Martes, 21 Mayo 2019 15:51

Una Reivindicación de Años Agitados

Escrito por Pedro Arrospidegaray (*)
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Cristina Fernández en la Feria del Libro. De fondo, una gigantografía de "Sinceramente". Cristina Fernández en la Feria del Libro. De fondo, una gigantografía de "Sinceramente". cba24n

Luego de la dura derrota electoral del 2015 y durante todo el 2016, el kirchnerismo tuvo fuertes autocríticas. Ya en 2017, algunos dirigentes dijeron algo así como que “el tiempo de autoflagelarnos terminó y es hora de demostrarles a los argentinos que podemos tener un país diferente al que nos plantea el ajuste de Macri”. En éste 2019, buena parte de esa autocrítica por lo ocurrido hace cuatro años está terminada. Sin embargo, al calor de la flamante fórmula presidencial Alberto Fernández - Cristina Fernández de Kirchner, se vio resurgir en algunos un sentimiento de culpabilidad por los caminos elegidos, no ya en referencia al 2015, sino más atrás en el tiempo, período que podríamos arbitrariamente ubicar entre los años 2008 y 2009, cuando algunos compañeros (representados ahora en la figura de Fernández) se alejaron del gobierno que encabezaba la ex presidenta.

La búsqueda de la amplitud y de la unidad con los que no piensan exactamente como uno es un aspecto positivo de esta nueva oposición que se está conformando contra el modelo de entrega, exclusión, deuda y hambre de Cambiemos. Cuanto más amplio y generoso sea el armado, mayores chances tendrá de derrotar al gobierno. En ese camino, reconocer errores y recomponer relaciones es una decisión acertada.

Ahora bien, el kirchnerismo debe acercarse desde lo que es, no desconociendo su propia identidad política, sino con orgullo por lo construido. Sería una equivocación pensar ahora que las decisiones más trascendentes de Cristina Fernández, durante 2008 y 2009, fueron un error. Las luchas con los sectores concentrados del campo por la resolución 125, con los sectores financieros por el fin de las AFJP y con los oligopolios de medios de comunicación por la Ley de Medios generaron un estallido de conciencia y de militancia que no sólo hizo posible el triunfo arrollador de 2011 frente a figuras como Binner, Duhalde, Carrió, Alfonsín y Rodríguez Saá, sino que también fue uno de los factores más importantes para sostener a CFK en el centro de la política nacional durante la larga noche macrista.

Jugando irresponsablemente con escenarios hipotéticos, podemos decir que de no haber tomado esas decisiones, Cristina posiblemente habría conservado a los Massa y a los Alberto Fernández -al menos por un tiempo-, pero habría renunciado al clamor popular, a ese fuego generado en miles y miles de argentinos que no se apagó en ninguna de las tantas veces que dieron por muerto al kirchnerismo y que tampoco se apagó un lluvioso día de abril, casi cuatro años después de haber terminado su mandato, haciendo explotar de gente a la Feria del Libro (en el corazón nada menos que de la Sociedad Rural), tan sólo para oír su voz.

Son otros tiempos. De unión, reencuentros y acuerdos para sacar de la Casa Rosada al peor gobierno elegido por el voto popular de toda nuestra historia. Pero el esfuerzo debe hacerse sabiendo que los desencuentros de ayer, fueron por decisiones acertadas que buscaban hacer de este, nuestro país, uno más justo, independiente, democrático y soberano.

Se terminaron los reproches, es hora de mirar para adelante. Vendrán nuevas batallas.

 

(*) Analista político de Fundamentar.com

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