Sábado, 13 Agosto 2022 23:47

Provocaciones

Escrito por Miguel Gómez (*)
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Provócame, a mí, acércate,
provócame, aquí, de piel a piel,
¿Qué misterioso asunto ocultarás?
¿Por qué secretamente vienes y vas?
No dejas huellas, pero sé que estás…

Chayanne

La Real Academia Española le otorga varias acepciones a la definición de provocar. De todas ellas, elegimos dos: “1) incitar, inducir a alguien a que ejecute algo y 2) irritar o estimular a alguien con palabras u obras para que se enoje”. Si miramos con detenimiento el devenir semanal de parte de la política argentina, notaremos que las provocaciones ocuparon el centro de la escena. Como respuesta a hechos más trascendentes, como intento de reacciones que induzcan al error político al adversario o como forma de posicionamiento ante cierto público. En Juntos por el Cambio se llevaron los grandes títulos de las marquesinas, aunque algunos actores de reparto parecen haber actuado en el mismo sentido. Crónica de una interna develada en toda su crudeza. Repasemos.  

La semana comenzó temprano en materia de novedades políticas. El día domingo el diario Página 12 publicó un par de fotos que daban cuenta de la cercana relación (¿de amistad?) que profesan el hasta entonces Presidente del Tribunal Oral Federal 2, Rodrigo Gímenez Uriburu que lleva adelante el juicio contra Cristina Fernández de Kirchner por la causa Vialidad y el fiscal del mismo, Diego Luciani. Las imágenes en cuestión los muestra abrazados, integrando un equipo de fútbol (Liverpool) y, miren lo que son las casualidades y causalidades de esta vida, el torneo se disputa en la quinta Los Abrojos, propiedad de un tal Mauricio Macri que, a la sazón, resulta el organizador del torneo.

A partir de allí el consecuente pedido de recusación presentado por el abogado defensor de la vice presidenta (luego siguieron como efecto dominó los letrados de los otros acusados). Gímenez Uriburu, por cuestiones de un mínimo decoro, fue corrido de la presidencia del tribunal (en el mediodía sabatino que se conoció el rechazo de la recusación). El día lunes, en la primera provocación de la semana, el juez implicado no tuvo mejor idea que aparecer en la imagen del juicio (se lleva adelante de forma virtual), con un mate que representa al equipo de fútbol que participa del torneo macrista.

El detalle parece menor, insignificante frente a otras provocaciones que conocimos en la semana, pero sirve para poner en perspectiva la impunidad e inmunidad que parece gozar ese reservorio de mugre judicial ubicado en Comodoro Py y marca, paralelamente, una resiliencia notable de aquellos dirigentes, periodistas u operadores de medios que niegan la existencia del Lawfare. Lo divertido del asunto, que en realidad resulta trágico, es que, en caso de que los denunciados no acepten la recusación, la apelación del pleito será resuelta por la Cámara de Casación de la Sala IV, que comparte Gustavo Hornos y Mariano Borinsky, habitués de la Casa Rosada y de la Quinta presidencial de Olivos en el período 2015 – 2019. El segundo, habitual jugador de tenis y paddle de residencias oficiales. Como se verá, algunos creen firmemente en el viejo refrán de que el deporte es salud.

Pero si hablamos de provocaciones, quien se llevó todas las miradas fue la reaparecida y jubilada Elisa Carrió. Convengamos que el paso a retiro le ha cabido de su función legislativa, pero no de su natural vocación por destruir todo aquello que se construya sin que ella sea una principal protagonista, declamando una eticidad que sólo cabe en su febril imaginación y en el silencio cómplice de muchos de sus circunstanciales interlocutores.

Juntos por el Cambio vive un momento muy particular, donde la convivencia interna parece condicionada por un proceso político donde aún no se aprecia si se convive con la vuelta al primer plano de los “antiguos” líderes o si se atraviesa una transición que derivará en la candidatura de nuevos protagonistas que conducirían al espacio en el tiempo que viene.

La interna amarilla, donde también debe ser incluido el radicalismo, se parece (y mucho) a una olla a presión, donde cualquier modificación que aumente la dosis de calor, por más mínima que resulte, deviene en un serie de pases cruzados donde no se sabe quién es quién. Muchas de las diferencias han sido ocultadas desde 2019 hasta aquí. Por la sobreprotección de los medios dominantes; por la pandemia que le dio la oportunidad de hablar de “libertad, salud y economía”, pero no así de las consecuencias de su desastrosa gestión; por el resultado electoral de 2021 y por el sistemático desgaste político que ha sufrido el oficialismo del Frente de Todos, desde septiembre en adelante.

