En una clásica mañana de domingo, mientras celebra el ataque estadounidense israelí a Irán, con el saldo inicial de la muerte de unas ochenta niñas que asistían a clases, el gobierno libertario se prepara para la inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación con la presencia del presidente de la Nación, Javier Milei. Con el objetivo cumplido, al haber logrado sancionar una serie de leyes en el período de extraordinarias, el oficialismo se apresta a intentar ocupar la centralidad (exclusiva) del escenario. Pero como en las rutas en los días de sol, la imagen puede brindar un espejismo que hagan confundir a propios y extraños porque, en definitiva, por abajo y desde el pie, siguen pasando cosas.
La última semana de febrero deja un inocultable saldo a favor en la cuenta libertaria. Se aprobaron las reformas de la ley penal juvenil, laboral y de glaciares. En un escenario impensado hace algunos pocos meses atrás, el mundillo violeta juntó detrás de sí una serie de voluntades legislativas que, pareciera, han puesto el juego político institucional en otro lugar. La irrupción en escena de un bloque de legisladores que responden a un grupo de gobernadores que han sabido construir un buen diálogo con el Gobierno, deja expuesta la pregunta de que, si aquella circunstancia donde el Congreso no mostraba certezas previas de cómo saldrían determinadas tipo de leyes, ya que se debía ir ley por ley, no es, de alguna manera, parte del pasado.
Si se miran los números alcanzados, las argumentaciones justificadoras de cada decisión, la alquimia institucional de ceder la vicepresidencia del Senado a la jujeña Carolina Moisés, como integrante del bloque Convicción Federal relegando a la primera minoría que representa un peronismo evidentemente debilitado; uno podría (mal) imaginar que la mesa está servida para consagrar los intereses violetas.
Hermosa mañana.
— Patricia Bullrich (@PatoBullrich) February 28, 2026
LES METIMOS 7…
Top jugadas de las sesiones extraordinarias más exitosas de la historia argentina, nada más y nada menos que por este nuevo Congreso Nacional.
Ahora, a continuar con las nuevas reformas que propondrá el Presidente. pic.twitter.com/MWty83138R
Además del triunfo electoral de hace apenas cuatro meses, los apoyos al oficialismo se han estructurado en tres niveles: el ya nombrado Congreso, parte del sistema de medios (justamente con los voceros más potentes) y el sector del gran empresariado que, pese a la crisis que enfrenta el mercado interno, siguen apoyando decididamente el modelo. Pero en los dos últimos, de alguna manera, en la semana que se fue se produjeron novedades.
En el rubro de los medios no pasó desapercibida una nota de opinión del economista Juan Carlos de Pablo en el diario La Nación titulada “Consejo no pedido a los 920 despedidos por Fate”. En ella, el habitual interlocutor del presidente, plantea la idea de que los trabajadores de la empresa de neumáticos deberían cobrar su indemnización, dejar de lado el reclamo por la reapertura de la fábrica, juntar a la familia acordando el recorte de gastos y ponerse a buscar un trabajo. Para iluminar el consejo, se pone como ejemplo en tanto y en cuanto si él mismo no hubiera atravesado por una situación similar, jamás habría logrado instalarse como consultor.
Dejando de lado los aspectos personales, ya que De Pablo no cuenta en qué condiciones y contexto personales pudo alcanzar su objetivo de vida (ayuda de amigos, contactos, redes personales, etc.), digamos que lo que el octogenario economista plantea representa, de alguna manera, la crudeza del pensamiento violeta, que suele expresarse, como en su caso, desde la comodidad de su realidad o, como en el de los jóvenes militantes, en una obcecación ideológica con un fuerte desapego de la realidad.
Lo que los argumentos de personajes como De Pablo desconocen (o del propio Luis Majul de hace algunas semanas atrás cuando justificaba que los despedidos de Fate podían insistir laboralmente con Uber o un parripolllo), refiere a la historia de vida de las personas. Más allá de lo que traiga como novedades la inteligencia artificial, cada uno de nosotros, guste o no, nos constituimos como sujetos también a partir de la pertenencia a nuestro mundillo laboral.
Al trabajador del caucho que llega a cierta edad promedio, supongamos entre 45 y 50 años, con un par de décadas de experiencia sobre sus espaldas, no se le puede imponer de la noche a la mañana esos cambios que definen su mundo. En el recorrido laboral también construimos identidad y los consejos de este tipo, apoyando una precarización expuesta con todo su rigor, no hace más que demostrar que la experiencia de los noventa, la cual derivó en el drama social de 2001, a personajes como De Pablo no le hizo mella alguna ni le hizo reflexionar sobre sus consecuencias. En mi Tablada natal diríamos cosas más gruesas, pero dejémoslo ahí, por ahora.
