Domingo, 10 Abril 2022 09:25

De las buenas y de las otras

Escrito por Miguel Gómez (*)
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A veces estoy tan bien, estoy tan down.
Calambres en el alma,
cada cual tiene un trip en el bocho,
difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo.
De acuerdo…
(Charly García)

La primera semana de abril trajo como novedad tres hechos que el título de este artículo trata de representar. El protagonismo del Senado en temas que aunque alguno pueda tentarse con afirmar que poco tienen que ver con el día a día de cada uno de nosotros, ocupan una centralidad que merece ser destacada; las declaraciones del secretario de Comercio Interior Roberto Feletti cuestionando la política económica del gobierno que él mismo integra y los datos (que se conocieron casi en simultáneo) que confirman la mejora de los niveles de igualdad en la Argentina (Coeficiente de Gini). Las tres noticias tienen múltiples pliegues en segundo plano que deberíamos revisar. Pasen y vean.  

La Cámara alta ganó en visibilidad política y mediática con el tratamiento de dos proyectos que seguramente seguirán aportando matices en los días que vienen: el tratamiento en comisión del proyecto de ley que crea el Fondo Nacional para la cancelación de la deuda con el FMI y la aprobación con mayoría propia del proyecto de modificación del Consejo de la Magistratura de la Nación (CMN).

En el primero de ellos en la reunión de las comisiones ya quedaron asentadas claramente las posiciones de los espacios políticos mayoritarios. Mientras el oficialismo aparece como un bloque bastante consolidado en su defensa, la oposición encarnada en Juntos por el Cambio también se muestra unida, pero en el sentido del rechazo. Por ahora, la batalla dialéctica la viene ganando el Frente de Todos ya que la argumentación que ha prevalecido hasta aquí desde las huestes que alguna vez supo conducir Mauricio Macri, refiere a cuestionamientos al proyecto que desde tecnicismos que poco tienen que ver con la sustancia del asunto.

En el segundo de los temas, la aprobación de un nuevo proyecto para la conformación del Consejo de la Magistratura, el oficialismo obtuvo la media sanción con los números propios más el aporte de algún aliado como es el caso del senador por Chubut, Alberto Weretilnek.

Es probable que a buena parte de la población esta discusión le pase tangencialmente lejos, pero nunca viene mal recordar lo que representa el mencionado organismo; sobre todo en un país como el nuestro dónde el Lawfare, en su vinculación inestimable de jueces, medios y poder político, fue tan determinante para el período 2015 – 2019 y que, debe reconocerse, no ha sido desmontado ni mucho menos.

Nacido al calor de la reforma constitucional de 1994, según el artículo 114 de la Carta Magna, el Consejo de la Magistratura tiene a su cargo la selección de los magistrados y y la administración del Poder Judicial. Dada su composición colegiada conformada por jueces, abogados, académicos y legisladores, siempre resultó un centro de disputa política.

Hacia 2006, el kirchnerismo supo imponer con toda la legitimidad que permite la propia Constitución Nacional, una nueva ley que le dio otro formato y por ende otro funcionamiento. Nueve años después (sí, nueve años. Leyó bien querida lectora, querido lector) se presentó un pedido de inconstitucionalidad de esa ley, lo cual derivó en un “reciente” fallo de la Corte “Legislativa” de la Nación, que, luego de tener el expediente por cuatro años, falló a favor de la demanda y le ordenó a otro poder de la nación que en el término de 120 días sancionara una nueva ley.

La razón de ser del estropicio generado se sustancia (ya que nos metemos en el mundillo del derecho utilicemos parte de sus tecnicismos) en un máximo tribunal que se ve a sí mismo como último intérprete del sentido de la constitucionalidad argentina. Cinco seres humanos que no fueron nominados por las urnas (o cuatro a partir de cómo está conformado en estos momentos o tres de acuerdo a las mayorías mínimas que debe tener el cuerpo para sacar cualquier tipo de acordada) se arrogan el derecho de la interpretación normativa de lo que dispone otro poder conformado por trescientos veintinueve ciudadanos que fueron elegidos por el voto popular para integrar un congreso nacional, al igual que la cabeza de un Poder Ejecutivo que lo reglamentó. Algo no funciona bien en la joven democracia argentina.

La pelota pasó ahora al lado de la Cámara de Diputados que tiene la imposible tarea de convertir el proyecto en ley (ni siquiera esta conformada la Comisión de Justicia) en el término de cuatro días hábiles. Sí, leyeron bien nuevamente queridos lectores.

Por ello los avisos públicos del jefe del bloque del Frente de Todos en diputados, Germán Martínez parecen más que atendibles ya que, pese a que algunos reclamen y declamen cierto voluntarismo de la acción política para convertir al proyecto en ley, los tiempos “no dan”. La pregunta para la semana corta que se inicia a partir del lunes (además de conocer el alto número de inflación de marzo) refiere a si, esa misma Corte se mostrará rígida en los plazos que impuso, a los fines de convertir a su presidente Horacio Rosatti en la máxima figura del CMN o si dará un guiño judicial para que el proyecto pueda ser debatido de manera adecuada. Sea la decisión que sea, lo real y concreto es que el máximo tribunal de Justicia, ese que prefiere verse por encima de las miserias del día a día, terminará involucrado en el barro que supone la cotidianeidad de la política. En este sentido y parafraseando de un modo inverso a una ex candidata presidencial, “ellos ya perdieron”, aunque uno no cree que les importe demasiado.

Y si hablamos del voluntarismo de la acción política, bueno resulta el ejemplo del secretario de Comercio Interior Roberto Feletti, quien, al mejor estilo de un comentarista de la realidad (es notable como algunos funcionarios atentan contra nuestro trabajo), no tuvo empacho en señalar en un programa radial, que el problema de la inflación en la Argentina obedecía a la “falta de política económica coherente”.

