Martes, 09 Junio 2015 17:34

Armamento Norteamericano, el Denominador Común de Irak y el Estado Islámico

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Tanque norteamericano en manos de ISIS Tanque norteamericano en manos de ISIS

Las armas estadounidenses fluyeron hacia Irak y de Irak al Estado Islámico (ISIS). Para contrarrestarlas, en Washington piensan que no hay nada mejor que enviar más armas. Pero teniendo en cuenta los últimos combates, nada asegura que no vuelvan a caer en manos del Estado Islámico.

Que la guerra para algunos es un negocio, no es nada nuevo. Que en Estados Unidos en particular, inmensas corporaciones fabricantes de armamento hacen lobby para mantener al hegemón en un estado de permanente estado bélico, tampoco. Si hay algo novedoso en la situación que se está dando en Irak, es el hecho de que Estados Unidos envíe nuevo armamento para destruir su propio armamento previamente enviado.

En Junio de 2014 el Estado Islámico –ISIS- capturó la estratégica ciudad de Mosul. En ese preciso momento, y según declaraciones del primer ministro iraquí Haider al-Abadi, alrededor de 2.300 vehículos blindados Hunvees de fabricación estadounidense, que estaban en manos del ejército iraquí, pasaron a manos de los jihadistas. Para entender la real importancia del número hace falta ponerlo en perspectiva: más de dos tercios de los Hunvees enviados por los Estados Unidos a Irak están en manos de ISIS.

En la ofensiva de Ramadi –otra ciudad estratégica capturada hace pocos días por ISIS-, los jihadistas usaron más de 30 coches bomba, muchos de los cuales fueron Hunvees.

Nos detenemos particularmente en los Hunvees porque su blindaje y capacidad de transporte y soporte de grandes pesos los convierten en el arma perfecta para bombardeos suicidas, ya que pueden trasladar hasta una tonelada de explosivos, pueden atravesar las defensas estáticas de los iraquíes y su coraza protege a los choferes hasta el momento preciso en el que deciden hacer volar la carga. En la ofensiva de Ramadi –otra ciudad estratégica capturada hace pocos días por ISIS-, los jihadistas usaron más de 30 coches bomba, muchos de los cuales fueron Hunvees.

Estos vehículos no son lo único que las fuerzas iraquíes perdieron en sus sucesivas retiradas. Entre otras cosas, se cuentan por lo menos 40 tanques M1A1, 74.000 ametralladoras e incontables municiones. Un reporte presentado ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas advierte que ISIS tiene en este momento suficiente cantidad de armamento y vehículos como para sostener la lucha en Irak y Siria durante 2 años.

Ante este escenario, cabe hacerse dos preguntas:

La primera es: ¿Cuál es la respuesta de Estados Unidos? Y la respuesta no podría ser más simple: Enviar más armamento. El año pasado, el Departamento de Estado aprobó la venta de 1.000 Hunvees a Iraq. Se están enviando 175 tanques M1A1 y sus 55.000 municiones y 600 millones de dólares de Howitzers y camiones. También se envían 700 millones de dólares en misiles Hellfire y 2.000 cohetes AT-4, los cuales serán utilizados para destruir a los blindados norteamericanos en manos de ISIS. Además, unos 3.000 soldados norteamericanos se encuentran en Iraq entrenando a soldados iraquíes y un presupuesto de alrededor de 1.200 millones de dólares para entrenamiento de fuerzas iraquíes fue aprobado por el Congreso norteamericano a comienzos de este año.

Para complicar las cosas aún más, la necesidad estadounidense de las milicias chiítas y de los Peshmerga kurdos al norte implica que se los apoye y fortalezca.

La segunda pregunta es si existe verdaderamente un ejército iraquí y si hay alguna certeza de que este nuevo material bélico no caerá nuevamente en manos del Estado Islámico. No hay una respuesta sencilla a esta pregunta. El secretario de defensa Carter dijo luego de la derrota en Ramadi que las fuerzas iraquíes habían perdido las ganas de luchar. Otros opinan lisa y llanamente que el ejército iraquí ha dejado de existir y se ha convertido en un conjunto de milicias locales. Lo cierto es que Ramadi estuvo sitiada por meses y los refuerzos nunca llegaron, a pesar de que a comienzos de 2014 se decía que el ejército iraquí contaba con catorce divisiones -5 de las cuales desaparecieron luego en Mosul.

Ambas preguntas nos llevan a reflexionar sobre los riesgos que esta política norteamericana tiene no sólo en Irak, sino en toda la región. Todo este armamento pesado y liviano que cae en manos del Estado Islámico tiene un importante impacto en la fortaleza militar de los jihadistas, en su capacidad para resistir y avanzar sobre el terreno. Para complicar las cosas aún más, la necesidad estadounidense de las milicias chiítas y de los Peshmerga kurdos al norte implica que se los apoye y fortalezca. En este sentido, la vocera del Pentágono, Elissa Smith, al confirmar sucesivos envíos de armas a Irak en las próximas semanas, dijo que estos incluían una provisión directa de armamento a los Peshmerga. Dada las ambiciones secesionistas de los kurdos, este tipo de noticias siempre es sinónimo de conflicto entre el gobierno norteamericano y el iraquí. Sin embargo, oficiales del Pentágono han reafirmado que dichos envíos continuarán a pesar de la oposición iraquí.

Mientras tanto, en suelo estadounidense, sectores conservadores republicanos, como el probable candidato a presidente y Gobernador de Wisconsin, Scott Walker, quieren apagar el fuego iraquí con nafta. El gobernador dijo que si fuera el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, “consideraría una re-invasión (sic), si fuera necesario para proteger la seguridad nacional”.

 

(*) Investigador de la Fundación para la Integración Federal

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