Miércoles, 07 Abril 2021 16:14

¿Por quién doblan las campanas? El capitán, progenitor del desastre

Escrito por Gisela Pereyra Doval* / Emilio Ordóñez**
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Dolor. Con más de tres mil muertes diarias por covid, Brasil es hoy epicentro de la pandemia. Dolor. Con más de tres mil muertes diarias por covid, Brasil es hoy epicentro de la pandemia. AFP

a actual crisis política brasileña es tal vez la más profunda que ha atravesado la administración Bolsonaro. Más grave que la renuncia de Moro, más que la Rebelión de los gobernadores del año pasado. Como aquéllas, ésta también es producida y acelerada por el avance del Covid; pero la diferencia es que ahora los números de la catástrofe en muertos y contagiados han comenzado a restarle apoyos clave a Bolsonaro. El revés del empresariado, el Congreso, la opinión pública, y una parte de las Fuerzas Armadas, deja al presidente sin soportes y con la necesidad de reestructurarse y reestructurar su cerco de poder. 

Las renuncias de Eduardo Pazuello (Salud), Ernesto Araújo (Exteriores) y Fernando Azevedo (Defensa), desencadenaron el reacomodamiento del secretario de Gobierno, el jefe de Gabinete, Justicia y Procuraduría de la República y coadyuvaron al reemplazo de la cúpula castrense, lo que marca la celeridad de la crisis. Ésta asume un nivel más profundo en la medida en que las divisiones al interior del Ejército en torno a la politización de su papel en la actual administración se hacen visibles, incluso con los nuevos nombramientos en las Fuerzas. Con la catástrofe sanitaria como telón de fondo asistimos a una doble vertiente de la crisis institucional: una política y otra castrense.

En particular, el papel del Congreso sorprende por su audacia en las últimas semanas, si se piensa en que ya había aprestos de un cuestionamiento del apoyo a Bolsonaro, apoyo que representa la virtual reedición del presidencialismo de coalición en un gobierno que había prometido desterrar esta política. El proyecto de despojar a Bolsonaro de la capacidad de establecer políticas sanitarias y de ser el propio Congreso quien las efectivizara, y viceversa, la intención de Bolsonaro de reunir en sus manos todo el poder decisorio, constituyó el primer mojón de un creciente divorcio entre los Poderes Ejecutivo y Legislativo. El divorcio con el Poder Judicial ya lleva un tiempo, y con seguridad será agudizado por la restitución de los derechos políticos a Lula da Silva. 

Las salidas de Pazuello y de Araújo son parte de un proceso de desvinculación del “centrao” con el gobierno, algo inédito dado que los presidentes de Diputados y Senadores forman parte de la base de apoyo política del gobierno. Justamente, la intención de estos reemplazos es retener el soporte del centrao así como reforzar el control de las FF.AA. En este sentido, el nombramiento de Carlos França como canciller es un guiño a la moderación y el pragmatismo, pero subordinada al olavismo bolsonarista.

Este recambio de figuras en el Gabinete no es solo expresión cabal de la crisis política impulsada por el descalabro sanitario. El nudo gordiano de la actual coyuntura es la mencionada disputa, ahora abierta, entre dos visiones contrapuestas al interior de las FF.AA. sobre su papel en el proceso político actual: una visión institucionalista, que defiende el no involucramiento político del sector castrense, enfrentada a un proyecto que sostiene las decisiones políticas provenientes del Planalto. El proyecto para declarar el estado de emergencia –para derogar las cuarentenas sanitarias mediante el uso tanto del Ejército como de las fuerzas policiales–, desató los temores de un autogolpe en el plano político. Esto fue interpretado por el sector militar como una ruptura al profesionalismo defendido tanto por Azevedo como por las renunciadas cabezas de las tres Armas, en un contexto en el que la imagen del Ejército comienza a acompañar cuesta abajo la decreciente opinión pública sobre Bolsonaro y su manejo de la pandemia.

Todo esto ocurre en un nuevo aniversario del Golpe de Estado de 1964, reivindicado por Bolsonaro, su vicepresidente y parte de su gabinete. Aunque hay algunas pequeñas señales, la oposición sigue dividida en una crisis de hegemonía. Hasta ahora están desagregados y sin proyectos comunes. De este lado de la frontera esperamos que si no los une el amor, los una el espanto.

*Doctora en Relaciones Internacionales. Profesora de Problemática de las Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UNR. @DovalGisela

**Investigador en el Centro de Estudios Políticos e Internacionales (CEPI) de Rosario. Analista internacional de Fundamentar y columnista radial. @eordon73

FUENTE: Perfil

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