Por un problema de formación, desconoce este articulista lo acertado de esa afirmación, como así también uno cree que la propuesta de la aplicación de retenciones móviles a las que refiere el funcionario, para desacoplar los precios internacionales del mercado interno, parecería ir en sentido correcto. Pero debe decirse que las afirmaciones tienen varios puntos cuestionables:

-          Feletti se incorporó al gobierno siendo Martín Guzmán ministro de Economía. Si la política económica tenía debilidades, podría decirse que estas no son nuevas y que ya existían en el mes de octubre de 2021 cuando se produjo su incorporación.

-          El sistema económico nos advierte (cómo si no nos diéramos cuenta cada vez que vamos al supermercado) que en marzo el número de la inflación en alimentos otra vez será alto. Una pregunta posible es si este avance del funcionario, resulta necesario de exponerlo de manera pública o lo que aquí subyace es el problema del propio fracaso, no pudiendo “poner en caja” a los sectores empresariales que siempre tienen algún argumento para la especulación, y que, por ejemplo, (y tal como se haría acordado) aún no retrotrajeron 600 productos principios de marzo.

-          No parece seguro que al gobierno le resulte tan fácil de imponer, más allá de su justicia, las retenciones móviles. No cuenta con el respaldo institucional (revisar números en el Congreso) y es discutible que el conjunto de la sociedad apoye una medida de ese tipo a partir de los factores de poder con los que, hoy, cuenta quienes se oponen a una medida de ese tipo y que, además, y como si todo esto fuera poco, cuentan con presentaciones judiciales que piden por su lisa y llana eliminación.

En el ejemplo de la aplicación de nuevas retenciones a partir de lo que sucede en los mercados internacionales, subyace cual es la lectura, pero también cual es la interpretación de los resultados de las elecciones de 2021 y de qué escenario quedo montado. Como bien lo suelen explicar docentes y pedagogos, saber leer no es lo mismo que saber comprender un texto. En política pasa algo más o menos parecido.

Parte del oficialismo pregona que la doble derrota de setiembre y noviembre se produjo porque la mejora sustancial de la macroeconomía no había llegado a los bolsillos de la mayoría de los argentinos o, por lo menos, a los ciudadanos que le dieron su voto de confianza al Frente de Todos en 2019.

Dando por válido ese análisis, la gran pregunta refiere a cómo revertir el proceso. Y allí está “la verdad de la milanesa”. No falta quienes se entusiasman con recrear el escenario 2008 – 2011, cuando el kirchnerismo parió un entramado de leyes y decisiones políticas que se tradujeron en derechos que llegaron para quedarse.

Fue tan trascendente ese tiempo, que algunos se animan a decir allí se parió el kirchnerismo. Una falsedad que, para quienes le prestamos atención a la política como una actividad donde la historia juega un rol importante, sólo puede servir de justificación de planteos de este tiempo.

La virtuosidad del período 2008 – 2011 y que derivó en la enorme legitimidad de una Cristina Fernández de Kirchner reelecta con más del 54% de los votos, la cual se construyó luego de la derrota legislativa, justamente, por el intento de aplicación de retenciones móviles y segmentadas; radicó en la construcción de escenarios políticos que propiciaban la solución a demandas históricas. Por nombrar sólo tres: la eliminación de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensión; la Ley de Medios que se apalancó en un conjunto de organizaciones que habían producido los 21 puntos para una mejor comunicación y que, además, antes de su presentación legislativa recorrió el país en múltiples foros de discusión y la Ley de Matrimonio Igualitario supo recoger una demanda de que subyacía en el subsuelo social y que muchos se negaban a ver.

La construcción de escenarios suponía mostrar las injusticias de aquello que debía corregirse y reformarse. A las AFJP le correspondía administradoras que se quedaban con suculentas tortas, que representaban nuestras jubilaciones y que se timbeaban sin control; a la Ley de Medios le venía dado un tal Héctor Magnetto, cómplice de la dictadura que había sabido diseminar un sistema de medios dominante y mafioso y a la ley sancionada en 2010 el mostrar los derechos que les eran negados a aquellas personas que tenían otra preferencia sexual.

La pregunta, once años después es, qué medidas puede imaginar el Frente de Todos, en tanto pueda repensarse como un espacio revulsivo que llegó, creemos varios, para corregir la injusticia que supuso el juego de la Oca macrista que nos hizo retroceder tantos pasos. Vale saber dónde deberíamos poner la inventiva para sortear el conservadurismo de una derecha vergonzante pero empoderada que, al igual que lo que sucede en buena parte del mundo occidental se enseñorea mostrando una conjunción de libertarios, neoliberales y fascistas que sólo tiene una coincidencia central: eliminar derechos sociales.

Tal y como lo comentamos el fin de semana anterior, el proyecto de cancelación de deuda con el FMI parece una buena medida y aunque parte del oficialismo siga con la práctica cada vez más aceitada de pegarse tiros en los pies (albertistas y cristinistas incluidos) digamos como al pasar la buena noticia que pudo conocerse esta semana: la mejora en los índices de igualdad para el año 2021. Si, el famoso índice de Gini refleja una evolución positiva respecto de 2020 y 2019.

Nadie saldrá por las calles a celebrar la noticia. Nada puede festejarse en un país con 37,7% de pobreza y 50% de inflación. Pero tampoco sirve demasiado seguir con acciones y comentarios que impidan lograr algunos acuerdos. Tal vez ya no los sugirió Charly sin saberlo hace treinta y ocho años atrás. Habrá que cambiar el trip…

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez


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