Domingo, 17 Abril 2022 08:57

Discursos de fondo

Escrito por Miguel Gómez (*)
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La semana supuestamente “corta” en la previa del feriado de la Pascua, trajo tres hechos y un dato que en buena medida sintetizan lo que se discute por este tiempo en la Argentina de la supuesta post pandemia: el encuentro en Rosario organizado por la Corriente de la Militancia, las declaraciones del ministro Martín Guzmán en los estudios de C5N y el discurso que Cristina Fernández brindó en la Asamblea Parlamentaria Euro Latinoamericana en el Centro Cultural Kirchner. En el medio se conoció el dato de inflación de marzo, el cual dejó un número récord para los últimos 20 años. De alguna manera, la vinculación de estos elementos que nombramos, refiere a cuestiones de fondo que tensionan el día a día de la vida del país. Repasemos.

Relativizamos la idea de semana corta porque indudablemente la jornada desarrollada en Rosario, con la presencia de funcionarios de primera línea, intelectuales de innegable pertenencia a las corrientes populares de pensamiento y más de dos mil almas que acompañaron el convite, se transformó en el hecho político más importante del fin de semana anterior, proyectándose en los días venideros con análisis de todo tipo.

En la Argentina de hoy parece una eternidad hablar de un hecho político ocurrido una semana atrás, pero lo cierto es que mucho de lo que allí se dijo sigue vigente, guste o no. Lo que tal vez haya quedado más claro de la reunión sabatina, refiere a una especie de “espíritu” de unidad que sobrevoló en el ambiente.

Más allá de lo que pueda haberse dicho desde el estrado, dos cosas quedaron muy claras desde el comienzo: independientemente del aprecio por los que jugaron de local, la figura de la vicepresidenta fue permanentemente reconocida con aplausos, y este tiempo en donde la sociedad argentina parece decidida a haber dejado atrás la pandemia, sobrevive una necesidad que podría definirse como visceral, de escuchar y de encontrarse. Para tratar de entender parte de lo que está pasando y para, de alguna manera, recuperar, otra vez, la idea de que lo colectivo siempre es superior al micro mundo de cada uno de nosotros.

Lo hemos dicho desde el comienzo de la pandemia: fue al peronismo, con su lógica de construcción política con el otro, en la calle, en el cuerpo a cuerpo, y más allá de lo que digan la telepolítica y las redes, a quien más afectó las restricciones impuestas allá (no tan) lejos y hace (no tanto) tiempo.     

Unidad, cohesión, construcción de un nuevo relato, fueron tal vez las referencias conceptuales que marcaron la agenda de lo que viene con la idea imperturbable de cumplir con el compromiso asumido en 2019, y que las elecciones de 2021 parecieron trastocar. Qué tipo de unidad y cómo se consolida con el devenir de las semanas fue la referencia insoslayable.

Y si hablamos de cohesión, algo de eso dejó traslucir el ministro Martín Guzmán en su entrevista brindada al periodista Gustavo Sylvestre, en el canal de noticias C5N el día lunes. Habló de la necesidad de que los funcionarios de segundas y terceras líneas no realicen cuestionamientos públicos a la política económica vía medios y de que el gobierno está trabajando sobre un proyecto para captar parte de las rentas extraordinarias que deja la coyuntura económica mundial, que, indudablemente, profundizará las brechas económicas.

Es indudable que el ministro se siente fortalecido. Los ya antiguos rumores de su salida (recordarán los queridos y queridas lectoras que para finales de 2021 se afirmaba en muchos medios que, una vez logrado el acuerdo con el FMI, el ministro se iría del cargo), no han hecho más que validar todo lo contrario, reversionando aquella estrategia donde se confirman en el cargo funcionarios (o dt de fútbol) que a los pocos o días son eyectados de sus cargos.

Desgaste opositor, devaneos internos, los persistentes off the records, tan perennes en estos tiempos, han sabido instalar la idea de que varios funcionarios “están de salida”. Algunos medios han ido un poco más allá poniendo fecha a las eventualidades que se fueron corriendo: que antes de la Pascua, que durante o que luego de ella se vendría un restyling gubernativo. Este analista no tiene información de primera mano ni mucho menos, pero cuando una idea de este tipo se menea de esa manera, la dilación no representa nada bueno en sí mismo.

