Llegar a Villa Pehuenia Moquehue1 tiene mucho de una travesía que promete. Por la ruta provincial 13, los últimos cincuenta kilómetros son de ripio. Tramos de serrucho, camino de cornisa, curvas de montaña donde se frena “con la caja” y rectas que, con suerte, nos permiten poner la cuarta marcha. La lluvia y el frío parecen complicar el panorama: cuatro grados de temperatura y cero de sensación térmica hacen olvidar al calor y la humedad de la región central.
Pero todo malestar se disipa cuando accedemos al asfalto de la ruta 23 que recorre Villa Pehuenia de manera paralela y generará un regodeo placentero cuando a los pocos kilómetros descubramos lo imponente del lago Aluminé.
El poblado no tiene un punto desde donde pueda ser observado. A la izquierda del camino aparecen numerosos campings, hosterías y, de a ratos, hermosas postales características de nuestra Patagonia andina. Los pehuenes (o araucarias) dominan la escena. Pese a que los radales no les van en zaga, la belleza tan particular de estos árboles centenarios (que incluso crecen naturalmente al costado de la ruta, conviviendo con elevaciones de piedra pómez y tierra volcánica), dan un marco singular al espacio.
Su fruto, el piñón, representa toda una actividad económica en sí misma al punto de que está prohibida su libre cosecha. Los carteles en los caminos así lo indican. Se hacen dulces, licores, harinas, escabeches y alfajores. Quienes participan de la producción dicen que no se debe ni se puede arrancar el fruto del árbol sino esperar que este caiga. De las cosas que hemos probado podemos decir que no está nada mal y cuenta con unas cuantas propiedades alimenticias.
Villa Pehuenia Moquehue es, en sí misma, una aldea de montaña. Según el último censo del año 2022 la habitan 2286 personas. Cuenta con escuela primaria y secundaria, un puesto de gendarmería que se encuentra a escasos cinco kilómetros de la frontera con Chile, una comisaría, una estación de servicio con dos andenes, un paseo que lleva a un puerto que ofrece una panorámica para contemplar durante horas y que en su recorrido inicial, ofrece el Centro Cívico con las oficinas municipales de gestión y un centro comercial de unos 400 metros de largo donde existen todo tipo de servicios y donde también se da la particularidad que no existen locales de las grandes marcas nacionales.
No cuenta con vida nocturna, exceptuando lo que puedan ofrecer sus siete restaurants a la hora de la cena y da la sensación (sólo la habitamos durante una semana) que su esencia radica en disfrutar la naturaleza ofrecida por sus montañas (mahuidas), senderos, playas bordeadas por una arena volcánica grisácea (dicen que hay unas 29) y los lagos Aluminé y Moquehue que impactan en su tonalidad azul verdosa.
A diferencia de otras zonas de la región, la comunidad mapuche tiene una presencia insoslayable. Tal vez la explicación pueda encontrarse en dos hechos antiguos pero centrales para esta localidad que fue reconocida con la creación de la Comisión de Fomento hacia enero del año 1989.
El primero es lo que declara el ex gobernador Felipe Sapag en el prólogo del libro “El sueño del lonco”2 cuando afirma haber entregado la titularidad de unas 400.000 hectáreas a los mapuches. El segundo refiere a la importancia en la vida social y productiva del cerro Batea Mahuida ya que en el mismo se desarrolla un centro de esquí que tiene la particularidad de haber sido construido (1999) y administrado por la misma comunidad, convirtiéndose en un caso único en el mundo.
Si uno presta atención al desarrollo de Villa Pehuenia y del centro de esquí resultan inescindibles uno del otro, dándose una simbiosis no exenta de las tensiones que marca el libro ya citado, dado que el lonco (jefe, líder) José Miguel Puel, resultó el visionario que entendió que su propia comunidad debía dejar el pastoreo como única forma de ingreso, enfrentando múltiples tensiones de propios y extraños.
Recorrer el cerro resulta una experiencia en sí misma. El inicio del camino, se puede hacer en auto o a pie, se da al costado de la ruta 13, se abonan $5.000 en el ingreso y se comienza a ascender por una calle ancha que en los primeros tramos es de ripio para luego ser dominada por pequeñas piedras volcánicas.
