Sábado, 05 Septiembre 2020 19:24

La bebida estaba fuerte y no era vodka

Escrito por Santiago Toffoli (*)
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Occidente acusa al Gobierno de Putin de envenenar a referente opositor Occidente acusa al Gobierno de Putin de envenenar a referente opositor

¡Buen domingo! El lugar donde este artículo fue escrito acaba de retroceder de fase, en lo que restricciones pandémicas se refiere. Por lo tanto, por los que vayan a leerlo y por la persona que lo escribió, tratará de ser lo más entretenido posible como para enfrentar la situación. Para eso, vamos a hablar de un posible envenenamiento en Rusia que vuelve a tensionar el lazo con la Unión Europea y volvemos a Venezuela, donde la oposición parece fragmentarse otra vez. Y como siempre, muchas cosas para ver y leer en el bonus.

El veneno viene en frasco chico o en una taza de té.

La semana pasada, Alexei Navalny estaba en el aeropuerto de la ciudad siberiana de Omsk. Su viaje hasta allí formaba parte de una campaña que desplegaba a lo largo de Rusia, intentando convencer a los sectores opositores a Vladimir Putin de formar una gran coalición que compita contra el oficialismo en las elecciones legislativas del año que viene. Pidió un té, se lo tomó y se subió al avión. Horas más tarde, entraba en un coma inducido debido a una descompensación que sufrió en pleno vuelo hacia Moscú.

Las personas cercanas a Navalny acusaron al gobierno ruso de envenenarlo, explicando que lo único que ingirió fue el té del aeropuerto. Francia y Alemania se apuraron en ofrecer asilo y un avión sanitario se llevó al paciente a Berlín, donde se recupera paulatinamente a pesar de estar grave.

Alexei Navalny en una marcha opositora en Moscú

Alexei Navalny, además de ser la versión rubia del jefe de los espartanos en ‘300’, ha sido catalogado como el enemigo más peligroso del Presidente de Rusia, Vladimir Putin. Siempre que intentó ser candidato a Presidente, se lo prohibieron. También estuvo preso en varias oportunidades. Su popularidad existe gracias a su actividad en internet denunciando casos de corrupción y violaciones a los derechos humanos supuestamente cometidos por el gobierno de su país. Un poco de su historia, acá (ver)

Las sospechas de Occidente sobre el gobierno ruso no responden solamente a esas cosas de la política. Los antecedentes no lo ayudan, diría un amigo. Ya hubo un caso donde un doble agente ruso que trabajaba para el MI6 británico, Sergei Skripal, fue envenenado en Salisbury, zafando con lo justo. Todos le apuntaron a Putin y a los servicios rusos. (ver)

Alemania, donde Navalny cumple la doble condición de asilado y paciente, pidió explicaciones. Dijeron que hubo un envenenamiento con Novichok (¿what?), una sustancia que fue utilizada también en el caso que nombramos arriba. Rusia niega toda responsabilidad por el hecho y pidió que este acontecimiento no influya en la relación con Occidente.

El caso es de película, pero me interesa más pensar en las derivaciones políticas. Es un punto de tensión más entre Rusia y la Unión Europea. El capítulo 2020 de esta difícil relación estaba escrito con el tono de la crisis bielorrusa. Con el caso Navalny vuelve a haber discrepancias entre los 27 y un Putin que vuelve a ser señalado como un oscuro personaje que envenena adversarios.

Pero la voz cantante de la UE en este asunto no la tiene cualquiera; la tiene Alemania. La oposición doméstica al Gobierno de Merkel (ver) sostienen que el gasoducto Nord Stream 2, que conectará el gas ruso con Europa por el Mar Báltico, debe ser reconsiderado tras las acciones rusas, que andarían un poco flojas de moral. 

Como para empiojar un poco más el panorama, el presidente bielorruso Lukashenko, del cual hablamos hace unas semanas (acá podes leerlo) y que afronta la crisis más seria en sus 26 años de gobierno, dijo que toda la causa Navalny esta armada, justamente para no concretar el proyecto del gasoducto. (ver acá)

 “No podemos seguir jugando a ser gobierno de internet”

La frase corona una fragmentación más en la oposición venezolana. Su autor es Henrique Capriles. Candidato a Presidente en dos oportunidades y ex gobernador del Estado de Miranda, Capriles se bajó del barco de Guaidó, quien ve su liderazgo en las filas anti chavistas cada vez más comprometido.

Semana movida en Venezuela, que tiene elecciones legislativas el 6 de diciembre. A comienzos de la semana, Nicolás Maduro anunció un indulto a más de 100 dirigentes opositores que estaban presos y los dejaba en libertad. Una medida que fue bien recibida por la Unión Europea, que fue formalmente invitada por Maduro (posta) para observar los comicios de diciembre junto con la ONU. 

