Sábado, 10 Abril 2021 13:01

Historias conocidas

Escrito por Miguel Gómez (*)
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Esperá.
No te enojes esta vez,
lo vi venir
Como siempre la reacción
es tan lenta como mi voz
arrasando con la razón.
El tsunami llegó hasta aquí.
Lo vi venir.

Gustavo Cerati

La primera semana hábil de Abril terminó sin sorpresas. Si se quiere, con un final que podríamos definir como previsible. Esto no significa que las noticias de los últimos siete días no tengan impacto, sino que, teniendo en cuenta cómo se venían desarrollando algunos hechos, hay poco de novedad. Si debiéramos sintetizar los temas más importantes podríamos resumirlos en tres: el comunicado de Juntos por el Cambio, las restricciones a la circulación impuestas a lo largo y ancho del país, confirmando (por si hiciera falta) la llegada de la segunda ola de Covid y la sanción en la Cámara de Senadores del proyecto que modifica el impuesto a las Ganancias de los trabajadores en relación de dependencia. Repasemos.

En términos políticos, la semana comenzó con el artículo de los popes de Juntos por el Cambio que, de alguna manera, movieron la pereza del post fin de semana largo. Reunidos en Palermo, una de las expectativas del encuentro radicaba en cual sería el mensaje a la sociedad de cara a dos temas bien diferenciados pero relacionados entre sí: las hipotéticas restricciones a la circulación que comenzaban a aparecer en el horizonte y la posibilidad de algún guiño al oficialismo nacional para el corrimiento de las Paso.

La señal cambiemista no era tan esperada como forma de algún entendimiento con el gobierno de Alberto Fernández sino que, a partir de que algunos dirigentes de la alianza tienen a cargo la gestión de nada más y nada menos que de tres provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en un contexto de crecimiento exponencial de casos de contagio de Covid, la duda radicaba en si la conducción de esa mesa que, aparentemente y desde ahora será presencial y de tarde (para que nadie resulte seducido al sometimiento de Morfeo, Dios griego del sueño) trataría de articular un discurso de cierta moderación para no dejar expuestos a quienes tienen responsabilidades de gestión.

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Nada de eso pasó. En un juego a dos bandas, la llamada ala dura de esa conducción redactó un comunicado con fuertes críticas al oficialismo nacional y se opuso a las restricciones que aún no habían sido anunciadas a la vez que condicionó al mismísimo Horacio Rodríguez Larreta al extremo de dejarlo en ridículo ya que, mientras con una mano firmaba el mensaje amarillo, con la otra debía asumir la responsabilidad de controlar la aplicación de las restricciones nocturnas a la circulación en su jurisdicción territorial. Más allá de haber anunciado su rechazo a las restricciones resulta evidente que el ex interventor del PAMI no las tiene todas consigo. Como sostenemos desde hace tiempo, por límites propios le cuesta “ser”, pero por acciones de “terceros” tampoco es que puede mucho.

No conforme con esto, la propia presidenta del partido, Patricia Bullrich, una vez conocidas las “novedades” impuestas por el gobierno nacional, comentó en redes que además de estar en contra de las medidas, sería hora de resistirlas. Si al kirchnerismo se lo ha acusado de gobernar con una construcción discursiva permanente de lo épico, pareciera que muchos de los dirigentes de ese espacio se han hecho dueños del método criticado: libertad, resistencia, República (entre otros) suenan como fundamentos de una realidad auto percibida, que queda a kilómetros de distancia del día a día de millones de argentinos. Algo de eso ha percibido la periodista Nancy Pazos (imposible de ser acusada de militante K) y lo demostró al entrevistar al ex diputado Eduardo Amadeo. Escuchalos.

Y si todos suponíamos que las restricciones a la circulación llegarían más temprano que tarde, no nos equivocamos. La explosión de casos es tal, que ya supera en números de contagiados a los datos de la “primera ola”. Y el anuncio vino de la mano del propio presidente de la Nación quien estrenó formato comunicacional. Con luz diurna, en soledad, sin contar siquiera con personal técnico a su alrededor y al aire libre en los jardines de la Quinta Presidencial de Olivos, el primer mandatario no abundó ni en detalles numéricos ni en comparaciones estadísticas con otros países. No hubo “filminas” ni explicación en rol docente. La contundencia de la pandemia, el tiempo transcurrido de la misma y la conciencia de buena parte de la sociedad de la gravedad del asunto hicieron el resto.

Paralelamente, Alberto Fernández retomó el método de charlar individualmente con medios de comunicación a partir de decisiones que afectan el día a día de los argentinos. Como cualquier acción política, eso conlleva posibles beneficios y perjuicios. En el haber queda la cercanía y la empatía que puede mostrar el personaje en una entrevista individual, lejos de la distancia que supone una conferencia de prensa tradicional. Ese rol el primer mandatario suele cumplirlo muy bien.

Pero en el debe, la sobreexposición, las preguntas a veces repetidas por días, la elección de interlocutores no del todo formados para una entrevista a un presidente, puede llevar a cierto desorden en los dichos ya que los modismos y formas de expresión pueden jugar una mala pasada, incluso a los mejores expositores. El mensaje y la forma de la comunicación presidencial tiene que ser en un solo sentido. No expuesto a reinterpretaciones que a veces resultan confusas.

Y ya que hablamos de mensajes y política, la señal que brindó el Senado de la Nación sobre la noche del jueves fue inequívoca. La contundencia de 66 votos a favor y una sola abstención (Esteban Bullrich) para transformar en ley la reforma del Impuesto a las Ganancias, refleja que la oportunidad elegida para su tratamiento fue la correcta. Todo ello se complementa, además, con la contundencia que también había alcanzado en la Cámara de Diputados hace poco menos de dos semanas.

La noticia tiene el inocultable beneficio de mejorar los bolsillos de los trabajadores que, si se quiere, están en una mejor condición laboral: registrados y con ingresos medios que podríamos definir como dignos. No es la panacea, ni su sanción conlleva la resolución a muchos problemas de cada día. Alcanza a un reducido grupo del universo de trabajadores, pero ese número supone nada más y nada menos que 1.200.000 personas. Lo cual no es poco: alivia bolsillos y parte de esos montos que el Estado deja de percibir, vuelven a sus arcas con el gasto que seguramente irá a consumo y el correspondiente cargo impositivo.

Y como si todo ello no alcanzara, se cumple con una promesa de campaña de propios y extraños. Lo había anunciado Alberto Fernández en la campaña de 2019, pero también lo había prometido Mauricio Macri durante el 2015, cuando el tema parecía representar el mayor problema del empleo en la Argentina. Azuzado por la corporación mediática de aquel entonces, que no casualmente es la misma ahora, y por los sindicatos que quedaban alcanzados por el descuento, hoy el tema ha pasado como uno más, lejos de la centralidad de entonces. Causalidades de esta vida, queridxs lectorxs.

El futuro llegó. No hace tanto rato. Pero seguro es un “palo”, ya lo vemos. Aunque este otoño, que ya se instaló con su bagaje de lluvia, humedad y mosquitos (eso sí es un verdadero lastre), parece no traer demasiadas novedades sino unas cuantas historias conocidas. Incluso aquella que nos dice que falta menos pero que aún debemos cuidarnos. Dale, si el tsunami llegó hasta aquí y lo vimos venir, quedate en casa.

(*) Analista político de Fundamentar

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