Lunes, 19 Julio 2021 14:43

Las transiciones energéticas: ¿Corporativas o populares?

Escrito por Pablo Bertinat (*) y Jorge Chemes (**)
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Transición energética en Argentina Transición energética en Argentina

Los autores nos presentan el paradigma de la transición energética y sus propuestas, a la vez que los desafíos que enfrentan los países latinoamericanos como el nuestro. Plantean la idea de una transición energética popular asentada sobre las ideas de democracia y participación.

Hace unas semanas, Diego Hurtado, en una nota para este mismo espacio, realizó una serie de interesantes aportes para pensar la transición energética desde la óptica de la ciencia y la tecnología y las transformaciones institucionales, organizacionales, culturales y el rol de los países periféricos en ese proceso.

Creemos indispensable ampliar el axioma mediante el cual se sostiene que en la periferia debemos superar la presión central y maximizar industria y tecnología nacional, temas centrales a los cuales debiéramos sumar el análisis desde una mirada sistémica y compleja en el marco de las relaciones sociedad-naturaleza, asumiendo desafíos y límites.

El paradigma de la transición energética –si es que existe– corre un grave riesgo de verse apropiado por las grandes empresas, de ser banalizado y puesto al servicio del actual sistema de reproducción social que pretende perpetuar las relaciones de poder existentes, entre ellas, el rol subordinado de los países periféricos a un orden establecido.

Hay propuestas de transición energética con objetivos claramente diversos. Miradas político-económicas desde el neoliberalismo, el keynesianismo y el anticapitalismo, desde perspectivas ecologistas, del culto a la vida silvestre o a la ecoeficiencia (culto a lo tecnológico) o desde el ecologismo de los pobres, con focos en la sustentabilidad débil, fuerte o superfuerte, o por grandes multinacionales de la industria del crudo y también por pequeñas cooperativas ciudadanas.

Como punto de partida, se pueden identificar dos grandes universos:

  • Por un lado, están los actores que, frente a la situación climática, ven en la transición energética un potencial de acumulación de riqueza y posicionamiento hegemónico geopolítico, con una mirada corporativa y patriarcal, un “universo del ambientalismo corporativo”, con una narrativa capitalista-tecnocrática. Este posicionamiento configura lo que denominamos “transición energética corporativa”, que no representa un cambio de paradigma o una revolución tecnológica, sino una expresión del modo en que el sistema capitalista intenta aprovechar la crisis civilizatoria para un nuevo ciclo de acumulación y control. Así, se asienta en la banalizada idea del “desarrollo sustentable”, en continuar en el camino del crecimiento sin límites, intercambiando recursos fósiles por renovables y alta tecnología, sin modificar las lógicas de consumo capitalistas, ni cuestionar la distribución o el acceso a la energía de las poblaciones o la participación ciudadana en los procesos de toma de decisión.
  • Por el otro, están quienes apuestan por una transición energética basada en la justicia socioambiental, participativa, cooperativa y democrática, con una narrativa anticapitalista y de transición socioecológica, que da lugar a lo que llamamos “transición energética popular”.

Esta perspectiva persigue transitar los cambios fundada en la justicia socioambiental y colocando a la energía en la esfera de los derechos y no en la del mercado. Entiende la necesidad de la transición en términos de transformar el “sistema energético” donde el componente físico de la matriz energética  es sólo un elemento de una imbricada red de relaciones sociales, actores y artefactos en constante tensión. Esto le imprime una complejidad que no habilita a pensar problemas y soluciones puntuales. El desarrollo de la ciencia, la tecnología y la industria nacional son indispensables, necesarias, pero no suficientes.

La transición energética popular se asienta sobre la idea de desprivatizar, de fortalecer las diversas formas de lo público, lo participativo y lo democrático. Se basa en la imperiosa necesidad de superar la desigualdad, la inequidad y las pobrezas energéticas. De reducir, en este marco, la utilización de energía, lo que implica redistribuir y, a la vez, desfosilizar las fuentes energéticas utilizadas. Plantea la necesidad de descentralizar y democratizar los procesos de decisión en torno a la energía.

Esto desata desafíos gigantes en nuestro país. Por ejemplo, poner sobre la mesa la necesidad de derogación de todas las leyes que regulan el sector energético heredadas de los procesos privatizadores de los ’90. ¿Es admisible que ello no esté en debate en el campo popular? Se torna indispensable discutir nuevos marcos normativos que disputen la centralidad de los mercados para resolver las cuestiones energéticas.

Discutir el manejo y la propiedad del actual sistema energético nacional es clave para la transición energética popular. ¿Quiénes son los dueños de la energía en la Argentina? Entre el año 2023 y 2027 se vencen contratos de concesión por más 5.700 MW de potencia hidroeléctrica ¿Qué posición y actitud tenemos frente a la posibilidad de recuperar esas concesiones hidroeléctricas entregadas?

Nos debemos una discusión sobre el carácter de la propiedad, priorizando lo público de manera amplia, no sólo lo estatal, sino fortaleciendo las alternativas de propiedad cooperativa y comunitaria frente al modelo rentístico privado. Tenemos en el país una rica tradición cooperativa que recuperar y fortalecer.

En este sentido también vale la pena reflexionar si es posible una transición energética sin una integración regional latinoamericana, no al servicio de la exportación de materias primas con bajo costo energético sino en la construcción de nuevas formas de vida adaptadas a los límites. Más aún, ¿cómo realizar la transición de forma inclusiva sin contemplar la plurinacionalidad y las diversas formas de los pueblos de relacionarse con la naturaleza?

La transición energética popular se configura como un proceso de democratización, desprivatización, descentralización, desconcentración, desfosilización y descolonización del pensamiento, para la construcción de nuevas relaciones sociales, congruentes con los derechos humanos y con los derechos de la naturaleza. En este marco la construcción de una agenda de la transición es un primer paso.

(*) Pablo Bertinat es Ingeniero Electricista, Magister en Sistemas Ambientales Humanos. Director del Observatorio de Energía y Sustentabilidad de la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Rosario. Docente e investigador.

(**) Jorge A. Chemes es militante socioambiental en Taller Ecologista y Co-cordinador de Grupo de trabajo Latinoamericano Energía y Equidad.

FUENTE: Cohete a la Luna

RELEVAMIENTO Y EDICIÓN: Camila Elizabeth Hernández

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