Domingo, 05 Septiembre 2021 10:09

Macri. ¿El Renacido?

Escrito por Miguel Gómez (*)
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Macri. ¿El Renacido? Serko

Resistiré,
erguido frente a todo.
Me volveré de hierro para endurecer la piel,
y aunque los vientos de la vida soplen fuerte.
Soy como el junco que se dobla,
pero siempre sigue en pie.

Dúo Dinámico

Si realizamos un rápido repaso de la semana política, notaremos que la misma resultó digna de ser analizada desde dos hechos que la distinguen. Por un lado, el gobierno nacional hizo más prolijo su discurso y su acción política con el objetivo de mostrar los logros de la gestión, que entre la mejora de los índices epidemiológicos y macroeconómicos le permite mostrar su mejor versión. Y por el otro, la participación cada vez más activa de Mauricio Macri en una campaña que tiene varias particularidades. Vamos a poner el foco en este último. Repasemos.

Tomando como referencia la prolífica presencia mediática y física de los últimos días del ex presidente, aquellos que rápidamente lo habían definido como un muerto político, a partir del fracaso de su gestión y de su silencio de meses anteriores, podrían suponer, erróneamente, que ha renacido. Ni tanto ni tan poco. No renace aquello que no ha muerto.

Si en la película del director Alejandro González Iñárritu, protagonizada por el siempre eficiente Leonardo Di Caprio, el personaje central se repone a los peores latrocinios que la naturaleza le impone, es porque lo moviliza la venganza de un hijo asesinado. La pregunta aquí es porqué el ex presidente reaparece en el medio de un contexto electoral con definiciones que reflejan ceguera política antes que virtud, prejuicio de clase antes que empatía con los otros y, como dato de último momento, declaraciones que rozan la violencia política como forma de construcción discursiva.

Serko
Serko

Las respuestas pueden ser múltiples, pero antes de plantearlas debemos marcar que, ese protagonismo de campaña, se enmarca en una coyuntura política que no le ha resultado afín ni mucho menos. Ha sido, frente a Horacio Rodríguez Larreta, un claro perdedor en el armado de listas y candidaturas. Macri no pudo convencer a María Eugenia Vidal para que fuera candidata en la provincia de Buenos Aires, como así tampoco pudo tallar en la confección de las listas de diputados, y mucho menos lograr un esquema de unidad que evitara las internas en los distritos electorales más importantes.

Existe un dato previo que no por obvio debe dejar de señalarse. Macri no es candidato. Se ha transformado en un protagonista de la campaña, pero, lejos de la ambigüedad discursiva que suponen todos los manuales del marketing electoral, se ha posicionado en un sentido que lejos está de intentar seducir a aquellos sectores que tributan en lo que pareciera ser la cada vez menos ancha avenida del medio. Parece legítimo preguntarse cómo se entiende su función en este tiempo. Y ante esto, se nos ocurren tres explicaciones diferentes, pero no excluyentes.

La primera es cómo le gusta mostrarse. Emulando el ejemplo de los EE.UU. donde los presidentes con mandato cumplido se transforman en referencia insoslayable de la política que los continúa, en su visita a Rosario en la semana que pasó, afirmó que estaba dispuesto a “apoyar a todos los curas que quieran ser Papas”, poniéndose, supuestamente, por encima del conjunto de ciertas mezquindades sectoriales. Sería una especie de primus inter pares, pero ese accionar tiene algunos límites no menores, resultado del propio accionar macrista. El primero es que lo dijo mientras apadrinaba a una de las listas que participan de la interna santafesina y el segundo es que el cuestionamiento (en este caso) público, vino de la mano de una recién llegada a la vida política amarilla como lo es Carolina Losada, precandidata a senadora y partiendo de un error conceptual no menor a la hora de entender los alcances de una ley.

El paso siguiente fue la respuesta pertinente que recibió de la mismísima presidenta del partido a nivel nacional.

Un detalle como al pasar. Algo parecido le sucede a Eduardo Duhalde cuando explica la vida de los argentinos desde el supuesto lugar de hombre de Estado al que sólo le interesa discutir sobre los problemas estructurales del país. Pero a diferencia de este último, al ex presidente de Boca Juniors, parte del círculo rojo, aún le presta algo de atención.