El sector empresarial, como tercera pata de esa instancia de apoyo, también se hizo visible en esta semana de febrero que se fue. De a poco se van conociendo los nombres propios, y en ese descubrir podría decirse que algunos salen del closet. Tres casos llamaron la atención de este analista: el de Orlando Canido dueño de la firma Manaos, el de Roberto Méndez CEO de la fábrica productora de neumáticos Neumen y finalmente el de Damián Wolkowiski, empresario textil y dueño de Blue and Yelow.
De alguna forma los tres sintetizan la visión empresarial. Al primero de ellos, en el programa que conduce Ernesto Tenembaun en Radio con vos, se le preguntó qué ponderaba de la gestión de Milei. Ponderó la macro ordenada y el poder circular libremente por la ciudad. El segundo reconoció que, en el sistema de producción de neumáticos durante años, en la Argentina, habían robado. Y el tercero, con toda la crudeza de la realidad que atraviesa el sector textil, confesó haber llorado cuando supo del triunfo de La Libertad Avanza en 2023 porque sabía que en el mediano plazo debería despedir gente.
Lo primero que uno debe preguntarse refiere a qué es lo que se celebra de este tiempo de parte de empresarios. Con un mercado interno cada vez más retraído (la discusión por las formas de consumo parece fuego de artificio cuando se ve la caída en los niveles de recaudación), con tasas de crédito por las nubes (recurso central para lo cotidiano y para lo estructural para cualquier actividad que se precie) y con una tasa de inflacionaria que ronda el 3%, cuesta aceptar que se hable de una macroeconomía ordenada.
La pregunta anterior tiene sus dificultades a la hora de la respuesta, pero podríamos bucear en dos grandes razones. La primera, y como ya hemos planteado en artículos anteriores, es que, para buena parte del empresariado, la reforma laboral en ciernes y un escenario de aumento del desempleo abarata en forma evidente la mano de obra. Como dato extra no debe dejar de ponderarse la circunstancia de disciplinar socialmente a sectores que antes podían resultar mucho más contestatarios.
La segunda razón habría que imaginarla en el cambio de época. Si cuando hablamos de tiempos más “líquidos” (perdón querido Zygmunt Bauman) nos referimos a una forma de entender este tiempo social que habitamos, ¿por qué no incluir a empresarios que, a diferencia de lo que planteaban sus mayores respecto a la idea de pertenencia en la creación y consolidación de una fábrica, desarrollan lazos mucho más lábiles con todo ese mundo construido? Dicho de otra manera, estructurar su vida desde la maximización de cualquier tipo de negocio antes que la defensa de lo construido en años o décadas de trabajo.
Esta noche los familiares, amigos y vecinos de los trabajadores de FATE organizamos una cena en la puerta de la fabrica en defensa de los puestos de trabajo. FATE no se cierra pic.twitter.com/euX716kOxT
— garrafa (@garrafev) February 28, 2026
Todo lo comentado hasta aquí puede pensarse como favorable al Gobierno. Pero también esa misma realidad que los medios exaltan (no deja de resultar entre divertido a la vez que indignante la ponderación mediática por la eliminación de impuesto a los autos de lujos que permitirá que determinados modelos que valen U$s100.000 pasen a costar U$s80.000) tiene una contracara que pocos se animan a mostrar y que comienza a reflejarse en las encuestas y en las calles.
Para las primeras digamos que, a diferencia de lo que pueda mostrar el palacio, la caída de la imagen presidencial, en forma de goteo, no se detiene. Con números negativos que rondan entre el 50% y el 55%, para algunos estudios la preocupación de la mayoría de los argentinos ya no pasa por la inseguridad o la inflación sino por la temeridad de la pérdida del empleo.
Para las segundas, bien vale los ejemplos de las movilizaciones de las últimas horas en la zona del Congreso, de los trabajadores de Fate en el conurbano norte de Buenos Aires y, vaya novedad, en el ejemplo santafesino que pese a las cartas de un ministro de educación escritor que se pasó la semana mandando misivas a docentes y padres, mostró a los primeros movilizados en los microespacios que suponen el corte de un semáforo en avenidas muy transitadas y que trae de suyo una potenciación que redes y el servilismo de ciertos medios no pueden evitar. Como muchas veces pasa, menos, es más.
Cierta superficialidad analítica da por sentado que el libertarismo tiene la mesa servida a su disposición. Esa creencia no deja de representar un riesgo porque a veces, y sólo a veces, el palacio y la calle van por caminos separados, con espejismos incluidos y porque ciertas circunstancias, crecen desde el pie.
(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez