Domingo, 23 Enero 2022 12:50

Inocentes

Escrito por Miguel Gómez(*)
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El Silencio de los Inocentes El Silencio de los Inocentes Julio Ibarra

Inocente, me has contado,
tu manera de sufrir.
Y no sabes, que conozco,
cómo te gusta vivir.

La Delio Valdez

Hasta el momento, el 2022 se ha presentado a los argentinos como un año de récords. Temperaturas extremas, casos de Covid que triplican los peores números de 2021 y una temporada turística que, a fuerza de Pre Viaje y cierto espíritu de época que nos impone “salgamos que se acaba el mundo”, contextualizan un escenario político que no pocos imaginaban de otra manera. Repasemos.

De cara a la última semana de enero, tres temas centralizan la atención de medios, analistas y la corporación política: la situación de la pandemia, el posible acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y el escándalo por lo que muestra el video de la “Gestapo” que involucra a la ex gobernadora porteña, perdón bonaerense, María Eugenia Vidal (MEV).

La cuestión del Covid ha ganado, otra vez, una centralidad que nadie deseaba a estas alturas. Con alrededor del 80% de la población con esquema de vacunación completa (la envidia de no pocos países), y más allá de algunas estrategias comunicacionales erradas (como el concepto de plantear que nos empezábamos a dirigir hacia un escenario endémico, antes que pandémico), lo que paralelamente muestra cotidianamente el altísimo amesetamiento de casos, es el beneficio innegable de las vacunas que se desarrollaron a escala mundial.

Las autoridades gubernamentales (en sus tres niveles) apostaron a la vacunación como instrumento que permitiría una vuelta a cierta normalidad que se había perdido. Mientras estallan contagios a diestra y siniestra, nótese que la fortaleza de esa estrategia es lo que de alguna manera impuso cierto espíritu de que lo peor ya había pasado. Con un porcentaje de fallecidos diez veces menor que en la ola anterior (0,17% contra 2% de los casos confirmados), la coincidencia de las cepas Delta y Ómicron, conviven con una sociedad que parece dispuesta a pagar el costo que supone la masividad de contagios.

Mar Del Plata - Enero 2022 - Foto: Pablo Funes | @dronmardelplata
Mar Del Plata - Enero 2022 - Foto: Pablo Funes | @dronmardelplata

Atravesamos una temporada turística con niveles altísimos de ocupación hotelera. Más allá de los vaivenes del dólar y de las limitaciones para vacacionar en el exterior, todos los destinos nacionales, los tops y los no tanto, muestran una masividad pocas veces vista. Venimos de unas fiestas de fin de año con buenos niveles de venta y de recuperación económica que se distinguen, con un saldo a favor, de lo sucedido en 2019 y 2020.

Por todo ello es que ha desaparecido de la gran escena de la política nacional, la discusión sobre la responsabilidad gubernamental de la pandemia. Si todo el 2020 y buena parte del 2021 estuvieron signados por las diferencias de qué debía hacerse con las restricciones o no a la movilidad social, en este 2022, esas diferencias brillan por su ausencia. Más allá de la estupidez que supone la desproporcionada difusión que tienen los movimientos antivacunas en la Argentina, promovidas por un conjunto de medios que en algunos casos tienen los intereses cruzados a tal punto que, a la vez que sus dueños poseen acciones en prepagas y laboratorios, pagan enormes salarios a portavoces de la no vacunación; lo real y concreto es que la mirada ya no se pone sobre los dimes y diretes de los gobiernos.

Al igual que sucede con la obligatoriedad en niños y adolescentes, hemos naturalizado el proceso vacunatorio, sin tener del todo en cuenta lo que está ocurriendo en otras partes del globo. Punto para los gobiernos. Pero es indudable que eso que es virtud no alcanza, necesariamente, a transformarse en una demanda cumplida que les aporten beneficios políticos a los oficialismos.

Algo parecido le sucede a la administración de Alberto Fernández en su búsqueda de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. A lo largo del 2021, el gobierno puede mostrar unas cuantas variables con mejora notable en la macroeconomía: baja del desempleo, incremento sostenido de la actividad industrial, crecimiento anual del PBI que puede ser histórico y una reducción, no menor, del déficit. A la vez, el dólar con el supuesto atraso de la cotización oficial y la brecha con el paralelo, no dejan de ser un problema que ocupa una centralidad que para cualquier extranjero recién llegado y que no conozca a fondo la idiosincrasia argentina, le parecería un exceso.

Esos buenos números son, de alguna manera, lo que fortalece al gobierno en una negociación llena de obstáculos, y es lo que le permite suponer al FMI, con sus recetas de siempre, que el país tiene margen para un ajuste que solo cierto romanticismo liberal puede suponer como viable.

Hubo hasta ahora una doble situación que resulta evidente. Por un lado, un optimismo previo en los negociadores argentinos que venían planteando una supuesta comprensión del organismo, que no se ha reflejado en ninguna medida y que el acuerdo podía alcanzarse antes de fin de año.

Y, por otro lado, los negociadores internacionales que se imaginan inocentes del descalabro de la economía macrista. Más allá de las revisiones de lo hecho en 2018, de las declaraciones oficiales, la insistencia en la propuesta de un ajuste sobre determinadas áreas de la economía refleja, mas temprano que tarde, que ciertos corsets ideológicos son más fuertes que algunos arrepentimientos y lábiles autocríticas.