La segunda explicación puede venir de la mano de la necesidad. Macri tiene una mala imagen, pero, como nunca, Juntos por el Cambio en general y el PRO en particular, se encuentran en una encrucijada política impuesta por el sector libertario, que le resta votos “por derecha”. No casualmente, todas las encuestas referidas a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, bastión natural del PRO, señalan que Vidal no alcanza el “tradicional” 50% de los votos. Falta el detalle no menor de abrir las urnas el domingo 12 en las PASO y el más transcendente del conteo en la noche del 14 de noviembre, pero los datos están y preocupan.

Macri interpela a esa parte del electorado que resulta furiosamente, anti peronista, anti kirchnerista y anti estatista, armando un trazo discursivo que omite a propios y extraños. En la semana afirmó que, si le hubiera tocado administrar la pandemia, él hubiera informado a la población de las características del Covid, que “tuvieran consciencia y vamos viendo”. No importa si sus aliados políticos encarnados en las figuras de Rodríguez Larreta, Rodolfo Suarez o Gerardo Morales propusieron otra cosa a la hora de administrar la crisis sanitaria en sus territorios. También dijo que si en el “gobierno no cambiaba se iban a tener que ir”. Tampoco importa que el oficialismo gobierna con plena legitimidades de origen y de ejercicio. Por momentos, Macri parece hablarle a ese público usuario de redes, tan propensas a parecerse a una cloaca comunicacional antes que a una red de diálogo entre semejantes.

Las declaraciones de las últimas semanas, que tuvieron su reaparición en los primeros días de setiembre, suponen una confirmación de aquel cambio producido en el 2018, a la luz del fracaso en la gestión económica del país. Si, una de sus funciones en 2015, era unir a los argentinos, el problema de 2021 es el peronismo. Incluso, en todos sus matices.

En ese raid de declaraciones realizadas a periodistas que emulan la famosa figura de Guillermo Barros Schelotto como brillante tirador de centros para la conversión del no menos genial Martín Palermo, Macri intenta mostrar un cuatrienio 2015 – 2019 idílico, que sólo existió en su imaginación. Plena vigencias de las libertades republicanas incluidas, el ex presidente nos habla de un tiempo y un lugar al que la enorme mayoría de los argentinos, casi el 60%, le dio la espalda en las elecciones de primera vuelta, allá por 2019.

A la vez que afirma que su mayor error radicó en no haber limitado mucho más a Cristina Fernández de Kirchner, obviando las vergonzosas relaciones construidas con jueces que participaban de reuniones deportivas en la Quinta Presidencial de Olivos, y que aún siguen en sus cargos como si nada hubiere sucedido; nos cuenta todo lo que los argentinos hemos perdido desde el 10 de diciembre de 2019 hasta aquí. Pero omite un detalle: el mundo ha sufrido una pandemia que se llevó la vida de, nada más y nada menos, 4.500.000 millones de seres humanos. 

La tercera circunstancia a prestar atención es la relación con su sucesor, el actual Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El rol que ejerce el ex presidente, ¿es pactado entre ambos o es producto del juego propio que sigue conservando? Difícil de responder a la distancia, y sin contar con elementos que refieran a cierta intimidad en las decisiones. Pero lo que sí puede decirse, es que la figura de Macri aparece como disociada en la campaña de Pro. Así puede entenderse su participación en las internas en Córdoba y Santa Fe, donde, en la previa de la elección del próximo domingo, su irrupción genera más rispideces que acuerdos. Si algo caracterizó al bloque amarillo desde 2007 hasta 2019, ha sido la claridad con la que supo diseñar y llevar adelante campañas de todo tipo. Hoy, ese perfil parece lejos de resultar algo tangible.

Mauricio Macri parece resistir de manera estoica, el intento de jubilación de muchos que, hasta ayer nomás, le palmeaban la espalda. Trata de volverse (más aún) de hierro para hacerse fuerte y endurecer la piel. Una buena elección de Pro en el próximo fin de semana, podrá mostrarlo como alguien necesario para el proyecto amarillo. Pero una derrota, seguramente, también lo alcanzará pese a no ser candidato y servirá de excusa, como proceso previo a las generales, para que sus adversarios internos le recuerden sus desplantes, traiciones y fracasos evidentes. En pocos días tendremos la respuesta.

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