Sábado, 01 Agosto 2020 18:59

Son tiempos de cambio Destacado

Escrito por Santiago Toffoli (*)
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¡Buen fin de semana! Esta semana tuve la sensación de que estamos transitando esos momentos bisagra en la política internacional, que adquieren tal caracterización cuando se analizan en retrospectiva y pueden apreciarse todas sus derivaciones. Un discurso histórico, conflictos casi inéditos y movimientos globales dan lugar a pensar en la posibilidad de una nueva Guerra Fría, con características propias del Siglo XXI.

La crisis de los consulados quedó chiquita al lado de Pompeo
Luego del cierre del consulado chino en la ciudad de Houston por orden del gobierno norteamericano, China respondió de la misma manera: se ordenó el cierre del consulado estadounidense de la ciudad de Chengdu, alegando que desde allí se realizaban tareas coincidentes con la injerencia en los asuntos internos de China. El cierre del consulado de Chengdu es una medida idénticamente proporcional al cierre de la oficina de Houston: no son los consulados más importantes como el de Hong Kong o el de San Francisco, pero tampoco los más insignificantes como el de Tijuana o el de Wuhan, vaciado por el brote de coronavirus.

Más allá de estas medidas, el principal indicador del momento que estamos viviendo pudo apreciarse el jueves de esa semana. Aquel día, el Secretario de Estado norteamericano, Michael Pompeo, dio un discurso en el cual se refirió a China con una agresividad inédita en décadas.

Vale la pena analizar varios pasajes de la exposición del responsable de la política exterior norteamericana, ya que la narrativa que utilizó da lugar a una inevitable comparación con expresiones típicas de la Guerra Fría.

Pompeo habló de la necesidad de que “el mundo libre” triunfe sobre esta “nueva tiranía”. Acusó a China de no haber evolucionado hacia un régimen democrático convirtiéndose en una amenaza para la libertad, las economías occidentales y “nuestra forma de vida”. En muchas ocasiones, evitó decir China y habló del Partido Comunista, diferenciándolo del pueblo chino. Aseguró que el gobierno de China es marxista – leninista y que Xi es un verdadero “creyente” de una ideología totalitaria en bancarrota.

Una aclaración aquí: decirle tiranía a un gobierno es muy significativo. Aludir a las “naciones libres” para contrastarlas con los “regímenes” como el chino, es un lenguaje copiado y pegado del siglo pasado. Contraponer las democracias con los gobiernos autoritarios en la lucha geopolítica global, es volver a la lógica de la Guerra Fría.

No obstante, me gustaría poner el foco en un momento importante del discurso. Cito a Pompeo: “las políticas, tanto estadounidenses como de otras naciones libres, resucitaron la economía quebrada de China y sólo vemos a Beijing morder la mano internacional que le dio de comer”. Es una referencia al acople que el mundo occidental hizo con China para integrarla al sistema económico global, creyendo que eso daría lugar al triunfo de la democracia. Hay que recordar que, en 2001, EE.UU. y sus aliados abogaron por el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio y, desde hacía algunos años, muchas empresas occidentales relocalizaron la producción en China por lo barata que es la mano de obra y por el acceso a semejante mercado.

En la opinión de los decisores de la Casa Blanca, se hizo una errónea inclusión de China al sistema de las economías de mercado. En los 90’, aseguran, la integración de China al mercado global puso el foco en los negocios a realizar y no tuvieron en cuenta que impulsaría la economía del gigante asiático y le permitiría convertirse en una potencia pujante que, 25 años más tarde, le disputa espacios de poder globales a Estados Unidos en varios campos.

En un artículo muy bueno de Adam Tooze (VER), se hace referencia a los dichos del Fiscal General de Estados Unidos, William Barr. Este dijo que “los negocios estadounidenses son parte del problema: se concentraron en los negocios sin tener una visión nacional”. Pepsi, Nike, Apple, etc. Todas estas empresas son parte del proceso de fortalecimiento económico de China, donde el Estado tiene la última palabra y la birome para firmar todas las medidas económicas, y que permitieron que China apuntale su economía y su modelo, sentándose en la mesa de las grandes potencias, plantándole cara a los aparentemente invencibles Estados Unidos de América.

Volviendo a Pompeo, las comparaciones de China con la ex URSS terminaron de colocar el discurso en el molde de la Guerra Fría. Hay muchas características que diferencian aquel conflicto del que se avizora en estos momentos, acelerado por la circunstancia de la pandemia. Qué sucederá si Biden gana en noviembre, es una incógnita. Pero está bastante extendido en la comunidad de inteligencia y seguridad estadounidense que China es la principal amenaza a su hegemonía. Eso implica que, gane quien gane, la diputa entre ambas naciones seguirá y que, a lo sumo, puede haber un cambio de estrategia para lidiar con ese conflicto.