Los primeros 3,5 km son cuesta arriba hasta llegar a la zona de servicios del centro de esquí. Luego el camino se bifurca: para un lado los vehículos con tracción 4x4 y para el otro, vehículos 4x2 y caminantes. El fin del sendero llega cuando emerge la laguna que se ha formado hace miles de años en lo que era el cráter del volcán. La experiencia vía senderismo no estuvo exenta de algunas dosis de solidaridad en el dificultoso tramo final y, al coincidir tres nacidos en Santa Fe y una chaqueña, dos de los cuales viven en Puerto Madryn y dos en General Lagos, vendrá a confirmar aquella vieja máxima que dice que “Dios nos cría y el viento nos amontona”.
Queda como paso siguiente ascender (durante 45 minutos) a la cumbre de una montaña que tiene como su principal característica una forma aplanada que permite que lleguen pick ups y motos de potente cilindrada. Dicen los lugareños que lo que distingue al Batea Mahuida es su condición de cerro ideal para esquiadores principiantes. En el trajín pueden verse personas de todas las edades y condiciones físicas, con vestimentas de todo tipo, ojotas incluidas, haciendo el intento de la cumbre.
La cima ofrece un espectáculo doble para la vista: hacia abajo la laguna con un tono azul profundo, hacia el frente los volcanes Copahue y Lanín (argentinos) y a un costado, los volcanes Villarrica, Lonquimay y Llaima (chilenos). Hacia atrás (oeste) aparece la localidad de Icalma en Chile y una variedad de senderos que derivan en distintos sentidos.
La temporada principal es la de invierno y dicen, los que la han recorrido, que el verde veraniego muta en un blanco uniforme y dominante. Según con quien se charle, el 2026 no viene de manera común para todos: bares y restaurant reconocen un muy buen inicio dado que tienen el agregado de chilenos que gustan de cruzar la frontera ya que, comparativamente con Icalma, Villa Pehuenia ofrece muchos más servicios. Para otros comerciantes, enero y febrero no ofrecieron buenos ingresos ya que los argentinos, principales visitantes, sólo gastan en lo imprescindible para la estadía. La grieta habita en todos lados.
Uno de los recorridos imperdibles es el de las Cinco Lagunas. Se accede a través de La Angostura, un camino que impacta al atravesar un puente que pasa por encima del río que lleva ese nombre, que tiene unos 500 metros de largo y que une los lagos Aluminé y Moquehue. La vista para cada lado impone la dificultad de definirse por cual resulta más hermosa.
Si se sigue por el camino se deja detrás una serie de cabañas y hosterías de 2, 3 y 4 estrellas y se llega al ingreso del lugar que resulta administrado (otra vez) por los mapuches. Se abona (otros) $5.000 por persona y uno puede elegir el recorrido en auto o a pie por el camino que bordea a cada una de las lagunas y que tiene la particularidad de ser distintas en sí mismas. Si se presta atención entre la arboleda que abunda, podrán verse algunos bancos y mesas muy rústicas para compartir unos mates o, por qué no, un almuerzo al aire libre. La frutilla del postre la pondrá al final del recorrido “la playa”, un espacio donde el Aluminé se ofrece a nuestra disposición en toda su expresión.
En Villa Pehuenia se percibe la convivencia con lo natural, animales incluidos. Dicen los que la habitan que existen normativas específicas que admiten la circulación libre de ellos, sin ningún tipo de restricción, por lo cual uno podrá coincidir con caballos, liebres o algún cordero, no debiendo sorprenderse si, a la salida de una cena en un restaurant, uno se cruce con una vaca pastando al costado del camino.
Sin dudar podríamos afirmar que Villa Pehuenia representa otro mundo. Sus tres accesos vía ripio, la natural convivencia con chilenos, la tan esforzada (y aparentemente lograda) integración con mapuches, su respeto por la siesta reparadora (la gran mayoría de los negocios cierran entre las 13 y las 17 horas), un entorno de ensueño y la presencia central de las araucarias (pehuén), definen a un lugar mágico. Vale la pena recorrerla.
(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez
(1) La localidad en términos político administrativo recibe el nombre de Villa Pehuenia Moquehue, resultando la unión de dos localidades. Moquehue se encuentra hacia el sur oeste.
(2) CARRO Daniel. 2009. “El sueño del lonco”. Editorial Zampa.
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