Lunes, 23 Julio 2012 20:45

Coyuntura económica mundial capítulo I: Brasil

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dilmaPor estos días, mucho se afirma que la economía mundial no está pasando por uno de sus mejores momentos. Efectivamente, está muy lejos de ello. 

 

Por estos días, mucho se afirma que la economía mundial no está pasando por uno de sus mejores momentos. Efectivamente, está muy lejos de ello.

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dilma

Sabido es que, para entender porqué es importante conocer lo que pasa en el mundo económico, es necesario explicar cómo nos afecta. El canal de conexión principal está dado en las exportaciones. Entre mejor les vaya a los países que demandan nuestros productos, más comprarán y por consiguiente más beneficios obtendremos.

El nivel de exportaciones influye en el volumen de producción de nuestra economía y la cantidad de puestos de trabajo. Por dicha razón, es de vital importancia conocer que ocurre en las economías que son nuestros principales socios comerciales.

Ahora bien, ¿Quiénes son nuestros principales compradores? El top 4 está compuesto por los siguientes destinos: el más importante es Brasil, el cual adquiere el 32% del total de lo que exportamos. Segundo se encuentra la Unión Europea (19%), tercero China (15%) y por último, los EE.UU. con el 11% del total. Como podemos observar, sólo cuatro economías representan el 77% del destino total de nuestras exportaciones. Por lo tanto, entender que está pasando y hacia dónde van las mismas es de vital importancia para descifrar, a su vez, qué pasará con la nuestra.

Hasta el año pasado, la economía brasileña era el modelo reluciente, la niña mimada de las consultoras y de los mercados internacionales. Hoy el comportamiento dista mucho de eso ya sea por la coyuntura internacional adversa como por sus propias falencias.

En 2010 Brasil crecía al 7,5% y desde entonces no ha parado de decrecer. Así, en el primer cuatrimestre de 2012 solo creció 0,8% hasta llegar en el mes de abril al estancamiento. Este comportamiento ha obligado al Estado a reajustar sus perspectivas de crecimiento para el corriente año pasando de 4,5%, según lo estimado en el Presupuesto 2012, a 2,5%. Esto es una clara contracara del 'invesment grade´ (nota otorgada por consultoras internacionales a aquellos países de bajo riesgo para invertir), que convirtió al país en un imán de capitales, llevando a apreciar fuertemente en términos reales su tipo de cambio. Esta alta paridad cambiaria afectó directamente a la actividad industrial paulista.

Como dijimos antes, la actual coyuntura económica brasileña obedece tanto a factores exógenos como endógenos. La situación externa afectó a la industria brasileña a través de una baja de las exportaciones que representan el 20% de la producción total de la industria. A esto se le sumó la sequía que derivó en una pérdida del 8,5% del PBI agrícola en el primer trimestre. Pero el freno empezó a sentirse en la segunda mitad del 2011, cuando el Estado adoptó una política contractiva de la demanda para controlar la inflación y así cumplir con los objetivos del 'Inflation Targeting´ (metas de inflación).

Entre las medidas para contrarrestar la inflación se produjo un drástico recorte presupuestario de unos 32.000 millones de dólares para reducir la deuda pública y asegurar que Brasil pueda crecer al 4,5% estimado en el Presupuesto. El objetivo era mejorar la posición fiscal tras la fuerte crisis cuando el superávit primario pasó de 4% del PBI a 1% en 12 meses, donde se ha recuperado hasta el 3,1% actual. La consecuencia positiva del enfriamiento de la demanda fue la baja de la inflación, pasando de 6,8% a en agosto de 2011 a 4,2% anual en abril pasado. Siempre considerando la variación de precios de los últimos 12 meses.

Viendo que el actual devenir de la economía no iba a buen puerto, la presidenta Dilma Rousseff decidió tomar ciertas medidas para contrarrestar la caída. Una de las primeras fue atacar el atraso cambiario, bajando la históricamente alta tasa de interés de Brasil y dejar que su moneda se devalúe. Así, el tipo de cambio pasó de ser de 1,56 reales hace un año a 2 en la actualidad. Y la Selic, la tasa de referencia para el mercado, bajó 400 puntos básicos, alcanzando el menor registro de su historia: en un año pasó del 12,5 al 8,5%. Además, el gobierno redujo la carga impositiva e implementó estímulos específicos para sectores donde la pérdida de competitividad se hacía más evidente: línea blanca, molienda y panificación.

Esta semana, la presidenta brasileña, presentó su octavo plan económico en 18 meses. En este caso anunció un nuevo paquete de compras gubernamentales por US$3.300 millones para alimentar la demanda doméstica y una rebaja de las tasas de interés de créditos para la inversión. Y dos días después, sumó otros US$57.000 millones para fortalecer al sector agropecuario.

A diferencia de lo ocurrido en 2008, cuando la crisis se ubicaba principalmente en el mercado financiero, ahora se encuentra en el campo real. Por ejemplo, en el sector automotriz brasileño, un rubro que la Argentina sigue con especial atención ya que hacia allí se exporta el 50% de nuestra producción local, se corrigieron las perspectivas y se venderían alrededor de 45.000 vehículos menos en el año. Para estimular las ventas, en mayo se redujo el impuesto a las operaciones financieras para el crédito a las personas físicas y bajó el impuesto a los productos industrializados en la venta de vehículos.

También se sumó el anuncio de mejoras en las líneas de crédito del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) para la adquisición de camiones. Estos estímulos permitieron que las ventas de autos repuntaran en las últimas semanas. El primer indicador optimista, aunque no es definitivo, es que las ventas de vehículos en los primeros días de junio crecieron 20% interanual, tras haber caído 3%. Si esto se confirma, debería derivar en una recuperación en el segundo semestre que incluya al sector industrial.

Como podemos observar, los desafíos actuales en la economía vecina son demasiados. Seguir de cerca el desenvolvimiento de la misma es importante para entender cómo se comportará nuestra industria y en consecuencia los puestos de trabajo.

 

(*) Licenciado en Economía. Economista de la Fundación para la Integración Federal

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