Lunes, 26 Septiembre 2011 13:01

La Inseguridad en Cuestión

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robo-carteraLa noticia del aumento desmesurado de las agencias de seguridad privada en los últimos años dispara reflexiones necesarias. Aquí, un breve análisis sobre la inseguridad, comparando diversos estudios sobre el tema así como el papel que los medios de comunicación desempeñan en la percepción que tenemos sobre ella

 

La noticia del aumento desmesurado de las agencias de seguridad privada en los últimos años dispara reflexiones necesarias. Aquí, un breve análisis sobre la inseguridad, comparando diversos estudios sobre el tema así como el papel que los medios de comunicación desempeñan en la percepción que tenemos sobre ella

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INSEGURIDAD2Día a día, en la inmensa mayoría de diarios, canales de televisión y demás medios de comunicación es posible observar una avalancha de noticias sobre hechos delictivos. La publicación repetida infinidad de veces de los mismos actos, junto con el espacio desproporcionado que ocupan, logran que se perciba a estas situaciones –típicas para una sociedad como la nuestra en la que aún existen desigualdades sociales profundas– como un fenómeno generalizado.

Sólo a modo de adelanto, correcto es mencionar que hoy el control de la seguridad ciudadana se ha instalado como tema de agenda de los diversos niveles de gobierno, tanto nacional, provincial, como inclusive municipal, debido en parte al clamor popular. Pero es también insoslayable dejar expuesto algunos datos para que nuestra sociedad ponga en consideración.

Después de haber brindado este pequeño panorama surge una pregunta: ¿existe una correspondencia entre lo que ocurre en la realidad y lo que percibimos después de una recorrida por los medios? Sin dejar de admitir –con tristeza, por cierto– que ocurren con frecuencia actos delictivos, es preciso para una apropiada comprensión de la temática, demarcar dos dimensiones en su abordaje.

En línea con el pensamiento de Alberto Binder, especialista en seguridad, una de estas dimensiones la denominaremos "inseguridad objetiva" y que podemos sintetizar como la cantidad de actos de violencia, homicidios, robos, secuestros, etc. que se producen en un espacio determinado (en este caso, Argentina) y en el número y cantidad de respuestas institucionales a esos actos (si son investigados, castigados, etc.). Se pueden obtener tasas (de homicidio, por ejemplo) al cotejar esos datos con una cantidad de habitantes determinada (generalmente sobre 100.000 habitantes) y de este modo efectuar comparaciones en términos relativos con diferentes jurisdicciones. Como podemos apreciar, en esta órbita de análisis es posible realizar mediciones y estudiar sobre la base de datos objetivos.

Por otro lado, nos encontramos una dimensión que designaremos "inseguridad subjetiva" o "percepción de inseguridad". Por la misma se entiende al temor, la incertidumbre, el miedo a otro conciudadano o el sentimiento de fragilidad que producen tanto los hechos reales como otros múltiples factores.

Ahora bien: ¿es posible medir esta otra órbita de la inseguridad? Con menor o mayor rigurosidad se ha intentado esta ardua tarea, y con resultados dispares. En el año 2010, Barómetro de las Américas (proyecto desarrollado por un equipo de la Vanderbilt University de Nashville, Tennesse y el Latin America Public Opinion Project con al apoyo de la Universidad Torcuato Di Tella) creó el índice de percepción de inseguridad que busca determinar qué tan segura se siente la población en el lugar dónde vive.

La metodología consistió en preguntar sobre si se sentía seguro, algo seguro, algo inseguro o muy inseguro con respecto a la posibilidad de sufrir algún acto delictivo en su barrio. Si bien el estudio arrojó cifras alarmantes, no llamaría la atención de cualquier persona que observase a menudo los medios más populares del país (o los foráneos que extraen noticias de ellos). Argentina quedó en el segundo peor puesto de América, con un 52% de percepción de inseguridad, sólo superado por Perú.

También trataron de hallar el porcentaje de victimización, que es una encuesta que busca saber qué proporción de personas había sufrido un hecho delictivo. En este caso, los resultados fueron diferentes y ubicaron a la Argentina fuera del podio, con un 26,2%.

Ahora bien. ¿Existen datos sobre la cantidad de delitos, como hechos efectivamente ocurridos, en el país y en el resto del continente? Pues bien, mucha más preocupación generan las investigaciones anteriores cuando las comparamos con la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes que registra nuestro país. De los datos que surgen de la página oficial del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación se desprende que nuestro país registra una de las más bajas tasas de homicidios dolosos en toda la región (con sólo 5,45 muertes cada 100.000 habitantes según cifras del 2009), sólo mejoradas por Canadá (1,83) y los Estados Unidos (4,9).

Se entiende por homicidios dolosos, aquellos causados deliberadamente, vale decir, con el ánimo voluntariamente dirigido a la comisión del hecho. Ello, para diferenciarlo de los homicidios culposos, aquellos en los que el agente no contempla en su voluntad la posibilidad de producir la muerte. El caso prototípico de homicidio culposo es la muerte por accidente vial –tema que realmente deberíamos todos tomar conciencia dadas las escalofriantes cifras de mortalidad que se registran: 26,36 habitantes cada 100.000 en el año 2010 según datos del Instituto de Seguridad y Educación Vial–.

De manera análoga, se realizó un estudio comparativo sobre la cantidad de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes en las mayores ciudades de América. En este caso, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se encuentra entre las que menor cantidad de homicidios dolosos en relación con la población sufrió: sólo 4,92 muertes cada 100.000 en 2009. Basta con cruzar al otro lado del Río de la Plata para que los índices cambien, ya que se contabilizaron unas 6,4 muertes cada 100.000 habitantes en Montevideo. Del mismo modo, importantes ciudades de los Estados Unidos superan ampliamente el índice porteño, como por ejemplo Los Angeles con 8,1, Miami con 14,07, Chicago con 16,07 y Washington con 23,84 muertes cada 100.000 habitantes.

Con estos datos no se pretende negar el problema. La inseguridad es un grave flagelo que azota diariamente a todo nuestro país. Pero es imprescindible colocarlo en el lugar que corresponde, ponderarlo de la manera debida, siempre atento a los datos objetivos de la realidad que permitan avalar la verdad o falsedad de nuestros postulados. Los estudios que se han efectuado fueron realizados por organismos internacionales prestigiosos, que trabajaron con responsabilidad y seriedad.

Una de las causas que explican el desfasaje que existe entre la sensación de inseguridad y la inseguridad objetiva, puede encontrarse en el papel que cumplen los medios masivos de comunicación en la generación de miedo en el seno de la comunidad. Por ello, tomar consciencia este rol es una materia que nunca dejará de ser vigente.

Eugenio Zaffaroni en su último libro, La Palabra de los Muertos, afirma: "¿Cuándo se produce el pánico moral? El pánico moral se produce cuando los medios ordinarios, comunes, que suministran la información supuestamente seria, dedican mucho más minutos de televisión al homicidio del día, cuando los diarios de igual naturaleza dedican muchos más metros cuadrados a lo mismo y pasan la noticia roja a la primera plana, cuando los minutos de la radiotelefonía objetiva y sus comentarios aumentan considerablemente, cuando más expertos son entrevistados y más gestos de resignada impotencia o reclamos de reforma a la ley con voz ahuecada de escuela de teatro muestran los comunicadores".

 

(*) Analista de la Fundación para la Integración Federal

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