En ese contexto hay que entender las declaraciones de Carrió que, en un raid de 48 horas de recorrido por medios amigos, se cargó al conjunto del espacio que intenta proyectarse para el año que viene. En ese devenir accionó en tres sentidos: preservó a Macri, se auto referenció como una de las líderes de Cambiemos ya que habría sido una de sus creadoras junto al ex presidente y puso en el centro de la escena a la figura de Sergio Massa, hombre que ha sido avalado por todo el oficialismo para su llegada al ministerio de Economía y quien habría tenido fuerte relaciones con varios de los “acusados”.

Habló de un contrato de decencia en Juntos por el Cambio y nadie esbozó carcajada alguna. Por nombrar los casos más emblemáticos, ni el nombramiento en comisión de jueces de la Corte, ni la causa de Correos, ni el caso de aportantes truchos de Vidal, ni la de las escuchas a familiares al submarino ARA San Juan, ni la de Parques Eólicos, ni los Panamá Papers parecen haber existido en la preocupación de la ex legisladora chaqueña.

Las respuestas a la provocación que suponen esas declaraciones llegaron a raudales. Más allá de los detalles de quien dijo qué cosa, tal vez la mayor lucidez la puso el vicepresidente del Pro, el santafesino Federico Angelini, quien recordó que este tipo de actitudes de Carrió, suelen ser recurrentes en el medio de los procesos internos donde se empiezan a discutir cuestiones de poder real de cara al armado de listas en las distintas elecciones.

En el medio de semejante tembladeral, el ex presidente Macri se pegó una vueltita por Rosario para asistir a una actividad en la Fundación Libertad, donde siempre juega de local y al congreso de la siempre complaciente Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (AAPRESID). Vino acompañado de un tal Martín Palermo que no se sabe muy bien si pretenderá seguir su carrera como director técnico o si se proyecta para una etapa dirigencial en un club como Boca Juniors ya que el año que viene, allí también habrá elecciones.

Quien se llevó las palmas fue uno de los sponsors del mencionado congreso, ya que uno de los souvenirs entregados refería a una reposera de color rojo para los asistentes. Casualidad, detalle de ocasión o crítica con estilo, lo cierto es que el hecho, si se quiere simpático, no dejó de llamar la atención.  

Mauricio Macri sigue dando que hablar desde su intento de un “Segundo tiempo”. Su inexistente capacidad de autocrítica, su predicción de que los argentinos debemos guardar las energías para construir, ya que el año que viene tendremos una agenda de trabajo muy cargada y su predicción de que Juntos por el Cambio volverá a ser gobierno en 2023, también deberían sonarnos como provocaciones en sí mismas.

Aquí también los ejes de inmunidad e impunidad atraviesan cierto presente político. En un país, el nuestro, donde nunca nadie se transforma definitivamente en un muerto político, la falta de talla de sus adversarios internos y debilidad en que ha caído el oficialismo, puede hacer creer a algunos que el ex Jefe de Gobierno porteño tenga algo importante para decir y, fundamentalmente, para prometer.

La pregunta con la consiguiente tarea para el hogar en este fin de semana largo, queridos lectores, estimadas lectoras, refiere a si es posible pensar al hijo de Franco con una hipotética pre candidatura a presidente o si, con un techo muy bajo o para decirlo más claramente, con una imagen negativa muy por encima de la positiva; se lo debería ubicar como una figura que intente encarnar un liderazgo que a la vez que lo sostiene, también limite a un hipotético presidente amarillo o rojiblanco.

En ese sentido, la moneda aún está en el aire. Todo lo que pueda mostrar el oficialismo como mejora (o no) de la gestión será determinante para la definición de ciertas candidaturas. Si este analista debiera dar una muestra más de su ludopatía crónica y tuviera que apostar aunque más no fuera un simple café, lo haría por la opción b, donde Macri, a partir del tipo de liderazgo que encarna y del profundo rechazo que provoca su figura, contaría con una buena dosis de incidencia sobre la gestión de otra presidencia. Uno supone que el escenario de su candidatura solo sería factible a partir de un deterioro social y económico definitivo del país, lo que le daría una enorme legitimidad para hacer lo mismo que en los cuatro años que gobernó, pero más rápido, como ya nos avisó. Pero siempre hay margen para la mala lectura política y este articulista, como corresponde, no está exceptuado de esa máxima.

Las provocaciones semanales suponen, como afirma el cantante portorriqueño del epígrafe, qué misteriosos asuntos se ocultan y por qué, secretamente, algunos vienen y van. Si, meses atrás, Cristina Fernández de Kirchner parecía temeraria al decir que su sentencia estaba escrita, el recorrido de esta semana que pasó, pareció darle algunos atisbos de razón. Eso es cada vez menos secreto. A diferencia de ciertas declaraciones y reapariciones de protagonistas que creíamos en el retiro, y que “volvieron” para reclamar su cuota de poder. Aunque algunas actitudes de fondo puedan resultarnos inconfesables.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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