¿Y acá?
La mayor parte de los referentes académicos de las Relaciones Internacionales afirman que en épocas de bipolaridad rígida, los países de la periferia tienen su margen de maniobra muchísimo más acotado. América Latina es parte del hemisferio occidental y de la esfera de influencia inmediata de los Estados Unidos.

Durante el Siglo XX, no había una vinculación estrecha entre nuestra región y la Unión Soviética, salvo acuerdos comerciales sectorizados y, por supuesto, los vínculos de los países que habían tenido revoluciones exitosas como Cuba.

Hoy, China tiene un vínculo mucho más estrecho con Latinoamérica a comparación del existente en aquel entonces con la URSS. Las inversiones, los volúmenes comerciales, los acuerdos de cooperación en una multiplicidad de aspectos y un larguísimo etcétera dan cuenta de los niveles de asociación que China tiene con América Latina.

En ese sentido, es importantísimo obrar con muchísima cautela para caminar por ese frágil equilibrio que significa ser punto de disputa entre Estados Unidos y China, en un contexto de fragmentación regional, donde la pandemia va a dejar más de 50 millones de nuevos pobres y con gobiernos impredecibles en varios países de la región, como en Brasil, Colombia y Venezuela.

Algunas de estas definiciones se las robé a Juan Gabriel Tokatlian, en esta entrevista que le hizo el diario La Nación y que deja, como siempre, líneas de análisis riquísimas. La recomiendo muchísimo. (VER)

Tokatlian llama a la Argentina a desplegar una política exterior “maquiavélica”, en el sentido de caracterizar a la flexibilidad, la modestia y la prudencia, como elementos virtuosos. Y algo de esto se pudo ver estas semanas.

Una de las disputas a nivel global en estos días es la carrera por la vacuna contra el coronavirus. Trump y Estados Unidos apostaron por la que está desarrollando Pfizer, el laboratorio estadounidense. De hecho, el gobierno norteamericano cerró un acuerdo con la farmacéutica para la compra de 100 millones de dosis apenas se apruebe. En ese contexto, Alberto Fernández se reunió con el gerente general de Pfizer Argentina, Nicolás Vaquer, y con el director científico de la Fundación INFANT, Fernando Polack, quienes le informaron que Argentina fue seleccionada para llevar adelante una de las fases de prueba para una posible vacuna contra el coronavirus.

Pero en simultáneo, el Canciller Felipe Solá participó de una reunión virtual con Cancilleres latinoamericanos y el Ministro de Relaciones Exterior de China, Wang Yi, en la cual el representante chino anunció que una eventual vacuna desarrollada en su país será un “bien público de acceso universal” y que dará un préstamo de 1.000 millones de dólares para que la región acceda a la misma.

Hablar con todos, defender nuestra soberanía, no sobre-ideologizar la política exterior, identificar el interés nacional y obrar con cautela. Esas son las máximas de política exterior que se desprenden en este nuevo escenario que se configura rápidamente. Más rápido de lo que esperábamos.

Yo pertenezco a una generación que no vivió el conflicto bipolar. Si se reedita con las propias características del Siglo XXI, conservo la esperanza que transitaremos el mismo con inteligencia y priorizando el desarrollo y la eliminación de las desigualdades en nuestro país y nuestra región. En los tiempos de cambio, hay amenazas. Pero también oportunidades.

Ping Pong
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Bonus track
En toooooooodo este merengue que estamos viviendo y del cual hablamos al principio, hay otra situación inédita: en Estados Unidos las manifestaciones contra la violencia racial siguen desarrollándose, dando lugar a la identificación, por parte del gobierno de Trump, de un enemigo interno caracterizado por el Presidente como “radicales y anarquistas de izquierda”.

Si bien las manifestaciones en esta semana se dieron en varias ciudades, la situación está bastante espesa en Portland, donde las fuerzas federales están desde hace semanas y donde se han visto imágenes propias de otras latitudes, como policías sin identificación llevándose gente detenida.

A partir de la práctica represiva de las fuerzas de seguridad, los manifestantes comenzaron a darse estrategias para protegerse. Una de ellas fue el “Muro de madres”. Dejo acá algunas imágenes y una crónica que subió Página 12 hace un par de días.

Se me hizo inevitable recordar las fotos de las Madres de Plaza de Mayo en plena dictadura militar argentina...

Nos leemos la semana que viene.

 

(*) Analista internacional de Fundamentar

 

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