Domingo, 10 Julio 2022 09:56

La reconstrucción

Escrito por Miguel Gómez (*)
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La reconstrucción Rictus

Nubes que son sospechas,
mientras me llegan,
perfumes de la tempestad.
Las ves.

Carlos “Indio” Solari

Dicen por allí, que la confianza, una vez rota, resulta imposible de recomponer. Eso, que podría resultar inexorablemente cierto para las relaciones humanas “privadas”, bien podría ser relativizado para la política, que se mueve con otra lógica, la cual, en muchas ocasiones resulta despreciada por el común de los hombres y de las mujeres. La renuncia twittera del ahora ex ministro de Economía Martín Guzmán, cambió el escenario político y económico de la primera semana de Julio. Lo que hace semanas parecía un pedido que caía, una y otra vez, en el vacío, terminó por suceder. De la idea de poder “reconstruir” se trata este artículo. Pasen y vean.

Por estos días (y horas) una pregunta básica subyace hacia el interior del oficialismo: ¿podrá reestablecerse cierta normalidad en la convivencia política entre los sectores que componen el Frente de Todos? Nadie puede dar por cerrada una respuesta afirmativa, como así tampoco si ello obedece a convicciones muy profundas, pero sí puede asegurarse que el intento se ha puesto en marcha.

Lo que sobrevuela en el ambiente, refiere a la idea de la necesidad. Cada uno de los protagonistas de la disputa ha entendido que nada bueno pueden esperar si las tensiones internas no comienzan a ceder. El presidente Alberto Fernández porque con la renuncia de Guzmán recibió un golpe que lo debilitó en términos políticos; Cristina Fernández porque probablemente entienda mejor que nadie que un cuestionamiento sistemático al propio gobierno que integra no le redunda en ningún beneficio a todo aquello que defiende y Sergio Massa porque comprende que, a esta altura, siendo uno de los principales protagonistas de la coalición y estando dispuesto a poner en marcha su sueño presidencialista, de nada le sirve un gobierno que ayudó a construir, fuertemente debilitado.

Pero si bastaba algún ejemplo concreto de la crisis desatada, la evolución de los indicadores financieros de comienzos de semana y la conducta especulativa de los formadores de precios que presentaron listas con aumentos de hasta un 20%, sirvieron como referencia de lo que se empieza a jugar en la Argentina.

Como siempre (y como nunca), dos cosas quedaron demostradas en la última semana. La primera es que es la política la que ordena a la economía. Más allá del palabrerío monetarista, que suele poner el foco en las cuestiones técnicas como el nivel de emisión, los déficits, las balanzas de pago, el riesgo país o la cotización del dólar ilegal (que mueve cantidades insignificantes); Argentina vive una crisis política y serán los acuerdos y cómo estos se transmitan los que permitirán despejar el horizonte.

La segunda es que el riesgo de un golpe de mercado, con jugadores que no dudan en maximizar ganancias, aún en los peores contextos, se ha incrementado. Los rumores que circularon por redes y de los cuales algunos medios se hicieron eco, y que referían a una supuesta renuncia presidencial son parte de ese juego que bien cumplió en señalar y denunciar el presidente, en el acto por el Día de la Independencia en Tucumán.

En el artículo del domingo anterior, cuando aún no se conocía el nombre del reemplazo de Guzmán, sosteníamos que ese nombramiento debía estructurarse sobre tres directrices: la recomposición del diálogo al interior del Frente de Todos, la designación de un hombre o de una mujer que llegara con un amplio consenso y que se transmitiera un mensaje claro a la ciudadanía antes que a los mercados.

Los dos primeros parecen haberse cumplido ampliamente. Durante todo el día domingo Sergio Massa visitó al primer mandatario en Olivos en un ida y vuelta incesante y a la noche se supo de la cena entre les Fernández. La cuestión no quedó saldada allí y sobre finales de la semana hábil se confirmó de una nueva reunión, esta vez, entre las tres “patas de la mesa”.

