 

Pero una sábana de hotel transformada en bandera con un aerosol de U$s 10 terminó siendo el disparador de un sentimiento que estaba latente y que no había sido activado hasta el presente. Como una especie de gota que rebalsó el vaso, el caso Malvinas desembocó en una serie de errores políticos libertarios que tienen su razón de ser, como comentamos algunas semanas atrás en estas columnas, en que el libertarismo no entiende y no le importa lo que suceda con las islas. 

Si para el libertarismo el mundial era una oportunidad, a los días de andar, a modo de efecto boomerang, se transformó en un problema que amplió cuestionamientos externos e internos y que, a tres semanas de su finalización, Patricia Bulllrich, en su rol de jefa del bloque oficialista en el Senado, lo utiliza como causa de la media sanción de un proyecto de ley que perdió más de la mitad de su texto desde que fue presentado por Mesa de Entradas y que tiene, como les sucedía a los ingleses en la previa del minuto 84, olfato a derrota.

La calle, las redes y lo recogido por los medios de comunicación, todos como una especie de síntesis de lo público, pusieron límite al palacio. Mientras el presidente recurría a la chicana de viajar un día antes a Ecuador para evitar que Victoria Villarruel presidiera el Senado ante la posibilidad que debiera desempatar, la minoría opositora intensa se amplió. 

Ante una sociedad cansada que, viniendo de un fracaso anterior, y que ahora ve cómo su calidad de vida empeora, el oficialismo sólo ofrece un menú de venta al mejor postor de su territorio, con elevadas dosis de sospecha de corrupción sobre el mismísimo entorno presidencial y con un primer mandatario que gusta de seguir pensándose como un líder regional y adlátere de Donald Trump, antes que como el presidente que se ocupa de, por lo menos, intentar resolver algunos problemas de los argentinos.

A esa respuesta popular al palacio, las administraciones de nación y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires le contestaron con una represión de cinco horas, 1500 heridos y más de una veintena de detenidos. La eterna servicialidad de algunos medios que gustan de propalar la violencia de unos pocos como representación de una mayoría que tiene una raíz pacífica, viene de la mano con el falaz argumento de mostrar una especie de clima de época donde resulta necesaria la represión operada en la tarde del jueves en el centro porteño. La decisión es meramente instrumental: ante la posibilidad de que el número de asistentes crezca, se opta por romper una manifestación: método aplicado desde tiempos inmemoriales.

Nada más falso que mostrar una sociedad que reclama de forma violenta: Rosario, Córdoba, Bariloche, Mar del Plata y no pocas ciudades del país demostraron que no existe un espíritu que intente resolver sus demandas desde otro lugar que no sea el que consagra la propia Constitución Nacional. Nada más, nada menos.

El libertarismo acaba de recibir una nueva lección de política. Mientras procesa la noticia de un número de inflación más alto que el mes anterior en C.A.B.A, recibió con beneplácito el anuncio de la llegada del Papa León XIV para el mes de noviembre de este año. De todas formas, no debería celebrar de antemano: no sea cosa que los dichos del día viernes del arzobispo de Buenos Aires Jorge García Cuerva en la misa de San Cayetano, representen una forma de adelanto de lo que oficie el Santo Padre en su recorrido por Buenos Aires, Luján y Córdoba. Efecto boomerang que le dicen…

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

Inicia sesión para enviar comentarios