Viernes, 24 Septiembre 2010 16:28

26-S: Certezas e Interrogantes

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306876La expectativa regional se centra en las elecciones legislativas en Venezuela del domingo próximo, en las cuales Hugo Chávez buscará revalidar su proyecto político ante una oposición fortalecida por la crisis económica y de seguridad, pero carente de una figura convocante

 

La expectativa regional se centra en las elecciones legislativas en Venezuela del domingo próximo, en las cuales Hugo Chávez buscará revalidar su proyecto político ante una oposición fortalecida por la crisis económica y de seguridad, pero carente de una figura convocante

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306876La Venezuela de Chávez se encuentra nuevamente frente a una contienda electoral en donde se pone en juego la continuidad de la Revolución Bolivariana, al menos en los términos en los que fue evolucionando hasta el momento. Y decimos nuevamente porque la ciudadanía venezolana fue llevada a las urnas en quince ocasiones desde 1999, cuando Hugo Chávez Frías llegó a la presidencia del país, ya sea para elegir a sus representantes o para plebiscitar ciertas iniciativas del gobierno. La coyuntura electoral actual se corresponde con el de las elecciones parlamentarias para renovar los escaños de la Asamblea Nacional.

Para poder simplificar el análisis del actual panorama electoral de cara al próximo 26 de septiembre, y considerando la complejidad de su situación política nacional e internacional venezolana, puede abordarse dicho escenario a partir del planteamiento de cuatro interrogantes básicos.

En primer lugar, es necesario saber qué es lo que se está eligiendo. Para ello, debe considerarse que el sistema legislativo venezolano es unicameral y representativo, siendo la mencionada Asamblea Nacional la institución que encarna este poder. En esta elección la ciudadanía determinará su composición por un período de 5 años (2011-2016), ya que se elegirán 165 diputados (110 nominales, 52 por lista, 3 diputados indígenas y 12 diputados al Parlamento Latinoamericano).

Actualmente, a la Asamblea se le ha dado el calificativo de "roja", dado que está conformada en un 93% por representantes oficialistas. Si, leyó bien, 93%; pero no vaya a pensar Ud. que esta escasa presencia opositora se debe a que el así llamado "dictador Chávez" llevó a la práctica toda una maraña de trabas político-institucionales para impedir su participación en las elecciones, sino todo lo contrario. Son los sectores que, acusando al gobierno de antidemocrático y de coartar los derechos ciudadanos, justamente en defensa de esos derechos decidieron no presentarse en las elecciones parlamentarias del año 2005 impidiendo una verdadera representación ciudadana en el Parlamento, por lo que quienes se nuclearon alrededor del proyecto nacionalista de Chávez obtuvieron una amplia victoria. El argumento esgrimido por los sectores opositores en ese entonces fue que no estuvieron dadas las condiciones para el desarrollo de una elección transparente, y que el miedo al fraude electoral los llevó a retirar sus candidaturas. Esta vez, la oposición ha hecho autocrítica de su accionar en aquel momento, y el presidente Chávez, previendo nuevamente la presencia de estas acusaciones, advirtió que reaccionará contra cualquier intento desestabilizador.

Estas consideraciones se relacionan con el siguiente interrogante: ¿qué opciones tiene la ciudadanía? El debate electoral fue planteado en términos de la siguiente dicotomía: la continuidad del modelo nacionalista de Chávez y de sus seguidores del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) o apostar por la "burguesía yankee", en palabras del propio gobierno, y por aquellos sectores que, según la perspectiva oficialista, han estado tradicionalmente vinculados con el capital trasnacional en detrimento del interés nacional. Al respecto corresponde hacer algunas consideraciones.

La opción A es la que propone el PSUV. Para ellos, mantener un amplio caudal de votos es fundamental sobre todo para seguir profundizando los logros de la Revolución nacionalista que defienden, y así intensificarla. Son sectores que confluyen en un proyecto basado en la defensa de la soberanía nacional, en contra de la globalización y las políticas neoliberales que azotaron a la región en los años noventa y fuertemente antiimperialistas, siendo el "Imperio" encarnado por los Estados Unidos. Desde que se hicieron cargo de la dirigencia del país en 1999 han llevado adelante una verdadera reforma del modo de conducir la política interna e internacional del país, siendo el petróleo con sus altos precios de exportación, el elemento propulsor fundamental de estos cambios. Desde entonces se han vestido de victoria en todas las contiendas electorales desarrolladas en Venezuela, menos en una: nos referimos al referéndum sobre la Reforma de la Constitución Bolivariana de 1999 en donde se incluía la reelección ilimitada, realizada en el 2007, en donde la derrota fue por una diferencia menor al 0,5%.

