Martes, 11 Diciembre 2012 13:01

El Voto Latino y el Triunfo de Obama

Escrito por FLORENCIA PORTELLA (*)
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Un mes después de las elecciones presidenciales en EEUU, ha quedado patente la fuerza del “voto latino” a la hora de explicar la victoria de Barack Obama. En un contexto político dividido, esta situación trae desafíos tanto para la actual administración en términos de gestión política, como para los republicanos en cuanto a su estrategia partidaria a mediano plazo.

 

Un mes después de las elecciones presidenciales en EEUU, ha quedado patente la fuerza del “voto latino” a la hora de explicar la victoria de Barack Obama. En un contexto político dividido, esta situación trae desafíos tanto para la actual administración en términos de gestión política, como para los republicanos en cuanto a su estrategia partidaria a mediano plazo.

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El pasado martes 6 de noviembre, tras celebrarse las elecciones presidenciales en Estados Unidos que enfrentó al Presidente Barack Obama, por el partido demócrata, y al Gobernador Mitt Romney por el republicano, resulto reelecto por un nuevo periodo de 4 años Barack Obama, poniendo fin así a una de las campañas más largas en la historia de los Estados Unidos y más costosas, se estima que se gastaron más de 6.000 millones de dólares.

Tal como estaba previsto, los denominados “estados swing”, aquellos estados con tendencia partidaria indefinida, junto a la población latina, en tanto primer minoría, terminaron definiendo la contienda electoral que derrotó al candidato republicano.

De los 50 estados que conforman los Estados Unidos de América, 24 de ellos le dieron su apoyo al candidato del partido republicano, mientras que 26 estados más el Distrito de Columbia, apostaron por otorgarle un nuevo período a Obama. Entre esos 26 Estados que apoyaron al presidente, se encontraban los estados indecisos más importantes por su cantidad de electores en el colegio electoral.

De modo que estados como Florida, Colorado, Ohio, Iowa, Nevada, Virginia, Nuevo México, entre otros, junto a los estados donde la victoria del presidente Obama se daba por descontada desde un primer momento, le otorgaron 303 votos electorales, 32 más de los que necesitaba para ganar la contienda. Mientas que Romney obtuvo sólo 206 votos electorales.

El voto latino fue tan importante y determinante como se esperaba, en tanto según las primeras estimaciones, se calcula que votaron más hispanos que nunca. Inclinó, indefectiblemente la balanza a favor del Presidente Obama en los estados indecisos. Según encuestas de boca de urna cerca del 71% de los hispanos le otorgaron su respaldo a Obama, mientras que el 29% apoyo a Romney.

Ahora bien, el significativo apoyo que ésta población le otorgó a Obama no es menor, sobre todo si se tienen en cuenta sus promesas incumplidas, vinculadas fundamentalmente con la reforma migratoria que nunca logró ser aprobada en el marco del Congreso. Además, no se puede dejar de observar que ha sido el gobierno del Presidente Obama el que ha registrado los mayores récords en deportaciones. Según documentos de la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo, durante el año fiscal 2009 se deportaron 389,834 inmigrantes; en el 2010 la cifra de expulsados subió a 392,862; en el 2011 esa número alcanzó a los 396,906, mientras que en los 11 meses del año fiscal 2012 se cuentan en 366,292 los indocumentados deportados.

Sin embargo, no menos cierto es que, en simultáneo, Obama logró impedir un importante número de nuevas deportaciones, al tiempo que ordenó, hacia mediados de junio de 2012, una medida ejecutiva llamada Acción Diferida, orientada a otorgarle un status migratorio “legal” a aquellos jóvenes que llegaron al país sin papeles desde muy pequeños, por un período de dos años.

Se estima que de los 11 millones de inmigrantes ilegales que viven en los Estados Unidos, alrededor de unos 100.000 se verán beneficiados con dicha medida. No obstante, vale aclarar que esta iniciativa no otorga derechos, no cambia el estatus migratorio ilegal ni ofrece un camino hacia la ciudadanía. Se trata, en principio, de una medida de carácter coyuntural que apunta a paliar la dura realidad por la que transitan muchos de los jóvenes inmigrantes sin papeles en los Estados Unidos y a evitar su deportación hacia sus respectivos países de origen, con los cuales, en la mayoría de los casos, no tienen ningún tipo de vínculo.

Ante el panorama descripto, resulta interesante preguntarse cómo Obama recompensará a la población hispana el apoyo que una vez más le ha otorgado y, en que medida ese reconocimiento se canalizará en políticas públicas concretas que contribuyan a mejorar la calidad de vida los hispanoamericanos. Porque si hay algo seguro, es que Obama de una u otra forma deberá pagar a los latinos el voto de confianza que lo ha llevado por segunda vez a la Casa Blanca.

Ahora bien: si por esa paga se entiende “reforma migratoria”, es muy probable que como entonces, Obama la siga impulsando pero también como entonces, es muy poco probable que sea aprobada por el Congreso, donde ambos partidos tendrán (como ahora) capacidad para bloquear cualquier iniciativa. Un Congreso que tras estas elecciones quedó tan dividido como estaba. Mientras los demócratas lograron reforzar su mayoría en el Senado al recuperar los dos escaños de Massachusetts e Indiana, los Republicanos sólo consiguieron hacerse con el control de la Cámara Baja. Esto representa otro fracaso más para el bando republicano, si se tiene en cuenta que desde hace ya varios años buscan sin éxito quedarse con el control del Senado.

En dichas elecciones, estaban en juego los 435 escaños que conforman la Cámara de Representantes, y 33 de los 100 representantes que integran el Senado. Los demócratas ganaron el Senado al quedarse con 22 de los 33 escaños en juego y sumar en total 55 representantes en la cámara. Por su parte, los republicanos seguirán controlado la cámara baja, como lo vienen haciendo desde 2010, al conquistar 241 escaños, 7 menos de los que tenía hasta ahora.

Sin embargo, lo que parece haber quedado claro tras éstas elecciones, es que esa población latina en constante y continuo crecimiento, no sólo ha sido determinante en ésta contienda, sino que lo será cada vez más en un futuro no tan lejano. De modo que los republicanos deberán replantearse su estrategia en relación a éstas minorías si pretenden llegar a la presidencia de los Estados Unidos en el 2016.

La contienda entre un candidato negro y uno mormón no fue nada fácil, como tampoco le será a Obama gobernar durante al menos los dos próximos años con una cámara baja de mayoría republicana. Lo cierto es que América Latina en particular y el mundo en general, sintieron cierto alivio ante la noticia de 4 años más para Obama.

 

(*) Licenciada en Relaciones Internacionales por la UNR

 

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