Viernes, 22 Octubre 2021 11:15

Diario de Viaje

Escrito por Miguel Gómez (*)
Valora este artículo
(4 votos)
Lago Mari Menuco Lago Mari Menuco Miguel Gómez

Dicen que, viajando,
se fortalece el corazón,
pues andar nuevos caminos,
te hace olvidar el anterior.
Ojalá que eso pronto suceda,
así podrá descansar mi pena,
hasta la próxima vez.

Litto Nebbia

 Para Alicia y Enzo, por la calidez de estos días.

Dicen que el que avisa no es traidor. Así que, estimado lector, querida lectora, pongamos rápidamente las cartas sobre la mesa. Estas líneas de hoy, escritas a mitad de semana, poco tienen que ver con el estilo que cada domingo publicamos en Fundamentar tratando de contar sobre nuestra (pequeña) verdad relativa del mundo de la política argentina. El editor no sabe de feriados, celebraciones o mini vacaciones que puedan incentivar el turismo interno y afirma que debo un artículo desde hace un par de semanas, exigiendo, a como dé lugar, el cumplimiento de la deuda. Y, como ante todo, nos debemos a nuestras obligaciones. Ahí va…

El articulista, bien acompañado, puso rumbo hacia el sur, esperando re descubrir algunas bellezas que había conocido nada más y nada menos que tres décadas atrás. Muy bien asesorado, para saber los caminos que debía desandar y aquellos lugares que debía “conocer sí o sí”, empalmó con la histórica ruta 33 que aún sueña y espera la vieja promesa de que sea convertida en autovía. Algunos movimientos de tierra en terrenos aplanados, pasando Rufino, señalan que hasta no hace mucho tiempo la obra daba sus primeros pasos. Será cuestión de esperar el presupuesto 2022 para saber, efectivamente, si ese viejo anhelo comienza a cumplirse. 

El amanecer trajo consigo la lenta y sostenida aparición de múltiples protagonistas de la vida rural. Uno de ellos, las poderosas pick ups que atraviesan senderos cual taxistas y colectiveros de la gran urbe: avanzan sin detenerse del todo en aquello que lo rodea. La cantidad y la variedad muestran, sin lugar a ninguna duda, porqué los indicadores de ventas de estos vehículos encabezan récords de todo tipo.

A partir del ingreso a la provincia de Buenos Aires, el camino se vuelve más inestable. Pozos, emparches y remiendos demuestran lo justificado del enojo de los lugareños por el estado de la calzada. Algo más de cien kilómetros separan la última ciudad santafesina de General Villegas, paso supuestamente intermedio hasta Trenque Lauquen. Pero al conductor lo preocupa que la cosa empeore y dobla hacia su derecha tratando de encontrar alivio en la ruta provincial 70 que será continuada por la 4 de La Pampa. Parará en el límite de ingreso a esa provincia, sacará algunas fotos en el cartel de bienvenida, enviará fotos de recuerdos a algunos amigos y seguirá viaje.

Rápidamente se sorprenderá por los verdes pampeanos (que poco tienen que envidiarles a los entrerrianos), por la belleza coqueta de General Pico y por el muy buen estado de los caminos. La ruta nacional N° 35 se presenta como la antítesis de la fallida 33. Renovada casi totalmente, con obreros trabajando en su banquina en la señalización vertical, ofrece colores variados y un movimiento incesante cuando uno llega a Santa Rosa. A pocos kilómetros, las cuchillas y la particular belleza de la Laguna Luro que queda partida por el camino, ofrecen el paradigmático caso de que a la derecha el agua se muestra de un tono más verdoso, mientras que, a la izquierda, el espejo de agua aparece más azulado. En ese desandar, con rutas impecables, el Estado parece presente. 

Río Limay
Río Limay

No hace falta decir que la gran incógnita es la famosa Ruta del Desierto que le da nombre a la 20. Simbólica por donde se la mire, el desierto se hace presente en 198 kms que nos recuerdan nuestra pequeñez e insignificancia. Dos datos llaman la atención de los viajeros: los originales carteles que incentivan al descanso, émulos de las placas de Crónica Tv y las áreas habilitadas con agua y sombra que pueden servir como aliciente en el camino. Sábado a la tarde y la cosa no está muy concurrida. Sólo 10 curvas y algunas lomadas rompen con la rutinaria calzada. La llegada al Cruce del Desierto, perpendicular con la ruta 151 y la estación de servicio del lugar, asoman como un bálsamo en el medio de la nada. Literal. 