En esta semana que pasó, el gobierno argentino se esforzó por demostrar que el acuerdo ya no aplica en las oficinas del organismo, sino en la zona de Avenida Pensylvania al 1600, en Washington DC, sede de la Casa Blanca. Según lo que dejaron trascender las voces cercanas al Ministro de Relaciones Exteriores Santiago Cafiero, la reunión con Antony Blinken, Secretario de Estado de la administración que conduce Joe Biden, habría sido positiva. Veremos como se traduce ese buen clima en medidas que potencien un arreglo. Cada vez resulta más evidente que los técnicos tienen sus propios límites.

Y si hablamos de inocencia, arrepentimiento y autocríticas no deja de llamar la atención lo sucedido con la “Gestapo” de María Eugenia Vidal y asociados. Recordemos el caso: funcionarios vidalistas se reunieron con empresarios y espías de la Agencia Federal de Inteligencia en la sede capitalina del Banco Provincia para armar causas en contra de sindicalistas, más concretamente, Juan Pablo “Pata” Medina.

De lo que se desprende en el video, estamos ante una red de espionaje que demuestra, cuanto menos cuatro cosas: a) que nada de ello podía hacerse sin un guiño del Poder Judicial, b) que el Lawfare, otra vez, existió, c) que el gobierno de la ex gobernadora es responsable legal y político de lo que allí sucedía y d) que las propias autoridades bonaerenses eran espiadas por el organismo de inteligencia que conducían Gustavo Arribas y Silvia Madjalani con la anuencia, nuevamente, de un tal Mauricio Macri.

María Eugenia Vidal había intentado construir una carrera política donde aparecía como una “distinta”. Con un tono más parecido al de una maestra de nivel inicial antes que al de una dirigente que gobernaba un Estado en sí mismo como lo es la provincia de Buenos Aires, a su alrededor se intentó mostrar un aura de ciudadana comprometida que daba todo de sí, en virtud de que porteños y bonaerenses vivieran mejor: fue candidata (y ganó) en una jurisdicción donde no había descollado y construyó un relato donde supuestamente enfrentaba a mafias que la habrían llevado a vivir en un cuartel militar junto a su familia.

Pésima administradora, el resultado no pudo ser peor. Más allá de no desmontar una sola red de las que mantienen con vivitos y coleando a los mafiosos que viven en zonas exclusivas, que tienen doble vida y acceso al verdadero poder, en octubre de 2019 los bonaerenses le notificaron, haciéndole perder nada más y nada menos que 400.000 votos entre una elección ejecutiva y otra.

Hasta aquí las explicaciones de su acción gubernamental habían oscilado, de manera cómplice, entre el “no supo, no pudo, no la dejaron”. Subyace en esas justificaciones que no son nuevas en la Argentina (buena parte del radicalismo explica sus crisis gubernamentales terminales desde esa triada), una desvalorización del ciudadano en tanto persona que comprende los hechos políticos de su comunidad. Nada más alejado de la realidad. Ningún dirigente que se precie puede argumentar que “no lo dejan”. Si se enfrentan mafias, la lucha es descarnada y desigual. Tal vez y sólo tal vez, la vuelta a los cines que se anuncia para el mes de febrero para esa obra de arte llamada “El padrino”, pueda darles mayores datos a sus “voceros”, del verdadero poder de algunos delincuentes.

Las formas discursivas de MEV mostraban una candidez que no era tal. Y el delito cometido por sus funcionarios en el mismo edificio donde ella tenía sus oficinas, confirman que la inocencia vale para los 28 de diciembre, pero no para explicar cómo sucedieron las cosas en ciertas instancias del poder.

A partir de que el caso se hizo público, si algún desprevenido pretendía insistir sobre ese perfil vidalista ya no le alcanzará para conocer la realidad. Además, su respuesta, tres semanas después pareció tardía, errónea y condicionada políticamente. Al insistir sobre la idea del cuentapropismo afista, donde la conducción política de la central de inteligencia no habría sabido nada al respecto; da la peor explicación para la lógica del día a día de un dirigente político: que sus subalternos hacen cualquier cosa sin la más mínima conducción.

Quedan dos aseveraciones finales. La primera es que la explicación de que el video es ilegal porque no había orden de ningún juez que lo habilitara, podrá servir para el derrotero judicial, pero no para la justificación de cierta inocencia política. Y la segunda, que cualquier sueño político de MEV en el mediano plazo y que suponga el cruce de la General Paz, aparece vedado. Nada malo para sus potenciales adversarios en la interna del PRO primero y de Juntos por el Cambio después.

En la hermosa voz de Ivonne Guzmán, vocalista de la Delio Valdez, nos enteramos de la pretendida inocencia de un amor, que vive a contramano de lo que la otra parte pretende. En ese devenir, se reconoce más fuerte para no vivir de penurias e ilusiones que la alimenten. Algo parecido podríamos aplicar los argentinos: la historia de un organismo internacional de crédito que no ha cambiado un ápice y la ilusión frustrada del período 2015 – 2019, tal vez podrían mostrarnos el camino.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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