La alternativa de voto B, es la que se encuentra conformada por los 16 partidos políticos opositores al gobierno nucleados bajo la denominación de Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Entre ellos se destacan ciertos partidos tradicionales que dirigieron los destinos del país hasta fines de los 90, y que a partir de un acuerdo entre ellos denominado el "Pacto de Punto Fijo" fueron intercambiando posiciones de gobierno excluyendo a las restantes fuerzas políticas con el objeto de garantizar el status quo: Acción Democrática (AD) y el Partido Social Cristiano (COPEI), así como también el Partido Por la Democracia Social (PODEMOS), principal referente de la oposición en los últimos años. Como base de su plataforma electoral, dieron a conocer un documento en el que incluyen propuestas para repensar a la Venezuela del Bicentenario bregando por un fortalecimiento de la democracia, mayores garantías a los derechos humanos, mayores niveles de bienestar, consolidación de la soberanía nacional, defensa y fortalecimiento de la institucionalidad democrática y mejora de la calidad de vida, entre otras.

Qué es lo que está en juego en esta elección, es otro interrogante que debe responderse para poder tener una aproximación completa al panorama electoral. Lo fundamental en este caso es que el gobierno se encuentra frente a un "barómetro", en el cual se miden sus posibilidades de cara a las elecciones presidenciales que se realizarán en el año 2012, y la oposición se encuentra frente a la posibilidad de recuperar su poder de veto en la Asamblea. Este ámbito concebido como un espacio de debate y discusión, en donde los diferentes representantes del pueblo convergen en iniciativas en pos de la defensa del bienestar de los ciudadanos y el interés nacional, no ha actuado como tal desde 2005. Al retirarse voluntariamente de las elecciones, la oposición le permitió al gobierno aprobar todas las leyes consideradas vitales para el desarrollo del proceso revolucionario por unanimidad, ya que dada la referida composición de la misma, tuvo garantizados los dos tercios más un diputado, números necesarios para lograrlo.

Presentados los contendientes y las cuestiones en disputa, pasemos a hacer algunas consideraciones finales sobre qué resultado electoral se espera. Los sondeos dados a conocer en estos días hablan de una victoria oficialista que, a diferencia de las elecciones anteriores, sería por escasos puntos porcentuales. Así, para entender este resurgir opositor es necesario pasar revista a ciertos acontecimientos que se vienen suscitando en el escenario nacional venezolano.

Si bien Venezuela cuenta con una inmensa riqueza nacional gracias a las reservas de hidrocarburos que posee, lo que le ha permitido posicionarse como el principal exportador de crudo de América Latina y ubicarse entre los cinco primeros del mundo, todavía debe avanzar en cuanto a la disminución de las fuertes brechas sociales existentes. El gobierno ha evolucionado en esta cuestión y mejorado ampliamente los indicadores sociales en relación a los niveles de los años noventa. Ello se logró gracias al uso social que impulsa sobre los recursos obtenidos a partir de la exportación del crudo, volcando los ingresos en políticas tendientes a mejorar las condiciones de vida de todo el tejido social a través de las denominadas "misiones". No obstante, todavía existen amplios sectores sociales que viven en condiciones de pobreza extrema a lo que se suma la caída de los precios del petróleo, la consecuente contracción del PBI, el aumento de la delincuencia –con la alarmante cifra de entre 16 mil y 19 mil personas asesinadas sólo en el 2009-, y los altos niveles de inflación que colocan a Venezuela en la cima del ranking regional alcanzando el 30% anual. Todas estas cuestiones, pero fundamentalmente las dos últimas, fueron las principales armas de choque utilizadas por la oposición durante la campaña electoral.

Traducido en cifras, se habla de que el 27% del electorado votaría por los partidarios de Chávez, mientras el 24% lo haría a favor de los candidatos de la oposición. A ellos hay que sumar el 30% de indecisos que son los que terminarían por definir la elección, y que considerados en función a sus preferencias de partido arrojaría un resultado electoral de 52% oficialista contra el 48% de la oposición.

Se habla asimismo de un deterioro de los niveles de popularidad del presidente Chávez, cayendo entre 15 y 20 puntos porcentuales y tocando la franja del 40 al 45%, pero no se puede afirmar, como muchos ya lo hacen, que se trate del principio del fin del chavismo. Es cierto que los sectores oficialistas se encuentran, como nunca antes, frente a una elección fuertemente reñida, con gran avance de la oposición y que hay ciertas cuestiones urgentes que deben atenderse en materia social, pero el gobierno y el propio presidente cuentan con un fuerte apoyo social, cuyo fervor y convicciones siempre se han manifestado en situaciones electorales como la actual.

De todos modos la cuestión está planteada y habrá que esperar hasta la contienda pos electoral del 26-S para conocer los cómos: cómo queda configurada de ahora en adelante la dicotomía venezolana Chavismo vs. Oposición y cómo impacta esto sobre la evolución de la Revolución Bolivariana.

 

(*) Analista Internacional de la Fundación para la Integración Federal

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