Descanso, baño. estirada de piernas y a seguir. A pocos kilómetros nos cruzamos con el Río Colorado que bien justificado tiene su nombre, accidente geográfico que divide La Pampa de Río Negro y unos pocos kilómetros más allá surge, en todo su esplendor, la imagen patagónica de bardas y rutas que se pierden entre subidas y bajadas. 

En esa etapa, poco hay que envidiarle al desierto pampeano hasta que el Alto Valle comienza a dar señales de vida. Las alamedas, como estoicas cuidadoras de perales y manzanares, comienzan a convertirse en protagonistas, inundando de verde el paisaje con un sol que acompaña y entibia. 

El primer destino es alcanzado, y entre saludos y abrazos que el Covid nos negó, empezamos a valorar la belleza de una zona que supo construirse a fuerza de inteligencia y de obras de ingeniería que aún perduran y le dan vitalidad al lugar. Alguna vez, algunos miserables, definieron a la región como inviable, pero algunas luchas y muchas convicciones permitieron romper con un destino que parecía definitivo. 

Dique Ing. Ballester
Dique Ing. Ballester

Agua y petróleo definen a la región. El Dique Ingeniero Ballester, en la localidad de Barda del Medio, construido hace más de 100 años, impacta por su simpleza, pero también por su obra de herrería que sostiene al puente que cruza al río Neuquén y, además, justifica las compuertas que permiten elevar el nivel para alimentar canales de riego y acequias que terminarán en las pequeñas chacras para la producción de frutas que son la razón de ser productiva de la zona.

El oro negro da señales de tensionar la región. Vaca Muerta, la gran apuesta energética del país, para consumo interno, pero fundamentalmente para la exportación y el consiguiente ingreso de dólares, no representa, tal vez, esa mirada idílica que tenemos a la distancia. Más allá de los cuestionamientos ambientales al tipo de producción (fracking) que permite extraer petróleo y gas no convencionales, a poco de charlar con pobladores y recorrer la zona surgen algunas paradojas dignas de mención.

La primera refiere a las diferencias sociales que supone una sociedad con niveles de ingresos tan variados hacia su interior. Un petrolero puede ganar hasta cuatro o cinco veces más que cualquier trabajador medianamente calificado y eso, a la hora de la discusión de bienes y servicios en el mercado, complica la realidad de la mayoría.

La segunda supone el contraste de algunos paisajes. Basta recorrer la autovía 51, a unos 40kms de Vaca Muerta, para encontrar enormes pozos petrolíferos en paisajes desérticos que le ponen color al asunto. 

Uno entra en un camino insignificante, perpendicular a la ruta, como dirigiéndose a la estructura de hierro que señala al pozo, con toda la parafernalia que la rodea y a unos 200 mts. del mismo, doblando a la izquierda se alcanza a percibir un azulado y enorme lago que no deja de confundirnos en el espacio que habitamos. Mari Menuco lo han denominado, y se trata de un lago artificial de 77 kms cuadrados, embalsado en la década del '70, con aguas del río Neuquén, que sirve de conexión a la central hidroeléctrica Planicie Banderita y que los neuquinos han decidido convertirlo en una zona de playa y esparcimiento veraniego. Uno mira la extensión y no puede dejar de sorprenderse de semejante obra de ingeniería de hace apenas, cuarenta años. El agua y el petróleo como síntesis de una región. El agua y el petróleo conviviendo a pocos metros entre el poderío económico y el disfrute ambiental de la gente del lugar. 

Lago Mari Menuco
Lago Mari Menuco

Neuquén no deja de sorprender por su pujanza y su ritmo de gran ciudad. Sus negocios, sus parques y avenidas parecen señalarnos un territorio digno de visitar y de tratar de apreciar ya no como turistas, sino como visitantes. El río Limay sobre el Paseo de la Costa motiva con su belleza imponente de playas de piedras y recodos del camino. La tarde cae, un café se apura en un coqueto bar céntrico y la ruta se transforma en un torbellino que, según cuentan nuestros anfitriones, resulta permanente. 

La noche llega. El vino apura celebraciones atrasadas. Las convicciones del viajero parecen reforzarse con los sueños, las alegrías y los dolores de quienes nos cobijaron durante tres días. Hay que prepararse. Al día siguiente, la belleza andina nos espera, seductora, como a tantos que han celebrado conocerla y apreciarla, para finalmente venerarla. Volvimos. Volveremos. (Continuará).

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

Inicia sesión para enviar comentarios