Por su parte, la designada Silvina Batakis fue reconocida por el conjunto del oficialismo. Funcionaria formada y con amplia experiencia, se le ha reconocido su paso por la gestión del ministerio de Economía en la provincia de Buenos Aires en el período 2011- 2015, durante la gestión de Daniel Scioli quien saludó efusivamente su llegada. No teniendo un apellido con un peso específico que le reditúe un consenso automático, la anuencia de gobernadores, legisladores y el conjunto del cristinismo sirvió de plafón necesario para su designación.

Batakis ha entendido que rápidamente debía mostrarse al conjunto de la sociedad. Dio varias entrevistas, anunció que se va a avanzar sobre la segmentación de tarifas, se comunicó con la directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Gueorguieva, le dio un sí pero no a la idea del ingreso básico universal y logró definir al equipo que la acompañará. Aunque las demandas de ciertas definiciones crecen, no pareció poco para cinco días de trabajo.

No tuvo la mejor de las definiciones a la hora de defender las restricciones a los dólares de aquellos que quieren y pueden viajar al exterior. Contraponer derecho al trabajo con derecho a viajar no parece ser la mejor manera de explicar la gravosa situación de escasez de divisas que enfrenta el país. Tal vez, con una comunicación más imaginativa, que sepa poner los números de cada actividad sobre la mesa, mostrando como fluyen los dólares en uno y otro caso, y cómo eso puede afectar la cotidianeidad de millones de argentinos que trabajan en áreas vinculadas al mercado de capitales, sirva en mucho mejor medida que hablar de la superioridad de ciertos derechos. Esto debería servir para no abrir un frente de oportunidades para la crítica de una oposición a la que no le interesa demasiado el fenómeno de las exportaciones industriales. Sólo basta ver lo realizado en el período 2015 – 2019 al respecto.

El diálogo que parece haberse puesto en marcha al interior del oficialismo y sobre el que reclamaban vastos sectores de gobernadores, funcionarios de todos los niveles y militantes del llano, trae consigo cierta limitación en la crítica pública. Muestra de ello fueron los discursos del jueves de Máximo Kirchner en su rol de presidente del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires en la ciudad de Escobar y del viernes de la propia Cristina Fernández en la localidad de El Calafate.

La ex presidente tildó a la renuncia de Guzmán como una irresponsabilidad y, en definitiva, una jugada contra el propio presidente que lo había sostenido públicamente. Y también volvió a hacer hincapié sobre un tema que parece obsesionarla: la bimonetización de la economía argentina y sobre la cual propone un debate al conjunto de la dirigencia nacional que, por ahora, no parece encontrar interlocutores.

Podrá relativizarse si corresponde o no la discusión en este momento, si el gobierno las “tiene todas consigo” para dar ese debate y de si hay una idea común al interior del Frente de Todos al respecto; pero tampoco debe dejar de señalarse las dificultades de la idea desde una oposición que se imagina triunfante en el 2023 y que tiene para sí el sueño húmedo de imponer un modelo económico y de sociedad que sólo integre a la mitad de los argentinos. Ya lo están diciendo. Sólo basta con prestarle atención.

De las novedades de los últimos días, debe sumarse la idea de un Sergio Massa mucho más visible más allá de su función de presidente de la Cámara de Diputados de la Nación. Sumado a todo lo comentado líneas más arriba, el protagonismo que le dieron las cámaras que cubrieron el acto en Tucumán no deja de ser sintomático. Si empezó, lentamente, a hacerse más visible de cara a un mayor protagonismo en el gobierno para quedar habilitado a una pre candidatura presidencial lo dirán las acciones de los días que vienen, en el corto plazo.

La gran apuesta, indudablemente, refiere a saber si la confianza podrá ser reconstruida. Si el gobierno de Mauricio Macri parió al Frente de Todos, vale preguntarse si la corrida cambiaria y la desembozada desestabilización que proponen los grandes jugadores de la economía nacional, servirá de instrumento que habilite otro modelo de funcionamiento del oficialismo. Los nubarrones y el perfume de la tempestad están allí, a simple vista y olfato. La posibilidad de despejarlos, dependen de la generosidad de unos cuantos protagonistas, de su inteligencia y de articular de manera real una reconstrucción. Primero de la confianza y luego del Frente de Todos.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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