La presencia de Guzmán en el set de televisión, algo inusual para su estilo, lo mostró activo en la previa del dato económico y político de la semana: el Indec informó que la inflación de marzo alcanzó el 6,7% y puso en números lo que se sabía de antemano, por lo pre anunciado, pero también por lo que cada uno de nosotros “descubre” cuando va a un supermercado o, si tiene la suerte, compra algo de ropa.

Y decimos que es político porque indudablemente lo que sobresale, antes que el conteo de uno o varios productos y su evolución de su precio, es la discusión de cómo se distribuyen los ingresos en la Argentina.  Podrá decirse que la guerra ha sido un factor determinante (algunos indicadores en el primer mundo no dejan de asombrar), pero nadie podrá distraerse con una historia tan recurrente y persistente en la vida del país, opositores incluido.

No deja de ser cómico, a la vez que irritante, leer, escuchar o ver a algunos ex funcionarios, a la sazón comentaristas de la realidad, explicar el fenómeno de la inflación. Vamos a insistir hasta el hartazgo con dos ejemplos: Alfonso Prat Gay sostenía en 2015 que la devaluación que suponía dejar al dólar flotar libremente (el oficial valía $9, mientras que el blue o ilegal $16) no afectaría a la economía real ya que la misma se movía al ritmo de la cotización no oficial. Resultado: el país se comió una devaluación del 50% con una tasa de inflación en 2016 de más del 40%. Todo esto por no nombrar el 54% de suba de precios con la que el país dejó atrás en 2019 la gestión de Mauricio Macri. Sólo la desidia, el cinismo o la complicidad de varios de los interlocutores permite imaginar que ambos referentes tengan algo positivo para decir al respecto.

Y si hablamos de títulos mediáticos, no puede dejar de observarse el abordaje que muchos le dieron a la presentación de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en la Asamblea EuroLat. En la frase “que te pongan la banda y el bastón no significa que tengas el poder” varios creyeron encontrar un tiro por elevación a la figura del presidente. Es el problema de seguir la política por los titulares de medios o redes, quitándole sustancia al asunto.

Sólo basta tomarse el trabajo de leer el discurso completo o revisar históricamente la línea argumentativa de la ex presidenta para entender que el problema del poder no es un tema nuevo en sus abordajes políticos. Desde las construcciones discursivas en pleno conflicto con las patronales del campo en 2008, hasta llegar a justificar la recuperación de YPF (que por estos días se cumplen diez años), pasando por la fundamentación de la fenecida Ley de Medios de Servicios Audiovisuales, la relativización de las cuotas de poder con las que cuenta un dirigente político elegido por el voto popular, siempre estuvo presente entre sus preocupaciones.

En el discurso del jueves, otra vez, se aprecia su apelación a lo histórico como un recurso de su acción política. Va sobre el pasado y vuelve sobre los hechos del presente. Explica el “ancien régime” y declama los límites persistentes de la política cuando se enfrenta con los poderes fácticos, esos que nadie vota.

Este último discurso, más allá de las quejas ridículas de parte de la oposición, siempre tan recurrentes a negar cualquier base de historicidad a la vida política de una comunidad, merece ser revisado porque pone el eje en algo aún más profundo, el cual refiere, en tiempos de notable interdependencia económica y social, a la persistente debilidad con la que conviven los Estado Nación en su relación con las grandes corporaciones.

Aunque haya enojos y diferencias, en esto último radica un punto de encuentro entre el hipotético proyecto que anuncia Guzmán para limitar las ganancias (o rentas) extraordinarias y lo que, sistemáticamente denuncia Cristina Fernández. Por eso la deslegitimación opositora a su presentación en el parlamento eurolatino y por ello la agitación permanente de cierta derecha, política y mediática, por la salida del ministro.

Las diferencias, a veces, parecen no ser tan profundas. Si sabrán verlo los distintos protagonistas es la pregunta que dejamos en formato de tarea para este fin de semana de turismo, encuentros familiares y celebración religiosa, queridos lectores y estimadas lectoras. Y aunque la casa no parezca estar en orden, felices pascuas para todos y todas.

(*) Analista político de Fundamentar - @miguelhergomez

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