Mientras el chavismo jugaba la carta de una relativa apertura, Capriles comenzaba la rebelión contra el liderazgo de Guaidó. Primero, se anotaba una victoria en la liberación de opositores, dando a entender que se logró gracias a sus gestiones personales.

Pero después sacudió el tablero anunciando su participación en las elecciones legislativas, diferenciándose de Guaidó que llama a no votar y a boicotear unos comicios que, en su opinión, serán fraudulentos. Capriles sostiene su decisión en base a dos argumentos. Número uno: no participar es regalarle la Asamblea Nacional al chavismo y perder la única institución del Estado que controla la oposición. Número dos: el liderazgo de Guaidó no va más. “Basta de gobierno de internet. Se agotó lo que había”. (ver nota)

Lo que dicen (ver) Guaidó y su padre político, Leopoldo López , es que a Capriles le serviría perder las elecciones pero asegurarse ser la voz de mando de una eventual bancada opositora minoritaria, a costa de regalarle la Asamblea Nacional al chavismo y poniendo en riesgo los logros (relativos y pequeños, pero logros al fin), que han logrado desde enero de 2019: las sanciones económicas a la cúpula del Gobierno, el reconocimiento de varias decenas de países a Guaidó como el gobernante legítimo de Venezuela, el asiento en la OEA, y algunas más.  

Antes amigos, ahora adversarios.

Mientras, Nicolás Maduro se frota las manos. Hay versiones que apuntan que la estrategia de Capriles estaría bien vista desde la Unión Europea, que quiere comenzar a encontrar soluciones a la crisis venezolana. Una crisis que se ha dilatado mucho en el tiempo y que podría sufrir modificaciones con estos movimientos y con algunos otros hechos que sucederán en las próximas semanas, como las elecciones en los Estados Unidos.

Ping Pong

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Bonus track

Donald Trump se apoya en la política exterior de cara a la parte final de la campaña. Mientras las tensiones raciales y la mala gestión de la pandemia le complican sus chances, el Presidente estadounidense recibió en la Casa Blanca al Presidente de Serbia, Aleksandar Vučić y al Primer Ministro de Kosovo, Avdullah Hoti.

Dos semanas después de la mediación entre Emiratos Árabes Unidos e Israel, Estados Unidos vuelve a jugar el rol del tercero que acerca a dos partes en disputa. Kosovo se declaró independiente en 2008 y fue reconocida por varios países, incluido Estados Unidos. Serbia, aliado histórico de Rusia, no reconoce a Kosovo como Estado independiente.

Mientras Kosovo busca “el reconocimiento mutuo”, Serbia pone el freno ahí y se limita a firmar acuerdos económicos, que fue lo que efectivamente se acordó en la Casa Blanca. De hecho, Vučić dijo que no firmara ningún papel que diga que Serbia reconoce a Kosovo

Pero todo este evento tiene un solo objetivo: la campaña de reelección de Trump. En una conferencia de prensa conjunta, Trump y sus colaboradores se la pasaron a hablando de “dos países”, dos “presidentes” y los trata como iguales. Vučić se veía extremadamente incomodo con el tono de la declaración, y aprovechó a poner en claro que “los conflictos económicos están solucionándose, pero no los políticos”. De poco sirvió en una puesta en escena pomposa para darle una victoria a Trump. Si no me creen que el Presidente serbio estaba deseando estar en Belgrado tomando una birra en lugar de estar en el Salón Oval, mírenlo ustedes mismos.

El que ligó de rebote con todo esto fue Israel. Serbia anunció que moverá su Embajada de Tel Aviv a Jerusalén, siendo el primer país europeo en hacerlo y configurando un gesto inequívoco en favor del Estado judío. Israel sigue siendo beneficiario de las aventuras diplomáticas de Trump en pos de ganar las elecciones. No obstante, parece que el presidente serbio se enteró de esto al momento de la Conferencia y recién cuando Trump lo menciona.

El sábado que viene, si se junta el quorum, son las elecciones en el BID. Hay dos candidatos: Gustavo Béliz, actual secretario de Asuntos Estratégicos del gobierno de Alberto Fernández y Mauricio Claver – Carone, asesor de Asuntos Hemisféricos de Estados Unidos, descendiente de cubanos y operador anticastrista de la derecha republicana de Florida. Este articulo con las claves de esta elección está muy bueno por dos razones: primero porque explica los por qué sería una derrota para Latinoamérica que un norteamericano dirija el banco, y segundo porque lo escribí yo. Bueno che, un poquito de autobombo no viene mal. (leer aca)

Para terminar de graficar este tema, les dejo una entrevista al propio Claver – Carone, donde otorga algunas definiciones y algo que bien podría ser tomado como un chiste: se reivindica latinoamericano mientras da la entrevista en los jardines de la Casa Blanca. (ver entrevista)

Eso fue todo por hoy.

Hasta la semana que viene.

(*) Analista Internacional de Fundamentar

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